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    Reseña histórica de la Academia en el año 1899-1900, leída en Junta pública el 3 de Junio por el Secretario perpetuo D. Cesáreo Fernández Duro
     Fernández Duro, Cesáreo
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Reseña histórica de la Academia en el año 1899-1900, leída en Junta pública el 3 de Junio por el Secretario perpetuo D. Cesáreo Fernández Duro

Cesáreo Fernández Duro





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Señores:

Por segunda vez me toca hacer resumen de las actas ó sea dar cuenta de vicisitudes anuales de la Academia, tarea poco amena, por datos y fechas algo parecida á la de la composición del almanaque, si cabe comparar el curso académico con el de los astros, en que precisamente se ha de verificar, y verifica por sus pasos, en órbita determinada.

De un modo general corresponden á tres grupos los trabajos. Informes pedidos por el Gobierno de S. M. ó Cuerpos del Estado. Inspección de antigüedades y monumentos. Conservación de relaciones con las otras Academias de la nación y del extranjero. Todos ofrecen campo á observaciones.

Los más de los informes dichos versan sobre el mérito ó importancia de obras cuyos autores solicitaron de la extinguida Dirección general de Instrucción pública, adquisición de ejemplares con destino á bibliotecas, ó sea auxilio pecuniario que, según el espíritu de las disposiciones vigentes, se acuerda con preferencia   —6→   á trabajos de laboriosa meditación, de considerable costo en el acopio de materiales, en la impresión ó en las ilustraciones; trabajos que en razón misma del subido precio á que resultan, tanto como por la especialidad del asunto de que tratan, no suelen encontrar en el mercado de la librería el favor á que son acreedores por su valer real.

Ha habido escritores que, dando ilimitada amplitud á la oferta de protección, la han pretendido para opúsculos de muy poca, labor, y la Academia, sin exceso de severidad, ha puesto correctivo á las aspiraciones injustificadas, teniendo presentes las advertencias de la exposición que encabeza al Real decreto de 29 de Agosto de 1895, que rige.

«La adquisición de libros para las Bibliotecas públicas -dice- abre puertas al abuso. Interesa al Estado, al honor del publicista y á la cultura general que no se compren libros de escaso mérito. Sería lamentable que el Ministerio de Fomento llevara á las Bibliotecas las obras que no pueden vender sus autores porque no interesan á nadie.»

En el segundo grupo ha elogiado la Academia el celo de las Comisiones provinciales de monumentos que, utilizando los escasos recursos facilitados por las Diputaciones, escasísimos en algunas, atendieron al aumento y conservación de los museos y á la investigación del suelo inexplorado. Son de citar especialmente la de Oviedo, por los descubrimientos hechos en la capilla de Santa Leocadia y en la cámara santa de la Catedral; la de Córdoba, por el hallazgo de un bellísimo mosaico romano á considerable profundidad del terreno, dentro del perímetro de la ciudad misma; la de Mérida, por el interés mostrado para extraer y conservar otros mosaicos, aunque no de tanta estimación, uno de ellos aparecido en la estación del ferrocarril; la de Segovia, ocupada en la reparación de la torre de San Esteban y en salvar cuanto sea posible del siniestro de la sinagoga antigua, iglesia y convento después del Corpus Christi, reducidos á cenizas en las primeras horas del día 3 de Agosto último; la de Granada, solícita en reivindicar la posesión de una lápida arábiga, alcanzada por gestión y desprendimiento de nuestro colega D. Juan Facundo Riaño, y así las de Gerona, Lugo y otras.

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Pero también se ha visto la Academia en la necesidad penosa de censurar actos excepcionales en poblaciones cuya ilustración o corresponde á la entidad del vecindario ni á la riqueza común, advirtiendo en los que dirigen su administración hostilidad abierta sistemática contra toda edificación antigua, contra lo bello y lo respetable, sin más razón ni utilidad que el mezquino aprovechamiento de los materiales.

Por contraste es satisfactorio cuanto se refiere á materias del tercer grupo. Las relaciones literarias, siempre en aumento, se estrechan y producen incesante cambio de publicaciones con mucha utilidad y acrecentamiento de las respectivas bibliotecas. Y por cierto que doblemente se celebra la llegada entre tantos libros á la de este local, de los tomos de Lope de Vega que publica la Real Academia Española, así por el fondo histórico de las obras del Fenix de los Ingenios que va colegiendo, como por los comentarios con que las ilustra D. Marcelino Menéndez y Pelayo, miembro de aquél y de este Cuerpo.

Oportuno es añadir aquí lo notable que por donaciones, muy agradecidas, ha venido á enriquecer las existencias.

La Excelentísima señora Doña Emilia Gayangos de Riaño, juntamente con su hermano D. José, entregó 192 volúmenes manuscritos é impresos en lenguas orientales, y una colección de cartas originales de orientalistas de notoriedad, manifestando deseo de que el conjunto se una á la biblioteca arábiga formada por su padre, el académico D. Pascual, que posee este Cuerpo.

El correspondiente D. Gabriel Llabrés le obsequió con otra colección manuscrita de documentos interesantes á la situación de los hebreos en España. Compónenla 113 privilegios otorgados á los judíos de Mallorca en los años 1247 á 1387, en clasificación por reinados.

En orden distinto son dignos de aprecio el Códice Cospiano, obra pictórica de los antiguos Nahuas, que se conserva original en la Universidad de Bolonia y que ha sido exactamente reproducida a fotocromografía á expensas del Sr. Duque de Loubat, y el Codex Telleriano-Remensis, así llamado por haberlo adquirido, corriendo el año 1700, el Arzobispo de Reims Carlos Mauricio Le Tellier, y que hoy para en la Biblioteca Nacional de París. Al   —8→   primero acompaña descripción impresa en castellano con el primor y delicadeza de todas las obras debidas á la munificencia de este inteligente americanista y académico honorario. El segundo, reproducido con no menor esmero, ofrece la particularidad estimable de tener en cada folio explicación de las figuras en lengua castellana. El Dr. E. T. Hamy, Director del Museo etnográfico de París, ha redactado la transcripción de los comentarios hispano-mexicanos, ilustrándolos con eruditas noticias.

Son, con éstos, cuatro los códices de la especie que el señor Duque ha dado á luz y puesto á disposición de los estudiosos que no puedan examinar los originales únicos en la Biblioteca vaticana apostólica, en el Museo etnográfico de Propaganda Fide y en los referidos centros de Bolonia y París.

Viene á ser complemento, porque de tales manuscritos trata, así como también de las reproducciones del Sr. Duque de Loubat, el volumen titulado Códice Borgiano, Interpretación por el abate José Lino Fábrega, de la Compañía de Jesús, con un estudio sobre los dioses astronómicos de los antiguos mexicanos. Es otro regalo que la Academia agradece al Sr. D. Alfredo Chavero, autor de la disquisición.

También S. A. el Archiduque de Austria, académico honorario, ha continuado el envío de sus obras espléndidas, remitiendo el volumen dedicado á Bujía, en el que recoge las memorias subsistentes de la dominación española en aquel la plaza, conquistada por Pedro Navarro.

Por último, requiere justa indicación el agasajo del Sr. D. Pablo Bosch, de una medalla de plata de 70 mm. de diámetro, de las que, previo certamen artístico, hizo fundir en honra y memoria del insigne orador Emilio Castelar.

Esta reminiscencia trae acoplada la cita del acta de 24 de Noviembre, pues no habiendo el tribuno cubierto la vacante de Don Valentín Carderera, para la que había sido designado, hizo necesario su fallecimiento declararla de nuevo y repetir la elección en la junta ordinaria de esa fecha, en la que obtuvo la silla el señor D. Antonio Vives, propuesto por sus dotes de anticuario.

Pocos días después, el 3 de Diciembre, accidente repentino privó de la vida á uno de los votantes, á D. Antonio María Fabié, con   —9→   pena de cuantos venían compartiendo con él las tareas, que por lo mismo conocían y apreciaban su afición y asiduidad, la extensión grande de sus conocimientos, el afán con que procuraba dilatarlos estudiando los adelantos científicos y el deleite con que se ocupaba de materias ó cuestiones no generalizadas, en su número de las referentes á la protohistoria, así en nuestra Península como en los imperios de la India occidental anti-colombiana, que pudo discutir en los Congresos de americanistas de Copenhague y de Berlín, como representante de España, y más tarde presidiendo el que se celebró en Huelva en solemnidad del cuarto centenario del descubrimiento que duplicaba el mundo conocido. La Academia honró sus condiciones en sesión luctuosa en que no sólo se mencionaron los trabajos literarios, sino también los servicios como funcionario integérrimo y las acciones como caballero generoso. El Ayuntamiento de Sevilla, su patria, le ha honrado posteriormente, acordando que se conozca con su nombre una de las calles de la ciudad.

La elección de académico que reemplace al Sr. Fabié en el uso de la medalla núm. 20, se verificó el 9 de Febrero, obteniendo nombramiento el señor general D. Julián Suarez Inclán, con el cual quedó completa la cifra reglamentaria por breve espacio de tiempo, pues el académico electo D. Isidoro de Hoyos, marqués de Hoyos, Grande de España, embajador que fué en Viena, dejó este mundo el 8 de Abril, teniendo preparado el discurso de su recepción, que versaba sobre los hebreos de origen español residentes en Austria.

La cifra efectiva aumenta hoy con su ingreso el Sr. Marqués de Monsalud, cuya disertación acabáis de aplaudir.

Fruto de los cometidos individuales en el año pasado han sido:

Tomos XXXV y XXXVI del Boletín, que comprenden, como de ordinario, informes, comunicaciones, documentos antiguos, avisos y noticias. Entre éstas son de indicar las relativas al descubrimiento de inscripciones, con las que incesantemente se aumenta la epigrafía española, y no carece de interés el catálogo sucinto de censuras de obras manuscritas, pedidas por el Consejo de Castilla á la Real Academia antes de acordar ó no las licencias necesarias para la impresión, porque constituye un dato hasta   —10→   ahora desconocido, útil para apreciar el movimiento intelectual de España en el período comprendido entre los años 1746 y 1833, al acabar definitivamente la previa censura del libro.

Tomos XXXIX y XI del Memorial histórico español, que son V y VI y último de la Historia crítica y documentada de las Comunidades, formada por el Sr. D. Manuel Danvila y Collado con provechoso afán, por la luz que irradia sobre un período de agitación que desfiguraban leyendas novelescas y relaciones amañadas por el espíritu de bandería.

Tomo XII de la Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de Ultramar, comprensivo de los Vaticinios de la pérdida de las Indias hechos al Rey Carlos II por el almirante D. Gabriel Fernández de Villalobos, marqués de Varinas, y de algunos otros escritos de este travieso personaje, cuya vida de aventuras proporcionara solaz é instrucción á no haberse encomendado su bosquejo al que os dirige en este momento la palabra.

Tomo XIX de las Cortes de Castilla, que comprende la conclusión de actas de las que se reunieron en Madrid en 1527 y acabaron en 1601, ordenadas por los Sres. D. Eduardo Hinojosa y don Antonio Rodríguez Villa.

Tomo III de las Cortes de Cataluña con las de 1368 á 1375, dispuesto por los Sres. D. Fidel Fita y D. Bienvenido Oliver.

Son, pues, siete los volúmenes publicados.

Distínguense entre los cometidos especiales de comisión, los que atañen al estudio é incidencias del concurso á premios. Dando prioridad al de la Virtud que instituyó D. Fermín Caballero, dejándonoslo por reflejo de la bondad de su alma, se ha solicitado para trece personas, igual número que en el año precedente, con muy parecidas circunstancias en general; actos laudables en el cumplimiento de los deberes con la familia; carencia de lo preciso al sustento de la vida; dolores, amarguras, miserias en fin, cuyo relato conmueve y atrista. Pero cinco de los memoriales no se ajustan á las condiciones de la convocatoria ó adolecen de vicios de nulidad expresamente señalados en las cláusulas de fundación, de modo que se reducen á ocho los que tenían que   —11→   ser objeto de comparación. En el número sobresalen evidentemente los dos cuya síntesis apunto.

Cinco señoras de la Conferencia del Rosario de San Vicente de Paul, firman con la presidente Doña Felicitas Almagro, viuda de Modet, la exposición de merecimientos de una buena mujer á la que visitan y socorren. Manuela Bonet, que así se llama, vecina de Madrid, de 38 años de edad, casada con un jornalero del que tiene cuatro hijos, vive en extremada penuria por no ayudar el caudal de la salud al que produce el trabajo diario de su marido. En tales circunstancias, falleció en habitación próxima á la suya Josefa Carriles, dejando en orfandad y desamparo á un niño de tres años. Manuela, sin tener relaciones de parentesco ni siquiera de amistad con la difunta, se hizo cargo desde luego de la desvalida criatura, partiendo con ella el pan de las suyas propias, y aunque las compasivas señoras de la Conferencia de San Vicente por aliviarla y sin advertírselo obtuvieron plaza en el Hospicio para el huerfanito, no pudieron conseguir que Manuela Bonet ni su marido la aceptaran, por temor de que no estuviera el niño bien asistido ó adquiriera alguna de las enfermedades que suelen desarrollarse en los asilos de la infancia; tanto cariño le habían tomado en cinco años pasados desde que le cobijan.

Del otro caso, en todo excepcional, dan cuenta con exposición de motivos redactada en términos tan concisos como elocuentes, siete testigos bien conocidos en las esferas de las Ciencias, de las Letras y de la respetabilidad; D. Santiago Ramón Cajal, D. José de Ribera y Sana, D. Federico Oloriz, D. José Gómez Ocaña, D. Benito Hernández, D. Ramón Soler Regidor y D. Salvador García Mediavilla: D. Andrés Manjón -refieren- es un sacerdote, catedrático de Derecho canónico en la Universidad de Granada y canónigo en la Abadía del Sacro-Monte de la misma ciudad que, apiadado de la ignorancia y desamparo en que vivían los hijos de los jitanos que habitan cerca de la abadía citada, emprendió hace diez años la difícil empresa de educarlos y hacerlos útiles para la sociedad. Fundó con sus propios recursos escuelas en medio de jardines, donde los niños pobres permanecen todo el día, recibiendo gratuitamente educación cristiana, enseñanza, trato higiénico y alimento y vestido en muchos casos:   —12→   aplicó su inteligencia á inventar procedimientos adecuados á las circunstancias de sus protegidos; demostró su abnegación empleando su tiempo y su trabajo, sus modestos ingresos y su crédito en el sostenimiento de las escuelas; renunció á una de las más altas dignidades de la Iglesia española en el tribunal de la Rota, por no abandonar el cuidado de los 1.500 niños que personalmente cultiva para el bien, y no satisfecha aún su ardiente caridad ha creado otra institución en Sargentes, su pueblo natal, y ha planteado en el año que corre una escuela de artes y oficios que asegure el porvenir moral y material de los jóvenes salvados por él del vicio y de la ignorancia.

Los exponentes acompañan por comprobación, memorias impresas en que se explica el sistema original implantado en Granada y en Sargentes por el Sr. Manjón, y se desarrolla el pensamiento con sus progresos desde 1893 hasta el momento actual. Son documentos de interés que se reproducen entre los apéndices de esta reseña, porque concurren con los demás del expediente á la manifestación de una obra perseverante.

Impresionado el ánimo de los jueces por su magnitud y singularidad, han discutido mucho el fallo, no porque en la apreciación de los hechos les cupiera duda, sino en razón á que, estimando la cuantía de la recompensa ofrecida, adecuada para satisfacer á necesidades como la de la madre generosa que ha prohijado á un niño ajeno, pensaban algunos que en la opinión externa pudieran creerse rebajados ó empequeñecidos los merecimientos del catedrático de Granada, por el hecho de acordarles lauro que, hecha abstracción de la notoriedad, tan poco significa, y revelábase en todos el deseo de disponer de recompensa superior, ó bien el de arbitrar ó de pretender de la entidad alta, dispensadora de gracias y distinciones, galardón honorífico á la persona y auxilio material á la institución. Impulsos buenos á no desviar á cuantos los sentían del terreno de la realidad, dentro del que la Academia debía limitarse al ejercicio de las funciones que le están encomendadas; á decidir llanamente, entre aquellos para los que se ha solicitado el premio de la Virtud, tal cual está instituído, el que merece preferencia.

Planteada la cuestión en estos términos precisos, aparece que   —13→   la bizarra decisión de Manuela Bonet al amparar á un sér sin apoyo en el mundo, se ha realizado y realiza cada día por el canónigo del Sacro-Monte en pro de muchos; de cientos, de más de un millar; con menos ternura que la de la madre, quizá; con menos privación, seguramente; pero con mayor utilidad individual y de la sociedad á que esos seres pertenecen, siendo precisamente norte del filántropo que los acoge, dedicándoles la inteligencia, el tiempo y el caudal, que es como decir la existencia entera, apartarlos de la senda del mal, criarlos, educarlos, hacerlos hombres de provecho para la patria y procurarles madre también, madre espiritual incomparable á la que se acojan en los trances infortunados de la vida. En tal sentir la Academia, por voto unánime, ha concedido el premio de la Virtud á D. Andrés Manjón, fundador y sostenedor de las escuelas del Ave María.

PREMIO AL TALENTO. Se ofreció en el presente año, según la fundación del mismo académico D. Fermín Caballero, «al autor de la mejor monografía relativa á la Geografía de España en la Edad Media», y lo han pretendido en tiempo oportuno, D. Mariano Ferrer é Izquierdo, para una monografía tal encabezada con igual título, trabajo suyo, y Doña Asunción Navarro, viuda de Ferreiro, para una Carta ó Mapa de España en el siglo XIV, acompañado de Memoria sucinta descriptiva.

La Comisión de estudio juzgó, sin discrepancia, que la primera, escrita con plan bien concebido, dividida en períodos con exposición de los hechos culminantes que en cada uno de ellos se fueron sucediendo, y de las alteraciones geográficas ó estado en que sucesivamente iban quedando los límites de cada pueblo por consecuencia, adolece de falta de meditación suficiente; marca de un modo arbitrario los períodos dichos, y resultando en conjunto obra más bien histórica que geográfica, se resiente de la precipitación con que sin duda ha sido escrita, pues que la denuncia la forma misma del manuscrito, por todo lo que, si es apreciable bajo cierto aspecto y revela dotes muy de estimar en su autor, no puede ser propuesta para premio.

En el Mapa del siglo XIV, estudio gráfico trazado con prolijidad, se nota el desarrollo sucesivo de las regiones de la Península,   —14→   los límites de cada reino de los que fueron naciendo y ensanchándose en la reconquista, y los nombres de los pueblos, ríos y montañas con las alteraciones que sufrieron en el transcurso del tiempo. Adviértense en este apreciable trabajo algunos errores, mas no son de gran monta ni de difícil corrección, y por tanto parece de aprovechamiento para el estudio de la geografía de la época á que se refiere, y digno de recompensa.

Sin embargo, en el seno de la referida Comisión surgieron dudas.

¿Puede adjudicarse el premio al talento creado por D. Fermín Caballero á un autor que haya muerto antes de anunciarse e concurso?

¿Es aquél, premio á la obra ó recompensa y estímulo al autor?

¿Puede presentarse para optar á este premio el trabajo de un escritor difunto, ó es el espíritu de la institución que aquél reciba personalmente la recompensa?

La mayoría de la Comisión misma, vistas las cláusulas del testamento del fundador y el testo de la convocatoria, informó que bien sea en el sentido de favorecer la publicación de la obra, bien en el de remuneración por el trabajo, pudieran concederse sin violencia las 1.000 pesetas á los herederos del autor de un estudio tan favorablemente juzgado. Alegó que disposición concreta y taxativa para negar la admisión en el concurso no aparece; que ejemplos de otorgar recompensas á producciones de autores difuntos existen en cambio, y en virtud de sus consideraciones y de alguno de estos ejemplares, explicado, propuso la concesión del premio al talento para el autor del mapa en cuestión.

Originó el escrúpulo y parecer de la minoría de la Comisión, amplio debate de la Academia en pleno, en el cual se consideraron antecedentes, que el mapa los tiene.

D. Martín Ferreiro y Peralta, su autor, secretario general de la Sociedad geográfica de Madrid, fué cartógrafo de merecida reputación. Formado en los trabajos geodésicos y topográficos á las órdenes é inmediación de D. Francisco Coello, obtuvo plaza de constructor de cartas en la Dirección de Hidrografía con grados sucesivos hasta el de teniente de navío de primera   —15→   clase. Publicó particularmente varias obras, de las que basta citar aquí el Atlas geográfico de España compuesto de 58 mapas y dado á la estampa en 1864. Encariñado desde entonces con la idea de trazar el general de la Península ibérica en la época de su gran fraccionamiento, dedicóle toda la atención, acabando en 1872 el diseño que presentó en el Ministerio de Marina, de que dependía, tratando de vulgarizarlo. Fué enviado por aquel centro á informe de la Academia, que no tardó en emitirlo exponiendo, que llega á tal punto la escasez de mapas que ilustren nuestra geografía histórica, que cualquiera que se dedique á una empresa semejante será siempre merecedor de alabanzas por el sólo hecho de acometerla, y no sólo de éstas, más de galardón estimaba á Ferreiro, examinado el trabajo con que demostraba conocimientos especiales y grandísimo estudio de las obras históricas.

Los lunares observados en la Carta eran de corrección fácil, y no de extrañar, dado que la perfección absoluta en un trabajo de esta naturaleza, ejecutado por primera vez, es materia de todo punto imposible. De la misma manera y mucho más que en la geografía moderna, hay en aquella que enmendar y rectificar de continuo, porque de continuo van apareciendo en estos estudios documentos ignorarlos, noticias desconocidas antes que sitúan con mayor exactitud los pueblos y las fronteras.

La difícil tarea de construir un mapa histórico con tan notables condiciones, sin más auxilios que los propios, así como la suma de trabajo empleado y de conocimientos que demuestra, puestos al servicio de la enseñanza, decidieron además á la Academia á conceder por sí á D. Martín Ferreiro el título de Correspondiente.

A pesar del dictamen dicho y de otros favorables emitidos en las oficinas científicas de la marina, fueron demorando la publicación dificultades del todo ajenas al aprecio de la obra, transcurriendo los años con ganancia de ésta, porque el autor continuó limándola y añadiendo en el índice de fuentes de información cuantos documentos hubo á las manos, hasta que pasó de esta vida en 1896.

Resultado inmediato de la iniciativa de Ferreiro fué el de procurar   —16→   la Academia el estímulo de trabajos parecidos, á cuyo fin abrió concurso en 1873 para otro Mapa de España á fines del siglo XVI, y prorrogó de año en año la convocatoria hasta el de 1879, sin que ningún aspirante pareciera, aunque era el premio prometido de 3.000 pesetas y 300 ejemplares.

Conocido, pues, y juzgado de muy atrás el valor de la Carta de España del siglo XIV, era natural que la Academia adoptara, como adoptó, el parecer de la Comisión especial de premio al talento en el año corriente. Asimismo ha hecho suyo el de la mayoría de la referida Comisión en punto á no existir disposiciones que impidan la admisión al concurso de obras de autores fallecidos, y aunque con algún voto de oposición, ha acordado adjudicar aquel premio á D. Martín Ferreiro y entregar el importe á sus herederos.

PREMIO DEL BARÓN DE SANTA CRUZ, DE TRES MIL PESETAS.- Era el tema señalado «Origen y desarrollo de los Estados pirenaicos hasta el reinado de D. Sancho el Mayor», y se publicó con advertencia de que «los aspirantes habían de aportar nuevos datos y documentos sobre los ya conocidos hasta el día».

Tanto con la prevención como con la entidad de la recompensa procuraba la Academia dar á conocer el vivo interés que le merece un asunto que, si no de los menos estudiados, está todavía comprendido entre los más obscuros de la historia patria, á pesar de los trabajos de escritores navarros como el P. Moret y D. José Yanguas, de aragoneses insignes como Jerónimo de Zurita, de investigadores cual Traggia, sin exceptuar á los académicos que al comienzo del siglo redactaron el Diccionario geográfico de las provincias Vascongadas y Navarra, y de los continuadores en tiempos más cercanos al actual, Lafuente, los hermanos Oliver y otros que no han logrado separar por completo á la ficción de la realidad ó á la leyenda de la historia, y que más bien han recrecido la niebla con la disparidad de pareceres, exentos en parte de la quitanza que recomendaba el P. Mariana llevasen todos aparejada.

Al concurso se han presentado ahora cuatro memorias manuscritas: una firmada, dos señaladas con lemas, la cuarta sin indicación alguna de quién sea el autor. De corta extensión todas, se comprende el trabajo de dos de ellas en 42 y 60 páginas respectivamente,   —17→   subiendo en las otras á 288 y á 300, dato que conviene asentar, estimando que si en poco espacio cabe el cuadro exacto y luminoso de un período histórico, para sintetizar estudio que tenga por base la investigación, se necesitan condiciones de escritor poco comunes, que no demuestran los opositores.

Parece más bien por sus memorias que no han comprendido ó no han fijado bastante la atención en el pensamiento de la convocatoria, pues que se dan por satisfechos haciendo exposición calcada sobre la Historia general, en muy poco distinta de la que suele exigirse á los alumnos de la segunda enseñanza.

El desempeño del tema requería, ante todo, una preparación proporcionada á la empresa; aprovechamiento de trabajos anteriores condensados con tino en narración precisa; acopio de frutos recientes extraídos de los estudios auxiliar es de la arqueología, de la etnografía y la lingüística; el esclarecimiento que ofrecen las obras registradas por Gayangos y Dozy, en principio y progresivamente utilizadas por Saavedra, Codera y los demás que procuran extender su conocimiento; el avance que ha tenido la historia de Navarra al Norte de los Pirineos, en Francia, y que debe relacionarse con la de Navarra del Sur, que nos incumbe; por último, la rebusca de los archivos subsistentes en uno y otro lado.

Nada de ésto se advierte en las obras de referencia: la de 300 páginas excede á las compañeras en el esfuerzo de erudición; la de las 288 supera á todas en la crítica, evitando los escollos peligrosos de anticipar la fecha de la reconquista en la falda de los montes y de admitir la existencia de reyes fabulosos; mas es común en las cuatro la confusión del método; el error en el cuadro de la dominación mahometana, imperfectamente estudiado, el conocimiento escaso del auxilio que suministran los historiadores del Mediodía de Francia, y la ausencia de calidades superiores literarias.

En una palabra, ninguna responde á la condición fundamental del concurso, ninguna aporta nuevos datos y documentos sobre los ya conocidos hasta el día. La investigación de los orígenes del reino pirenaico no adelanta un paso, queda como estaba antes de la existencia de estas Memorias.

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La Academia, en todo conforme con el ilustrado dictamen de la comisión examinadora, que brevemente queda condensado, decidió, pues, con el sentimiento que en casos parecidos acreditó siempre, declarar que no há lugar á la adjudicación del mencionado premio en el actual concurso.

PREMIO DEL BARÓN DE SANTA CRUZ, DE MIL PESETAS.- Ofrecióse por estímulo á la juventud estudiosa pidiendo disertación manuscrita sobre las campañas del Rey Fernando el Santo. Ha tenido un solo pretendiente, D. Modesto Jiménez de Bentrosa, de 24 años de edad, Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Central, y á juicio de la comisión de examen, aceptado en todos sus puntos por la Academia, ha hecho buena la convocatoria, justificando en primer lugar las circunstancias requeridas, de haber obtenido, en facultad costeada por el Estado, el título dicho con nota de sobresaliente, y la de haber alcanzado igual nota en los exámenes de Historia de España, Historia universal y literatura española, y además la misma calificación en todas las asignaturas de la Licenciatura, con premio en ocho de ellas, y por premio asimismo el referido título de Licenciado.

Es, pues, uno de los mejores alumnos de la Universidad de Madrid el que animosamente ha respondido al llamamiento de la Academia, y grato es á ésta declararle digno del lauro por la claridad, la sencillez y la apreciación crítica con que ha discurrido sobre el tema de las campañas del Santo Rey, si merecedoras de admiración y de recuerdo siempre, de fructuosa remembranza en estos días.

Parece mayor y más seguro el conocimiento que el Sr. Jiménez Bentrosa demuestra tener de las fuentes cristianas que de las arábigas, especialidad ésta hoy por hoy de algunos maestros. En puntos secundarios ó de pormenor algo hay que reparar y quizá que corregir, usando del derecho que la Academia se ha reservado en este caso, antes de que su Memoria se publique; pero considerada en conjunto cual cumple en justicia, es de evidente mérito y acredita en los pocos años del autor aventajadas dotes de investigador y de erudito, merecedoras de distinción tan honrosa como la que este Cuerpo le dispensa adjudicándole el lauro.

PREMIO DEL SR. MARQUÉS DE ALEDO.- Una Memoria manuscrita   —19→   que se titula Aledo, su descripción é historia, ha sido presentada asimismo al concurso, acompañándola pliego en que el autor reservaba su nombre hasta que se pronunciara el juicio. En la extensión se acomoda esta monografía á las exigencias del programa, y en las otras condiciones, algo más difíciles de llenar, también. Es trabajo escrito en estilo literario, con sobriedad, con buena crítica, con conocimientos de los estudios modernos relativos á las antigüedades romanas y á la dominación musulmana, y con desembarazo bastante para reconocer los errores en que tocante á orígenes remotos y á primitivos pobladores de España han incurrido literatos amigos de consejas.

Describe galanamente los términos de la villa y sus vetustas fortificaciones; narra los sucesos principales de la reconquista cristiana, en «que hizo papel; se detiene en el relato de la donación de Aledo por D. Alfonso X á la Orden de Santiago; en el de concesión de fuero especial por el Maestre D. Juan Ossores y en el de las ocurrencias por las que desde entonces la historia de la población es parte de la de aquella Orden militar, si bien con distinción de los hechos de los Comendadores de su título.

Sirven de complemento al manuscrito varios apéndices en los que se transcriben íntegros documentos, la mayor parte inéditos, tomados de los archivos Histórico Nacional y de Simancas, y de los municipales de Aledo y Totana, ofreciendo en globo testimonio de las dificultades que ha tenido que vencer el compilador con las escasas fuentes de investigación que se le ofrecían para llevar á cabo la empresa, tratándose de una villa cuya importancia, más que civil ó política, fué en esencia guerrera, como defensa fronteriza que contenía á los moros en sus territorios y dominios. Por ello, con la toma de Granada decayó por todo extremo, absorbida en su existencia municipal y administrativa.

Tanto más se estiman las prendas cuanto más cuestan. La Academia, en todo conforme con el dictamen razonado de la comisión calificadora, la cual señala en la obra á más de las condiciones ya expresadas, la muy apreciable de amenidad de estilo, la declaró merecedora de premio, y rota la nema que guardaba el nombre del autor, adjudica á D. Joaquín Báguena, que declara serlo, aquél que la liberalidad del Sr. Marqués de Aledo estatuyó,   —20→   dando ejemplo de amor á su país y á las Letras, digno de todo elogio y gratitud.

Conclusión:

Este cuerpo literario brinda para el año venidero de 1901 con tres premios; el de «La Virtud», fundado por D. Fermín Caballero; el «Del Talento», de la misma institución, destinado esta vez á monografías históricas de localidad ó comarca de España, y el establecido por el Duque de Loubat para trabaos de Historia, Geografía, Arqueología, Lingüística, Etnografía ó Numismática de cualquiera de las regiones del Nuevo Mundo, todos ellos según las condiciones especificadas en la convocatoria que publicarán, la Gaceta de Madrid y el Boletín propio. Anuncia también para el año 1902, dando este mayor espacio de tiempo á la preparación de materiales, otro de los del Barón de Santa Cruz, á la mejor monografía histórica y técnica de un arte suntuaria ó decorativa en España, en una época comprendida desde el siglo XI al XVII ambos inclusive.

Considera la Academia que el estado de los estudios arqueológicos, la importancia que dichas artes tuvieron en nuestra patria, la necesidad de que se conozcan con fundamento, y el creciente apego que los eruditos muestran á estas materias, son circunstancias que despertarán noble emulación entre los estudiosos, contando con la cual, se propone repetir los concursos hasta alcanzar una serie de memorias que esclarezcan el historial y la técnica de las industrias artísticas nacionales; cómo han caído y como han prosperado; á qué influencias extrañas ó á qué impulsos internos debieron origen y crecimiento, y qué parte tomó nuestra nación en la vida artístico-industrial de Europa durante la Edad Media y el Renacimiento.

De este modo es de esperar algo interesante y cierto de la miniatura, la orfebrería, el esmalte, los tejidos, los marfiles, los metales labrados, los cueros, la tapicería, la cerámica y las demás artes de adorno cuyos restos son gala de nuestros museos y colecciones, escuela de las industrias modernas y claro espejo del trabajo humano en la cultura española.

Abierto el campo, queda también dispuesta la voluntad para galardonar á la rectitud y á la laboriosidad.





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Apéndices


Número 1

Fallecimientos ocurridos


    De señores correspondientes nacionales

  • D. Francisco Miguel y Badía, Barcelona.
  • » Plácido M. de Montoliu, Marqués de Montoliu, Morell.
  • » Fabio de la Rada y Delgado, Granada.
  • » Atanasio Morlesín, Madrid.
  • » Angel de los Ríos y Ríos, Proaño.
  • » Antonio M. de Ariza, Sevilla.
  • » Antonio Satorras Vilanova, Tarragona.
  • » Francisco de la Pisa Pajares, Madrid.
  • » Ramón Font, Gerona.
  • » Jorge Loring, Marqués de Casa Loring, Málaga.
  • » Tomás Acero y Abad, Valladolid.
  • » Mariano Juderías Bender, Madrid.
  • » Joaquín Lisbona, Granada.
  • » Domingo Sánchez del Arco, Cádiz.


    • De señores honorarios y correspondientes extranjeros

  • Guillermo Charles Piot, Bruselas.
  • Francisco Martins Sarmento, Guimaraes.
  • Joaquín Menant, París.
  • Daniel Garrison Brinton, Estados-Unidos.
  • Gaudencio Claretta, Turín.
  • Bartholomeo Capasso, Nápoles.


  —22→  
Número 2

Nombramientos


    De señores correspondientes nacionales

  • D. Juan Pío García y Pérez, Cuenca.
  • » José A. Berrocal, San Fernando.
  • » Guillermo de Guillén García, Montblanch.
  • » Adolfo Cabrera, Las Palmas.
  • » Julio Nombela, Badajoz.
  • » Enrique Romero de Torres, Córdoba.
  • » Sebastián Montserrat, Teruel.
  • » Carlos Morenes y Tord, Conde del Asalto, Tarragona.
  • » Narciso Diaz de Escobar, Málaga.
  • » Ciriaco M. Sancha, Cardenal Arzobispo, Toledo.
  • » Andrés Alvarez Ancil, Toledo.
  • » Manuel González Simancas, Toledo.
  • » Carlos de la Plaza, Bilbao.
  • » Enrique Fuster, Conde de Roche, Murcia.
  • » Rufino Machiandarena, San Sebastián.
  • » Enrique Almaraz, Obispo de Palencia.
  • » Manuel Magallón, Soria.
  • » Rafael de la Viesca y Méndez, Cádiz.
  • » Eduardo Moreno y López, Orense.
  • » Bernardo Acevedo, Oviedo.
  • » Eugenio Escobar y Prieto, Plasencia.
    De señores correspondientes extranjeros

  • Julio Betancourt, Bogotá.
  • Barón Orban de Xivry, Lovayna.



Número 3

Memorias que acompañan á la propuesta de premio á la Virtud presentada en favor de D. Andrés Manjón


  —23→  
Recuerdos de una visita á las escuelas fundadas por D. Andrés Manjón en el Sacro-Monte de Granada

En toda sociedad bien organizada hay tribunales de justicia para esclarecer los hechos criminosos y castigarlos. ¿Por qué no habría de haber algo semejante para descubrir y premiar las buenas obras? Pues ese algo es lo que esta noche realiza el Ateneo: allá, en Granada, D. Andrés Manjón ejecuta actos que exceden por su bondad á lo que la ley más rigorosamente interpretada pueda exigir al ciudadano; aquí, en Madrid, un alma generosa, polizonte del bien, incoa el proceso cuya vista solemne celebramos; un sabio ilustre, el Dr. Cajal, acaba de presentar al procesado como catedrático distinguido, Canónigo de Sacro-Monte, publicista, sacerdote ejemplar, y, sobre todo, como pedagogo y modelo de los hombres que España necesita para su regeneración; otro maestro en medicina y en saber amar nuestras grandezas pasadas y presentes, D. Benito Hernando, iniciador y á la vez relator de esta causa, os habrá hecho sentir y pensar con los párrafos sublimes de las Memorias de Manjón que acaba de leernos; y vosotros, representantes de la cultura nacional, sois el jurado que dictará sentencia, á la vez que empezaréis acaso á ejecutarla concediendo vuestra simpatía, vuestro apoyo y aun vuestras limosnas á la hermosa obra que juzgáis.

Mi papel en esta causa es sólo el de testigo, y prometo cumplirlo fiel y verazmente, relatando cuanto recuerdo de mi visita á las escuelas fundadas por D. Andrés Manjón.

*  *  *

Para quien conozca la ciudad de Granada, es innecesario describir el delicioso valle que con razón llamaron del Paraíso los poetas; y para los que no hayan tenido la fortuna de visitar la ciudad morisca, sería pálida toda descripción, porque la realidad supera cuanto la imaginación más fecunda pudiera concebir. Habrán, pues, de contentarse con saber que á unos 2 km. del centro de la ciudad, hacia Levante, cuando aún no se halla el Darro aprisionado por los puentes y bóvedas que lo ocultan, al   —24→   par que lo envilecen, y contra los que suele protestar rompiendo trabas é inundando calles, se desliza el río por el fondo de tenebrosa grieta labrada en el terreno por el roer continuo de las aguas durante muchos siglos. Lo estrecho y tortuoso de la sima, los hondos socavones en que forma remansos silenciosos la corriente, el túnel de verdura que en lo alto construyen los árboles y arbustos, inclinados como si fueran á precipitarse en el abismo, luces filtradas, rumores misteriosos, todo concurre á dar la sombría grandeza de un paisaje dantesco, al que se contempla con el ánimo absorto y encogido en las famosas angosturas del río Darro.

Pero saliendo de ellas, ¡cuánta luz, cuánto cielo cuánta dulzura y serenidad en el ambiente! A la izquierda, apretado bosque de avellanos y alamedas frondosas, escala el monte, en cuya cima, cercado de jardines, destaca airoso el Generalife sus blancas y caladas galerías; á la derecha, las casitas de los cármenes, medio escondidas entre los árboles frutales, aparecen sembradas hasta la mitad de la ladera; encima se delinea el camino del Sacro-Monte y resaltan en negro las ahumadas bocas de las cuevas donde habitan los míseros gitanos; más arriba, las pitas y nopales dibujan las sendas y linderos, y allá, en la cumbre, los pardos muros de la ilustre abadía señalan el lugar en que reciben culto las venerandas reliquias del apóstol y mártir San Cecilio. Allí el artista ve colmadas sus ansias de belleza; el historiador contempla frente á frente monumentos que simbolizan las dos civilizaciones en que se condensa nuestra historia; el antropólogo medita en los orígenes y destinos de la raza gitana, y cuando de las enramadas surgen voces infantiles, atenuadas por la distancia y poetizadas por el sitio y el misterio, que entonan cantos patrióticos ó religiosos, el sociólogo piensa en que allí ha establecido Manjón su admirable taller para formar los ciudadanos y regenerar los pueblos.

*  *  *

Por aquellos parajes deleitosos iba yo una mañana de Junio, hace dos años, con objeto de visitar la colonia escolar que ya conocía por referencias, pero de la que ignoraba con exactitud las   —25→   señas. Buscando á quién preguntarlas reparé en dos chicos que, delante de mí, seguían también el camino del Sacro-Monte, y acaso iban ya á las escuelas á pesar de lo temprano de la hora. Los examiné curiosamente antes de interrogarlos; eran dos tipos muy distintos: el uno de 10 á 12 años, espigadillo, de cabello claro y azules ojos, parecía tímido y de pocas palabras; el otro, más pequeño en edad y en estatura, morenillo, vivo de ojos y más vivo aún de movimientos, contrastaba por su incansable locuacidad y su inquietud de ardilla con el tranquilo continente de su grave y silencioso compañero.

Al emparejar con los muchachos y preguntar al mayor por las escuelas, ví con grata sorpresa que los dos se quitaron respectivamente sus boínas; y no extrañe el que tal rasgo de urbanidad me sorprendiera, pues no hace muchos años todavía que, en aquellos parajes, solía correr el forastero riesgo de sufrir burlas, injurias y tal vez alguna peladilla al trabar relaciones con la turba menuda de pequeños salvajes que, dueños del camino, exigían al transeunte exótico el tributo de limosnas, siempre forzadas y nunca agradecidas. Satisfizo el menor de los chicuelos mis preguntas, y con verbosidad llena de gracia y de oficiosa cortesía se ofreció en nombre de los dos á acompañarme para visitar la escuela. Acepté gustoso, y empecé, desde luego, la información que deseaba, manifestando á los chicos mi extrañeza de que á las seis de la mañana fueran ya á dar sus clases; pero el travieso chiquitín me interrumpió diciendo:

-¡Que es temprano, dice usted! Pues ya estarán allí casi todos los chiquillos, y ya estaría yo también hace un rato si no hubiera esperado á este posma para ir juntos; pero no crea usted que vamos á clase; vamos á jugar, y jugando nos pasamos el día hasta que se pone el sol por San Nicolás, y si á mano viene, don Andrés deja que se quede por la noche en el carmen alguno que otro que no tiene casa ni familia; porque, como él dice, mejor se duerme en un rincón bajo techado y entre gentes honradas, que en los escalones del Campillo, entre granujas y expuesto á que le cojan por vago los rondines.

Lo de pasar el día jugando me pareció exageración, y como barruntaba en eso de los juegos todo un sistema pedagógico, interrogué   —26→   al muchacho acerca de ello, pero quedé en la duda, pues contestó en seguida:

-¿Que á qué jugamos? Pues á lo que cae: jugamos á las esquinas, al salto de la muerte, á coger la cereza, á moros y cristianos, á soldados, á comidas y á otras muchas cosas. También tenemos algunos raticos de lección; pero en clase no entramos más que para escribir, y dice D. Andrés que si no rompiéramos tanto la ropa, nos pondría más tiempo á hacer cosas con la tierra.

-Mas para venir á la escuela tan temprano-dije yo.-tendréis que vivir cerca; porque si no, entre ir á comer á vuestras casas y volver por la tarde, perderéis mucho tiempo.

-¡Quiá, no señor! ¿Pues no le digo á usted que casi ningún niño vuelve á su casa hasta la noche? El que puede se lleva su merienda: mire usted aquí la mía; con este pedazo de pan hay para dos, porque como hay muchos que no tienen qué comer, D. Andrés les da lo que puede, y nos encarga á los que tenemos padres con jornal que llevemos de sobra para partirlo con los amigos. Yo no vivo muy lejos, en el Albaicín; pero aunque pudiera comer en mi casa, me gusta más estar de campo todos los días. Este, otros dos y yo hacemos rancho y nos divertimos mucho.

-De todas maneras-repliqué,-estos sitios se hallan lejos de la ciudad, y en invierno, cuando empiecen las lluvias y los hielos, no podrán concurrir á la escuela más que los niños que vivan en estos arrabales.

-Vendrán como ahora, porque como todos somos pobres, no le tememos al barro; y si no, que diga éste si dejará de venir en invierno, y eso que vive en el barrio de San Lázaro y tiene que andar más de una legua entre ida y vuelta.

Salió de su mutismo el aludido, y con un acento que me sorprendió por su energía, dijo como si lo jurara:

-Vendré, aunque se hiele hasta el pensamiento; he nacido en la sierra, andaba por la nieve con agovias ó sin ellas; D. Andrés me ha dado zapatos ahora que es verano, con más razón me los dará para el invierno; y si no tuviera zapatos... también vendría.

-¡Pues no te ha de dar!-saltó el pequeño.-Zapatos y cuanto necesites te dará D. Andrés; como que le has entrado por el ojo, y eso que eres de los de libros; porque ha de saber usted-dijo el   —27→   hablador volviéndose hacia mí-que éste, tan grandullón y todo como es, está en los libros todavía y... vea usted, vea usted cómo los esconde debajo de la blusa; es que se avergüenza de que, siendo ya tan mayor, está más atrasado que nosotros; pero el pobretico no tiene la culpa; demasiado sabe para el poco tiempo que está viniendo á la escuela. Yo tengo menos años, y ya estoy en cuentas, verbos, triángulos y provincias; pero sabía un poquillo de letra cuando vine con D. Andrés, y hace más de un año que no falto á la escuela ni siquiera un día.

-¡Y si yo me hubiera criado entre gentes!-exclamó el de los libros con expresión tal de amargura en sus ojos azules y tristones, que me sentí conmovido;-pero allá en el cortijo, casi no he visto más que zorras y cochinos; gracias que ahora sepa hablar algo más que lo preciso para pedir un cacho de pan; y lo que yo te digo es que, reviento, ó antes de un mes he de escribir á Ujíjar por mi mano preguntando si hay noticias de mi padre.

Me interesó mucho el carácter resuelto del muchacho; le pedí su historia, me la contó su entrometido compañero, y pronto supe que aquél se había criado en una cortijada de la Alta Alpujarra, de donde la miseria ó quizás algún otro motivo menos simpático había hecho al padre emigrar en busca de trabajo al Moro, como decían los chicos. Quedaron la mujer y el hijo del emigrado en el abandono más completo; viniéronse mendigando hasta Granada, y en ella vivían: la madre, dedicada á las más rudas faenas para ganarse el mísero sustento; y el hijo, luchando heroicamente contra la ignorancia, bajo la dirección y amparo de D. Andrés, que había descubierto, sin duda, el tesoro de bondad y energía que el pobrecillo encerraba debajo de su rústica corteza.

*  *  *

Y así, en conversación con los dos escolares, y aprendiendo yo en ellos mucho más de lo que nunca pudieran figurarse, llegaos juntos á la puerta de la colonia, ó, mejor dicho, Portillo, pues tal parece la humildísima entrada que en la mezquina tapia da paso á los jardines, y que por única señal de su destino ostenta, pintado sobre el muro, un sencillo letrero que dice: AVE   —28→   MARÍA, más como piadoso saludo al visitante que como título de la grandiosa fundación que allí se ha establecido.

No hallé portero que cerrara el paso; un dependiente de la colonia que me ofreció sus servicios accedió sin dificultad á mi ruego de que no interrumpiera sus tareas, y acompañado por mis dos amiguitos recorrí libremente las enramadas y plazuelas del hermoso carmen, poblado ya entonces de muchachos, reparándolo todo y pidiendo de todo explicaciones á los mismos bulliciosos escolares, que me las daban siempre con simpática mezcla de infantil confianza y de respeto.

Una verja que tenía por remates grandes letras de hierro, á la vez que cercaba una parte del terreno, evitando caídas por diferencias de nivel, servía para el juego á las esquinas de que me habían hablado en el camino, y unas veces nombrando la letra correspondiente á cada puesto, y otras bautizando éstos con nombres geográficos ó históricos, se logra que los pequeños, al correr de la M á la Z y de la B á la J, aprendan sin trabajo el alfabeto, y que los grandes, cambiándose de Portugal á Rusia y de Grecia á Noruega, se familiaricen con los nombres de las naciones europeas; y hasta conserven para siempre el recuerdo de los principales personajes de cada una, pues al empezar el juego, cada niño, que prefiere un puesto, recibe temporalmente el nombre de la figura nacional más importante relativa al pueblo representado por el poste de que arranca el jugador en sus carreras, y al que debe volver en los intermedios. Un recitado durante éstos, ampliando las nociones histórico-geográficas adquiridas sin trabajo, en medio de la bulla y algazara, completan la instrucción de los muchachos, que atienden sin esfuerzo, por hallarse cansados del trajín y por considerarse muchas veces aludidos cuando el profesor refiere algunos hechos del personaje que cada uno representa.

Cerca de allí disputaban también de Geografía unos cuantos muchachos que, sin saberlo, repasaban sin libros sus lecciones, á la vez que jugaban al salto del carnero ó de la muerte. Uno de ellos, doblado por la cintura, ofrecía el dorso como barrera; los demás en fila, habían de saltarla por turno; el primero decía el nombre de un país, y el que llegaba, corriendo á dar el salto tenía que decir el nombre de la capital sin detenerse; una equivocación   —29→   ó un retraso en contestar redimían de su incómoda postura al que hizo la pregunta, y pasaba á sustituirle el que no supo contestarla bien ó á tiempo. Solía ocurrir que por malicia ó ignorancia disputaban algunos sobre la exactitud de las respuestas; pero nunca faltaba algún jugador bien reputado que autoritariamente resolvía las dudas, añadiendo detalles y noticias para aumentar su crédito y confirmar su superioridad en materias geográficas. Supe después que el mismo juego sirve para repetir la tabla de multiplicar, fechas históricas, conjugaciones y otros asuntos adaptables al sistema de preguntas y respuestas rapidísimas.

En una pila rústica de piedra, con agua corriente, cristalina y fresca, se sucedían los niños, mojándose con deleite los brazos y la cabeza y hasta el cuerpo entero, pues bromeando unos con otros y echándose mutuamente el agua á manotadas, solía ocurrir que terminara en baño lo que empezó en ablución. Allí era, según dijo mi pequeño guía, donde jugaba D. Andrés á las cerezas con los niños sucios, y especialmente con los greñudos gitanillos. Consiste el juego en arrojar cerezas al fondo de la pila y sacarlas los chicos con la boca, teniendo las manos á la espalda; sumergen para ello toda la cabeza, hociquean en el agua para coger la fruta; salen bien remojados, chorreando; se frotan y restriegan por sacudirse pronto y secarse mejor al aire libre, y, empezando por juego y por codicia, acaban por adquirir hábitos de aseo y gusto por el cuidado personal y la limpieza. ¡Verdadero milagro pedagógico el de hacer pulcro á un gitano!

Llamaron mi atención unos silbidos que en notas graves y agudas, alternadas, y formando series con extraño ritmo, parecían responderse desde puntos distantes ó invisibles: eran ejercicios prácticos de un sistema especial de comunicaciones por medio de un alfabeto en que cada combinación de las dos notas representa una letra, y que también se adapta por medio de banderas desiguales á la instalación de un telégrafo óptico sencillo como el que, según dijeron, funcionaba entre la abadía del Sacro-Monte y la Colonia.

Un muchacho se encaramaba por un árbol para limpiarlo de las orugas que, gracias á su gran vigilancia y buena vista, había descubierto entre las hojas; otros regaban con esmero varias   —30→   plantas y arbustos del jardín, y á un chico haragán y descuidado le increpaban duramente sus amigos porque dejaba secar las matas que pusieron á su cargo. En los cármenes escolares cada vegetal tiene su infantil protector, que lo cuida con esmero, lo ama y defiende como á cosa propia, lo examina diariamente siguiendo con vivo interés su desarrollo, y lo suele exhibir envanecido cuando resalta por su hermosura y lozanía. Así aprenden los niños, sin libros ni fatiga, Botánica y Agricultura, y llegan á comprender las bellezas naturales, despertándose en ellos el sentimiento artístico.

Incrustadas en los rústicos muros que sostienen y afirman los cuadros del terreno vi muchas losas de mármol blanco, que acaso fueron antes mesas de algún café: son los encerados de aquella Escuela á cielo descubierto. Aun se reconocían en varias losas, trazados con carbón, problemas de Geometría, cálculos aritméticos y toscos dibujos, algunos intencionados y grotescos; pero entre muestras tan diversas de las tareas é inclinaciones de tantos escolares, reparé con gusto en que ni por casualidad había palabras ó dibujos obscenos ó injuriosos. Un niño me preguntó la hora para comprobar las líneas que, por encargo del Maestro, tenía que trazar en una de las piedras destinada á ensayos para la construcción de relojes de sol, y, por los comentarios de los allí presentes, comprendí que no les era del todo desconocida la marcha de los astros ni la constitución de nuestro sistema planetario.

Pero lo que más me interesó de cuanto llevaba visto fué la magna obra que un grupo de escolares realizaba al empedrar una plazuela, reproduciendo los contornos de un gran mapa de España. Los más pequeños escogían las piedras y las clasificaban según sus formas, colores y tamaños; otros trazaban las sinuosidades del litoral de Cataluña copiando con la fidelidad posible la silueta, pintada en un cartón, que les servía de modelo; varios iban rellenando con piedras diferentes la tierra y el mar en las regiones cuyo trazado había sido aprobado ya sin duda por los directores de la obra, y todos alternaban en los trabajos, discutían su exactitud é ilustraban las cuestiones con las noticias y juicios personales que tenían ó formaban sobre ellas. Nadie estaba inactivo; la Geografía entera de España andaba de boca en boca,   —31→   un tanto corrompida á veces y con algún que otro error nada pequeño, pero siempre corregida en forma y fondo por alguno de aquellos Aristarcos en agraz, pues jamás perdonaban los errores ajenos que estuvieran al alcance de su propia ciencia. Y como por menguada que fuera la de cada uno, era estimable la que reunían entre todos, resultaba de aquella confusión aparente una instrucción mutua tan eficaz y positiva, que de seguro al concluir la obra, que era por cierto de bastantes días, á juzgar por lo poco que adelantó á mi vista, saldría sabiendo cada uno por lo menos tanto como al empezar supieran entre todos.

Y no era sólo esto: allí ejercitaban la observación, la comparación de proporciones, la estimación de las distancias y hasta el razonamiento, discurriendo sobre las más altas cuestiones de política, pues ante mí trataron de una, digna del Ateneo. Véase cómo se produjo:

Reprochaba uno de los mirones que las piedras representativas de Barcelona y Tarragona estaban entre sí más separadas que lo correspondiente á los puntos respectivos del modelo, y en el prolijo examen del asunto que con este motivo hicieron varios, cayeron en la cuenta de que si había de mantenerse la escala de amplificación hasta entonces seguida, no era posible representar completas las islas Baleares, por falta de terreno. El conflicto era grave, y hubo diversidad de pareceres: unos querían prescindir de las islas porque, estando separadas del continente, no formaban en realidad parte de España; otros preferían sacrificar la escala y representarlas, aunque fueran muy chiquitas y pegadas á la costa Levantina, y alguno apuntó con timidez la idea de que podrían ponerse en cualquier rincón del mapa encerradas en un marquito propio. Se acaloró la discusión y, aferrados á su parecer los que seguían el criterio topográfico, llevaban trazas de prevalecer en la contienda y de segregar las islas Baleares del territorio nacional, cuando desde lo alto de un ribazo un político de catorce años intervino resueltamente en el debate diciendo con imperiosa autoridad:

-Hay que poner las Baleares á todo trance, quepan ó no quepan, porque son parte de España, lo mismo que Granada ó Madrid; y no importa que sean islas, porque también lo son la Habana y   —32→   Manila, que están muy lejos, y todo el mundo sabe que pertenecen á España; y por eso, porque son nuestras, están peleando en aquellas tierras mi hermano y otros muchos conocidos, para que no se las lleven unos negros muy feos que por allí se crían; y no hay que hablar más sobre esto, porque está claro como el sol que donde están los españoles es de España.

Mi amigo alpujarreño dijo entonces:

-Pues también el Moro será España, porque allí están mi padre y otros muchos.

-Como ser nuestro el Moro, todavía no lo es; pero si dan en ir muchos españoles por allá, lo será muy pronto-replicó sin turbarse el pequeño definidor de las nacionalidades.

Y como en aquel momento me avisaron que estaba D. Andrés Manjón en la Colonia, corrí á su encuentro y me quedé sin saber si al fin decidieron los geógrafos renunciar á la posesión de Baleares, por no tener bastante mar en que ponerlas.

*  *  *

Renuncio á describir la impresión que me produjo el fundador, y me creo incapaz de trazar su retrato; respeto su humildad, que le induce á dejar en la penumbra su persona, y confío en que el relato de sus obras es su mejor semblanza y le dará el relieve y el nimbo de gloriosa luz que jamás podría darle con sus frases el más apasionado admirador de su virtud y su talento.

Lo saludé al principio algo aturdido, lo seguí después sugestionado por un encanto indefinible de que no se da él cuenta y que cautiva en su favor las voluntades, escuché atentamente las explicaciones que con frases sencillas y en tono familiar me fue dando de cuanto me enseñaba con amabilidad infatigable; mas con ser tanto y tan bueno lo que vi guiado por tan bondadoso cicerone y lo que aprendí de maestro tan original y competente, confesaré sin rebozo el fenómeno extraño que en mí observo de que el recuerdo de la primera parte de mi visita á las Escuelas, la que hice solo y por mi cuenta, se conserva más claro en mi memoria que el recuerdo de la segunda parte. Acaso la grandeza de la figura moral de D. Andrés Manjón absorbía de tal modo   —33→   mis facultades, que del tiempo que pasé á su lado sólo me queda la impresión vaga de algo inmenso, sublime, inexplicable, pero muy superior á cuanto yo he sentido jamás junto á ningún otro hombre.

Recuerdo, sin embargo, que recorrimos el Carmen ocupado por las niñas, donde las vimos entretenidas en útiles labores, ó repitiendo atentamente sus lecciones; oí sus cantos y una plegaria á la Virgen en que pedían para sus bienhechores, tan tierna y conmovedora, que me hizo humedecer los ojos; revisé algunos diarios escritos por las más adelantadas, en los que me pareció hallar un tesoro para el estudio de la psicología de los niños pobres; visitamos luego las obras del templo-escuela, en cuya extensa nave estaban los parvulillos sentados sobre gruesos maderos, al cuidado de un maestro gitano que los doctrinaba, y tan á gusto de los pequeñuelos, que allí todo era contento y regocijo; pasamos por otros muchos locales y dependencias de que no sabría dar cuenta minuciosa, y al llegar á una explanada bastante grande para lo que la inclinación del terreno consiente en aquellos sitios, nos sentamos como si fuera á darse allí algún espectáculo. En efecto; una corneta tocó llamada á la carrera, y como por encanto cesaron los rumores de análisis gramaticales, cálculos aritméticos, lecturas é interrogatorios emanados de los numerosos corros ó secciones que hacían sus ejercicios escolares en las espesuras, y de cada enramada saltó un enjambre de muchachos que, confluyendo á una puertecilla, se perdían por ella para salir por el lado opuesto á los pocos segundos, armados con fusiles de madera y ordenándose en filas con una rapidez que no habrían superado ciertamente soldados veteranos.

En menos de cinco minutos quedó formato el batallón; un coronel minúsculo ordenó maniobras y evoluciones ejecutadas con precisión maravillosa; y lo más curioso era que las voces de mando significaban lecciones prácticas de Geografía, pues hacían que las columnas marcharan hacia Motril ó Alhama, importantes ciudades de la provincia de Granada, ó que las formaciones dieran frente á Madrid, Portugal ó hacia alguno de los puntos cardinales. Felicité al pequeño coronel por su pericia y su actitud bizarra, notables sobre todo por recaer aquellas cualidades en un cuerpo   —34→   menguado y endeblucho, y D. Andrés me hizo notar entonces la fortuna de que así sucediera, pues debiendo el chicuelo el mando, que tan á conciencia desempeñaba, á sus aptitudes y talentos militares, demostrados desde los primeros días y reconocidos por todos sus subordinados, se acostumbraban éstos á la disciplina y á obedecer al más inteligente, y no al más fuerte.

Aún quiso el profundo é ingenioso pedagogo darme otra muestra de sus procedimientos para enseñar los pasajes principales de la historia patria, y me llevó á una parcela del jardín constituída por una línea de pequeños arbustos que trazaba en el suelo un gran mapa de España. Varias piedras blancas y poco salientes correspondían á los lugares de más interés histórico, y otra piedra más alta hacía en el centro el papel de tribuna, pues á ella se subió un muchacho con una larga vara para hacer señales, y empezó á recitar la situación de España en los últimos años del imperio visigótico. Dos tropas de chiquillos se apostaron entretanto dentro y fuera del mapa: unos dispersos por la Península y otros agrupados por la parte de África; pasaron éstos el Estrecho poco á poco á medida que el recitador describía la invasión sarracénica; acudieron los otros hacia el Mediodía para contenerla al mando de un improvisado D. Rodrigo, y al decir el cronista la fecha exacta en que se dió la batalla del Guadalete, trabaron los dos bandos reñida escaramuza, en que, para mayor propiedad, tuvo el rey godo la abnegación de tirarse al suelo para fingirse muerto. Corrieron los cristianos hacia el Norte, apiñáronse en Asturias, apareció un Pelayo, se repitieron las batallas con intermedios de recitados muy nutridos de fechas, nombres y noticias, huyeron los moros siempre que lo exigió la verdad histórica, se indemnizaron luego á las órdenes de un Almanzor, que halló manera de caracterizarse bien con un turbante, y que dirigió con gran acierto muchas y rapidísimas correrías por toda la Península, hubo batallas de Calatañazor y de las Navas, con pastor y todo, y se representaron muy al vivo los principales episodios de la Reconquista hasta la apoteosis final alrededor de la piedra que marcaba el sitio de Granada. Y véase cómo en media hora del juego más divertido que pudo imaginarse, repasaron los chicos la lección de Historia, que sabían sin duda, después de   —35→   varias representaciones, mucho mejor y con más detalles que algunos de nuestros flamantes Bachilleres.

*  *  *

La mañana había pasado mientras tanto; era preciso volver á la ciudad, y aunque todavía quedaba mucho bueno por ver, tuve que resolverme á salir de aquellos jardines encantados, donde con ser tan bella la naturaleza, parecía eclipsada por la sublime grandiosidad de la transformación de un pueblo, que en su espléndido seno se cumplía.

Al despedirme de D. Andrés le pregunté si había cepillo en que depositar una ofrenda modestísima, y contestó con estas palabras tan hermosas:

-Hay cepillo porque vivimos de limosnas; pero no tan á la vista que parezca una mano tendida con descaro al que visita la Colonia, pues el visitarla, es por sí la limosna que más estimo y agradezco1.

Quise disculpar la pequeñez de la mía, y me interrumpió diciendo en tono que pudo ser profético:

-De usted no esperan mis niños el dinero, sino la propaganda; de más nos servirá el recuerdo que lleva usted de esta visita que las monedas que nos deja vaciando sus bolsillos: ¡gracias por haber dedicado algunas horas á la infancia ignorante y desvalida, y más gracias todavía por lo que hará en favor de ella cuando tenga ocasión!

¿Será ésta la ocasión prevista por el virtuoso fundador? ¿Resultará tan fecunda como bien intencionada esta sencilla evocación de mis recuerdos, hecha para difundir la noticia de la obra redentora que se está realizando en la Colonia escolar del Sacro-Monte de Granada?

  —36→  

Sea como fuere, estoy satisfecho de haber empezado á cumplir la deuda que conmigo contraje, pues sembrando buenos ejemplos es como se cosechan buenas obras.

Federico Olóriz.

Ateneo de Madrid, 16 de Diciembre de 1898.




Memoria de las Escuelas del Ave María en Sargentes (Burgos)


I

En Octubre de 1893 se abrió una Escuela de niñas y párvulos, bajo la advocación del Ave María, en Sargentes de la Lora (pueblo de la provincia de Burgos), con el fin, medios y resultados que aquí se apuntan para recuerdo de quienes lo vieron, instrucción de quienes piensen utilizarlo y satisfacción de cuantos en cualquiera forma á ello contribuyeron, y aun para copiarlo, si en algo fuere bueno.

Tienen, además, por objeto especial estas letras dar norma y señalar meta á las personas que, en muriendo yo2, dirijan esta pequeña obra de la Virgen María, porque es mi más vivo deseo que vivan de siglo en siglo y se propaguen y difundan las Escuelas del Ave María, cumpliendo fielmente con su destino, que es educar gratis al pobre y hacerlo de la mejor manera posible.




II

Sargentes


Está situada la segunda fundación ó Escuela del Ave María, en un pueblecillo de la provincia de Burgos, llamado Sargentes, aldea de sesenta vecinos, con título de villa, situada en la Lora,   —37→   que es una elevada meseta de los montes de Cantabria, allá por donde la cordillera ibérica se despende de la pirenaica para cruzar de Norte á Sur toda España.

Es la Lora un páramo que tuvo árboles antes de la desamortización, y al cual hoy sólo quedan brezos y piedras, y es tan frío que un tercio del año se halla cubierto por la nieve ó el hielo, y está tan aislado que forma como una fortaleza rodeada de profundos valles y enriscadas peñas, sin que penetre por allí vía férrea ni camino real alguno.

¿Por qué fundar en un terreno tal una casa de educación? Por ser mi pueblo y necesitarlo mucho; porque si es frio y pobre, el frío favorece el estudio y la pobreza fomenta la humildad; porque el aislamiento contribuye al recogimiento y á la modestia en el vestir, y, finalmente, porque allí se contaba con algunos medios para fundar y sostener la fundación.

Por ser mi pueblo natal, le amo y deseo favorecerle; por estar muy atrasado é inculto, conviene socorrerle cultivándole y educándole; por ser frío, la razon domina más fácilmente las pasiones juveniles, y se pueden tener allí clases en el verano, por ser pobre, se vive en él con suma modestia y baratura; por estar aislado, viene á ser como un conservatorio en medio de un desierto, donde no llega el ruido que perturba, ni la moda que desvanece, ni el escándalo que hiere (cuando no mata) las almas.

Finalmente, allí hay casa, huerta y otros medios económicos, y de allí salí yo pobre é inculto á sufrir muchos bochornos y trabajos en el mundo, por falta de una buena educación primaria; y desde que conocí lo que ésta valía, prometí, si Dios me daba medios, dotar á mi pueblo de una buena Escuela.

Habita por allí una masa de pueblo sano, laborioso, útil y modesto, que se liará valer, en cuanto se le dé una buena educación, y no quiero que esta juventud, destinada en parte á emigrar, y siempre á ganarse el pan con el propio esfuerzo, le falten alas para volar, como á mi me faltaron en los primeros años de mi vida.



  —38→  
III

El fin de esta Escuela


El fin primario fué educar niñas, y junto á éstas los párvulos. Creciendo las niñas aspiraron algunas al Magisterio, y se organizó una sección destinada á ellas. No sabemos si la sección de párvulos dará de sí con el tiempo otra escuela de niños.

Primero educar niñas.-La mujer forma al hombre, y por ésto, careciendo de medios para fundar dos escuelas, una de niñas y otra de niños, preferí la primera. Así miro yo las cosas.

Pero, además, en el pueblo hay un maestro con un título de aptitud, y no lejos de allí (en Quintanilla de Ebro) existe un colegio destinado á la enseñanza 1.ª y 2.ª, del varón; mientras que para la mujer no había nada. Procedía, pues, comenzar por las niñas.

Junto á las niñas los párvulos.-Son las mujeres desde que nacen, pequeñas madres que miran con interés y cuidado de tales á los pequeñitos que les encomiendan; por lo cual sienta bien junto á una escuela de niñas mayores otra de párvulos, ya para que se ensayen enseñando, ya para que se eduquen atendiéndolos, ya para que las cinzayas ó niñeras, que son niñas mayores, no pierdan del codo la escuela.

Creciendo las niñas aspiraron algunas al Magisterio.-Crecieron, porque comenzaron á venir alumnas, no sólo de los pueblos vecinos, sino de otros que distaban siete y más leguas, y se dibujaron dos tendencias, una de las que aspiraban á ser mujeres de su casa, y otra de las que pretendían llegar á ser maestras de sus pueblos.

Saber leer, escribir, calcular, coser, etc., y sobre todo, aprender á creer, pensar y obrar en cristiano, deber es de toda alumna; pero analizar lógica y gramaticalmente el pensamiento y expresarlo correctamente, espaciarse por la Geografía ó Historia, bordar y adquirir conocimiento reflexivo de todas las asignaturas que han de enseñarse en una escuela, es deber de las que aspiran al Magisterio. De aquí la creación de dos clases con sus respectivas maestras, en relación con esta doble necesidad y tendencia.



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IV

¿Se hacen maestras en Sargentes?


Si por maestra se entiende la que sabe lo que tiene que enseriar en una escuela de aldea, en Sargentes se pueden hacer maestras. Si por maestra se entiende la que paga matrículas, gana cursos y obtiene títulos, en Sargentes no se pueden hacer maestras, porque este género de ciencia es de la exclusiva del Estado.

Ahora, si se nos pregunta si es posible en dos cursos breves de á cinco meses (Decreto de Gamazo) de Escuela Normal, sin estudios previos, hacerse maestra de verdad, contestaremos que no. Y la razón es obvia. En un año se han de estudiar (ni aunque fuera en dos) diez y ocho asignaturas, y no hay cerebro, y menos si es de mujer ó escolar que empieza, capaz de llevar de frente, sin confusión ni engaño, tantos libros, de tantas materias y con tan diferentes programas y maestros.

Si en los Institutos de segunda enseñanza, nuestros hombres del porvenir (que suelen pertenecer á clase y familia cultas) no logran en cinco ó seis años dominar las asignaturas del Bachillerato, y salen de allí sin saber nada bien y con el hábito de mirarlo todo superficialmente, ¿qué no sucederá á los pobres que siguen carrera de Maestros en nuestras Escuelas Normales? En un año estos infelices (que no tienen cultura ni preparación suficiente) han de hacerse pequeños Bachilleres, y como ésto no es posible, resulta que, en vez de carrera de Maestros, seguirán la de petulantes, ó á lo más, la de papagayos, más ó menos ensayados en la repetición de palabras sin substancia.

Se haría, pues, un buen servicio á la enseñanza y otra á las personas que aspiran á enseñar, con tenerlas tres ó más años estudiando, practicando y preparando aquello que ha de ser objeto más adelante de matrícula y examen, y, sobre todo, de enseñanza en la escuela. Y hé aquí lo que se intenta hacer de la mejor manera posible en la escuela de Sargentes si Dios nos ayuda y los hombres no se oponen.



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V

¿Conviene educar á los maestros en el campo ó en la ciudad?


Los ricos no siguen carrera de maestros; esta carrerilla, ó como se llame, se halla reservada á los pobres; y como éstos no pueden costearse el pupilaje, vestido, de la ciudad, resulta que los hijos de aldea no pueden ser maestros, si para serlo se los obliga á vivir donde está la Escuela Normal. Luego, una de dos, ó deben prepararse en los pueblos, ó deben renunciar á la enseñanza. Se nos dirá que si no pueden estudiar para maestros los hijos de aldea que no sean riquillos, en cambio, estudiarán los pobres de las capitales donde las Diputaciones provinciales coste en Escuelas Normales; y estos ciudadanos, más finos y cultos que la gente del campo, llevarán á los pueblos con la educación las buenas formas.

A ésto con testamos: 1.º Que no vemos razón para un tan odioso privilegio. 2.º Que los hijos de la ciudad no sirven para vivir en el campo.

Van de paso por aquel mi país, y otros que conozco, una serie interminable de señoritas á medio hacer, con título de maestras, procedentes de varias normales y ciudades, ó ingertas en ellas, que son una de las calamidades más ridículas y funestas; porque ni enseñan ni pueden enseñar ni educar á los pueblos. Sus tufillos de ciudadanía, señorío y petulancia normal se manifiestan en el peinado, vestido, alto mirar, despectivo sonreir, rostro adobado, estilo rebuscado con palabra redicha, un cierto despego que con frecuencia se traduce en soberano desdén ó en aspavientos y esparagismos (así los llama el pueblo), al ver aquellas calles sin adoquines ni faroles, aquellas casas sin pisos ni balcones, aquellas iglesias sin órgano, escuelas sin comodidades, boticarias sin piano, camisas sin almidón y chiquillos sin zapatos...

Tales tipos se despegan ó indigestan á la vez, y como á sentido práctico no gana la ciudad al campo, y sabe todo el mundo á los pocos días el origen, carrera y miseria de aquellas señoras de á 250 y 350 pesetas anuales, empiezan maestra y pueblo por no entenderse y acaban por divorciarse. Y hoy una y mañana otra,   —41→   siempre viendo caras nuevas ó aves de paso, no permaneciendo ni identificándose con el pueblo, ni enseñan ni pueden enseñar, ni educan ni pueden educar. Los pueblos consideran á estas infelices criaturas como á unas calamidades que hay que mantener, y ellas á los pueblos como cárceles y destierros. ¿Qué remedio habría para librar al país y á las maestras de tan grave mal? Yo no hallo otro mejor y más práctico que el de hacer maestras allí, de allí y para allí donde han de servir.




VI

La aldea para quien de ella sea


In omnibus respice finem: las cosas se hacen según el fin á que se ordenan; de otro modo, no sirven, y siendo muy bellas, resultan inútiles. Tal sucede con las Maestras muñecas ó merengues que de la ciudad son enviadas al campo, las cuales ni saben, ni pueden vivir en el pueblo, ni hacen otro papel que el del ridículo con todos sus primores y pretensiones. La aldea es para quien de ella sea; la Maestra de aldea conviene sea de allí, para que ni la pobreza ni las costumbres le estrañen ni asusten; que se forme allí, para que, no se le llene la cabeza de humo y pretensiones de señorío y venga á parar en menosprecio de la vida rural; y que se eduque para allí, esto es, que sepa enseñar lo que allí se ha de aprender y practicar, que sepa hacer mujeres honradas, modestas, laboriosas, aptas para el gobierno de su casa, que sepan leer, escribir, calcular, coser, cortar, marcar, barrer, guisar y lavar, y si algo más aprenden, de ningún modo sea la inmodestia, el despego del pobre, las pretensiones ridículas de salir de su esfera, con los inconvenientes que de esto se siguen en todos los órdenes.

¿Pero quién, descontada la capital, será capaz de hacer tales Maestras? Hé ahí el problema que trata de resolver en su pequeño círculo la Escuela de Sargentes, y, Dios mediarte, si el Gobierno y las Normales no se oponen, se resolverá. Allí se están poniendo las bases para que salgan Maestras hechas en lo que hayan de enseñar (de esto respondemos), y en disposición de preparar los programas (¡qué frase!) oficiales, cuando pasen á la capital á recibir   —42→   el sello de Maestras titulares, mediante un chaparrón de matrículas y exámenes (y aquí surgen las dificultades).




VII

Lo que cuesta un titulillo


Si hubiera ricos que se dedicaran á enseñar al pobre, no habría necesidad de pensar en pobres para hacerlos Maestros; pero no los hay. El oficio de maestro es tan humilde, laborioso, poco considerado y mal retribuido, que los padres que algo tienen dedican sus hijos á cualquiera otra carrera ó profesión antes que á Maestros de Escuela, que es lo último que hay que ser en esta sociedad falsificada y pervertida. Y así, la educación primaria de ricos y pobres está encomendada exclusivamente á la clase pobre, única que da Maestros.

Considerad ahora qué clase de capitalistas serán los que aspiran á regir escuelas de aldea dotadas con 250, 350 ó 450 pesetas anuales, mal pagadas y bien sisadas.

Pues hé ahí nuestro terreno, tal es el campo de nuestras operaciones, educar á los pobres por medio de, los pobres, hacer Maestros de aldea para la aldea, lo cual ofrece no pequeñas dificultades.

1.ª Dificultad.-La pobreza.-Necesitan del trabajo para vivir, no tienen con qué comer, se ven apurados para vestir, necesitan comprar libros, pagar matrículas, exámenes y títulos, hacer viajes y costear pupilajes; en suma, mil pesetas bien administradas en dinero, otras mil en comida y cosas tomadas de casa, más lo que ganarían si trabajaran en las faenas ordinarias de su casa y oficio.

2.ª Dificultad.-La falta de cultura.-Cuando se vive en una familia y sociedad cultas, insensiblemente se van infiltrando ciertas ideas y conocimientos que son el patrimonio de todos; pero si se nace y cría entre gentes rudas, es necesaria una labor de dos ó tres años para poner esas almas en disposición de recibir forma y carrera determinada.

Nuestras aldeanas necesitan dos ó más años de escuela primaria preparatoria.

3.a Dificultad.-Las muchas asignaturas.-Concluída la enseñanza   —43→   primaria, comienza la carrera de Maestra, y como las asignaturas que se han de estudiar son docena y media, para hacerse Maestro elemental á lo Gamazo, exigen, no uno, sino dos ó más años, para medio aprender tantos libros y materias como en los índices y programas se contienen.

4.ª Dificultad.-El criterio de los jueces.-No basta saber, sino que es necesario dar gusto á los señores que examinan, y esto es difícil para quien no puede oir sus lecciones ni la de los prácticos que dan repasos en consonancia con lo que piden en exámenes los jueces.

Como se ve, la obra de hacer Maestros de pobres no es tan fácil.




VIII

¿Cómo se vencen estas dificultades?


Atrayendo, trabajando y gastando.

Atrayendo alumnas á la Escuela, que será como el vivero de donde se han de sacar las plantas, y el laboratorio donde se han de hacer repetidos ensayos para conocer quién vale y quién no sirve.

Trabajando las piedras tomadas de esa cantera, para darles forma y poner en ellas el fundamento de una buena educación, que es lo más difícil y laborioso que hay en la vida. No sabe lo que es trabajar quien no sabe enseñar ni educar á pequeños y pobres.

Gastando en Maestras, Escuelas, libros y enseres todo lo que es menester para que la enseñanza resulte enteramente gratuita, regalada, de balde, y la vida sumamente barata, como se verá en los párrafos que siguen. En las Escuelas del Ave-María á nadie se lleva nada por enseñarle, y al contrario, á todos sus alumnos se les dan libros, papel y plumas, y hasta se les obsequia, atiende y regala por el trabajo de dejarse enseñar.




IX

El alumnado


No puede Sargentes, aldea de 60 vecinos, dar á la Escuela de   —44→   niñas más de 25 alumnos, contando los párvulos y descontando los niños mayores, que tienen su escuela aparte. Si, pues, la matrícula llegó el curso pasado á 80, y pasarán en el presente de ese número las que solicitan plaza de internas, ¿de dónde vienen? De otros pueblos próximos y lejanos.

Según esto, la que antes era Escuela de un pueblecillo, tiende á convertirse en centro de educación para todo un país; y es lo que debe desearse, que el bien se difunda.

En relación con este crecimiento, se ha duplicado el local y el personal; ya no hay una casa, sino dos, no hay una escuela, sino dos, con sus respectivas Maestras.

¿Y las forasteras dónde se aposentan? esto merece párrafo aparte.




X

El internado


Para las alumnas forasteras se ha establecido un internado sui generis. Es un internado sin clausura ni pensión, sin uniforme ni reglamento impreso, donde se duerme, guisa, come y estudia por una peseta al mes. Me explicaré.

Los que han nacido en la abundancia ó se han criado á lo rico, no entienden cómo pueden gentes pobres costearse un internado, y voy á enseñárselo con hechos.

Como la misión de nuestras Escuelas no es educar á ricos, sino á pobres, y las niñas, separadas de sus madres, no pueden quedar al acaso en una posada, se ha fundado para ellas un internado, tan barato, que por una peseta al mes se les da casa, cama, cocina, luz, sal y asistencia, y hasta médico y medicinas. ¿Cómo es posible ésto? Poniendo la Escuela lo que falta y obligando á las niñas á servirse á sí mismas.

Y no se crea que es tanto lo que falta; porque aquellas gentes viven con poco, y ese poco lo traen de su casa, desde la carraca (así llaman á lo que comen), hasta la jofaina donde se lavan, el vaso en que beben y la escudilla en que comen.



  —45→  
XI

¿Y el servicio de criadas?


En nuestra Institución no hay amas ni criadas, todas se sirven á sí mismas. Todas las educandas, por turno, barren, guisan, lavan, traen agua, hacen sus camas, y si bien hay una mujer que las suple y guía, ninguna puede excusarse de hacer su oficio cuando le corresponda. Las niñas muy mimadas y consentidas que se resisten obstinadamente á servirse á sí mismas y á servir á las demás sobran en aquella casa, montada para educar pobres á lo pobre, y no para fabricar haraganes con moños y tirillas. ¿Qué ganaría la humanidad con que hubiera un centro más donde se fomentara la raza de los seres caros é inservibles? Hartos hay, por desgracia.

Uno de los males de nuestra extraviada raza es la vanidad social, la cual se manifiesta disfrazada con mil nombres (propio decoro, honor, rango, posición, dignidad, propia estima, ocupar su puesto, no rebajarse, no rebajar la clase, etc., etc.), bajo mil formas; y una de ellas, la más costosa y grave quizá, es la de no servirse á sí mismo, la de aparecer ante los demás como señor con sirvientes, ó por lo menos, como persona que no se rebaja á hacer lo que suelen los criados, poniendo el puntillo de la negra honrilla en ser inútil y gravoso para sí é hinchado y molesto para los demás. ¡Qué dignidad!

La torcida educación de la casa, de la escuela y de la plaza contribuyen á fomentar estas vanidosas pretensiones de Quijotes, con ó sin escudero, y se hallan tan extendidas que se reputa dignación no pequeña y hasta grande humildad que un sacerdote se haga niño y juegue con los niños ó barra su iglesia; que una monja de coro lave la ropa, de comunidad ó de la calle; que un maestro de escuela acompañe á sus discípulos por las calles y esté con ellos en el templo.

Y si esto pasa con las clases más virtuosas y selectas del mundo moral, ¿qué no sucederá con el gran mundo de los caballeros y señoras?

  —46→  

Esta enfermedad, que con la indolencia ignara y otras, nos han hecho antipáticos y ridículos en nuestras colonias, y nos ponen en berlina ante todo hombre serio y formal, se fomenta en los centros de enseñanza. Vedlo en las Normales de Maestras. Todas las alumnas son allí pobres y todas pretenden pasar por señoritas, en el vestir, en el peinar, en el decir, en el andar y en el servir; pues por si acaso necesitan llevar un bastidor para bordar ó un cajoncito con labores, han de alquilar una criada ó á su propia madre. ¿No es esto ridículo? Pues bien; la alumna que esto no hace cae en ridículo ante esas infelices educandas que así se olvidan de lo que fueron y se inutilizan para lo que han de ser. Y de tales polvos, tales lodos.

¿Cómo tales Maestras podrán bajarse y nivelarse con las alumnas de una aldea para servirles de modelo? No les servirán más bien de estímulo para caer en la tentación de emperifollarse é hincharse pretendiendo plaza de señoritas? Decid á estas Maestras que traigan agua de la fuente, laven la ropa en público, siembren y escarden las coles de la huerta y hagan otras labores ordinarias, decidles que salgan á paseo y jueguen con las niñas, vigilen y tengan á éstas junto á sí en el templo, etc., etc., y os dirán que no puede ser, que tienen un título, y que es poner en ridículo la clase y descenderá oficios de criadas ó de niñeras...

Aquí debo consignar que las Maestras de Sargentos no se avergüenzan de nada que no sea pecado; en casase sirven á sí mismas y sirven á sus alumnas, y fuera de casa acompañan á éstas, y cuando es menester lavan, guisan, traen agua de una fuente lejana, limpian y riegan la huerta, y con todo esto ni rebajan el título, ni pierden estima, ni se avergüenzan. ¿Dónde se formaron? En la colonia escolar y rural del Ave-María.

Luego no hay necesidad de asistir á las Normales para ser buenos Maestros. Pero dirá alguno: ese es un hecho aislado que nada significa; y á esto contestamos con el adagio del pueblo: «quien hace un cesto hará ciento, si le dan mimbres y tiempo.»

Lo singular poco ó nada significa, en sí mismo considerado; pero cuando se cita y trae como experimento y ejemplo, aquel hecho aislado revela toda una ley y aquel ejemplo puede servir de jalón para abrir nuevas vías y orientar las sociedades hacia nuevos   —47→   y más claros horizontes. Entonces lo singular pasa á ser general y el ejemplo se constituye en regla.

El hecho es éste: pocos ó muchos, se han hecho Maestros que sirven, fuera de las Normales; luego se pueden hacer. Si ahora demostramos que en las Normales ni se forman ni se pueden formar verdaderos Maestros, se seguiría de aquí la necesidad de formarlos en otra parte.

Y hé aquí una cuestión, para quien lo sea: ¿El Estado puede y sabe hacer verdaderos pedagogos?

Para mí son claros y evidentes estos enunciados, que resuelven la cuestión, si la hay.

1.º Que el Estado no tiene más derecho á hacer Maestros que tejedores y sastres. (De aptitudes no hay que hablar; mejor puede tejer y cortar, que enseñar y educar.)

2.º Que si los hace, es porque no hay quien se los dé hechos.

3.º Que en habiendo quien los haga, se abstendrá de hacerlos.

4.º Que debe propender á descargarse del oficio de pedagogo y á fomentar instituciones sociales que tengan aptitudes para educar.

5.º Que á lo más, podrá exigir condiciones y garantías, y conservar, para verlo, un cuerpo de examinadores; pero no un ejército de Maestros y otro de fábricas para hacerlos por jornadas y á hornadas.

6.º Puesto que el Maestro del Estado, que es Maestro, se tiene que formar fuera de la Normal, porque allí no hay tiempo de aprender ni unidad para educar;

Puesto que á la Normal no se va por ciencia, sino por títulos; Puesto que en el orden moral el Estado no vigila, y en el religioso admite discrepancias en sus Maestros y no tiene prácticas religiosas, sin lo cual habrá discípulos buenos y piadosos porque si, pero no porque él los forme;

Puesto que los hijos se parecen á los padres, y de padres abandonados é indiferentes no suelen salir hijos morales y piadosos si otros no los educan;

Puesto que los pueblos están en el orden literario, moral y religioso á merced de lo que les caiga en la escuela;

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Puesto que los padres, cuando pueden elegir libremente, prefieren para sus hijos á Maestros con garantías religiosas; Conviene que cuanto antes se pase del monopolio docente del Estado á la justa libertad social y académica; porque aquel monopolio es inútil y costoso para los Maestros, nocivo y peligroso para los pueblos y esterilizador para todo lo que sea de iniciativa individual y social.

Si ha llegado, pues, la hora de hablar claro y de obrar en verdad, de hacer justicia y de respetar la libertad, no de unos cuantos individuos sino de toda la sociedad; si hemos de ir en pos del bien de todos y no seguir organizando y manteniendo mentiras oficiales con todas sus funestas consecuencias, hagamos lo siguiente: lo que hoy se exige para ingresar en la Normal, y poco más, basta para saber lo que un Maestro necesita para enseñar; y como aquello mucho lo enseña quien quiere, enseñe también esa adición; y pues se contenta la Normal con el examen de lo primero, conténtese con el examen de lo segundo.

No puede darse solución más barata ni más fácil de hacer. ¿Se hará? Yo no lo sé, y me temo que no; porque en esta patria, antes madre de grandes hombres, y por medio de ellos señora de las naciones, hoy abundan los que peroran y escasean los que piensan y obran; y así como hay muchos entorchados y pocos generales, muchos políticos y pocos gobernantes, muchos Maestros y escasos pedagogos, así hay abundancia de leguleyos y escasean los legisladores.

Pero si no se hace, se debe hacer; y mientras no se haga se debe decir, aunque cueste un ojo de la cara.




XII

Presupuesto


Aquí procedería insertar una lista de ingresos y gastos; más como los donantes son pocos y ocultos, y saben todos que no va mal invertido lo por ellos donado, paso á indicar las fuentes de riqueza con que cuenta la Escuela, para tranquilizar de paso á los que temen desaparezca cuando yo muera. Tiene medios de   —49→   vida, y sobrevivirá, Dios mediante, al que esto escribe, muchos años.

Los medios económicos con que hoy cuenta se reducen á cuatro: 1.º Cuenta con un capital en papel de ese que se corta, y produce al año unas mil pesetas efectivas. 2.º Tiene además una huerta y otras fincas adjuntas, que bien administradas dan legumbres y verduras para el puchero. 3.º Hay otros dones que no por eventuales son menos oportunos y providenciales para la subsistencia. 4.º Se ha iniciado la creación de un hato de reses distribuídas entre los ganaderos, que andando el tiempo puede dar la carne que se necesite para la Escuela, si sabe administrarse.

Todos entenderán lo que es cobrar un cupón, cultivar una huerta y recibir una limosna ó regalo; pero no todos entenderán lo que es poseer un hato de reses distribuídas entre los ganaderos para proveer de carne á una Escuela, y se lo voy á explicar.




XIII

Un poco de socialismo


Cuando visito aquella tierra de Cantabria, tan distinta como distante de la de Andalucía, más de una vez entre aquellas gentes y yo, pasa el siguiente diálogo:

-Buen colegio va usted haciendo; pero Dios haga que no se lo lleve Pateta.

-¿Qué quieren ustedes decir con eso?

-Que Dios quiera no se lo lleve el Gobierno.

-No, el Gobierno está interesado en que haya muchas y buenas escuelas, y además, que no es tan malo como ustedes le suponen.

-Lo que es á ladrón pocos le ganan.

-Esa palabra es muy dura y quizás injusta. -¿Pues cómo se llama al que roba lo ajeno? -¿Y qué os ha robado á vosotros el Gobierno?

-Toda la hacienda del concejo, de la parroquia y de la escuela, que era nuestra.

Teníamos una escuela dotada con fincas propias, y nos las vendió; teníamos una parroquia y curato dotado con tierras y prados   —50→   nuestros y nos los vendió; tuvieron nuestros padres un hospital con bienes propios, y desapareció; teníamos bienes que llamábamos de propios ó del concejo, porque estaban destinados á satisfacer las necesidades de éste, y nos los vendió; hasta la casa común del pueblo, donde se reune el concejo (concejo es la reunión de vecinos y viudas para tratar de los asuntos comunes al pueblo), han querido venderla, y se salvó por un letrero que dice: Casa de Ayuntamiento; teníamos terrenos comunes ó de común aprovechamiento, para hierbas y leñas, y nos lo vendió; teníamos un pósito, y se desvaneció...

-Pero os habrán dado papel.

-No hay más papel que los recibos de contribuciones, que cada vez son más pesadas.

-Esas contribuciones se destinan á sostener al Cura, al Maestro, el Hospital provincial, etc.

-Pues ahí está el robo por partida doble, porque antes nos quitó los bienes con que atendíamos á esas necesidades, y ahora nos apremia y embarga para que paguemos con tributos lo que teníamos pagado con fincas nuestras y muy nuestra s.

-Yo veo que vuestros ganados pastan en común, y que haceis leña para todo el concejo; no será tan general como decís la desamortización.

-El terreno en que pacen nuestros ganados en común, le hemos tenido que comprar como si fuera de los ingleses, y la leña del monte que resta, estamos interesados en que se acabe cuanto antes.

-Hé ahí por qué el Estado se incauta de los montes, porque los devastan los pueblos.

-Los montes de encinas y robles que por aquí había, no eran de ayer, sino de siglos y siglos, durante los cuales los administraron, cuidaron y usufructuaron los pueblos que hoy los devastan.

-¿Por qué hoy no los respetan y cuidan como antes? -Porque estamos interesados en arrasarlos, descuajarlos ó incendiarlos, para que el Gobierno no los venda, y si los vende, que nadie dé nada por ellos. En tal y tal pueblo tenían un espeso entinar tan antiguo como el paraíso; el Gobierno dijo esto es mio   —51→   y se lo vendió; lo compró el cacique D. Fulano, y ha costado un ojo de la cara hacerse con su terreno, ya descuajado, para apacentar sus ganados [...]

¿Van entendiendo ya mis lectores algo del socialismo de Estado y de sus consecuencias morales y materiales para los pueblos?

En Sargentes y sus contornos, ya porque los han comprado, ya porque aún no se los han vendido, disponen de terrenos comunes, donde pastan los ganados de todos bajo el cayado de uno ó más pastores, á quienes pagan entre todos los vecinos en proporción de las reses que cada uno tiene.

Como los pastos nada cuestan y la derrama de pastor y tributos se hace entre los ganaderos (eximiendo á las hermandades ó cofradías), sólo faltaba que cada uno de éstos se encargara de mantener una ó más reses en el invierno, á cambio del esquilmo (leche, lana y estiércol).

-¿Queréis, les dije, que vuestros hijos tengan, especialmente en los llamados meses mayores (Mayo, Junio, Julio y Agosto), un puchero que comer para que no se desmayen de hambre?

-¿Y cómo no?

-Pues bien, cuidad vosotros de mi rebaño y yo cuidaré de vuestros hijos; mantened por cada hijo una oveja del Colegio, y yo invertiré el producto de la carne en alimentar y vestir á vuestros hijos.

-Aceptado, dijeron varios, y se comenzaron á marcar ovejas del Ave-María. El tiempo dirá si este ensayo es algo más que un vano sueño.

¡Si mis lectores supieran la falta que hace comer para estudiar y valer!

Nuestra raza está anémica, y la razón principal es que no come sino poco y malo.




XIV

El botiquín


La botica más próxima dista de Sargentes cuatro horas de camino, cuando hace buen tiempo, que en invierno, cuando nieva,   —52→   es tan expuesto ir á la botica como explorar el polo Norte. Convenía, pues, tener á mano las medicinas más urgentes y comunes, ya para comodidad del Colegio, ya para un caso de necesidad (que tan fácilmente puede presentarse); y esta necesidad y conveniencia han sido satisfechas.

En el Colegio del Ave María, de Sargentes se acaba de instalar un pequeño botiquín de urgencia y de necesidad, para bien de las alumnas, y aun del pueblo, en caso urgente de asedio por nieve.

Una maestra, adiestrada por un farmacéutico, está encargada del despacho, según las instrucciones y recetas del médico. ¿Pero esto costará mucho? Hay dos maneras de hacer las cosas á lo rico y á lo pobre; si á lo rico, el botiquín puede ser un pozo airón; si á lo pobre, se puede instalar y conservar con poco dinero. En Sargentes, merced al buen deseo y generosidad del boticario, y con la discreta cooperación del médico, y la escrupulosa administración de la maestra, espero cueste poco la conservación, como ha costado muy poco la instalación del botiquín.

Es para notar lo bien que en todas partes se portan con las escuelas del Ave-María los médicos y boticarios.




XV

El personal docente


Al abrirse la escuela del Ave-María en Sargentes, se puso al frente de la misma una joven del pueblo, quien la desempeñó con acierto y gusto, hasta que le fué imposible atender como debía, por haberse casado.

Fué entonces á reemplazarla la primera maestra formada en las Escuelas del Ave-María de Granada, joven de diez y siete años, pequeña, delgada y de aspecto aniñado; mas llevada de un espíritu tal de desprendimiento y abnegación, que no puso reparo, ni en dejar su país, ni en apartarse de sus padres, ni en las molestias del viaje, ni en la aspereza del clima, ni en la extrañeza de vida y costumbres; y supo dar tal impulso á la Escuela, que á pesar de todos los pesares, se hizo necesario enviarle una compañera tomada del mismo Colegio, quien piensa, siente y se   —53→   mueve como si en las dos habitara un solo espíritu. Estas son las dos profesoras que hoy sostienen y dirigen aquella Escuela, muy á gusto de los pueblos. No son sabias, pero les basta saber lo que traen entre manos y el estar animadas de un buen deseo, que en eso y en todo hace milagros; pues axiomático es que hace más el que quiere que el que puede.

Es admirable la unión, paz y alegría de estas criaturas, las más felices que yo he visto en mi vida, á pesar de estar como desterradas en aquel desierto árido y frío, incomunicado con mucha frecuencia con el resto del mundo por la nieve y los correos.




XVI

Clase dominical


Veréis ahora quién y cómo tiene una clase dominical en aquella escuela para que aprendamos que cuando Dios quiere una cosa, todos le sirven de instrumento. Una buena mujer, que no sabe escribir ni casi leer, reune las mujeres de Sargentes en las tardes de los domingos en el Colegio del Ave-María, y allí las enseña á rezar y les explica el Rosario y otras muchas oraciones y devociones.

Cuando esto ví el verano último, me agradó y sorprendió á la vez: me agradó, porque ni la ciencia ni la piedad estorban para nada, y al contrario, sirven para todo; y me sorprendió por la sencillez y naturalidad con que aquellas reuniones se celebraban. Sentadas las piadosas mujeres en dos largos maderos recién traidos del monte, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza descansando entre las manos, oían suspensas, con la boca abierta y la vista fija, las explicaciones que les hacía la señora Torcuata (que sabe más que un Obispo), rezando á continuación, con fervor y á coro, aquello que les había gráfica y popularmente pintado. Mientras tanto los niños de esas madres mamaban ó dormían en su regazo, y algunos más creciditos jugaban tendidos en la arena.

Al ver á estos niños y madres junto á aquella mujer devota, me decía yo: ¿quién sabe si estos niños deberán más á esta improvisada maestra de piedad que á cuantos maestros les han de   —54→   enseñar después las letras? Porque es indudable que sus madres al darles de mamar, les darán juntamente el jugo del alma, que es la piedad, y así amamantados, podrán ser buenos cristianos é inmejorables ciudadanos. Para inspirar fe, amor y piedad, no hay como una buena madre que cree, ama y ora. Y hé aquí por donde una cocinera del Ave-María sirve de maestra.

Mi madre (q. e. g. e.), no tuvo otra maestra que la piedad, y fué una buena madre.




XVII

Educación moral


Aunque de letras y artes se procura enseñar cuanto es menester para las necesidades del país y de la clase á que las educandas pertenecen, aún debe ser mayor el cuidado respecto á la educación moral y religiosa; para con ella ir mejorando á las alumnas y dar un fin ético á la enseñanza.

Dios, que tiene todas las cosas á su cargo y ha señalado fines especiales á cada una, no se propone en todas ellas sino un solo fin supremo; y la educación, que es obra de cooperación para los fines de la Providencia, y ministerio y representación del supremo saber y bondad de Dios respecto á su obra predilecta, que es el hombre, ¿no tendrá igualmente en sus fines parciales un fin universal y supremo? ¿Y si este fin no es hacer á los hombres semejantes á Dios, esto es, perfectos, como Él es perfecto, cuál será?

Discutan, pues, los que no saben creer ni pensar en cristiano, acerca del fin supremo de la educación; para nosotros es muy claro y sencillo: hacer hombres aptos para cumplir con sus destinos temporales y eternos.

A partir de esta idea, la enseñanza debe organizarse de modo que, habiendo varias asignaturas y muchos actos, todas y todos llenen su fin especial, y se ordenen á un fin primario y soberano, que es el fin ético, la educación moral del alumno.

Las Escuelas del Ave María intentan llevar á la práctica ese pensamiento por los siguientes medios: 1.º, la tendencia general   —55→   de la enseñanza; 2.º, el estudio especial de la doctrina cristiana; 3.º, las prácticas de religión; y 4.º, el buen ejemplo.

1.º La tendencia general de la enseñanza.-No hay asignatura ni lección, que de un modo ó de otro (según la intención de la escuela), no vaya ordenada á hacer al que la estudia moral y reflexiva; sea geografía ó historia, aritmética ó gramática; lectura ó canto, todo se intenta aprovechar para que resulte de la enseñanza una ayuda del alma para bien pensar, sentir y querer, á fin de que así sepa el educando vivir, y con su vida honrar á quien le crió.

2.º El estudio de la doctrina cristiana.-Nuestra moral no es móvil, aérea, forjada al capricho de éste ó aquel pensador, sino que tiene principios fijos, reglas concretas, magisterio infalible y santos fines. El catecismo es el libro donde está condensada la doctrina acerca de la fe y la moral cristiana; estudiar, explicar é inculcar esa doctrina, es la obra magna de la familia, del sacerdocio y del maestro. Hé aquí lo que en este punto procura hacer la Escuela del Ave María.

Se toma como base un texto, el catecismo de la diócesis; se enseña en el primer grado lo que es indispensable para salvarse; se amplía en el segundo á todo el catecismo; se da en el tercero una explicación amplia del texto por el catecismo explicado de D. S. Mazo, que es un tratado de moral; y en el cuarto, los que perseveran, leen y estudian fundamentos de religión. A la doctrina acompaña la historia sagrada y profana, y la parábola, el ejemplo, la imagen, la poesía y el canto, y se intenta hacer de cada alumno adelantado un pequeño catequista, ensayando á todos en diálogos acerca de esta difícil y transcendental enseñanza.

3.º Las practicas religiosas.-Aunque son varias, no se hacen pesadas. Cuéntanse entre ellas y como generales, el ofrecimiento de obras y la oración y meditación de la mañana; la Misa diaria oída con devocionario; el Rosario, que se explica y medita á la vez todos los días; la visita al Santísimo, símbolo del amor cautivo y callado de todo un Dios; el examen de conciencia, que obliga á pensar y reflexionar sobre sus actos; la lectura espiritual en libros escogidos, que son maestros muy discretos y santos; el   —56→   Ave María, que se reza y canta en cada hora, y es como el eco del alma; la confesión frecuente, que enfrena, dirige y purifica la conciencia; los cantos religiosos de himnos, salmos, etc., etc., que hacen de la escuela un coro de ángeles; además de otras devociones, ya generales, ya peculiares de algunas niñas.

4.º El buen ejemplo, que es lo principal y más fecundo. Teniendo maestras de conducta intachable y que se distingan por su piedad y celo, no puede menos de engendrarse en las almas el deseo de la virtud; porque si las palabras convencen, los ejemplos conmueven y arrastran. Bajo este punto de vista nada tenemos que decir de las maestras de Sargentes; pues, siendo niñas por su edad, son ancianas por su cordura, recato y prudencia, y aunque más ejemplos no hubiera de la recta educación de las escuelas, bastarían ellas para acreditarla.




XVIII

La primera cocinera del Ave María


En 25 de Febrero del año de gracia de 1898, y á los 74 años de edad, pasó á mejor vida la primera cocinera que tuvo la Escuela del Ave María en Sargentes. Aunque mujer sin letras, supo vivir y morir tan bien, que la podemos llamar á boca llena maestra de las maestras y discípulas de nuestras escuelas, y como tal la presentamos en estas líneas, para que sirva de consuelo y ejemplo.

Nació esta humilde criatura de familia muy modesta, y habiéndosele muerto el padre antes que le pudiera conocer, contrajo su madre segundo matrimonio, y la pusieron á servir de cinzaya ó niñera desde muy pequeña; por lo cual no pudo asistir á la escuela.

«Yo, sin embargo, decía ella, daba vueltas, cargada con mi niño, alrededor de la escuela, y así aprendí la doctrina cristiana, que cantaban los niños dentro. Hubiera dado por saber leer la mitad de mi vida. Para que á las niñas de hoy no les pase lo que á mí, que soy un madero con ojos, quiero que se eduquen, que tengan escuela; yo les dejaré mi casilla y un huertecillo, además de los pocos muebles que tengo, y mientras viva, les guisaré la   —57→   comida y cuidaré de niñas y maestra.» Y así lo hizo: dejó su pobreza mobiliaria, la casilla y el huerto á la escuela, y murió de cocinera, puede decirse, del Ave María, sirviendo, mientras pudo, á niñas y maestra.

Esta mujer piadosa, delicada y tierna, era fuerte é incansable en las enfermedades de propios y extraños, en las muertes y desgracias serena, en el peligro valerosa y tranquila, en el trabajo briosa y constante, y en toda su vida, cristiana verdadera de fe y con obras.

Cuántas veces arrostró la muerte por caridad, asistiendo en el lecho, conduciendo al camposanto y enterrando por sí misma á los apestados, á quienes nadie quería asistir ni tocar, por haber muerto ó enfermado cuantos de ellos cuidaban, incluso el médico. A nadie, fuera de Dios, tuvo nunca miedo, ni á la muerte siquiera.

Más de cuatro veces estuvo sacramentada y ni de casada ni de viuda, á pesar de tener cinco hijos, pidió más vida sino «la que Dios quisiera.» Esta confianza ilimitada en Dios le duró toda la vida. «Deseo morir, dijo al caer herida de muerte, para ver lo que Dios me tiene preparado»; y este deseo fué creciendo en los dos meses y medio que duró la última enfermedad. «Deseo morir, repetía, para ver á mi Dios.»

En todos los actos de su vida tenía por norma acudir al cielo, pensando y obrando siempre en cristiano. Cuando ya viuda, desapareció un hijo, sin saber dónde paraba, salió en su busca, y no hallándole, se dirigió á la Virgen del Pilar diciéndola: «Madre mía, tenía un hijo y le he perdido, devuélvemele é iremos juntos á besar tu pilar bendito.» El hijo pareció, y madre é hijo fueron á besar las plantas de la Pilarica en Zaragoza.

Que era mujer briosa y varonil, no obstante su pequeña estatura y delicada complexión, lo prueban los hechos siguientes: le tocó en suerte, al casarse, un marido que al poco tiempo enfermó, y durante veinte años que duró el matrimonio, y casi la enfermedad, ella, mujer pequeña, pero fuerte y animosa, se hizo cargo de la labor que tenían, caminando á las faenas del campo sola ó delante de los trabajadores, y empuñando la esteva y la hoz cuando era menester.

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Diez y siete años cumplía el hijo mayor cuando ella quedó viuda, pero le tenía estudiando, y empuñó con decisión la rejada «para que su hijo no dejara los libros»: «Ya que yo sé arar y no leer, que aprenda él á leer y estudiar.» Y dicho ésto, montando en un rocín, salió de noche, sola, recién enterrado su marido, en invierno y cruzando diez leguas de mal camino, para decir en persona al hijo estudiante: «Tu padre ha muerto; encomiéndale á Dios y sigue estudiando, para que cuando seas sacerdote, le tengas presente todos los días en la Santa Misa, y á mí con él. Ahora mira al cielo, que desde allí te ve tu padre. Sé tan bueno y honrado como él.» Y llorando un rato con su hijo, pero sin abrazarle, volvió á su casa á cuidar de la demás familia, faltando poco para que muriera envuelta por la tormenta de nieve y ventisca que se levantó en aquellos desiertos y elevados páramos.

¿Por qué, dirá alguno, en este viaje no la acompañó alguna persona? Porque ella no lo consintió. «Los pobres, decía, no necesitan criados; ocúpese cada cual en sus quehaceres, y no en cumplidos y pasatiempos.»

Cuando aquel hijo, hecho hombre, pudo favorecerá su madre, intentó aliviarla del trabajo de labradora, que vistiera con alguna mayor decencia y recibiera para sus gastillos algún dinero; mas ella no lo quiso, diciendo: «Para qué quiero yo el dinero, el señorío ni los pañuelos de seda? Labradora nací, labradora he vivido y labradora quiero morir. Con mi tosco sayal y pobre muletón, ando yo más á gusto que la reina de España con sus basquiñas de seda y su corona.»

Conoció que se acercaba la muerte, y antes de caer en cama el día de la Purísima Concepción, después de confesar y comulgar, se despidió de la Inmaculada (que un hijo había comprado para ella y estaba en la iglesia), y vuelta á su chocita, se acostó, mandando se diera su ropa á los pobres, «porque ella ya no la necesitaba y los pobres sí». Y así fué.

Desde entonces no gustaba le hablaran sino de la muerte y de la gloria. ¿Estará en ella? Yo no lo dudo.

Un día le preguntó un hijo qué caja quería para el entierro. -Hijo mío, contestó, eso es vanidad; el mejor ataud es la tierra.

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-¿Y con qué vestido la atudaremos?

-Con el hábito de San Francisco, que desde joven tengo sobre mi cama.

Ya al final de su vida, y cuando no se podía mover, si no la movían, observó el médico en ella una dislocación molestísima, y le preguntó desde cuándo la padecía.

-Desde veinticinco años, respondió. Nadie lo sabía.

Por fin se extinguió tranquilamente esta vida, preciosa ante los ojos de Dios, aunque ignorada de los hombres; se la enterró en un sábado, el más risueño de aquel invierno, y desde aquel día todos los sábados voltean alegres las campanillas de Santa María tocando á gloria. Que allá la veamos, y la veremos seguramente, si la irritamos.




XIX

Rezad dos Ave Marías


Merece más alabanzas (porque tiene más mérito), quien hace buenas obras que quien escribe sabios libros; y enseña y vale infinitamente más quien sabe obrar bien, que quien sólo sabe hablar y escribir elocuentemente. Por eso, y no por fruslería literaria, se pone á la vista la vida de esa pobre labradora y cocinera, para que alabemos á Dios, que la puso en nuestro camino y la hizo como fundadora del Ave María, para que la tornemos como guía y modelo en las luchas de la vida y en el camino del cielo, y también para que, al encomendarla en nuestras oraciones, confiemos en que sabrá y podrá recompensárnoslas. Porque si antes era buena, ahora es mejor; si antes era agradecida, ahora lo es más; si antes era desprendida y generosa, ahora participa (y sabrá repartir), de las riquezas y misericordías de todo un Dios.

Rezad por ella un Ave María y otra por mí. Diciembre de 1898.

Diciembre de 1898.

Andrés Manjón.







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Número 4

Convocatoria para los premios de 1901 á 1902



Premios instituídos por D. Fermín Caballero

I. Premio á la Virtud para el año 1901.-Conferirá esta Academia, en 1901, un premio de 1.000 pesetas á la Virtud, que será adjudicado, según expresa textualmente el fundador, á la persona de quien consten más actos virtuosos, ya salvando náufragos, apagando incendios, ó exponiendo de otra manera su vida por la humanidad; ó al que luchando con escaseces y adversidades, se distinga en el silencio del orden doméstico por una conducta perseverante en el bien, ejemplar por la abnegación y laudable por amor á sus semejantes y por el esmero en el cumplimiento de los deberes con la familia y con la sociedad, llamando apenas la atención de algunas almas sublimes como la suya.

Cualquiera que tenga noticia de algún sujeto que se halle comprendido en la clasificación transcrita, y que haya contraído el mérito en el año natural, que terminará en fin de Diciembre de 1900, se servirá dar conocimiento, por escrito y bajo su firma, á la Secretaria de la Academia, de las circunstancias que hacen acreedor á premio á su recomendado, con los comprobantes ó indicaciones que conduzcan al mejor esclarecimiento de los hechos.

El plazo para admitir las comunicaciones de esta índole terminará el 31 de Diciembre de 1900 á las cinco de la tarde. La Academia, previo informe de una Comisión nombrada al efecto, resolverá antes del 15 de Abril, y hará la adjudicación del premio en cualquier Junta pública que celebre, dando cuenta del resultado.

II. Premio al Talento para el año 1901.-La Academia otorgará un premio de 1.000 pesetas al autor de la mejor Monografía relativa á la historia de una localidad ó comarca de la nación española, que se haya impreso por primer a vez en cualquiera de los cuatro años transcurridos desde 1.º de Enero de 1897, y que no haya sido premiada en los concursos de años anteriores, ni costeada por el Estado ó cualquier Cuerpo oficial.

Los autores que aspiren á este premio remitirán dos ejemplares de su obra á la Secretaría de la Academia, antes del 31 de Diciembre á las cinco de la tarde. La Academia, previo informe de una Comisión nombrada al efecto, resolver á cuál de las obras presentadas es acreedora á recompensa, y hará la adjudicación en Junta pública antes de terminar el año académico de 1900-1901.




Premio instituido por el Duque de Loubat

III. Concederá también la Academia, en 1901, un premio de 3.300 pesetas al autor de la obra mejor de Historia, Geografía, Arqueología, lingüística, Etnografía ó Numismática de cualquiera de las regiones del Nuevo Mundo, impresa por primera vez en cualquiera de los cuatro años pasados desde 1.º de Enero de 1897, que no haya sido premiada en los concursos anteriores ni costeada por el Estado ó por algún Cuerpo oficial.

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Los autores que quieran optar á él, remitirán á la Secretaría antes del 31 de Diciembre de 1900, dos ejemplares, con las señas de su domicilio, entendiéndose que quedan obligados, en caso de obtenerlo, á remitir á su costa otros 4 ejemplares á los puntos que se le indicarán, con arreglo á lo establecido por el fundador.




Premios del Barón de Santa Cruz

La Academia conferirá el año 1902 un premio de 3.000 pesetas á la mejor Monografía histórica y técnica de un arte suntuario ó decorativo en España, en una época comprendida desde el siglo XI al XVI, ambos inclusive. Los trabajos manuscritos podrán extenderse al territorio de Portugal, por la unión estrecha en que se desarrolló la civilización en ambas naciones; deberán presentarse en la Secretaría antes del 31 de Diciembre de 1901 á las cinco de la tarde; tendrán extensión apropiada al asunto deque traten, con datos y documentos nuevos, procedentes de los veneros históricos de nuestra patria. Examinados previamente por Comisión nombrada al propósito, resolverá la Academia cuál sea acreedor á la recompensa, y la adjudicará en Junta pública antes de terminar el año 1902.

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Reserva la misma Academia la facultad de conceder un accesit de valor que fijará al apreciar los trabajos que se presenten al concurso.




Condiciones generales

Las obras dedicadas á los efectos de esta convocatoria, han de estar escritas en correcto castellano y serán presentadas en la Secretaría dentro del plazo que para cada uno de los premios se fija.

Madrid, 3 de Junio de 1900.-Por acuerdo de la Academia, el Secretario perpetuo, CESÁREO FERNÁNDEZ DURO.








    Reseña histórica de la Academia en el año 1899-1900, leída en Junta pública el 3 de Junio por el Secretario perpetuo D. Cesáreo Fernández Duro
     Fernández Duro, Cesáreo
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