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1

59-2. Con el título de La guarda cuidadosa, se conserva una comedia del divino Miguel Sánchez, impresa en la parte quinta de la Flor de las comedias de España, de diferentes autores (1615).

También se custodian en la Biblioteca Nacional de Madrid un manuscrito del siglo XVII que contiene dicha comedia, y otro de la misma época donde figura cierto auto sacramental rotulado La guarda cuidadosa.

La primera de dichas obras debe consultarse en la edición del Sr. Hugo A. Rennert (Boston, 1896).

La comedia de Sánchez sólo mantiene remotísima relación con el entremés cervantino. (N. del E.)1.1

 

1.1

[El aparato crítico del original aparece en Ocho comedias, y ocho entremeses nueuos, nunca representados, edición de R. Schevill y A. Bonilla, Madrid, Imprenta de Bernardo Rodríguez, 1918, páginas 205 a 213 (N. del E.)]

 

2

59-3. Pícaro se toma aquí en el sentido de picaño, equivalente, según Covarrubias, a «el andrajoso y despedazado».

En la curiosísima Representación de la historia evangélica del capítulo nono de Sanct Joan, de Sebastián de Orozco, dícele el ciego a Lazarillo:


    «¡Oh de la casta bellaca,
si te apaño!
Saquéte de ser picaño,
que andabas roto y desnudo,
y dite un sayo de paño...»



(N. del E.)

 

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59-21. Es obscuro el sentido de esta alusión. ¿Habrá errata, y querrá decir «caballo de Gonela» (Quixote, I, 1), el que tantum pellis et ossa fuit?

También puede ser que el sacristán tilde de hereje al soldado, porque la misma censura late en muchas alusiones a Ginebra que se leen en autores clásicos, como esta de Ruiz de Alarcón (La cueva de Salamanca, II, 1):


   «Tal fiesta allí se celebra,
que halla cualquier convidado
platos de carne y pescado,
como en viernes de Ginebra.»




    «Es como Ginebra el gusto:
sin leyes quiere vivir»,



escribe Lope en Pobreza no es vileza (III, 11).

Podría tratarse asimismo de un recuerdo donoso del conocido romance y del caballo en que


«cabalga doña Ginebra
y de Córdoba la rica
con trecientos caballeros
que van en su compañía».



Véase la pág. 241 del tomo IX de la Antología de Menéndez y Pelayo, y el tomo XII, pág. 469, núm. 1.

En cuanto a Ginebra (la ciudad) como centro de herejía, se menciona en el falso Quixote, al final: «No hay más verdad en ninguno della que en impresión en Ginebra.» (N. del E.).

 

4

59-23. «Tomar la mano -escribe Correas- para negociar o hablar.» «Tomar la mano -apunta Covarrubias- se dice el que se adelanta a los demás para hacer algún razonamiento.» Pero el tomar las manos a que se refiere Cervantes, debe de ser alusión a un lance del juego de naipes en que concurran las figuras de sota, caballo y rey. (N. del E.)

 

5

60-27. Decíase que era de epístola el subdiácono, porque entre sus ministerios estaba el de cantar la epístola de la misa. (N. del E.)

 

6

60-28. Es decir, que tiene cortado el cabello por igual, sin señal de corona, por no ser ni siquiera de prima tonsura. (N. del E.)

 

7

62-16.

«Lavazas, el agua sucia que sale de la ropa que se lava.»


(Covarrubias.)                


(N. del E.)

 

8

62-21. Correas trae así el refrán: «El perro del hortelano, que ni come las berzas, ni las deja comer al extraño»; y también: «El perro del hortelano, ni hambriento ni harto, no deja de ladrar.»

«TEODORO.
       Pierdo el seso
de ver que me está adorando,
y que me aborrece luego.
No quiere que sea suyo
ni de Marcela; y si dejo
de mirarla, luego busca
para hablarme algún enredo.
No dudes: naturalmente
es del hortelano el perro:
ni come, ni comer deja;
ni está fuera, ni está dentro.»

(Lope de Vega, El perro del hortelano, II, 31.)                


(N. del E.)

 

9

65-15. En Por el sótano y el torno (II, 9.ª; y en Quien no cae, no se levanta, I, 2.ª), de Tirso de Molina, Santarén, disfrazado de buhonero, pregona de este modo:


    «¿Compran peines, alfileres,
trenzaderas de cabello,
papeles de carmesí,
orejeras, gargantillas,
pebetes finos, pastillas,
estoraque y menjuí?...» Etc.



Estos vendedores solían ser franceses, generalmente de Gascuña, a quien el pueblo llamaba gabachos. (Compárese Castillo Solórzano, La niña de los embustes, cap. II.)

Sobre el hilo portugués, véase a E. Wallace, en su edición de La perfecta casada, de Fr. Luis de León (Chicago, 1903; págs. 90 y 91).

Véase también La viuda valenciana, de Lope, I, 15-17, donde se les moteja a los mercaderes de gabachos. En Servir a señor discreto, I, 9, también de Lope, se lee:

«D.ª LEONOR.  ¿Qué es lo que vendéis?

GIRÓN.  Estas coplas; ¿no las veis?

Y de un poeta de fama.

D.ª LEONOR.  ¿Coplas? Pensé que traía

puntas de Flandes y holandas.»



(N. del E.)

 

10

66-3. El texto: «mny bnen». (N. del E.)