151
Nótese que
el narrador añade, con algún eco de las
teorías lezamianas: «Al menos con
el rencor del americano y ese cierto orgullo vegetal y
paisajístico que con el tiempo sería confundido con
mero folklorismo»
(ibid., p. 85).
152
Los perros del Paraíso, p. 214.
153
El largo atardecer del caminante, p. 177.
154
Los perros del Paraíso, p. 101.
155
De hecho, en su
peregrinar en el tiempo, Posse imagina una evolución del
personaje en este sentido cuando, por boca del narrador, explica:
«Si bien no entendía la letra
exacta, con los siglos, Aguirre había aprendido a comprender
el sentido general de los signos. Se lo podría definir como
un semianalfabeto»
(Daimón, p. 142).
156
Ibid., pp. 22-23.
157
Ibid., p. 85.
158
Ibid., pp. 83-84.
159
Véase a este respecto el amplio análisis de Beatriz Pastor en Discurso narrativo de la conquista de América, La Habana, Casa de las Américas, 1983, pp. 17-109.
160
Véase Los perros del Paraíso, pp. 72 y 163-164.