Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
 

21

73-22. Zorra es uno de los infinitos nombres que en castellano tiene la embriaguez. Y es curioso que cualquier substantivo o adjetivo femenino puede servir en castellano para designarla, según el tono con que la frase se pronuncie. (N. del E.)

 

22

74-28. Tiro se decía de «la pieza de artillería que tira la pelota». (Covarrubias.) Dio es Diu, isla portuguesa del mar de Omán. El tiro de Dio era, sin duda, una descomunal pieza de artillería.

El P. Nicolao D'Oliveira, en su Livro das Grandezas de Lisboa (Lisboa, 1620), inserta un capítulo titulado «Das Fortalezas, Armazens d'Armas que tem esta Cidade», etc. (fol. 73), y después de haber tratado de las «fortalezas spirituais» (monasterios religiosos, etc.), añade: «E posto que a principal fortaleza das terras habitadas de Portugueses seja seus fortes peitos, robustos braços & inuenciueis animos, com tudo, como os inimigos cometem sempre com força d'armas, he necessario que com outra força se lhes desfaça a sua, & pera que nos naõ tomem desapercibidos & sem tempo de nos valermos de armas iguaes as suas, tem esta Cidade... seis fortalezas... A primeira he a muy vistosa & forte torre de Belem, plantada no meo do Rio, com mui forte & grossa artelharia, a qual com outra... guardaõ a entrada & sahida da Cidade...; fazendo o mesmo a grande & muy forte fortaleza, acõpanhada & cercada de fortisimos baluartes, com muy grossas peças de artelharia, chamada Saõ Juliaõ (Cervantes menciona esta fortaleza en el Persiles, II, pág. 9-17), situada em terra firme, no fim do Tejo.» Ahora bien: en el siglo XVI la isla de Diu sostuvo dos sitios que constituyen páginas gloriosas de la historia portuguesa, y nada de extraño tendría que, en conmemoración de tan importantes sucesos, hubieran dado los portugueses el nombre de «Diu» a una «grossa peça de artelharia» de Lisboa. (N. del E.)

 

23

78-21. En sus Sueños (Las zahurdas de Plutón), escribe Quevedo:

«Y si queréis reír, ved tras ellos los barberillos cómo penan, que en subiendo esos dos escalones, están en ese cerro. -Pero pasé allá, y vi (¡qué cosa tan admirable y qué justa pena!) los barberos atados y las manos sueltas, y sobre la cabeza una guitarra, y entre las piernas un ajedrez con las piezas de juego de damas; y cuando iba con aquella ansia natural de pasacalles a tañer la guitarra, le huía, y cuando volvía abajo a dar de comer una pieza, se le sepultaba el ajedrez, y ésta era su pena. No entendí salir de allí de risa.»


(Obras, ed. cit., I, pág. 315.)                


(N. del E.)

 

24

78-28. El texto: «ALM.» (N. del E.)

 

25

79-20. Personaje famoso de los romances. Gaiferos (cuyo nombre, en opinión de Milá, procede del vasco-merovingio Vifario, que luchó con los primeros carolingios y que la poesía transformó en compañero de Carlomagno) es el «Gaiferus, rex Burdigalensium», de Turpín. Con ayuda de su tío, mató al Conde D. Galbán. Después, casado con Melisenda, libertó a ésta de la cautividad de los moros, llevando a cabo grandes proezas.

Lo de «pretendiente de Gaiferos» no ha de entenderse como si el soldado pretendiese al héroe romancesco, sino en el sentido de «aspirante al papel heroico de Gaiferos». Semejantemente, se decía «pretensa de las dignidades», en la acepción de «aspiración» a ellas.

Se habla de Gaiferos en el Quixote, II, 25, 26 y 64. Véase el tomo IX de la Antología de Menéndez y Pelayo, págs. 57 y siguientes. (N. del E.)