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Inscripciones romanas de la diócesis de BarbastroFidel Fita Colomé —[211]→ De ninguna inscripción romana hace mérito el tomo XLVIII de la España Sagrada (Madrid, 1862), destinado á tratar de la Santa Iglesia de Barbastro en su estado antiguo y moderno. Va precedido de un buen mapa de la diócesis, donde es fácil seguir el curso de las observaciones geográficas y de los descubrimientos epigráficos que refiero. La edad visigótica nos ha legado un monumento de primer orden, que arroja mucha luz sobre la división territorial de la comarca del alto Cinca. Hállase en la Biblia antigua de la catedral de Huesca, y puede verse en el apéndice III al tomo II del Aparato á la historia eclesiástica de Aragón, escrito por D. Joaquín Traggia y publicado en 1792. Está el documento fechado el día 29 de Setiembre del año segundo del Rey Agila (551) en el monasterio de Asán, regido á la sazón por San Victoriano. La copia no ha salido del todo exacta. Da margen á dificultades que deberían resolverse teniendo á la vista el original de la Biblia Oscense, ó la fotografía del instrumento. Por de pronto, con lo publicado nos ha de bastar al intento de restituir al mapa romano de la región lo que inesperadamente nos acaban de señalar los epígrafes. Indica el texto documentario las posesiones que cedió el diácono Vicente de su propiedad en beneficio del Monasterio: —212→
Tres distritos visigodos, que corresponden próximamente á los modernos de Barbastro, Boltaña y Benavarre se ven marcados por la escritura, Barbotano, Boletano y Labetolosano. Resta encontrarlos en la edad romana. I. Lápidas del monte Cillas, término de Coscojuela de Fontoba
Dos leguas al septentrión de la ciudad de Barbastro, entre la margen derecha del Cinca y la carretera que sube á Boltaña, se ve blanquear sobre la cumbre del monte Cillas la ermita de Nuestra Señora del Socorro, actualmente en reparación. Toda la cima y campos adyacentes se hallan atestados de cerámica romana. Esta iglesia con el nombre de Cellas y las vecinas de Hoz (Osca) y Coscojuela (Coscollola) fueron asignadas en el año 1099 —213→ por el rey D. Pedro I, como dotación de la de Alquézar. El diploma se halla continuado en el tomo III de Manuscritos, fol. 33, que el Sr. Abad y La Sierra, nuestro digno socio honorario, nos legó al morir (1806), y posee nuestra Biblioteca (estante 21, gr. 3.ª) A nuestro Correspondiente, alcalde que ha sido de Monzón, Mariano Pano, agradecerá la Historia el que haya por vez primera notificado al público la existencia de preciosas inscripciones en aquel foco de antigüedades romanas. Cuatro lápidas dió á luz en 187913; mas como no tuviese á mano las dos que acaba de descubrir, forzosamente hubo de vacilar y dejar en algunas de las que dió á luz expuesto el sentido á la incertidumbre. De unas y de otras me ha enviado excelentes calcos. Leo y suplo. 1. En la fachada meridional de la ermita. Empotrado casi á flor del suelo, mide el mármol unos 16 centímetros en cuadro. Letras hermosas del primero ó segundo siglo.
Las cinco lápidas siguientes se erigieron al mismo tiempo. Son zócalos de mármol, altos 1,5 m. Hélos aquí: 2. A pocos pasos de la ermita de la cerca septentrional del camino de Coscojuela. —214→ 3. Servía de poyo á la salida del establo, sito al O. de la ermita. En Jeréz y Montilla (Hübn., 1305, 1542) aparecen los sobrenombres Cordus y Cordilla. Rivagorzanos eran los Cordos, descritos por Avieno (Ora marit. 552-557), gente pirenaica, limítrofe de la Cerretana. 4. A pocos pasos de la ermita, en el seto meridional del camino de Coscojuela. Inéditas. 5. A mano derecha del altar de la ermita.
—215→ 6. Á mano izquierda del altar. 7. Estampilla de letra cursiva en barro saguntino. La recogió y posee el Sr. Pano; otras muchas ha visto y se ha dejado en las inmediaciones de la ermita, mas no me ha enviado copia.
Dos ciudades romanas han comparecido con estas lápidas; y de hoy más enriquecerán nuestro catálogo geográfico. El P. Huesca acertó en decir14: «La villa de Boltaña, sita en la ribera izquierda del Ara es una de las más ilustres y antiguas de Aragón». Mas no del todo en añadir: «Su primera memoria es la vendición de un molino, hecha por Brandilina al abad Egilano, que según parece lo era del monasterio de S. Pedro de Arrábaga, sobre el río Ara. Su data en el año de la encarnación 941, reynando D. García Sanchez desde Pamplona hasta el valle de Boltaña, a Pampilona usque ad valle Boletanie. Se halla original en el archivo de la catedral de Huesca, arm. 1, n. 941. Los Reyes D. Ramiro I, D. Sancho Ramirez, y —216→ sus hijos D. Pedro y D. Alonso confiaron el gobierno de Boltaña y de su castillo á uno de los Ricos-hombres del reyno, como consta de sus diplomas en que mencionan de ordinario los Seniores que dominaban en Boltaña». Sin duda alguna Boltaña es el municipium Boletanum afiliado á la tribu Galeria. No han salido á pública luz sus lápidas, porque no se han buscado. Únicamente Traggia en sus Viajes eruditos15 cuenta que el 13 de Agosto de 1788 salió de Boltaña con algunas monedas romanas de las muchas que se han hallado en aquel lugar. No dice cuáles. El testamento del diácono Vicente, que nos ha conservado el nombre del distrito de aquella ciudad (BOLETANO), nos habla también del BARBOTANO. Este es el de Barbastro; y lo pruebo con dos documentos claros y terminantes.
El nombre de Barbastro no suena todavía en monumentos auténticos, ó documentos anteriores á la Edad Media; pero su inmejorable posición como cabeza del distrito, el aprecio en que la tuvieron los árabes, y otras circunstancias que sobrado conocéis, todo concurre á excitar la esperanza de que en breve sus vetustos recuerdos de la Edad romana colmen con ventaja el claro que han dejado abierto las lápidas del monte Cillas. —217→Inscripción geográfica recién hallada en la ermita del Socorro, término de Coscojuela de Fontoba, dos leguas al Norte de la ciudad de Barbastro. —218→ II. Cerro del Calvario, término de la Puebla de Castro
Al otro lado del Cinca, casi enfrente del monte Cillas, se ve la Puebla de Castro, cuyo término limítrofe por el Sur con el de Olbena contiene el cerro del Calvario, fecundo en antigüedades romanas18. Hé aquí sus inscripciones, hoy conocidas19: 8. En el olivar, al E. y en la vertiente del cerro.
Al lado de esta existe, según el Sr. Pano, otra ara sepulcral derrumbada é ilegible. 9. «Sobre la cima del Calvario. Es su forma la de un pedestal ó de una ara, que todavía conserva, en la parte menos expuesta á la intemperie, algo del pulimento que le dió el artífice al labrarla. En torno de ella sólo quedan ruinas. Está escrita en hermosos caracteres de fines del primer siglo, ó principios del segundo20». El Sr. Pano me ha enviado esmerada copia, habiéndole estorbado el mal tiempo trepar al cerro y sacar la impronta que le pedí. En la 7.ª línea rectifica su edición, privada de la conjunción ET. Las medidas del epígrafe, á lo que recuerda, son próximamente «un metro de altura por 0,80 de ancho». Insiste y se —219→ ratifica en la lectura que dió del nombre geográfico, puesta en tela de juicio por Hübner (3008) y por Zobel21; y á la verdad que razón le sobra. La piedra no se ha movido del sitio donde se hallaba en la segunda mitad del siglo XVI. D. Antonio Agustín, obispo de Lérida (1561-1576) y arzobispo de Tarragona (1576-1586), copia la inscripción22, que atinadamente enmendó23; y cita el original —220→ como existente «in opido popule de Castro dioc. Barbastr. in herimita S.ti Cornelii». Lo cual demuestra que la copia se hizo después de la erección (1573) de Barbastro en Sede Catedral, acordada por Felipe II con San Pío V. Labitolosa era la plaza fuerte que defendía el paso donde mezclan sus aguas el Cinca y el Ésera. Yo me inclino á situarla en el Castro, situado dos leguas al Sur de La Puebla, que me propongo visitar y explorar en compañía del Sr. Pano. Dos leguas más al Sur está Olbena en cuyo nombre se traduce algo del primitivo. Así la verónica Libia (Herramélluri en la Rioja) de Plinio y del Itinerario en boca de los celto-hispanos debía pronunciarse )Oli/ba, como lo escribió Ptolomeo. En la Mancha también aparece Libisosona ó Libisosa (Lezuza). En vascuence labi significa horno; y entra en composición de varios nombres geográficos. Aunque vagas, los escritores árabes han conservado memorias de la ciudad Labitolosana. Razis, autor del siglo IX, no parece haberla echado en olvido, pues habla del castillo fuerte de Albena, ú Olbena ( Aun ahora el Castro, en medio de su desolación, retiene alguna sombra de su antigua grandeza. «El templo es extenso y magnífico, de arquitectura bizantina. El retablo se hizo el año 1303. En una de las columnas exteriores hay una inscripción latina, donde se lee que allí descansa Andrés Diácono, que murió el año 100225». Dícese que el castillo fué recobrado de los moros por las armas de Carlomagno; y si bien el documento no es tan fehaciente, como sería de desear, por lo menos consta que lo recobró el conde Bernardo, fundador ó restaurador del monasterio de Obarra; el cual, apoyado por Carlos el Calvo, limpió de sarracenos la Rivagorza y llevó sus conquistas hasta el castillo de Calasanz26. —221→ El Códice Legionense, citado por Traggia27, hace á D. Bernardo conde de Tolosa, esto es, de Labitolosa. III. Obarra término de Calvera
Desde Graus, la vía interior entre el Ésera y el Isábena, que sube á recoger los ramales que bajan de varios puertos del Pirineo, toca primero en Fontoba (Fonte Toba) á mano izquierda de Perrarúa (Petra rubea), y derecha de Roda (Rota) ciudad episcopal; y pronto nos lleva, casi enfrente de Terraza (Terrracia) y de Vacamorta (Mare mortuum?), á Ballábrica (Valle aprica), que el Isábena (Isavana) separa del que fué monasterio celebérrimo de Obarra. Una roca, ó peña muy ardua, que llaman La Croqueta, defiende allí naturalmente el paso; y estuvo coronada por el castro imponente, que contenía la basílica de San Pedro, hoy desmantelado y totalmente en ruinas. De este castillo se extrajo y se bajó al templo de Obarra la inscripción marmórea siguiente28: —222→ El Sr. Abad y La Sierra vió esta inscripción en el altar de San Pablo, que fué destruido con el desplome del campanario, algunos años há. El ilustrado párroco, D. José Bravo, me escribe que ha recogido el precioso epígrafe y lo ha pasado y guarda en la sacristía. Es laja de blanco y fino mármol, que mide 46 centímetros de alto por 60 de ancho. Su estudio interesa en primer lugar á la ciencia de los lenguajes ibéricos. En lápidas edetanas29 hemos leido Tannegiscerris, Tannegaldunis y Tannegadinia; y al otro lado del Pirineo, no lejos del puerto de Benasque30, Dannorigis y Dannadinnis. Intermedio entre ambas regiones se coloca Tannepaeseris. Los idiomas que produjeron estos vocablos, eran afines. El puro galo domno, donno, dubno, que se manifiesta en Dumnorix ó Dubnorex (rey del orbe), ostenta en España la vocal a, de sonido claro, que permite ver ó conjeturar el influjo del vascuence sobre el céltico para constituir en definitiva el celtibérico. Asterdu es un dativo femenino, que acaso esté por Asterduni. El sufijo dun pertenece de fijo al vascuence: euskaldún (vascongado), aurredún (mujer en cinta). Corresponde al participio latino habens, como es sabido; y contiene tres elementos de estructura aglutinativa, ó amalgama pospositivo: n (pronombre relativo), y du que encierra no solamente la idea del latín habet, sino también la determinación á régimen directo de tercera persona. El primer elemento aster pudo proceder de aste (tiempo, estación, semana); en cuyo caso Asterdu no parece que debe tener otra mejor traducción que Tempestiva. El nombre Aster, aparece como propio de uno de los jueces, que entre el 20 de Junio del año 876 y del de 877, siendo emperador Carlos el Calvo, fallaron en favor del monasterio de Obarra31.
Lo más singular en la inscripción es que Tempestivo, el hijo de Tannepaeseris, y Asterdu se nombra expresamente su heredero; circunstancia que solo encuentro expresada en la Epigrafía (Hübn. 2925) del país vascongado.
Supuesto que los nombres de las personas difuntas no son romanos, sino indígenas, nada impide suponer que en la sucesión hereditaria se les aplicase el fuero ibérico todavía vigente aun —224→ hoy dia en algunas partes del Pirineo francés33 y del Alto Aragón34; fuero de estricta primogenitura varonil, ó mujeril, antiquísimo, que no dejó de señalar Estrabón en las costumbres cántabras35. Apoyan mi conjetura las lápidas de Cillas, donde todo el peso de la herencia abolenga parece gravitar sobre Emilia Plácida; y finalmente la inscripción de Tarazona, trasladada al Museo provincial de Zaragoza, que descifré en otro lugar36, en la que, según oportunamente ha observado nuestro sabio Correspondiente, D. Joaquín Costa, la hija fruto del matrimonio de una mujer celtíbera con un romano toma el nombre de aquella. Y para que se vea mejor el arraigo de las viejas costumbres en la comarca del alto Ribagorza, tomaré un documento del archivo —225→ de Obarra, que ha venido á parar al Histórico Nacional, contiguo á nuestra Biblioteca. El pergamino está fechado en 1.º de Agosto del año 947. Al dorso lleva por signatura Obarra, 21; Cax. 10, lig. 1.º, num. 3; y esta cláusula sobrado lacónica: Ovarra puede pacer por todo ribagorça. Tiene estiva en senui.
Al primer traslado en vitela, cuyo texto, deslucido por la huella del tiempo he seguido, acompaña cosido otro, mucho menos fiel, que rebaja también dos siglos á la era, y lee «DCCª LXXXª Vª». No he de cerrar este informe sin ofrecer á vuestra consideración las sabias reflexiones que sobre el interés geográfico de la inscripción de Obarra me comunica nuestro compañero egregio, el Sr. Coello, tan competente en la materia y de tan alta autoridad como todo el mundo científico lo pregona.
Madrid 29 de Febrero de 1884.
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