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Las repúblicas de Centro América han tenido en estos últimos tiempos la fortuna de recibir la visita de americanistas laboriosos, que han examinado las ruinas de los antiguos monumentos indígenas, han practicado excavaciones en los cementerios prehistóricos y han hecho diligentes investigaciones arqueológicas. Merced a las obras que han dado a luz, enriquecidas con dibujos, con planos y con láminas primorosas, la prehistoria americana ha adelantado considerablemente; y ahora ya no es tan difícil como antes hacer estudios arqueológicos comparativos. Citaremos las que nosotros conocemos, y cuyo estudio recomendamos a los amantes de la arqueología y de la prehistoria americanas.

Hartman Carl Vilhelm, Investigaciones arqueológicas practicadas en Costa Rica, Estocolmo, 1901. En inglés.

Bovallius, Antigüedades de Nicaragua, Estocolmo, 1886. En inglés.

Montessus de Ballore, El Salvador pre-colombino, París, en francés. El preámbulo de esta obra fue escrito por el tan conocido y justamente respetado Marqués de Nadaillac; no tiene año de impresión, pero puede asegurarse que salió a luz a fines del siglo pasado.

Ferraz, Informes del Museo Nacional de Costa Rica, San José. Conocemos dos informes: el primero corresponde al año de 1897 a 1898; el segundo es de 1900; este segundo informe tiene, como anexos, tres estudios arqueológicos sumamente interesantes; las láminas son de litografía.

Alfaro (Anastasio), Antigüedades de Costa Rica, San José, 1894. Nosotros no conocemos sino la primera entrega de esta curiosa publicación.

Holmes (William Henry), El arte antiguo en la provincia de Chiriquí (Este trabajo se publicó el año de 1888 en Washington). Es muy curioso por las láminas con que ilustra su exposición, en la que da a conocer la cerámica, la orfebrería y la escultura de esas tribus, de las cuales muy poco o casi nada se sabía antes. La monografía del señor Holmes sobre el arte antiguo de los aborígenes de Chiriquí se halla en el tomo décimo cuarto de la publicación anglo-americana titulada House miscellaneus documents, Annual report of the Bureau of Ethnology, John Wesley Powell, director.

Hasta cuando el célebre Prescott publicó su aplaudida Historia de la conquista del Perú, todavía era seguida generalmente la opinión de que las razas que componían el imperio de Moctezuma no habían pasado a la América meridional; ahora esa opinión no puede sostenerse, en vista de las pruebas que, en contra de ella, ofrecen las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en diversos puntos del Perú. Recomendamos aquí el importante trabajo del docto americanista señor don Toribio Polo sobre la Piedra de Chavin. Repetiremos ahora, una vez más, lo que ya en otra parte hemos dicho: cuanto más adelantaren las investigaciones arqueológicas, concienzudamente hechas en el territorio de la vecina República del Perú, tanto más se irá esclareciendo la prehistoria del continente meridional; y día llegará, cuando la leyenda heliada de los fundadores del Cuzco se desvanecerá por completo, explicándose el simbolismo por realidad histórica.

Polo (José Toribio), La piedra de Chavin, Lima, 1900. (N. del A.)

 

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Saville (Marshall Howard), Las antigüedades de Manabí en la República del Ecuador, New York, 1907. En inglés. Un volumen grande acompañado de láminas, esmeradamente grabadas; los objetos representados en esas láminas fueron recogidos y colectados por el señor Saville en Manabí, en su viaje de excursión arqueológica por esa provincia. (N. del A.)

 

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Otto von Buchwald, Vocabulario de los Colorados. El señor Otto von Buchwald, nuestro distinguido amigo, reside en la ciudad de Guayaquil, y se ha consagrado a estudios filológicos y arqueológicos relativos a las antiguas tribus indígenas ecuatorianas. El vocabulario de los Colorados está en alemán, y se publicó el año próximo pasado. (N. del A.)

 

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Paravey, Memoria sobre el origen de los pueblos de la meseta de Bogotá, París, 1835. En francés.

Restrepo, Historia de los Chibchas, o Los Chibchas antes de la conquista española (Es el trabajo más erudito y más concienzudo que se ha publicado hasta ahora sobre aquella antigua nación americana), Bogotá, 1895. Un volumen de texto y un atlas. (N. del A.)

 

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Brinton, La raza americana, New York, 1891. En inglés. (N. del A.)

 

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Hemos escrito de esta manera el nombre del descubridor de América siguiendo las indicaciones de escritores distinguidos y para conformarnos más con la etimología italiana del nombre Colombo. (N. del A.)

 

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Se cuenta que oculta dentro de un ovillo de hilo hicieron llegar a Panamá una representación dirigida al Gobernador, firmada por muchos, al fin de la cual se leía esta redondilla:


Pues, Señor Gobernador,
mírelo bien por entero:
que allá va el recogedor
y acá queda el carnicero. (N. del A.)



 

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Es indudable el acontecimiento de la lluvia de ceniza, cuando Alvarado subía del litoral a la altiplanicie de Ambato, pues lo cuenta Oviedo, que se lo oyó referir después al mismo Alvarado; y no tiene nada de extraordinario para nosotros que tantas veces hemos sido testigos de fenómenos semejantes. Mas, si el hecho es cierto, no es lo mismo en cuanto al volcán que ocasionó la lluvia de tierra, pues pudo ser o el Pichincha o el Cotopaxi, o algunos de los otros volcanes, sin que podamos decir no obstante cuál de ellos fue precisamente. (N. del A).

 

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Notable discordancia hay entre los historiadores acerca del año en que se verificó por parte de Alvarado la expedición a Quito; pues unos, como Garcilaso de la Vega siguiendo a Gómara, la atrasan un año entero, fijando en 1535 la salida de Guatemala de Alvarado con su expedición; y otros la adelantan un año, pues la ponen, como el padre Velasco, en 1533; nosotros la hemos fijado en 1534, fundándonos en las fechas determinadas en el primero y más antiguo libro del Cabildo de Quito, en el que se encuentran las actas de la fundación de la ciudad que hicieron los españoles en Riobamba con el nombre de Santiago de Quito, cuando estaban frente a frente los dos ejércitos, el de Almagro y el de Alvarado. No hay menos divergencia en cuanto al camino por donde subió Alvarado la cordillera occidental; Robertson lo hace desembarcar en Guayaquil y el padre Velasco en Esmeraldas, pero uno y otro se equivocan; el cronista Antonio de Herrera en sus Décadas es quien ha descrito con más exactitud la marcha del Gobernador de Guatemala y, por esto, nosotros en nuestra narración le hemos seguido con preferencia a los demás, mayormente porque la narración de Herrera es más conforme que la de otros escritores con la geografía de los lugares. Creemos no engañarnos diciendo que Alvarado trasmontó la cordillera por el cerro llamado Casahuala, que algunas veces suele cubrirse de nieve en el verano. Las capitulaciones entre Almagro y Alvarado fueron celebradas el 26 de agosto de 1534. (N. del A.)

 

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Quintana asegura que fueron solamente cien mil pesos, en lo cual contradice a Herrera, fundándose para esto en la escritura del contrato que tenía a la vista cuando escribía la vida de Pizarro. En el texto hemos seguido a Herrera, sin que por eso dudemos del testimonio de un escritor tan grave y respetable como Quintana. (N. del A.)

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