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881

Ibid., pág. 266.

 

882

Ibid., págs. 266-267.

 

883

Ibid., pág. 270.

 

884

Ibid., pág. 270.

 

885

MIOT DE MÉLITO: Mémoires, t. III, pág. 152.

 

886

General JOMINI: Guerre d'Espagne, pág. 144.

 

887

Los nombramientos para la orden real de España son, en efecto, muy numerosos en el curso del viaje a Andalucía (véase la Gaceta de Madrid entre enero y mayo de 1810, que da las listas de los agraciados).

 

888

General BIGARRÉ: Mémoires, pág. 274.

 

889

«José es esencialmente bueno y caritativo -escribe Abel Hugo-; la generosidad es una virtud que nunca le ha sido regateada». En los paseos que daba por Sevilla sin escolta alguna, «el rey aprovechaba el incógnito para distribuir sus beneficios entre las pobres familias víctimas de la guerra»; y para sostener sus afirmaciones, el hermano mayor del poeta cuenta la anécdota siguiente, que parece como una segunda versión del incidente relatado por la Gaceta: «Teníamos en Madrid en 1811, en el hotel de Pajes, a un niño de ocho años llamado, según creo, Manuel Liria, huérfano, el único superviviente de cinco hermanos, muertos combatiendo contra el rey, bien en Talavera, bien en Ocaña o Sierra Morena. Este niño pertenecía a una digna familia que había servido con distinción al país en los ejércitos de tierra y de mar; su padre y su tío habían muerto en Trafalgar. Privado de todo apoyo, había sido acogido en Sevilla por un obrero del barrio de Triana, antiguo marinero del navío mandado por su padre, en casa del cual lo vio el rey durante uno de los paseos de que acabo de hablar. José quedó sorprendido por la gracia y la nobleza de su fisonomía, y habiéndose informado de quién era su familia y de su desgraciada situación, pidió que le fuese confiado para ser atendido por él. El viejo marinero no accedió sin pena a separarse del hijo de su antiguo oficial. El niño fue presentado al rey por el alcalde de barrio. José anunció que proveería a su educación y dijo al magistrado que se lo presentó: «En Francia estimamos que las faltas son personales. Este niño es inocente del odio ciego que me han profesado sus hermanos sin conocerme. Como rey de España debo, al cuidarme de él y hacerlo educar, pagar la deuda de la nación hacia su familia». Después añadió con calor: «Es conveniente que los servicios prestados al país sean un patrimonio que un padre pueda legar a sus hijos. Si la nación es agradecida, esta herencia será la más envidiada, porque al menos estará al abrigo de los golpes de la suerte». El joven Liria fue enviado a los Pajes de Madrid, y cuando José nos pasaba revista nunca dejaba de informarse por la salud y los progresos de su joven protegido...» (ABEL HUGO: «Souvenirs sur Joseph Napoleón», Revue des Deux Mondes, 1833, t. II, págs. 124-126).

 

890

G. DEMERSON: «Meléndez Valdés. Quelques documents pour compléter sa biographie», Bull. hisp., 1953, pág. 294.