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No deben confundirse nunca la fortaleza de los incas con los adoratorios de los nahuas: el Pucará es edificio militar, el Teocalli es edificio religioso, y, aunque en la apariencia parezcan idénticos, son en realidad muy diversos, hasta en su construcción exterior.

Ulloa, Relación histórica del viaje a la América Meridional (Primera parte, Tomo segundo, Libro sexto, Capítulo undécimo). En la lámina XVI.ª tiene la representación de un pucará peruano bastante exacto, según los restos que de algunos de estos edificios todavía se conservan en el territorio ecuatoriano.

Clavijero, Historia antigua de Méjico (Libro sexto). Los adoratorios o templos de los nahuas eran de forma piramidal: éste es un punto, en el cual están de acuerdo todos los historiadores.

 

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Hának-Huari. Huari es nombre religioso, de adoración, con que los indios solían invocar al dios de las fuerzas. «Adoran también las casas de los Huaris, que son los primeros pobladores de aquella tierra, que ellos dicen fueron gigantes, y de la tierra de ellos llevan para sus enfermedades y para malos fines de amores, etc. Invocan al Huari, que dicen es el dios de las fuerzas, cuando han de hacer sus chacras o casas, para que se las preste». Villagómez, Instrucción contra las idolatrías (Capítulo 42.º).

Desjardins ha descrito un monumento peruano, que tiene semejanza con el Hának-Huari de Cañar, y se llama Concacha, a tres leguas al sur de Abancay en el camino que va de Lima al Cuzco. (El Perú antes de la conquista. Número quinto. Monumentos). En francés.

 

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Hace ya algunos años, nuestros estudios e investigaciones sobre las antiguas naciones indígenas de la América Meridional, principalmente de las que componían el imperio de los incas; nos habían llevado a reconocer la existencia de la raza nahual en estas provincias del lado de acá del istmo de Panamá; y después nos hemos confirmado cada día más y más en nuestro modo de pensar, viéndolo de acuerdo con la opinión de doctos y respetables americanistas contemporáneos.

Citaremos algunos de ellos:

Angrand, Carta sobre las antigüedades de Tiahuanaco. (En francés). Monsieur Leoncio Angrand residió largos años en el Perú y en Bolivia, como cónsul de Francia, y en sus trabajos arqueológicos dio pruebas de ser profundo conocedor de la historia americana y no un mero aficionado a ella.

Desjardins, Informe o juicio crítico sobre la obra anterior de Angrand, publicado en el Boletín de la Sociedad de Geografía de París. (Serie quinta. Tomo decimocuarto. 1867).

Dabry de Thiersant, Origen de los indios del Nuevo Mundo y de su civilización (En francés).

Brasseur de Bourbourg, El Popol Vuh y los mitos de la Antigüedad americana. En el Comentario o Introducción que precede a la traducción del Libro sagrado de los quichés. Este célebre americanista clasifica entre los indios de raza nahual a los puruhaes, antiguos pobladores de las provincias de Riobamba, Ambato y León.

Maury, La Tierra y el Hombre (Capítulo séptimo. Distribución de las razas humanas sobre la superficie del globo).

 

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El achatamiento o deformación artificial de la cabeza lo practicaban dos tribus o parcialidades en el Ecuador: los paltas, que poblaban casi todo el territorio de la actual provincia de Loja, al sur de nuestra República, y los indios que estaban establecidos en el litoral, desde la isla de la Puná hasta el puerto de Manta. Ahora bien, en la América Meridional tenían esta misma costumbre los aymaraes, derramados en las mesetas de Bolivia, y en la América Setentrional la observaban también los mayas de Yucatán y varias tribus de la nación Caribe, que poblaba las Antillas y gran parte de los territorios bañados por el Orinoco y sus afluentes: además se distinguían asimismo por esta costumbre los omaguas, establecidos en el alto Marañón. ¿Con cuál de estas naciones tenían relación las tribus ecuatorianas? ¿La tenían con los mayas? ¿La tendrían, acaso, con los Caribes? ¿De quién aprendieron los mayas semejante costumbre? ¿Imitaron, tal vez, en esto a los Caribes?

La inspección prolija de los cráneos podría darnos luz en este examen, pues, mediante ella, nos sería muy fácil conocer en qué sentido, o mejor dicho, de qué manera se solía practicar la deformación; pero todos nuestros esfuerzos para conseguir cráneos de los paltas y de los indígenas de Manabí han sido inútiles, y hemos logrado recoger tan sólo algunas obras de arte, en cuyo estudio nos ocupamos en el Atlas arqueológico.

Landa, Relación de las cosas de Yucatán (Página 85.ª, en la edición hecha en Madrid).

Bachiller y Morales, Cuba primitiva (Capítulo XIII). La deformación de los cráneos de los indios de las Antillas consta por el testimonio de Oviedo y de Herrera.

Nadaillac, La América prehistórica (Capítulo nono).

 

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Torquemada, Monarquía indiana (Libro sexto, Capítulo 42.º).

Brasseur de Bourbourg, Historia de las naciones civilizadas de Méjico y de la América central (Libro primero, Capítulo cuarto. Tomo primero). En francés.

 

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Humboldt, Historia de la Geografía del Nuevo Continente (Sección primera). En francés.

Gaffarel, Estudio sobre las relaciones de la América y del Antiguo Continente antes de Cristóbal Colón (Primera y segunda parte). En francés.

Castaing, «De los orígenes americanos» (Actas de la Sociedad Etnográfica americana y oriental. Tomo cuarto, 1864). En francés.

 

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Paravey, La América, bajo el nombre de país de Fou-Sang, ha sido conocida en Asia, desde el siglo quinto de nuestra era. (Publicación hecha en los Anales de filosofía cristiana. Año de 1884).

Adam, Luciano, El país de Fou-Sang (Congreso de los americanistas. Actas de la primera sesión celebrada en Nancy. Año de 1875).

Schere, Investigaciones históricas y geográficas sobre el Nuevo Mundo. (Capítulo cuarto). En francés.

Carrey, El Perú. Cuadro descriptivo, histórico y analítico de los seres y de las cosas de ese país (Capítulo octavo). En francés.

Cuanto más se estudia el Oriente, cuanto mejor se conoce la China, su historia y su literatura, tanto más se confirma el hecho de las comunicaciones del Asia con el Nuevo Continente. Carrey cita, en una nota de su capítulo octavo, documentos recientemente descubiertos en China, por los cuales constan el viaje de sacerdotes budistas a la América, mil años antes de que ésta fuera descubierta por Colón, y otras inmigraciones, de las cuales se encuentran no sólo recuerdos sino hasta itinerarios.

 

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Charnay, Las ciudades antiguas del Nuevo Mundo (Capítulo catorce. Palenque y sus templos). Edición de 1885.

D'Eichthal, Memoria sobre el carácter asiático búdico de algunos bajo-relieves de Palenque (Academia de Inscripciones y Bellas Letras. Año de 1864).

 

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Reclus, La tierra o Descripción de los fenómenos de la vida en el Globo (Primera parte, Capítulo segundo. Capítulo primero de la segunda).

Schimper, Paleontología vegetal o la flora del mundo primitivo en sus relaciones con las formaciones geológicas. Principalmente los capítulos sexto y séptimo, pero es de advertir que este naturalista sigue la teoría darwiniana en punto a la producción o generación de las especies.

Snider, La creación y sus misterios descubiertos. No es posible aceptar sin reserva las teorías de este escritor, el cual dice que los Paredones del Azuay y el Ingap-Pircca de Cañar no son monumentos de los incas, sino obra de otras gentes en muchos siglos anteriores a los incas. Sobre tan débiles cimientos funda su teoría de que la América estuvo ya poblada antes del Diluvio de Noé: según esto ¿el Inga-Pircca de Cañar será edificio antidiluviano? (Día sexto o sexta época. Reinado del hombre. Números XXVII-XXX). En francés.

 

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Los Mound Builders son los más antiguos habitantes de la América del Norte en los valles del Mississipi, del Ohio y del Missouri.

Nadaillac, La América prehistórica (Capítulos 1.º, 2.º, 3.º, 4.º y 5.º). En francés.

Baldwin, La América antigua (Secciones l.ª, 2.ª y 3.ª). En inglés.