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271

A quien elogia en la novela porque «conservó un ojo prístino» y, «a su modo, se transformó en "otro"» (ibid., pp. 123-124).

 

272

Los perros del Paraíso, p. 52.

 

273

El largo atardecer del caminante, p. 250.

 

274

Ibid., p. 214.

 

275

Ibid., pp. 131-132. El discurso de Dulján en estas páginas evoca asimismo una concepción del mundo que aparece en textos indígenas del XVI como el famoso Coloquio de los Doce, diálogo consignado por los informantes de Sahagún en el que los sabios aztecas respondieron a los franciscanos con afirmaciones como éstas:

Tal vez a nuestra perdición, tal vez a nuestra destrucción, es sólo a donde seremos llevados. [Mas], ¿a dónde debemos ir aún? Somos gente vulgar, somos perecederos, somos mortales, déjennos pues ya morir, déjennos ya perecer, puesto que ya nuestros dioses han muerto [...]. Oíd, señores nuestros, no hagáis algo a vuestro pueblo que le acarree la desgracia, que lo haga perecer... Tranquila y amistosamente considerad, señores nuestros, lo que es necesario. No podemos estar tranquilos, y ciertamente no creemos aún, no lo tomamos por verdad, aun cuando os ofendamos [...]. Es ya bastante que hayamos perdido, que se nos haya quitado, que se nos haya impedido nuestro gobierno. Si en el mismo lugar permanecemos, sólo seremos prisioneros. Haced con nosotros lo que queráis. Esto es todo lo que respondemos, lo que contestamos, a vuestro aliento, a vuestra palabra.

(Coloquio de los doce, en Miguel León-Portilla, Culturas en peligro, México, Alianza Editorial Mexicana, 1976, pp. 77-78).



 

276

Los perros del Paraíso, pp. 107-108.

 

277

Ibid., p. 211. Cf. La boca del tigre, pp. 401-402, donde estos mismos versos mayas son incorporados a la reflexión contemporánea del protagonista.

 

278

Véase Los perros del Paraíso, p. 210.

 

279

Id.

 

280

Recordemos que la primera edición del libro de Tzvetan Todorov, La conquista de América: el problema del otro, publicado originalmente en francés, es de 1982 y debió ser consultada por Posse antes de terminar esta novela, influyendo además de forma decisiva en la visión de Cabeza de Vaca que se muestra en El largo atardecer del caminante: de hecho, la misma identificación entre «descubrir» y «conocer» que encontramos en la cita inicial de este apartado es fruto de la lectura del pensador búlgaro.

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