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    La aportación del exilio español a las artes plásticas en Puerto Rico
     de María del Pilar González Lamela
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La aportación del exilio español a las artes plásticas en Puerto Rico

María del Pilar González Lamela

[285]

     Aunque el título de esta ponencia sugiere un tema abarcador, es mi intención, presentar de manera sucinta el asunto de la Guerra Civil y el exilio español y, su aportación a las artes plásticas en Puerto Rico.

     Durante el gobierno de la República, España experimentó una intensa ebullición en las Bellas Artes, período éste que no volvió a suceder hasta la muerte del general Franco y más tarde, con el advenimiento de un gobierno democrático.

     El trasfondo artístico debe remontarse a los años veinte, época en la cual se sientan las bases para lo que acontecerá durante el período de gobernación republicana. El ambiente artístico español estará permeado por dos vertientes, por un lado el aspecto tradicional academicista pautado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada anualmente y los Salones de Otoño; por el otro lado, la presencia incipiente de un grupo de jóvenes artistas que demuestran inquietudes más renovadoras y trascendentales que las que ofrece la Academia. Entre estos cabe mencionar la SOCIEDAD DE ARTISTAS IBÉRICOS fundada en 1925, importante agrupación que aglutina artistas de los más diversos estilos y tendencias con la intención de crear una fuerza de vanguardia postulando cambios a las corrientes más tradicionales representadas por la academia y para mencionar otro, la AGRUPACIÓN GREMIAL DE ARTISTAS PLÁSTICOS (AGAP) así también ocurrió con el Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para la Arquitectura Contemporánea (GATEPAC).

     El Ateneo de Madrid y el Museo de Arte Moderno junto a una serie de galerías establecidas tanto en la capital española como en otras provincias: Barcelona, Bilbao, Valencia, La Coruña celebrarán en estas ciudades importantes exhibiciones de artistas españoles y extranjeros.

     Durante este período se publican varias revistas de vanguardia y las tertulias entre artistas, poetas, músicos y cineastas son frecuentes. No resulta extraña la relación amistosa y solidaria de García Lorca, Rafael [286] Alberti, Juan Ramón Jiménez, Luis Buñuel, Francisco Bores y Esteban Vicente. Todos estos intelectuales y artistas asumieron posturas exigentes de acuerdo a sus ideas las cuales desgraciadamente, para la mayoría de ellos les llevó al exilio tras la Guerra Civil.

     Además, otro aspecto importante para el desarrollo artístico español es la constitución de la Junta para Ampliación de Estudios la cual ofrecía a los artistas e intelectuales la oportunidad de viajar por Europa para enriquecer sus conocimientos. El aspecto cultural es sumamente importante para el gobierno republicano, prueba de ello es que a los pocos días de iniciarse la guerra, el 23 de julio de 1936 se constituía la Junta Nacional Conservación del Tesoro Artístico, creada a instancias de la Alianza de Intelectuales Antifascistas cuya intención era salvaguardar el patrimonio artístico.

     Para figurarse la situación de las artes en la España republicana basta recordar la frase histórica de Manuel Azaña: «El Museo del Prado es más importante para España que la República y la Monarquía juntas».

     Tras la Guerra Civil, el éxodo artístico tomará diversos rumbos, sin embargo, pueden establecerse dos corrientes migratorias principales: por un lado Francia, y por el otro los países iberoamericanos a la cabeza, México. No obstante, es necesario destacar también el flujo migratorio hacia el Caribe: Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico.

     En nuestro caso particular, Puerto Rico, parte del Caribe de herencia hispana, acogerá cálida y positivamente a los artistas exiliados. Desde la llegada de Cristóbal Ruiz en 1938 hasta la de Eugenio Fernández Granell en 1950, son varios los artistas que llegan a la isla ya sea para una estancia temporera o para establecerse definitivamente en ella.

     La presencia del exilio artístico demuestra una búsqueda en tierras latinoamericanas de una identificación cultural que les ayude a mantener su identidad hispánica, es interesante mencionar como gran parte de estos artistas se dejan influir por el ambiente que les rodea dando paso a su imaginación y adoptando nuevos temas basados en la historia y el folclore particular del lugar donde residen. Es curioso como algunos modifican la temática y el repertorio en sus obras, se entusiasman creando composiciones de tema indigenista y criollo, representando la variedad de razas, el paisaje exuberante de verde follaje y cielos azules y los bodegones de ricas frutas tropicales.

     El destierro español trae consigo muchos recursos significativos y necesarios para crear el ambiente propicio para la evolución del arte contemporáneo nuestro. El bagaje variado que poseen estos artistas a su llegada a la isla contribuye a proveerles una subsistencia así como de [287] manera simbiótica se nutre ávidamente el campo artístico puertorriqueño tan limitado, por cierto, en cuanto a su producción. La presencia de los exiliados, la permanencia o su paso por Puerto Rico resulta ser una inyección vitalizadora para el quehacer plástico.

     Los centros culturales del país abrirán sus puertas para acogerles, se celebrarán exposiciones y se establecerán estudios, talleres y cursos dedicados a la enseñanza del arte. En cuanto a este punto, cabe aclarar, que al estudiar este fenómeno, a diferencia de Santo Domingo por ejemplo, Puerto Rico no recibe el mismo grado de apoyo gubernamental inmediato, no obstante, instituciones como la Universidad de Puerto Rico, el Instituto Politécnico de San Germán y el Ateneo Puertorriqueño recibirán esta sabia aportación. También es importante señalar el apoyo personal brindado a los artistas por muchos puertorriqueños: Margot Arce, Nilita Vientós, Jorge Font Saldaña y otros.

     La participación de estos artistas es decisiva en la constitución de un rico ambiente cultural en la isla. El asentamiento de unos, propicia la creación paulatina de centros dedicados a las artes. Por ejemplo en la UPR, en 1943 bajo la incumbencia del rector, don Jaime Benítez se separa de la Facultad de Artes y Ciencias y se crea la Facultad de Humanidades, siendo su primer decano un exiliado de la Guerra Civil, Sebastián González García, profesor de Historia del Arte en dicha universidad desde 1939. Corresponde a este periodo la constitución del Departamento de Bellas Artes el cual acogerá a la mayoría de los artistas exiliados para impartir la docencia a los jóvenes puertorriqueños.

     Posteriormente en 1956 se creará el Taller de Bellos Oficios dirigido por Ismael D'Alzina (emigrado español en el Caribe desde los años veinte). En este centro se ofrecen cursos de entrenamiento artesanal. Durante la década del cuarenta se organizarán escuelas de arte como por ejemplo, la Academia Edna Coll, fundada en 1944 orientada hacia un currículo de arte comercial para veteranos. Por otro lado, es interesante destacar la colaboración entre maestros y discípulos formando talleres en conjunto como el Centro de Arte Puertorriqueño constituido en 1950.

     Desde el punto de vista didáctico, este es un momento enriquecedor por la aportación en la variedad de las técnicas y de los medios plásticos: la pintura, la escultura y las artes gráficas, así como también el flujo de estilos y tendencias diferentes, desde la figuración hasta la abstracción, teniendo cabida el cubismo y el surrealismo.

     Después de todo este preámbulo considero importante presentarles a los artistas españoles exiliados de la guerra civil que de una forma u otra dejan una huella en el desarrollo del arte puertorriqueño no contemporáneo. [288] En esta selección he creído conveniente incluir tanto a aquellos que residieron permanentemente en Puerto Rico así como a aquellos otros que aunque de pasada por nuestra isla su labor fue significativa para nuestro arte. Para muchos de los aquí presentes mencionar los nombres de estos artistas será de grata recordación y para otros, más jóvenes es la oportunidad que tienen para conocerles.

     Comenzaré por presentarles en orden cronológico de llegada a aquellos artistas de la vanguardia republicana exiliados de la Guerra Civil. He creído conveniente ilustrarles mediante diapositivas algunas obras de estos artistas, no obstante, sin extenderme demasiado iré mencionando algunos aspectos significativos de la vida y obra de cada uno de ellos, tomando en cuenta que cada caso merece un estudio monográfico.



     Cristóbal Ruiz (1881-1962)

     Nació en Villacarrillo, Jaén y murió en Ciudad México. Estudió en Córdoba, Madrid y París. Fue miembro de la Sociedad de Artistas Ibéricos y participante de la Junta Nacional del Tesoro Artístico. Es el mayor de todos, y por lo tanto el más destacado de su llegada a Puerto Rico en 1938. Fue profesor del Instituto Politécnico de San Germán y de la Universidad de Puerto Rico; entre sus discípulos cabe mencionar a: Julio Rosado del Valle, Rafael Tufiño, Luis Hernández Cruz y Marcos Irizarry.

     Su producción comprende los temas de paisajes, retratos, bodegones y desnudos. Ruiz utiliza los colores pálidos y serenos dentro del aspecto figurativo del realismo, el artista emplea elementos mínimos en la composición, esenciales para representar su visión del mundo que le rodea. De acuerdo con el historiador español, Jaime Brihuega, la obra de Cristóbal Ruiz: «se caracteriza por el lirismo social».



     Francisco Vázquez Díaz («Compostela») (1898-1988)

     Nació en Santiago de Compostela y falleció en Hato Rey, Puerto Rico. Estudió escultura en España y en 1927 realizó una controversial exposición en las escaleras del Palacio del Congreso en Madrid. Al abandonar España se trasladó a Santo Domingo y a partir de 1940 se estableció permanentemente en Puerto Rico. En cierto modo, puede [289] decirse que Compostela rescató para la historia del arte puertorriqueño, el trabajo delicado y pulido de la talla en madera que recuerda la labor artesanal de los santos de palo. Además, desarrolló en la isla el interés por los temas de nuestra historia y nuestro folclore empleando para su elaboración las maderas tropicales tales como la caoba, el ausubo y el laurel sabino. Su producción se caracteriza por la representación de monumentos de carácter negativo, los retratos y el tema animalista, este último resulta ser una constante en su obra, en especial los pingüinos, representación de carácter alegórico e irónico.

     Fue director del taller de escultura del Instituto de Cultura Puertorriqueña y se encuentran entre sus discípulos: Tomás Batista y Rafael López del Campo.



     José Vela Zanetti (1913)

     Nació en Milagro, Burgos y actualmente reside en su pueblo natal. Tras la guerra civil, se trasladó a Santo Domingo, en donde residió por algún tiempo e inició junto a otros artistas exiliados la Escuela Nacional de Bellas Artes. Realizó exposiciones y proyectos en México, Colombia, Puerto Rico y Estados Unidos.

     Arribó a Puerto Rico en 1940, y luego de una exposición en el Casino, su obra tuvo una buena acogida y recibió la encomienda de realizar varios retratos así como también murales.

     En 1950 pintó un mural de grandes dimensiones en el edificio de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Su obra refleja una marcada influencia del muralismo mexicano.



     Ángel Botello Barros (1913-1986)

     Nació en Cangas de Morrazo, provincia de Pontevedra y murió en San Juan de Puerto Rico. Estudió arte en Burdeos y en Madrid. Tras la guerra civil se exilió por un tiempo en Santo Domingo y en Haití. Visitó Puerto Rico en varias ocasiones (1941, 1944, 1948). En esta última visita estuvo por un tiempo enseñando en la Academia de Arte de Edna Coll pero logró establecerse definitivamente en la isla en 1953. En esta fecha inaugura la Galería las Antillas en el Hotel Caribe Hilton, más tarde abre otras galerías en San Juan bajo el nombre de Galería Botello. Es importante destacar el establecimiento de estas galerías debido a que [290] ello inicia de manera consecuente un centro de exposiciones y un mercado de arte en Puerto Rico.

     Botello comenzó su fase caribeña con un estilo pictórico a lo Gauguin, luego pasó al cubismo, del cual parte para desarrollar un estilo muy personal y característico, el cual continuará por el resto de su vida.



     Hipólito Hidalgo de Caviedes (1901-1987)

     Nació en Madrid, ciudad en la que también falleció. Estudió en la Academia de San Fernando y en 1935 recibió el primer premio del Instituto Carnegie de Pittsburgh. Su fama fue acrecentándose durante los años previos a la guerra civil. Según J. A. Gaya Nuño, Hidalgo de Caviedes fue el artista español más prometedor de los años 1930-1936. Por causa de la guerra se exilió en Cuba, y más tarde en Santo Domingo y los Estados Unidos.

     Llegó a Puerto Rico en 1944 para dictar cursos de arte en la Academia de Edna Coll, pero continuó su peregrinaje americano hasta que regresó a España en 1961.

     Su obra es figurativa y de aspecto monumental, utiliza gran dramatismo en los colores. Fue muralista y un excelente retratista.



     Esteban Vicente (1904)

     Nació en Turégano, Segovia y actualmente reside en Nueva York. Estudió en Madrid y en París. Tras la guerra civil se trasladó a Nueva York, más tarde, en 1945 y hasta aproximadamente 1948, residió en Puerto Rico en donde ejerció como profesor de arte en la Universidad. Cabe mencionar entre sus discípulos a Olga Albizu.

     A fines de la década del cuarenta, Vicente se estableció definitivamente en los Estados Unidos, residiendo la mayor parte del tiempo en la ciudad de Nueva York. Esta situación particular fue significativa en el desarrollo y la evolución de la obra de Vicente debido a que al estar en estrecho contacto con las corrientes artísticas neoyorquinas en sus obras se operó un cambio estilístico de lo figurativo hasta la abstracción. Es importante destacar su participación activa junto al grupo de artistas de la escuela de Expresionismo Abstracto, catapultándose de esta manera el ambiente internacional. [291]



     Carlos Marichal (1923-1969)

     Nació en Santa Cruz de Tenerife y falleció en San Juan. Estudió en Barcelona, Bélgica y México. En este último país se especializó en grabado e ilustración de libros. En 1949 llegó a Puerto Rico contratado por la Universidad para ser el director técnico del teatro universitario.

     Marichal rápidamente se integró con los jóvenes artistas puertorriqueños, entre ellos, Torres Martinó, Tufiño y Rodríguez Báez. Fue cofundador del Centro de Arte Puertorriqueño en 1950 y formó un taller de gráfica, el primero en la isla en la cual se enseñaban las distintas técnicas del grabado.

     Además Marichal fue un excelente escenógrafo e ilustrador de libros y revistas.



     Eugenio Fernández Granell (1912)

     Nació en La Coruña y actualmente reside en Madrid. Estudió violín en Santiago de Compostela y en Madrid.

     Su carrera artística la desarrolló más tarde, comenzó a pintar formalmente en Santo Domingo, a donde llegó exiliado de la guerra civil. Con toda probabilidad en esta vocación tardía mucho tuvo que ver que en el trayecto desde Francia a Santo Domingo, Granell conoció al poeta André Breton, máximo exponente del movimiento surrealista. Desde entonces la obra de Granell continuará evolucionando siempre dentro del estilo artístico.

     Tras residir varios años en República Dominicana se trasladó a Guatemala. En 1950 llegó a Puerto Rico en donde fue profesor de arte en la Universidad hasta 1957, fecha en la cual decide trasladarse a Nueva York. Entre sus discípulos en la Universidad de Puerto Rico cabe mencionar a Rafael Ferrer y a Luis Maisonet.

     Granell, además, de pintor es escritor y violinista.

     Y para finalizar, este tema amerita un estudio más detallado, no obstante, esto que acabo de decir ha sido una especie de esbozo para presentarles a estos artistas que contribuyeron a forjar una nueva generación en el arte puertorriqueño. [292]



     Pilar González Lamela

     Puertorriqueña, Maestría en Historia y Crítica del Arte por Florida State University. Catedrática Asociada del Departamento de Humanidades en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Humacao. Fue Directora del Departamento de Humanidades del Recinto de Humacao y Directora Ejecutiva del Museo Casa Roig. Curadora de la Exposición «José Campeche y su tiempo» en el Museo de Ponce. Ha escrito varios ensayos para catálogos de exposiciones de artistas contemporáneos y ha publicado artículos en revistas especializadas. Colaboró en el volumen: Antonin Nechodoma: umbral para una nueva arquitectura caribeña. [293]



Cristóbal Ruiz: Retrato Antonio Machado. Óleo/lienzo, 1928.

[294]



Eugenio F. Granell: Autodecapitación. (Detalle) óleo/lienzo.

[295]



Carlos Marichal: Paisaje con casa de madera. Grabado.

[296]



Hipólito Hidalgo de Caviedes: Elvira y Tiberio. Óleo/lienzo.

José Vela Zanetti: Detalle mural de la ONU, Nueva York.
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    La aportación del exilio español a las artes plásticas en Puerto Rico
     de María del Pilar González Lamela
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