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Según recogen A. Biaise y H. Chirat, Dictionnaire Latin-Français des auteurs chrétiens, Paris, 1954, s. v. extraneus, 3.ª acepción.

 

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También peregrino parece experimentar un deslizamiento semántico semejante: «su entendimiento [levanta] a las divinas inteligencias, porque ya está solo y desnudo de las contrarias y peregrinas inteligencias» (CB, 35, 5).

 

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En otros ejemplos se advierten igualmente estas relaciones de sinonimia: «lo primero, que arroje todos los dioses ajenos, que son todas las extrañas aficiones y asimientos» (IS, 5, 7); «... diciendo [la Esposa] que por eso ya no anda buscando su propia ganancia, ni se anda ocupa en otras cosas y tratos extraños y ajenos de Dios» (CB, 28, 2).

 

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Vid. para estos aspectos negativos inherentes al símbolo nocturno sanjuanista, mi trabajo El símbolo de la Noche de San Juan de la Cruz. Estudio léxico-semántico, Salamanca, Ediciones Universidad, 1982.

 

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En esta segunda parte de la definición coincide con la acepción documentada en el Siglo de Oro, si bien los textos pertenecen al XVII, suministrada por el DECH: «Nótese la ac. cásica "extraordinario" (Guzmán de Alfarache; Vélez de Guevara...; y muy frecunete) que a veces llega hasta "excelente" (Lope, El Cuerdo loco, v. 687)».

Significado que concuerda más o menos con la 2.ª acepción del Diccionario de Autoridades, Ed. Facsímil, 1984, Madrid, Gredos: «Vale también raro, singular, extraordinario: como caso extraño, condición extraña». Lat. «Res inaudita, nova, admiranda, insignis».

 

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Vid. a este respecto, MORREALE, M., «Sobre algunas acepciones de "extraño" y su valor ponderativo», RFE, XXXVI, 1952, pp. 310-317. En este trabajo se afirma que «la búsqueda de lo "extraño" en el sentido de cosa extraordinaria, misteriosa, paradójica, sería una característica de Cervantes y en general del espíritu barroco» (Ibidem, p. 310).

 

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Una exposición sintética y crítica de esta concepción -y de otras- del lenguaje poético puede verse en MARTÍNEZ, J. A., Propiedades del lenguaje poético, 1975, Oviedo, Archivum, especialmente pp. 207-270.

 

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Sólo en un caso «lo extraño» se inscribe en el campo de la «fealdad» o del «mal gusto», provocadores de rechazo, repulsión o, incluso, dolor: «Como si en un rostro de extremada pintura tocase . una mano muy tosca con extraños y bajos colores, sería el daño mayor y más notable que si borrase muchas [más] comunes y de más lástima y dolor» (LA, 3, 37). El sinónimo empleado es ahora bajo, opuesto a alto, que es el equivalente de lo excelente en hermosura y maravilla que se concentra en extraño.

 

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Acepciones 3.ª, 4.ª y 5.ª del Diccionario de Autoridades, s. v. alto.

 

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Del mismo modo en este otro pasaje: «sube [el alma] a Dios por muy altas y levantadas noticias de la divinidad y por excesos de amor muy extraños y extraordinarios de los que ordinariamente se suelen tener» (CB, 19, 2).

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