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Cobo, Historia del Nuevo Mundo (Tomo tercero, libro décimo tercio, capítulo nono. Habla de la costumbre que de hacer fabricar cada uno su figura o imagen tenían los Incas, y cosa análoga sucedía, sin duda, entre los Quillacingas). La obra del padre Cobo se dio a luz en Sevilla el año de 1892. (N. del A.)

 

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El primero de los españoles que llegó a Caranqui fue Benalcázar, en su primera expedición cuando el descubrimiento y la conquista de estas provincias. Según refiere Oviedo, entonces fue cuando los españoles compañeros de Benalcázar desprendieron de los muros del templo las planchas de oro y de plata que los cubrían, desollando las paredes, a honra de San Bartolomé, como, con cáustica ironía, se expresa el antiguo cronista de Indias.

En 1542, es decir, ocho años después de Benalcázar visitó los edificios de Caranqui y los describió Cieza de León, entonces parece que no estaban todavía arruinados. Cieza habla del templo del Sol, del palacio de los Incas, de la casa de las escogidas, del gran estanque y de la plaza, la cual dice que era pequeña, y sin duda es la misma que hay hasta ahora delante de la iglesia parroquial.

El año de 1692 estuvo en Caranqui el viajero Francisco Coreal, y encontró en aquella época los edificios ya arruinados; pero dice que las ruinas tenían un cierto aspecto de grandeza.

Según Montesinos, en este palacio de Caranqui dejó Huayna-Cápac a Atahualpa, cuando el Inca, concluida la conquista de los Quillacingas, y vencidos y domados los Caranquis, emprendió su último viaje de regreso al Cuzco; dice Montesinos que Huayna-Cápac gastó un año en la construcción del palacio, y que entonces Atahualpa, tenía solamente dos años de edad. Si Montesinos estuvo bien informado, dedúcese que Atahualpa no nació en Caranqui; nuevo dato en apoyo de nuestra opinión respecto del lugar del nacimiento de aquel desgraciado príncipe.

Oviedo (Gonzalo Fernández), Historia general de las Indias (Tomo cuarto, página 239). Oviedo dice que el templo era pequeño.

Historia general de los viajes (Tomo 51, edición de París, 1757). En francés. (N. del A.)

 

163

Ulloa, Relación histórica del viaje a la América Meridional (Tomo segundo, página 625. Lleva una lámina grande, en la cual, entre otras cosas, se halla la figura del adoratorio de Cayambi, el cual no era de piedras sino de adobes). (N. del A.)

 

164

Restrepo (el señor don Ernesto), Ensayo etnográfico y arqueológico de la provincia de los Quimbayas en el Nuevo Reino de Granada, Bogotá, 1882.

Estudios sobre los aborígenes de Colombia, (Primera parte), Bogotá, 1892. Con un mapa prolijo de las antiguas tribus indígenas. (N. del A.)

 

165

Jiménez de la Espada, «Las Amazonas alfareras» (Curioso y erudito artículo, publicado en la revista titulada Historia y Arte, Tomo primero, Madrid, 1896. Da a conocer el modo de sepultar los cadáveres en grandes ollas de barro, que hacían las veces de urnas cinerarias entre las tribus del Marañón). Véase lo que acerca de esta manera de sepultación dice Nadaillac en su obra sobre los Usos y monumentos de los pueblos prehistóricos, París, 1888. (N. del A.)

 

166

Seler, Antigüedades peruanas (Peruanische alterthümen), Berlín, 1893. (N. del A.)

 

167

Max Uhle, Cultura e industria de los antiguos pueblos sudamericanos, Berlín, 1889 (En alemán. El volumen relativo a las naciones antiguas). (N. del A.)

 

168

Congreso internacional de los americanistas, Documentos de la tercera sesión, tenida en Bruselas en 1879, tomo primero (La obra consta de dos volúmenes y de un atlas). (N. del A.)

 

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Markham, Las posiciones geográficas de las tribus que formaban el imperio de los Incas. Citamos la traducción castellana que de esta obra hizo el señor Ballivián, ilustrándola con una Introducción. La Paz, 1902. En cuanto a las tribus ecuatorianas, el trabajo del señor Markham, por desgracia, es deficiente e inexacto. (N. del A.)

 

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Montesinos, Memorias antiguas historiales y políticas del Perú, Madrid, 1882 (Este autor en varios lugares de su citada obra hace mención de la tradición que, relativamente a inmigraciones venidas de la región oriental trasandina, se conservaba en el territorio de la Audiencia de Quito y en otros puntos del Perú; menciona también la tradición acerca de las gentes que, viniendo del Occidente, arribaron en diversas épocas a la costa ecuatoriana). (N. del A.)

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