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Ali-Bek

Tragedia original en cinco actos

María Rosa Gálvez

portada

¡Ah! Que el remordimiento del culpado

jamás pudo acallar el poderío;

jamás el criminal halló en su lecho

el descanso a los justos concedido.


Hassan. Acto quinto, escena segunda.



PERSONAJES

ACTORES

AMALIA,cautiva cristiana, esposa de Ali-Bek. SEÑORA MARÍA GARCÍA.
ALI-BEK, Bey de Egipto. SEÑOR BERNARDO GIL.
MAHOMAD, esclavo de Ali-Bek.SEÑOR RAFAEL PÉREZ.
MORAD, Bey de Alejandría. SEÑOR JUAN CARRETERO.
ROBERTO, Conde de Bassancur, bajo el nombre de Hassan. SEÑOR VICENTE GARCÍA.
ISMAEL,esclavo de Morad. SEÑOR AGUSTÍN ROLDÁN.
COMPARSA DE MAMELUCOS.

La escena es en las alturas de Saldeik, en lo interior de la tienda de Mahomad, magníficamente adornada al uso oriental.

Habrá hacia el foro una mesa al gusto asiático, y varios almohadones para sentarse.

La presente tragedia es enteramente original. Su acción está sacada de la historia de Egipto, y de la rebelión, sorpresa y muerte de Ali-Bek acaecida en aquel país a mediados del siglo último. Lo estéril del asunto, y el poco interés que podría causar su representación, si nada se hubiese añadido a los hechos históricos, han movido a la Autora a inventar algunos, que con sólo recorrer la relación del suceso sobre que se funda este drama, podrán ser fácilmente conocidos. La novedad de ser esta composición obra de una señora española, la del asunto mismo, no tratado hasta ahora por otro, y la indulgencia que debe esperarse de un público civilizado, dan a la Autora fundadas esperanzas de que la crítica de este drama será juiciosa y urbana. Con estas calidades admitirá gustosa cualquiera advertencia razonable; y ofrece, con tal que lo sea, aprovecharse de ella para corregirse en otras composiciones en que actualmente trabaja.

Acto primero

Escena I

MORAD e ISMAEL.

ISMAEL
Ya estáis obedecido: nuestras tropas
quedan en las alturas apostadas;
y en la llanura inmensa del desierto,
que al Egipto se extiende desde Gaza,
descubrirán la marcha presurosa
5
del rebelde Ali-Bek: su confianza,
ignorando el peligro que le espera,
un sangriento destino le prepara.
Su esposa Amalia, que en la obscura noche
ha sido por mi esfuerzo aprisionada,
10
destrozando, a favor de las tinieblas,
las tropas con que Omar la custodiaba,
rendida a su dolor yace en mi tienda;
lamenta de su suerte la desgracia:
y cuando de Ali-Bek pronuncia el nombre,
15
vuelve a correr su llanto en abundancia.
MORAD
Pronto serán sus lágrimas preciosas
enjutas por mi mano; y mi venganza
romperá para siempre la cadena,
que a un tirano la tiene esclavizada.
20
Luego, Ismael, que su pequeña escolta
se anuncie por el polvo que levanta
la arena abrasadora del desierto,
ordena que se formen en batalla
los bravos Mamelucos que me siguen,
25
y a darme aviso vuelve sin tardanza.
El Árabe Daher espera en vano,
que jurada en el Cairo su alianza,
permanezca en Egipto bajo el yugo
que ignominiosamente lo avasalla.
30
ISMAEL
Permitiré, señor, a vuestro esclavo
que preguntaros pueda, ¿por qué causa,
si el valor de Ali-Bek, y sus victorias
un tiempo mereció vuestra alabanza,
ahora en contra suya armáis el brazo,
35
protegiendo la pérfida arrogancia,
la ambición de Mahomad y sus rencores?
El nombre de Morad los Mamelucos,
por su valor y sus piedades aman:
nunca le vieron oprimir tirano
40
las márgenes del Nilo desoladas;
y cuando habéis llamado sus esfuerzos
para el marcial combate, no esperaban
que en favor de un traidor aborrecido
pudierais conducirlos a campaña.
45
MORAD
Ismael, la amistad que te dispenso
disculpa la osadía con que tratas
penetrar los secretos de mi pecho.
Tu celo y tu valor, que de mis armas
dirigen el esfuerzo y la obediencia,
50
te llegó a merecer mi confianza.
No pienses, no, que de Morad la gloria
manchará la ambición; mas noble causa
me obliga a combatir contra un guerrero,
que temblaron las huestes otomanas.
55
El amor me declara su enemigo:

(MORAD hace un movimiento de admiración.)

amor arma mi brazo. ¿Por qué extrañas,
si generoso soy, si soy sensible,
que ame mi corazón? Cuando la fama
celebra de los héroes las virtudes,
60
son obra del amor las más sagradas.
Ali-Bek me ha robado mis placeres
valido del poder de su privanza
con el Bey Ibrahim; él me ha ultrajado;
laque nombra su esposa, era mi esclava.
65
Yo la amaba, Ismael; los tiernos años,
los inocentes juegos de la infancia,
mis primero ardores juveniles,
en dulce paz volaron con Amalia.
Sus padres, que de un largo cautiverio
70
lamentaban la suerte desgraciada,
con placer vieron los amantes votos
que hizo mi corazón por libertarla.
Su madre virtuosa, al tiempo mismo
que aplaudía la unión de nuestras almas,
75
víctima fue de la implacable muerte,
que sepultó con ella mi esperanza.
Su padre, de allí a poco, fugitivo
abandonó esta hija desdichada;
y cuando yo con amorosa mano
80
iba a enjugar el llanto de mi amada,
ambicioso Ali-Bek, a mi despecho,
de entre mis brazos con furor la arranca.
Vanamente después, por largo tiempo,
reclamé mi cautiva; desposada
85
con este revelado victorioso,
mi funesta pasión desesperada
se redujo al silencio, y en secreto
devoré mis tormentos y mis ansias.
Mas ahora que Mahomad contra el rebelde
90
invoca mi valor; cuando mi espada
puede quitarle con honor la esposa
que el cielo destinaba a mi constancia,
me verás darle muerte, y victorioso
unirme para siempre con Amalia.
95
ISMAEL
Yo a vuestro lado derramar ofrezco
toda mi sangre por tan justa causa.
Mas si triunfáis, decid, ¿estáis seguro
de volver a ser dueño de la esclava?
Mahomad a su rencor inmolar puede
100
la esposa de Ali-Bek.
MORAD
No: su palabra
me dio de conservarme mi cautiva,
si logro la victoria deseada.
Sólo a este precio pudo de mi brazo
obtener el socorro de la patria.
105
Ya es tiempo que el Egipto desolado
cobre la libertad, y que mis armas
venguen su afrenta, y mi amoroso ultraje.
Sobre todo, te encargo que mi guardia,
empezado el combate, aquí conduzca
110
la esposa de Ali-Bek, mientras mi saña,
destruyendo al soberbio cuerpo a cuerpo,
logra darle la muerte en la batalla,
y ornado del laurel de la victoria,
vuelvo a ofrecer mi corazón a Amalia.
115

(Mirando adentro.)

ISMAEL
Mahomad aquí se acerca.
MORAD
Parte, amigo;
confío en tu valor y vigilancia.

(MORAD se va.)

Escena II

MORAD y MAHOMAD.

MAHOMAD
¡Con cuánta lentitud, Morad valiente,
los instantes inciertos que preparan
la ruina de un tirano se aproximan!
120
¡qué perezosa llega la venganza,
y qué pronto el ultraje se recibe!
Mil recelos me cuesta la tardanza
del infame Ali-Bek; si la fortuna
su vida ha libertado de las tramas
125
con que el Diván político ha intentado
destruir un rebelde; si fue vana
la ponzoña mortífera, el acero,
y el funesto cordón, quizá burladas
serán tus esperanzas, y mis iras.
130
MORAD
No receles, Mahomad: está cansada
de servir la fortuna a un ambicioso;
y aunque merece su soberbia osada
perecer con oprobio, brazo a brazo
espero darle muerte en la campaña.
135
Tú no olvides en tanto que a mi esfuerzo
deberás este triunfo; que tu rabia
se consumiera en vergonzosa envidia,
si yo no te ayudase; en fin, que nada
sino el amor pudiera violentarme
140
a ser aliado tuyo.
MAHOMAD
Esta alianza
traerá la paz al afligido Egipto.
Tú, ocultando también tu ardiente llama,
puedes dar una causa decorosa
al celo que te anima. ¿Qué? ¿la patria,
145
la Siria, el Delta, el África oprimida,
no excita tu valor a libertarla?
¿No lidiarás, Morad, con mayor gloria
por tan noble motivo, y que la infausta
guerra civil, del Nilo destructora,
150
quede por tu heroísmo aniquilada?
¿qué es el amor, al fin, en nuestro clima?
Una sombra fugaz, una voz vaga,
que en el Harem gozamos sin peligro,
sin susto, ni temor; allí humilladas
155
de Mingrelia y Georgia las bellezas
disputan de su dueño una mirada.
Soberanos del sexo, a nuestro arbitrio
gozamos el deleite, y...
MORAD
Mahomad, basta.
¿Presumes tú que puedes tus rencores
160
cubrir del nombre sacro de la patria?
¿Tú, comprado a la falda del Caúcaso,
como lo fue Ali-Bek; a su privanza
elevado por él, ingrato luego,
y a tu dueño traidor, tienes la audacia,
165
de ennoblecer tus quejas y tu envidia
en favor del Egipto? ¡Tú comparas
el tierno amor con el brutal deleite;
el amor, que en Europa ofrece el alma
en voluntario don a quien adora,
170
con las caricias tristes y forzadas
que hace la esclavitud a sus tiranos!
A ti no corresponden las sagradas
prendas de libertad y de albedrío,
porque no las conoces: la inhumana
175
ambición de mandar estos países
abrigas en tu seno; si lograrla
esperas por mi medio, no compares
el tierno amor a una pasión tan baja.

Escena III

MORAD, MAHOMAD e ISMAEL.

ISMAEL
Venid, señor, venid: se ha descubierto
180
la escolta de Ali-Bek, y de su marcha
no permite dudar el polvo denso,
que la brillante luz del sol empaña.
Si esperamos se acerque, más segura
tenemos la victoria; descuidada
185
su gente, cuando llegue a estas alturas,
puede ser destruida con ventaja.
MORAD
No con ventaja infame; en campo abierto
hemos de combatir sin emboscadas.
Nuestra caballería a rienda suelta,
190
como suelen volar esas montañas
de arenas encendidas, que sepultan
ejércitos enteros, arrastradas
por un viento de fuego, así impelida
de mi valor sepultará su audacia.
195
Tú, Mahomad, con los tuyos este sitio
puedes guardar tranquilo; a ti te basta
gozar de la opulencia sin peligro;
y si has de coronar tus esperanzas,
respetar en Amalia la belleza,
200
que conduce mi brazo a la venganza.

(Vase con ISMAEL.)

Escena IV

MAHOMAD solo.

MAHOMAD
Soberbio, tú me insultas; pero teme
que se llegue a lograr: teme la saña
de mi rencor, si llego a coronarme
como supremo Bey: cada palabra,
205
cada voz injuriosa, cada acento
te costará un suplicio: en ti mi rabia
desplegará el furor de los tiranos
inventando tormentos. Poco falta,
si logras la victoria y tus amores,
210
para que yo castigue tu arrogancia.

(Llamándole.)

Hassan.

Escena V

MAHOMAD y HASSAN.

MAHOMAD
Ya llegó el momento
que anhelamos los dos: ya en la campaña
Ali-Bek y Morad, fieros y altivos,
combaten por vengarnos. Pero acaba
215
de confiar la causa de tus quejas
a un amigo leal; yo sé que guardas
en tu pecho el dolor; sé que a mi lado,
despreciando el poder y la privanza
que te ofreció Ali-Bek, vives oculto:
220
tú me has seguido en medio de las varias
fortunas de mi vida, abandonando
tu antigua religión, y esta mudanza,
llenándote de honor entre nosotros,
te dio la libertad, que deseabas.
225
HASSAN
¡Ay Mahomad! No pretendas que renueve
la memoria fatal de mis desgracias,
derramando las penas, que me afligen
en tu seno amistoso: la constancia
con que sufro mi larga desventura
230
pudiera vacilar, si la explicara.
Goza de tu opulencia, fiel amigo,
y no examines la funesta llaga
que oculta un corazón desesperado.
¡Ah! Déjame morir.
MAHOMAD
Cuando me llamas
235
amigo fiel, pretendes ocultarme
tu profundo tormento; en vano tratas
mantener el silencio: si deseas
la libertad de tu querida Amalia,
habla, o teme que ofenda tu secreto
240
mi poder y amistad.
HASSAN
Si tu amenaza
fuera contra mí solo, inútilmente
pudieras obligarme; pero el alma
me penetra el peligro de una hija
que puede en este día ser tu esclava.
245
Este nombre afrentoso, que ha sufrido
desde los tiernos años de su infancia,
yo le fijé por siempre: he profanado
de la naturaleza las sagradas
leyes consoladoras: poseído
250
de un pánico terror, mi mano ingrata
vendió su propia sangre... Tú no ignoras
que arrancado del seno de la Francia,
cautivo con mi esposa, y con mi hija,
que dos años tenía, fue comprada
255
por Morad y su padre la existencia
de mi triste familia: que lograra
mi libertad, si esta querida esposa
no falleciera del dolor postrada.
Inútil fue la sabia medicina,
260
que en África aprendí, para librarla
de la espantosa muerte, y esta ciencia
de mis negros delitos es la causa.
MAHOMAD
¿Cómo?
HASSAN
Escucha, Mahomad: yo fui llamado,
poco tiempo después de esta desgracia
265
al Harem de Ibrahim: en él doliente
una belleza enferma deseaba
los socorros del arte: sorprehendido
en su recinto por su misma guardia,
no sólo fue preciso que abjurase
270
mi antigua religión; pero forzada
firmó mi mano trémula el contrato
que a esclavitud eterna condenaba
la vida de mi hija; y a este precio
pude salvar la mía; autorizada
275
de Ali-Bek la pasión con tal derecho,
el Bey le concedió su nueva esclava.
¡Ay! No la he vuelto a ver; sé que es su esposa;
sé que amante la sirve, la idolatra;
ha querido con toda su grandeza
280
borrar esta violencia; pero nada
puede acallar el cruel remordimiento,
que el corazón me oprime: si mi Amalia
supiera que este padre, que ella llora
perdido y fugitivo, es quien la arranca
285
a su primer amante; que la vende
este bárbaro padre... ¡Suerte infausta!
Aleja para siempre este momento
de llanto y de dolor: que horrorizada,
sabiendo mis delitos, no maldiga
290
al execrable autor de su desgracia.
MAHOMAD
Modera tu aflicción: hoy es el día
de romper su cadena, de librarla,
de volverla a Morad, y que en sus brazos

(Tiros a lo lejos.)

olvide... Pero escucha: ya trabada
295
está la acción sangrienta... Oye el terrible
estruendo de la muerte... Mas la guardia
de Morad no le sigue en el combate:
el pérfido Ismael, ¡oh suerte airada!
tampoco fue con él. ¡Oh! ¡vil fortuna!
300

(Todos lo versos desde «Mas la guardia» hasta «fue con él», debe decirlos mirando adentro.)

Escena VI

MORAD, MAHOMAD y HASSAN.

MAHOMAD
¡Ah, cobarde! ¿pues cómo desamparas
a tu señor, cuando al peligro corre?
¿Cómo así te detienes? Traidor...
ISMAEL
Calla:
no injuries mi valor. Aquí conducen
la esposa de Ali-Bek, que arrebatada
305
fue por mi brazo al despuntar el día
venciendo, a los que osados la escoltaban;
respeta su dolor, mientras yo vuelo
al campo de la gloria. Allí mi espada

(Saca el sable.)

al lado de Morad, y en su defensa
310
hará inmortal mi nombre, y mis hazañas.

(Vase.)

(Estos versos debe decirlos como fuera de sí, y al irse manifestarse agitado del miedo, de que AMALIA le alcance a ver.)

HASSAN
¡Oh maldad! ¡oh hija mía! Yo no puedo
soportar tu presencia: yo soy causa
de tu doliente llanto. ¡Oh si la tierra
esconderme pudiese en sus entrañas!
315

(Vase.)

Escena VII

MAHOMAD y AMALIA: ésta es conducida con violencia por los Mamelucos: trae rasgado el velo, con que debiera tener cubierto el rostro.

AMALIA
¿Adonde me arrastráis, hombres crueles,
cuando Ali-Bek peligra? ¿Así ultrajada
me arranca vuestra bárbara violencia
a la muerte que invoco? ¿Así profana
vuestro furor la esposa miserable
320
de un ilustre guerrero? Separada
de su lado, la vida me es odiosa.
¡Ah! Volvedme a la escena sanguinaria
que forjó la traición y la perfidia;
que yo espire con él; que mi constancia
325
pueda añadir, si muere en el combate,
una víctima más a vuestra rabia.

(A los Guardias.)

MAHOMAD
Apartáos. Señora, vuestro llanto

(A ella.)

enternece mi pecho: a vuestras plantas

(Arrodillándose.)

humillado tenéis, a quien procura
330
libraros del horror que os sobresalta.

(Se levanta.)

En este pabellón podéis segura
esperar, que la suerte de las armas
cambie vuestro destino.
AMALIA
Y tú, ¿quién eres?

(Inclinándose profundamente.)

MAHOMAD
Vuestro esclavo: Mahomad.
AMALIA
¿Y respetada
335
en tu tienda seré? ¡Tú, cuyo nombre
lleva tras sí la vergonzosa infamia,
el llanto de los pueblos, las traiciones,
tú que dejas tus huellas señaladas
con sangre de inocencia, tú me ofreces
340
compasión y respeto! No me engañan
ni tus humillaciones despreciables,
ni el artificio vil de tus palabras.
MAHOMAD
Pensad lo que gustéis; pero no es tiempo,
si receláis la suerte que os aguarda,
345
de insultar un poder, que puede daros,
o la vida, o la muerte. Custodiadla.

(A los Guardias, y se va.)

AMALIA
La muerte: yo la imploro. ¡Dios eterno!
Fortaleced piadoso mi constancia;
libertadme de un monstruo aborrecido,
350
o terminad mi vida desgraciada.

(Se va acompañada de los Guardias, de los cuales quedan dos a la puerta por donde entra.)

Acto segundo

Escena I

HASSAN solo por el lado opuesto, a los Guardias.

HASSAN
¡Oh! día de terror: por todas partes
cadáveres, y miembros mutilados;
moribundos lamentos, tristes ayes
de ese desierto pueblan el espacio.
Los que viven, furiosos combatiendo,
5
en su venganza atroz encarnizados,
desesperados mueren; y en mi pecho,
de esta escena de rabia horrorizado,
con triste voz, con eco pavoroso
naturaleza fiel está gritando.
10

(Mirando al pabellón donde está AMALIA.)

¡Oh hija mía! Tú gimes. ¡Si a lo menos
yo pudiera enjugar tu amargo llanto!
¡Si en mi seno llorases! Y el consuelo
te diera, quien tus males ha causado;
yo fuera más feliz... Mahomad se acerca.
15

(Mirando al lado opuesto.)

Escena II

HASSAN: MAHOMAD apresurado.

MAHOMAD
Hassan, todo se pierde: derrotado
el campo de Ali-Bek, sus tropas huyen;
las nuestras al momento le cercaron;
la multitud le acosa, y mal herido
al fin le precipitan del caballo,
20
que espira bajo el peso que le oprime.
Furioso se levanta: y desnudando
el alfanje terrible, cada golpe
señala con la muerte de un contrario.
Semejante a un león, que en la caverna
25
que se formó la astucia, encadenado
ruge, y en cada giro de sus garras,
destroza al que se acerca temerario:
así desesperado se defiende;
su muerte era segura: pero en tanto
30
llega Morad, y manda se retiren
las tropas que le cercan; olvidando
el trance peligroso, quiere altivo
obtener la victoria por su brazo
en singular combate. Yo lo he visto,
35
conteniendo el furor de los soldados,
perseguir su enemigo hacia esta tienda.

(Mirando adentro: ruido de espadas.)

Pero atiende; ya llegan. Hassan, vamos:
y si lo libertare la fortuna
del valor de Morad, aprisionado
40
no lo podrá salvar de la ponzoña,
que pienso que reciba por tu mano.

(Se retiran. Vase HASSAN, y MAHOMAD se queda en el foro.)

Escena III

ALI-BEK, herido en la cabeza, riñendo con MORAD, que lo persigue y detiene al mismo tiempo a ISMAEL, y los Mamelucos que quieren acometerle. A los Comparsas.

MORAD
Tened: no le matéis. Ríndete, fiero;

(A él.)

goza de mi piedad el corto espacio,
que de vida te resta.
ALI-BEK
Aún no has vencido:
45
este aliento... la sangre que derramo...
el furor que circula por mis venas...
mi esposa arrebatada por tu mano...
todo pide venganza, sí, venganza...
antes que muera, quedaré vengado.
50

(Esforzándose para reñir.)

Defiéndete.
MORAD
Feroz: ¿así te obstinas,
mi generosa oferta despreciando?

(En acción de herirlo.)

Pues muere a mi furor.

Escena IV

(AMALIA, y los dichos. Aquella arrojándose entre los dos, y poniéndose delante de ALI-BEK.)

AMALIA
Bárbaro, hiere:
hiere este pecho fiel; este es el paso
para su corazón: penetra el mío,
55
si has de lograr su muerte. Temerario,
¡tiemblas, y te horrorizas! ¿Qué te espanta?
Colma con esta acción tus atentados.
MORAD
Amalia... Tú desarmas mis furores:
la vida de tu esposo está en mi mano;
60

(Arrojando el sable.)

pero tú la defiendes... ¡Ah! Yo cedo:
respeto la virtud, y avergonzado
de causar los tormentos que te afligen,
procuraré a lo menos no aumentarlos.

(Desfallecido.)

ALI-BEK
Es tarde ya... Las sombras de la muerte...
65
me privan de la luz... Si tú has formado
esta infame sorpresa... Si has vendido
mi cabeza al Diván... ya has consumado

(Llevándose la mano a la frente.)

tu abominable crimen... Esta herida...
la sangre que he perdido... todo... En vano
70
esfuerzo mi valor... ¡Oh esposa mía!
AMALIA

(se acerca.)

acércate... que espire yo en tus brazos.

(Se apoya en sus brazos.)

AMALIA
¡Desventurado esposo! ¡triste Amalia!
¡Dios supremo, piedad!

Escena V

Dichos y MAHOMAD. Aparte en el foro.

MAHOMAD
Ya es necesario
presentarme, ocultando mis rencores.
75

(Se acerca.)

Señora, permitidme que renovando
mis piedades por vos, haga se cuido
a mi dueño Ali-Bek, y recostado
sobre mi propio lecho, al punto llamen
a mi médico Hassan; que los cuidados
80
del arte y del respeto se prodiguen
por tan preciosa vida, y olvidando
vuestras injustas quejas, sed vos sola
quien procure en sus males aliviarlo.
AMALIA
Esta piedad pudiera tus traiciones
85
hacer menos horribles; si ocultando
algún designio atroz...
MAHOMA
Basta de injurias:
ejecutad mis órdenes. Llevadlos.

(A los Guardias, que retiran a AMALIA, y ALI-BEK a lo interior de la tienda.)

Escena VI

MAHOMAD y MORAD. MORAD queda suspenso a la esquina del teatro.

MAHOMAD
¡Ah! Morad, ¿estos eran los furores,
que excitaban tu amor? ¿así humillado
90
de una mujer desarma de tu brazo
una mirada sola, una palabra

(Volviéndole el sable a MORAD.)

la furia vengadora? Di,¿qué esperas
si viviese Ali-Bek? ¿Es este el pago
debido a mi alianza y mis favores?
95
¿Por qué no has permitido que en el campo,
donde lidiaba fiero, lo matasen?
Su orgullo quedaría sepultado,
libre tu amor, el Gran Señor servido,
el Egipto triunfante, y yo vengado.
100
MORAD
No atormentes, Mahomad, con tus furores
mi triste corazón, cuando me abraso
en celosas angustias: ¿es posible
que Amalia, mis amores olvidado,
sólo adora a Ali-Bek? Sí, yo la he visto,
105
insultando las iras de mi brazo,
presentarme aquel pecho, donde un tiempo
creyó Morad vivir idolatrado.
¡Mudable! Su ternura, su constancia,
sus inocentes gracias, sus encantos,
110
sus tiernos juramentos ¿qué se hicieron?
Todo, menos su rostro, se ha mudado.
¿Ah! Más bella, que nunca, su hermosura
desarmó mi furor. Yo vi su llanto
por mi causa correr, y confundido
115
quedé de mi victoria avergonzado.
MAHOMAD
Desprecia su memoria; no una esclava
humille tu valor; no un amor vano
pueda abatir el alma generosa
del vencedor Morad; goza bizarro
120
el triunfo a que te eleva la fortuna,
y piensa que el deleite...
MORAD
¡Ah! No volvamos
al bárbaro discurso, que le niega
sus más puras delicias; no me es dado
olvidar la belleza, que constante
125
desde mis tiernos años idolatro.
Si yo pudiese hablarla; si a lo menos
mi sentencia escuchase de su labio,
yo muriera a sus pies, y con mi muerte
fuera feliz su corazón ingrato.
130
MAHOMAD
En breve la verás a ti humillada
implorar tu piedad; en breve espacio
de Ali-Bek el poder, y la grandeza
fugaces volarán: este contrario,
ni a mi fortuna, ni a tu amante llama
135
oponerse podrá. Sabe...

(Viendo venir a HASSAN, se detiene.)

Escena VII

Dichos y HASSAN.

HASSAN
Aliviado
queda Ali-Bek de su profunda herida.

(MORAD observa con sorpresa a HASSAN desde el momento que empieza a hablar.)

Las benéficas plantas, por mi mano
aplicadas, calmaron sus dolores.
Para animar su espíritu ha tomado
140
un licor saludable, que le vuelva
sus fuerzas abatidas.
MORAD
No me engaño:

(Aparte.)

Es su voz, su semblante. Di: ¿no eres

(A él.)

el padre de mi Amalia? ¿Cómo, cuando
perdido ella te llora, en este traje
145
y en este sitio estás?
HASSAN
Morad, en vano
es ya ocultar mi suerte. Soy tu padre,
sí; yo soy ese padre desgraciado:
ella, cuando mis manos oficiosas
curaban a su esposo, examinando
150
estuvo mi semblante; de sus dudas
se quiso asegurar. Yo la he dejado
en la tierna inquietud, conque sus ojos
buscaban en mi rostro el desengaño.
Aún no ha llegado el tiempo, en que sin susto
155
pueda estrechar mi hija entre mis brazos.
MAHOMAD
¿Sabes que ella me ultraja?
HASSAN
Generoso
perdona sus flaquezas; no irritado
con tu presencia aumentes sus pesares.
Bastante su desgracia la ha humillado.
160
Yo temo su virtud, temo su vista,
temo su voz, y los terribles cargos
que agravarán mis bárbaros delitos.
¡Ah! Por piedad, Mahomad, al punto huyamos.

(En ademán de irse, queriendo llevarse a MAHOMAD.)

Ella vendrá a este sitio: Morad puede
165
hablarla de su amor; pero ocultando
que sabe de su padre: ella se acerca;

(Mirando adentro.)

consuela su dolor...

(A MORAD.)

MAHOMAD
Ya basta, vamos.

(Se van MAHOMAD y HASSAN.)

Escena VIII

MORAD y AMALIA. AMALIA sin ver a MORAD.

AMALIA
¡Cielos! ¿será mi padre el que piadoso,
con el nombre de Hassan, sobresaltado
170
a mi esposo socorre? Si pudiese
hablarle un solo instante... Pero al paso

(Viéndole.)

Está Morad: ¡gran Dios! ¿cómo te atreves

(A MORAD.)

a exponerte a mis ojos? ¿Qué, inhumano,
pretendes, que renueve con tu vista
175
la dolorosa causa de mi llanto?
MORAD
No, Amalia; si pensara que mudable
mi amor, y mis finezas olvidando,
detestabas la mano que pretende
arrancarte al dominio de un tirano,
180
jamás mi nombre y mi valor se unieran
al rencor de Mahomad: pero, ¿insensato!
no es por aquella Amalia que me amaba
por quien he combatido; ella ha mudado
en odio el tierno amor, y ha preferido
185
la riqueza y la gloria de un esclavo.
AMALIA
Si fue esclavo Ali-Bek, ya solo es héroe
su bondad, sus victorias y sus lauros
le hicieron digno de mandar el pueblo,
que de un infame yugo ha libertado.
190
Si él me nombra su esposa; si en mi obsequio
las tiránicas leyes del serrallo
para siempre rompió; si compasivo
concede libertad a los Cristianos,
contra tantas virtudes mal pudiera
195
negarle un corazón, que ha conquistado
amante y generoso. Tú no ignoras,
que de mi religión los ritos santos
el nombre y los deberes de una esposa
justamente en la tierra consagraron:
200
que la dulce esperanza de que fuera
por esta religión menos tirano
el gobierno feroz de estas regiones,
hizo que yo te amase, como hermano,
desde mi edad primera.
MORAD
¿Tú te acuerdas
205
del venturoso tiempo, en que a tu lado
creció mi inclinación con tu hermosura?
¡Ingrata! ¿Cómo puedes recordarlo,
sin que el rubor te oprima? Di:¿te acuerdas
cuando tu madre, uniendo por su mano
210
las nuestras inocentes, de tus votos
hizo testigo al cielo? ¿Has olvidado,
que en el día feliz de esta promesa,
de dos jóvenes palmas enlazando
las amarillas hojas, y en su sombra
215
ceñida tú de mis amantes brazos,
ella misma grabó en los verdes troncos
el nombre de los dos, y así exclamando:
creced, árboles, dijo, tan unidos,
como Amalia y Morad en dulce lazo
220
felices vivirán... ¡Oh árboles fieles!
Jamás dividida el espantoso rayo
las ramas, que cubrieron mis delicias;
y que en vuestra corteza el nombre ingrato
de una mujer perjura, me recuerde,
225
que vosotros amáis, y ella ha olvidado.
AMALIA
Basta, cruel Morad, que tus pesares
mi corazón sensible destrozando
con tu inocente amor, y la memoria
de mi infelice madre, han inventado
230
el tormento más bárbaro, que puede
sufrir la triste Amalia. Di: ¿qué amparo
quedó a mi juventud, cuando la muerte
la arrancó de mi seno? Demasiado
lloré y sentí. La fuga de mi padre,
235
de que ignoro el motivo; el atentado
de ofrecerme Ibrahim a nuevo dueño;
no saber más de ti; vivir dos años
en poder de un guerrero, cuya gloria,
cuya terneza al fin combatí en vano;
240
sin otro apoyo en todo el universo
que el valor invencible de su brazo,
¿qué puede hacer?
MORAD
Morir.
AMALIA
Nunca la muerte
extiende su guadaña al desgraciado.
MORAD
Pero tú amas, ingrata, a quien te priva
245
de tu primer amante: tú has librado
a Ali-Bek de mis iras.
AMALIA
¡Ay, Morad! No pretendas satisfaga
las quejas de tu amor; quizá mis labios
te han dicho más que deben.
MORAD
Pero al menos,
pudiera yo esperar, que libre acaso,
250
si muriese Ali-Bek...
AMALIA
¡Vana esperanza!
Delito fuera sólo imaginarlo.
Olvida para siempre una infelice,
que oprime la fortuna; solo aguardo,
por última fineza, que me digas
255
lo que saber anhelo. Yo he observado,
Morad, todas las señas de mi padre
en el rostro de Hassan; su sobresalto,
su voz interrumpida, sus miradas
confirman mis sospechas; mas no alcanzo,
260
por qué ha mudado el traje, y se me oculta.
Desengáñate tú: ¿sabes acaso?...
MORAD
Sé, Amalia, que es tu padre; pero ignoro
cual puede ser su suerte.
AMALIA
¡Cielo santo!
¿Si ha olvidado su Dios? ¿si me aborrece?
265
Corre, Morad, te ruego; ve a buscarlo.
Hazle venir aquí; solo un momento
basta a satisfacerme. Si ha quedado
en ti alguna piedad de mis desdichas,
proporciona este alivio a mi quebranto.
270
MORAD
Sí, adorable mujer, serás servida:
que aunque ingrata me olvides, puede tanto
la hermosura y virtud, que a mi despecho,
cuanto más me desprecias, más te amo.

(Vase.)

AMALIA
¡Generoso mortal! ¡oh! premie el cielo
275
la heroicidad de un pecho tan bizarro.

(Vase.)

Acto tercero

Escena I

AMALIA sola.

AMALIA
Dios de piedad, desciendan de tu trono
las piedades que invoco; tu clemencia,
de mi esposo los males aliviando,
consuelo a mi dolor también conceda.
Esta infeliz, que nunca ha conocido
5
la dulce libertad, sobre la tierra
no tiene más apoyo, que su vida.
Mi padre me abandona, y aún me niega
el placer de su vista: el mundo todo
es para mí un desierto, donde fieras,
10
la maldad, la ambición y la perfidia
disputan el poder y la grandeza.
Horror por todas partes, sangre, muerte
respiran estos climas; donde quiera
que el rostro vuelvo, que mis ojos fijo,
15
veo desolación. ¿ah! qué existencia
Mirando adentro, donde se supone que duerme Ali-Bek.
tan miserable gozo. ¡Pero cielos!
¿Qué extraña agitación de nuevo altera
el sueño de mi esposo? ¿Qué terrores
20
turban su corazón?

Escena II

AMALIA, y ALI-BEK saliendo horrorizado.

ALI-BEK
Sombra funesta,
no me arrastres contigo hasta el sepulcro:
no me atormentes más; por mí la tierra
no está bañada en sangre.

(Tomándole la mano.)

AMALIA
Esposo mío...

(Volviendo sobre sí.)

ALI-BEK
Cara Amalia: ¿eres tú quien me liberta
25
de su espantosa vista, de sus brazos?...
De sus horribles brazos...
AMALIA
Di: ¿qué inquieta
los instantes que el cielo compasivo
concede a tu descanso?

(Se sientan los dos en los almohadones.)

ALI-BEK
Escucha atenta.
Apenas dulce calma a mis sentidos
30
el sueño concedió, cuando la idea
del Egipto humillado, ante mis ojos
ofreció de los siglos la carrera;
desde el tiempo en que fue gloriosa cuna,
donde sus artes aprendió la Grecia,
35
hasta la Dinastía en que fundaron
los fuertes Mamelucos su opulencia.
La ambición otomana, despojando
nuestro nuevo poder, abatió fiera
una nación formada en los combates.
40
Yo grito, libertad; ya mis empresas
ayudaba la Europa, y hasta el Cairo
llegara vencedor, si la sorpresa
de un traidor no impidiese mis designios.
He vuelto a ver en sombras la sangrienta
45
destrucción de mis tropas valerosas
al pie de las pirámides soberbias.
Perdida la esperanza de salvarme,
temeroso de ver mi última afrenta,
en una de ellas pienso hallar asilo.
50
Esfuerzo mi valor: su mole inmensa
subir osaba de sudor bañado,
y penetrando al fin la entrada estrecha,
que a su centro conduce, me hallo solo
en el seno del caos. Las tinieblas,
55
y el silencio que habitan este sitio,
en su morada esparcen noche eterna.
A cada paso hollando las ruinas
del pavimento obscuro, pude apenas
tocar de un mármol fúnebre la loza,
60
cuando en pálida luz la sombra envuelta

(Levantándose horrorizado, y AMALIA también.)

de un descarnado espectro alza la frente;
la seca piel, que con rugosas vueltas
cubría su esqueleto, por su rostro
de furor inflamado se desplega.
65
Abre por fin los macilentos labios,
y a su voz pavorosa, que resuena
por la anchurosa bóveda, el asombro
pasma mi corazón, mi pecho aterra.
«Ali-Bek, dice, en estas tristes urnas
70
a la inmortalidad llegar esperan
los legítimos dueños del Egipto:
aquí descansan las cenizas regias
de aquellos soberanos que llenaron
el orbe de su gloria y su grandeza.
75
Alguna vez en este obscuro sitio
penetró la avaricia, otras la necia
curiosidad del hombre; pero nunca
sirvieron estas tumbas de defensa
para el usurpador. Ven al sepulcro;
80
este será el asilo que te ofrezcan
los manes agraviados que profanas.»
Y extendiendo hacia mí sus manos yertas,
me arrastra a la morada del espanto.
En vano hubiera sido por la fuerza
85
pretender libertarme, si a tus voces
no huyese el sueño, y la ilusión funesta.
AMALIA
Calma tu agitación, esposo mío;
las fantasmas que forma en nuestra idea
la imaginación débil, no merecen
90
turbar nuestro reposo. Si deseas
vivir para tu Amalia, más tranquilo
olvida ese terror que te atormenta.
ALI-BEK
Amalia, yo recelo que se cumpla
tan terrible presagio, y no sufriera
95
que acabara mi vida en un suplicio
infame y vergonzoso. No: la afrenta
no es digna de Ali-Bek; si la fortuna
a tan fatal destino me reserva,
ve aquí ya, Amalia, el fin de mis desgracias.
100

(Sacando un pomo con veneno.)

De este tósigo fiero la violencia
en breve espacio salvará mi nombre
de la injuriosa muerte que me espera.
Malvados, yo desprecio vuestras iras;
la ambición otomana satisfecha
105
quedará por mi mano, y los traidores,
los viles envidiosos que me cercan,
privado de ultrajar a quien temblaron.

(En acción de beber: AMALIA deteniéndole el brazo.)

AMALIA
¿Qué vas a hacer, cruel?
ALI-BEK
Deja, que muera,
como los héroes mueren, si he vivido,
110
como vivieron ellos.
AMALIA
¿Qué te lleva
a tan bárbaro extremo? Si aún me amas,

(Arrodillándose, sin soltarle el brazo.)

compadece mi suerte: heme aquí puesta
a tus pies, implorando tus piedades
por la vida que adoro; tu terneza,
115
tu valor, son los únicos apoyos,
que a mi afligido corazón le restan.

(Levantándola.)

ALI-BEK
Alza del suelo, Amalia; enternecido

(Volviendo a guardar el pomo.)

me rindo a tu dolor. Mas las cautelas
es forzoso indagar de mis contrarios,
120

(Mirando adentro.)

y saber de su boca... ¿Quién se acerca?

Escena III

MORAD y dichos.

ISMAEL
Mahomad, pide permiso para hablaros.
ALI-BEK
El infame se atreve mi presencia
a arrostrar sin rubo... Pero salgamos
de dudas de una vez. Dile que venga.
125

(Vase ISMAEL.)

AMALIA
En tanto que el destino a este tirano
nos tuviese humillado, será fuerza
que no irriten tus iras sus rencores;
sólo temo por ti.
ALI-BEK
Nada hay que temas.
Las miradas del justo, aunque oprimido,
130
aniquilan por siempre la perversa
intención del malvado, y la descubren.
Retírate, mi bien.

(ALI-BEK se sienta.)

(AMALIA yéndose.)

AMALIA
¡Gran Dios! ya llega.

(Vase.)

Escena IV

ALI-BEK, MAHOMAD, ISMAEL, comparsa de Mamelucos. Arrodillándose, y besando el suelo.

MAHOMAD
Vuestro esclavo Mahomad rendidamente
el polvo que pisáis, humilde besa;
135

(Se levanta, y se sienta en otros almohadones.)

y aunque puede quejarse del oprobio,
con que lo habéis tratado, sólo anhela
a mejorar la suerte de su dueño,
si despreciando vos la vana idea
de un poder absoluto, mis piedades
140
queréis aprovechar. Una grandeza,
que subsistir no puede por sí sola,
necesita ceder, y la apariencia
de un pequeño tributo la asegura
el dominio perpetuo. Yo quisiera
145
por mi mano fijar vuestro reposo;
el Gran Señor, por mí, de vos espera
lealtad y sumisión; yo sólo puedo,
cuando vencido os veréis, de la funesta
humillación libraros, si olvidando
150
el nombre de Sultán...
ALI-BEK
Malvado, cesa.
¿Hasta dónde tu bárbara osadía
pretendes extender? Di: ¿qué te alienta
a proponerme un pacto vergonzoso?
Yo soy tu soberano, y la cadena
155
que ha de oprimir al vencedor de Egipto,
jamás de un vil esclavo recibiera.
Tú me has hecho traición; tú me has vendido:
si he perdido por ti la pompa regia
digna de mi valor, ¿cómo te atreves
160
con simulada astucia, de mi afrenta
a dictar el contrato? Yo abomino
cuantas ventajas esperar pudiera
de tu execrable mano, y aún la vida,
si por ti solamente he de obtenerla.
165
MAHOMAD
¿Por qué vuestro furor hace desprecio
de mis fieles servicios? Yo debiera
quejarme más de vos, y voy a hacerlo:
no ha de humillarse tanto mi obediencia,
que en público infamado, no responda,
170
cuando queréis cubrirme de vergüenza.
La fortuna al nacer nos hizo iguales:
Ibrahim elevó vuestra soberbia,
y vos, por mi valor, habéis llamado
de esplendor militar vuestra carrera.
175
No negaré, que honor y poderío
fueron de mis hazañas recompensa;
pero en breve perdí la confianza
de vuestro corazón, y antes que fuera
pública mi desgracia, por dos veces
180
de mi muerte firmasteis la sentencia.
Pude salvarme, y prófugo, humillado,
vos mismo me obligáis a haceros guerra,
y el brazo que se armó por defenderos,
por vuestra culpa contra vos pelea.
185
Ya estáis vencido: en mi poder os tengo,
y cuando yo, olvidando mis ofensas,
os propongo los medios de ser libre,
vos ultrajáis mi generosa oferta.
ALI-BEK
Basta: que si he sufrido tu discurso
190
especioso y falaz, es porque veas
que yo también en público descubro
de tu infame artificio las cautelas.
Iguales al nacer, ¡cuán diferentes
hemos sido en vivir! Yo en mi carrera
195
semejante al torrente caudaloso
del Nilo bienhechor, que de la tierra
los senos abrasados fertiliza,
logré por mis hazañas que vivieran
en paz y libertad los oprimidos;
200
y tú por tu avaricia, donde quiera
que mandabas, viviendo aborrecido,
contra ti alzaba el grito la inocencia.
Este lujo brillante que te sigue:
la púrpura, que cubre de esta tienda
205
los altos pabellones, son el fruto
de tus atrocidades. ¿Y te quejas
de que yo, avergonzado de elevarte
a la prosperidad, al fin quisiera
aniquilarte a ti entre los tiranos?
210
Compara, desde el tiempo de los Persas,
que de estas constas arrojó Alejandro,
todos los Capitanes de la Grecia,
los Romanos, los Árabes, los Turcos,
todos conquistadores por la fuerza,
215
a mi, que por hacer feliz a un pueblo,
de esclavitud cargado y de miseria,
con gloria me nombré Sultán de Egipto.
¿Cuáles son los servicios que me alegas?
¿Detestable avaricia en el reposo,
220
y execrables maldades en la guerra?
Mis tropas, vencedoras en Damasco,
capitulada ya su fortaleza,
hiciste retirar; y no contento
con tus muchos delitos, la sorpresa
225
de que víctima soy, es obra tuya.
La sed del oro sólo a ti gobierna,
y ni aún mi propia vida de la infamia
de tu codicia vil ha estado exenta.
MAHOMA
En vano me culpáis: si de Damasco
230
astuto abandoné la ciudadela,
fue por salvar las tropas fatigadas,
sabiendo que marchaba a socorrerla
el numeroso ejército otomano;
y por una obstinada resistencia
235
iban a perecer: debió librarlas
con cauta retirada mi prudencia.
ALI-BEK
No retirada, vergonzosa fuga,
deserción criminal, traición horrenda
fue tu marcha, Mahomad... Pero cortemos
240
de una vez tan odiosa conferencia.
Si has de satisfacerme, que tus tropas
conmigo al Cairo marchen; que obedezcan
a su antiguo Señor: este es el medio
de hacer menos culpable tu vileza.
245

(Volviéndose a los comparsas.)

MAHOMAD
Compañeros; vosotros, que anhelando
a exterminar la destructora guerra,
que el Egipto aniquila, habéis triunfado
de un dichoso rebelde: la respuesta
le podéis dar. Él os convida ansioso
250
a la revolución: de su fiereza,
de mi piedad por él, seréis testigos;
y que cuando en su vida mis ofensas
vengar pudiera airado, me contento

(Levántandose.)

con huir para siempre su presencia.
255

(Aparte al irse.)

Ya se logró mi astucia: mis delitos
él ha justificado: ahora perezca.

(Vase.)

Escena V

ALI-BEK, ISMAEL y comparsas.

ALI-BEK
¡Perverso! Mas vosotros, miserables,
que habéis manchado con traición tan fea
vuestro glorioso nombre, respondedme:
260
decid, ¿cuál es la suerte que me espera?
ISMAEL
Nosotros la ignoramos: nuestro jefe
es el bravo Morad; de su nobleza,
cuando os combate, os vence, y os perdona,
vos mismo habéis tenido la experiencia.
265
Neutral en vuestros odios, jamás quiso
aumentar del Egipto las miserias;
y si ahora ha pretendido sujetaros,
nosotros respetamos la secreta
causa que a ello le mueve; obedecemos
270
su mandato, y servimos sin afrenta.

(Levantándose.)

ALI-BEK
Basta; Morad el Bey de Alejandría
sin unirse a un traidor, de mí pudiera
la venganza tomar de sus agravios.
Decidle, que un guerrero nunca emplea
275
sus armas en socorro del esclavo,
que infiel contra su dueño se revela.

(Vase.)

ISMAEL
Si él hubiera tu orgullo sepultado,
vanas reconvenciones no le hicieras,
ni olvidaras tampoco que le debes
280
ese soplo de vida que te resta.

(Vanse.)

Escena I

HASSAN solo.

HASSAN
¡Con cuánta agitación, con qué temores
me halaga, y me atormenta este momento!
¡Oh lo que puede la cruel fortuna!
Yo, que tanto anhelaba en otro tiempo
la vista de mi Amalia, y mis placeres,
5
mis únicos placeres sólo fueron
escuchar de sus labios cariñosos
de padre el dulce nombre lisonjero,
ahora ¡infeliz! Su vista y su inocencia
me llenarán de atroz remordimiento.
10
¿Qué la puedo decir que me disculpe?
¿cómo podré ocultarle de mi pecho
los bárbaros delitos, que insensato
cometí para horror del universo?
No; nada la diré: nada hay que baste
15
a hacerme ante sus ojos menos reo.
Mi Dios, mi religión, mi propia sangre
claman por mi castigo; el rostro bello
de la virtud me oprime, me confunde,
y en esta vida empiezan mis tormentos.
20

(Mirando adentro.)

Mas ya viene, ¿cuál es mi sobresalto,
cuál es mi agitación? Yo me estremezco.

Escena II

HASSAN y AMALIA. Reconociendo a HASSAN, y acercándose precipitadamente.

AMALIA
Él es ¡Oh padre mío! compasivo
abridme vuestros brazos, que mi seno
de alegría palpite, cuando sienta
25
mi corazón unirse con el vuestro.

(Se abrazan.)

HASSAN
¡Oh cara prenda, que a mi desventura
sin duda concedió piadoso el cielo!
en vano tu placer y tu cariño
quiere borrar la angustia de mi pecho.
30
¡Ah! yo te vuelvo a ver, ¡pero en qué estado!
privada de tu amante, a un yugo fiero
unida con violencia, abandonada
aún de tu propio padre...
AMALIA
¡Qué recuerdos
hacéis a mi ternura! Qué ¿vos mismo
35
acusáis vuestro olvido? Yo os encuentro
de verme temeroso, y en un traje
que me anuncia... ¡Gran Dios! Yo no lo creo.
No; tú mi desamparo has permitido,
mas no permitirás, que cuando vuelvo
40
a cobrar a mi padre, esté su vida
manchada con delito tan horrendo.
HASSAN
¡Oh hija mía! tu padre es delincuente;
tu padre es infeliz.
AMALIA
¿Qué, será cierto?...
HASSAN
Sí, Amalia; soy culpado, aunque estoy libre,
45
falté a mi religión: ese perverso,
que se nombra tu esposo, con su astucia
sorprehendió mi deber, y en el sendero
del crimen conducido por su mano,
añadí la perfidia al sacrilegio.
50
AMALIA
¿Cómo?
HASSAN
No es ocasión de revelarte
la serie abominable de mis yerros.
Él va a morir: su muerte de mis labios
romperá los candados.
AMALIA
¡Dios! yo tiemblo
Él va a morir... os hizo delincuente...
55
¿tranquilo me anunciáis su fin funesto,
a mí, que soy su esposa? Vos... mi padre...
que sabéis con qué amor su noble pecho
se complace en hacerme venturosa,
¿seréis de la traición el instrumento?
60
¡Ah! por piedad, decidme, qué os obliga
a tanta crueldad, y si mis ruegos
pueden mover vuestra alma endurecida,
no me ocultéis tan bárbaro secreto.
HASSAN
Tú le amas, hija mía, porque ignoras;
65
cómo logró tu mano, y a qué precio;
por más que sus victorias del Egipto
el vergonzoso yugo sacudieron;
por más que su poder y su grandeza
se humille a tu virtud, está muy lejos
70
de merecer el nombre de tu esposo,
que supo conseguir por viles medios.
Es al fin un esclavo, que elevaron
de la sangrienta guerra los sucesos;
y a pesar de su gloria sólo puede
75
envilecer tu noble nacimiento.
AMALIA
Mi nacimiento ignoro: mas vos mismo
desde mis tiernos años me habéis hecho
conocer los deberes de una esposa.
Yo los amo, señor, yo los respeto,
80
como mi religión me los impone.
Entre vos, y mi esposo, sus afectos
divide mi ternura: ¡ah! padre mío,
no me ocultéis mi suerte: que a lo menos
logre saber el verdadero nombre
85
de quien me ha dado el ser.
HASSAN
Ese consuelo
no te puedo negar. Oye, hija mía,
lo que esperas de mí. Yo soy Roberto,
Conde de Basancur: fui venturoso
en la corte de Francia: el himeneo
90
de tu madre Adelaida de Vandoma
coronó mi fortuna en otro tiempo.
Amado de mi Rey, y de mi patria,
la envidia, que excitó mi valimiento,
consiguió mi ruina, y desterrado
95
por la intriga cruel del ministerio,
pensé hallar un asilo a mi desgracia
en un clima ignorado y extranjero;
pero apenas contigo, y con mi esposa
surque el mar los anchurosos senos,
100
cuando de unos piratas la fiereza
nos redujo a terrible cautiverio.
Tu corta edad, Amalia, te hizo amable
la misma esclavitud, y yo temiendo
que mi nobleza hiciera más difícil
105
el rescate anhelado, oculté cuerdo
el nombre desdichado de mi clase;
y de la medicina el arte incierto,
que elegí por alivio de mis penas,
es el fatal origen de mis yerros.
110
AMALIA
Lo es de vuestras virtudes, padre mío:
yo os he visto hacer de ella digno empleo,
socorriendo la vida de mi esposo.
Si él viviese, señor, de vos espero
que olvidéis vuestras quejas, vuestras iras,
115
y adjurando del crimen los excesos,
ante un Dios de bondad, menos culpable
seréis de sus piedades el objeto.

(HASSAN se enternece.)

¿Mi llanto os enternece? mis suspiros,
de la naturaleza el lazo estrecho
120

(Tomándole afectuosamente la mano.)

que nos une, reclaman: vanamente
oponéis a sus voces los esfuerzos
de un odio sanguinario: nada importa
el lustre de mi sangre, si no puedo
conseguir que cediendo a mi ternura,
125
feliz os haga el arrepentimiento.
HASSAN
Sí, yo seré feliz, querida Amalia:
mis delitos borrar en breve espero.
Tú en tanto de Mahomad contemplar debes
el antiguo rencor: no tu desprecio
130
extienda hasta nosotros su ojeriza.
De mis penas ha sido el compañero:
él te vuelve a mis brazos cariñosos,
cuando no lo esperabas.
AMALIA
El perverso
a su venganza solamente aspira.
135
Jamás en sus oídos el lamento
del infeliz halló piedad, ni gracia.
HASSAN
Procura reprimir tus sentimientos...

(Mirando adentro.)

(AMALIA quiere irse, y HASSAN la detiene.)

él viene: no, no huyas.
AMALIA
¿Hasta dónde
queréis, señor, probar mi sufrimiento?
140

Escena III

Dichos y MAHOMAD.

MAHOMAD
Mi presencia es odiosa a vuestros ojos:
vos ignoráis, señora, por qué medios
pretendo asegurar vuestra ventura.
Si Ali-Bek violentó vuestro deseos,
yo procuro romper el triste yugo
145
que os impuso la fuerza, y sólo quiero
que veáis en Mahomad, no un vil tirano,
sino un libertador.
AMALIA
Yo sólo veo
en ti un traidor infame, cuya vista,
cuyo artificio soportar no puedo.
150
Dime, ¿qué libertad; di, que ventura
por ti recibiré, si acaso el cielo
me priva se un esposo que idolatro?
Gemir en tu poder, y en llanto eterno
vivir esclava la que fue adorada
155
del corazón ilustre de un guerrero.
MAHOMA
Jamás yo por esclava recibiera
mujer tan orgullosa. Ese altanero
lenguaje no conviene al abatido.
¿Cómo vos, que olvidando a vuestro dueño,
160
a Morad, que os colmó de beneficios,
habéis a su amores antepuestos
la fortuna, y la mano de un rebelde,
de ultrajarme tenéis atrevimiento?
¿sabéis lo que me debe vuestro padre?
165
¿sabéis que me acusáis, sin conocerlo,
de una traición, formada por mi astucia,
más que va a resultar en favor vuestro?
Vos ignoráis que ha sido vuestro amante
el que unió su venganza a mis deseos,
170
aspirando a cobraros por la muerte
de quien os ha robado a su despecho:
y en fin, que le ofrecí vuestra hermosura,
y ayudó mi rencor sólo a este precio.
AMALIA
¡Yo precio de la sangre de mi esposo!
175
¡execrable maldad! ¡contrato horrendo!
pero digno de ti, digno de un monstruo,
formado por la cólera del cielo,
para sembrar el crimen en la tierra.
Gran Dios, arroja de tu trono excelso
180
el rayo abrasador, que lo sepulte
del hondo abismo en el obscuro centro.

(Vase.)

Escena IV

MAHOMAD y HASSAN. MAHOMAD quiere seguirla, y HASSAN lo detiene.

MAHOMAD
Temeraria...
HASSAN
Mahomad, calma tu enojo:
compadece la angustia de su pecho.
Al nombre del delito la inocencia
185
se asusta fácilmente. ¡Oh! cuanto temo
su desesperación.
MAHOMA
De mis furores
todos pueden temblar: cada momento
se atreven a insultarme los que deben
190
respetar de mis iras el incendio.
La rabia me consume y me devora:
la muerte de Ali-Bek sólo es el medio
de aplacar mi rencor; pero aún respira:
¿por qué tarda en morir? ¿cómo el veneno,
195
que corre por sus venas, no ha sellado
mi anhelada venganza?
HASSAN
En breve espero
que lograda será. Mortal cicuta
he aplicado a su herida; mas su esfuerzo,
con un licor benéfico animado,
200
que bebió de mi mano, te dio tiempo
para justificarte ante las tropas,
y te libra también de los recelos
que su improvisa muerte en contra tuya
pudiera fomentar.
MAHOMAD
¡Oh! cuánto debo,
205
Hassan, a tu amistad. Si yo tuviera
el poder de Morad, por otros medios
de una vez acabara con la vida
de mi odioso contrario: mas lo espero
todo de la cautela.

(Mirando adentro.)

HASSAN
Morad viene.
210

Escena V

Dichos y MORAD.

MORAD
Hassan, Mahomad, en el instante quiero
hablar con Ali-Bek, y dar respuesta
a los cargos que me hace, convirtiendo
en infame baldón nuestra alianza.
MAHOMAD
No te humilles, Morad, hasta ese extremo.
215
La ponzoña, que corre por sus venas,
asegura la muerte del soberbio:
ya pocas horas de vivir le restan.
MORAD
¿Qué escuchó? Dime, Hassan, ¿qué? será cierto...
HASSAN
Sí; cierta es la venganza. Tú no sabes
220
nada de mis agravios; pero luego
que expire, te diré...
MORAD
Nada me digas:
no quiero saber más. Todo el ministerio
que has hecho de tus quejas, no te salva
de ser un asesino, que ha cubierto
225
de oprobio y de vergüenza mi memoria.

(A MAHOMAD lo que sigue.)

Y tú, que has engañado mis deseos
para hacerme testigo delincuente
de tu horrible perfidia, vete luego,
huye de mi presencia.
MAHOMAD
¿Por qué causa
230
te irritas contra mí, cuando pretendo
coronar tu esperanza y tus amores?
HASSAN
Y yo lavar mi afrenta.
MORAD
Lo comprehendo;
pero Ali-Bek sabrá vuestras maldades.
MAHOMAD
¿Qué vas a hacer, Morad?
MORAD
Salvar, si puedo,
235
o su vida, o mi fama.
MAHOMAD
¿Qué he escuchado?
Sígueme, Hassan; sus iras frustraremos.

(Se van los dos.)

Escena VI

MORAD y ALI-BEK.

MORAD

(Llamándole.)

Ali-Bek.

(Al tiempo de salir.)

ALI-BEK
¿Quién me nombra?
MORAD
Tu contrario:
el que venció tu ebrio en campo abierto,
y el que se avergonzara si murieses
240
al rigor simulado de un veneno.
El corre por tus venas, y a tu herida
lo aplicó la traición; pero aún es tiempo
de atajar su violencia, si permites
que mi piedad te libre de este riesgo,
245
quitándote las plantas ponzoñosas
que al sepulcro te arrastran. Yo pretendo
hacerte conocer, cuando me infamas,
porque a Mahomad amparo, que mi esfuerzo
abomina su astucia, y mis agravios
250
satisfago lidiando cuerpo a cuerpo.
ALI-BEK
Generoso Morad, deja que admire
tu noble proceder; pero no creo
que el padre de mi esposa haya querido
acabar con mi vida. Ella me ha hecho
255
la tierna relación de los socorros
que a sus cuidados oficiosos debo.
Yo respiro por él; ¿y qué pudiera
moverle a cometer crimen tan feo?
MORAD
Ignoro los motivos: ¿mas recuerda
260
si enmedio de su largo cautiverio
le hiciste algún agravio? Sobre todo,
piensa que quien negó con juramento
su Dios y religión, nunca perdona,
ni olvida las injurias que le hicieron.
265
ALI-BEK
Yo nunca le agravié: si sus temores,
adjurando su ley, le condujeron
hasta vender infiel su propia sangre:
si por cobardía me hice dueño
de la preciosa Amalia, ¿qué le obliga
270
a procurar mi muerte? ¿cuál intento
oculta, despreciando mis favores,
cuando esperar pudiera de mi pecho
más noble recompensa, que la infamia
con que Mahomad le brindará por premio?
275
MORAD
Tú me llenas de horror. ¿Será posible
que Hassan cause atentados tan funestos?
ALI-BEK
Hazle venir aquí: yo de su boca
procuraré indagar este secreto.
MORAD
Vendrá: te lo aseguro; pero en tanto
280
tu herida y tu peligro no olvidemos.
ALI-BEK
Tu generosidad, que por dos veces
quiere darme una vida que aborrezco,
es mi mayor peligro; si muriese,
de una vez acabarán mis tormentos.
285
Detesto tu piedad; y de obtenerla
por mano de un contrario me avergüenzo.

(Vase.)

MORAD
¿Por qué odias el vivir? ¿tú que has logrado
la posesión feliz de mis deseos?
Amalia, por tu llanto, por tus quejas
290
defiendo a mi enemigo; mas busquemos
a tu pérfido padre, porque muera,
o revele sus bárbaros intentos.

(Vase.)

Acto quinto

Escena I

ALI-BEK solo; trae una copa en la mano.

ALI-BEK
Cierta es mi muerte: de mi acerba herida
los agudos dolores mal resisto.

(Pone la copa sobre la mesa.)

No me faltes, valor, cuando tu ayuda
para ver mi venganza necesito.
Mortífera cicuta, tu violencia
5
cese algunos momentos. Sólo aspiro
a morir, y que al golpe de mi muerte
el traidor caiga en mi sepulcro frío:
quizá me esfuerzo en vano... procuremos
prolongar algún tiempo mis martirios.
10

(Sacando el pomo del veneno del tercer acto.)

Fiel compañero, tú, cuya fiereza
para salvar mi afrenta se previno,
sirve para vengarme de un malvado,
y será más glorioso tu destino.
Este licor, que a reparar mis fuerzas
15
dispuso de un perverso el artificio,
será el medio que deje eternizado
con horrible escarmiento su castigo.

(Echa el veneno en la copa, y se sienta en los almohadones.)

¡Oh corona! ¡oh grandeza! ¿qué se hicieron
las pompas seductoras de tu brillo?
20
Como la niebla, al rayo luminoso
del sol brillante, se han desvanecido:
fugaces, como el sueño, ya volaron,
dejando en este pecho dolorido
hondamente gravada su memoria
25
para ver mi poder envilecido.
Pérfido Hassan, Mahomad abominable,
todo por vuestra causa lo he perdido.
Vosotros gozaréis de mi fortuna,
y yo, que a tanta costa abrí el camino,
30
recibiré por premio la vergüenza
de que ocupe un tirano mi dominio.
¡Oh Amalia! ¡oh cara esposa! tu memoria,
tu doloroso llanto, y tus gemidos
en vano me recuerdan tu abandono:
35
para calmar mis iras, es preciso
olvidar que es tu padre el inhumano
que me arranca la vida, y tu cariño.

(Mirando adentro.)

Él viene; moderemos mi despecho,
o al menos procuremos encubrirlo.
40

Escena II

ALI-BEK y HASSAN. Los dos versos primeros aparte al salir.

HASSAN
Si sabrán mi maldad: disimulemos
las dudas, y el temor con que vacilo.
Morad me manda venga a tu presencia:
yo obedezco, aunque ignoro los motivos,
y al verte en tal estado, mi deseo
45
es servir ciegamente a tus designios.
ALI-BEK
Aunque por tanto tiempo retirado,
huyendo los favores con que quiso
honrarte mi poder, te has ocultado,
Amalia te disculpa: ella me dijo
50
los socorros que debo a tu cuidado;
pero aún sabiendo que por ti respiro,
se atreve la malicia a denigrarte

(HASSAN se sobresalta.)

con voces que profanan mis oídos.
En esa copa, que a mis secos labios
55
presentaron tus manos por alivio,
dicen que hay un veneno; no lo creo:

(HASSAN más tranquilo.)

conozco que tú debes en mi auxilio
emplear el remedio, no la muerte.
Mas para confundir al atrevido
60
que formó tal calumnia, en mi presencia
el resto del licor bebe tranquilo.

(Aparte volviendo sobre sí.)

HASSAN
Respiremos.
ALI-BEK
¿Qué dudas? ¿por qué temes?
HASSAN
Nada temo, Ali-Bek; pero me admiro
de que puedas creer a quien me acusa
65
por medio de tan viles artificios.
Aunque estoy agraviado, y tú lo sabes,
yo respeto en tu vida el fiel asilo
de mi querida Amalia, ya que el cielo
te hizo dueño feliz de su albedrío.
70
Dime, ¿cómo pudiera su presencia
soportar sin rubor? Yo que he vendido
mi religión, mi sangre, ¿por qué extrañas
que me oculte, viviendo fugitivo?
Manchado con el crimen horroroso
75
de un negro sacrilegio, alzaba el grito
contra mí la virtud, y ante su trono
la inocencia clamó por mi castigo,
¡ah! que el remordimiento del culpado
jamás pudo acallar el poderío:
80
jamás el criminal halló en el lecho
el descanso a los justos concedido.
Pero no es mi deseo con razones
desvanecer tus dudas: no resisto
apurar el licor, para que veas
85
a los que me acusaron desmentidos.

(Toma la copa, y bebe.)

(Levantándose con dificultad.)

ALI-BEK
Sí, te verán, traidor, en breve espacio
sepultado en los senos del abismo.
HASSAN
¿Qué dices, Ali-Bek?
ALI-BEK
Que ya tu muerte
no puedes evitar. ¿Pensaste, inicuo,
90
gozar impunemente tu venganza?
No: mas pronta es la mía, y más activo
el tósigo, que corre por tus venas,
asegura mi triunfo, y tu exterminio.
HASSAN
¿Qué has hecho, hombre cruel? ¡Oh Dios eterno!
95
suspended un momento mi castigo.

(Llorando.)

Pueda mi llanto en mi postrera hora
acordaros que sois un ser benigno.
¡Oh Amalia!
ALI-BEK
No la nombres.
HASSAN
¿Qué, tirano?...
¿pretendes que mis últimos suspiros
100
no exhale entre sus brazos? Hija mía.

(Llamándola.)

Escena III

Dichos y AMALIA. Al tiempo de salir.

AMALIA
¡Qué lamentable voz! ¡Oh padre mío!

(Sobresaltada, observando a su padre.)

¿Por qué tembláis? ¿qué horror os sobresalta?

(A ALI-BEK.)

¿qué es esto, amado esposo? ¿Confundido

(ALI-BEK vuelve el rostro.)

de mí apartas los ojos?
HASSAN
Ven, Amalia:
105

(AMALIA se acerca, y le toma la mano.)

ven por la última vez a dar auxilio
a tu infelice padre: huye ese tigre;
por su cruel astucia yo he recibido
la muerte en esa copa.
ALI-BEK
¿Y tú qué has hecho?
No ocultes tu perfidia.
AMALIA
¡Oh Dios, qué he oído!
110
ALI-BEK
No, no lo compadezcas: de su mano
recibí el mismo don. En vez de alivio
a mi herida aplico mortal veneno.
Sábelo todo, pues; él te ha vendido:
reconozcan tus ojos el contrato,
115

(Sacando un papel, y dándoselo a AMALIA: ella lo lee sobresaltada, mientras los versos de HASSAN, hasta que empieza a hablar.)

HASSAN
¿Cómo, impío,
te atreves a ocultar que tus cautelas
fueron causa fatal de mis delitos?
¿Quién me llevó al Harem del Bey tu dueño?
¿quién, por su misma guardia sorprehendido,
120
me obligó con la fuerza a que vendiese
a mi Dios, y a mi hija?
AMALIA
¡Oh asesinos
de toda mi terneza! basta, basta;
no destrocéis mi corazón unidos
por medio de tan bárbaros tormentos:
125

(A ALI-BEK.)

y tú, esposo cruel, que vengativo
no pensaste que si era delincuente,
era mi padre al fin, ¿así has podido
pagar mi fe, y mi amor?

(Llorando.)

ALI-BEK
¡Y tú te olvidas
de que él es mi verdugo!
AMALIA
No me olvido.
130

(Con la mayor desesperación. A los dos.)

¡ah! ¡bárbaros! Gozad de mis angustias:
gozad de mis tormentos; mis martirios
sacien vuestro furor.
HASSAN
Amada prenda...
por mis miembros se esparce un sudor frío...
que me anuncia la muerte... Sí: la muerte...
135

(Lo siguiente en la mayor agitación.)

estos son sus dolores...¿Qué improviso
ardor siento en el pecho? No me huyas

(AMALIA quiere retirarse horrorizada: él la detiene, y se apoya en sus brazos. AMALIA, mientras habla, tiembla.)

en tan terrible trance... yo te pido
perdón de mis ofensas; por borrarlas
el último atentado he cometido...
140
Penas sin fin... eternas maldiciones...
mi nombre cubrirán.
AMALIA
Yo me horrorizo.
HASSAN
Sí... llénate de horror... mira el tirano...
en mis ansias atroces complacido...
Qué fuego intenso... qué mortal congoja...
145
devora mis entrañas... qué delirio...
perturba mi razón...

(Alzando la voz.)

AMALIA
¡Oh Dios eterno!
Piedad, clemencia.

Escena IV

Dichos, MORAD, ISMAEL, y comparsa.

MORAD

(Al entrar a los suyos.)

Entremos... ¿Mas qué miro?

(Reparando en HASSAN, apoyado en los brazos de su hija.)

ALI-BEK
Tu venganza y la mía.
AMALIA
Tu fiereza
dirás, hombre cruel... ¡Oh! qué oprimido
150
siento mi corazón... Qué negras sombras...
me privan de la luz... cielos... yo expiro.

(Cae desmayada en los almohadones, y deja caer el papel que tenía en la mano. HASSAN queda apoyado en ISMAEL, y un comparsa que llega a sostenerle.)

ALI-BEK
Esposa.

(Acercándose a ella con trabajo.)

(HASSAN no queriendo que ALI-BEK se acerque a ella.)

HASSAN
No la insultes.

(MORAD impide que se acerquen, e incorpora a AMALIA mientras dice los versos siguientes.)

MORAD
Deteneos,
hombres abominables; no permito
la deis socorro alguno, yo soy sólo
155
quien debe procurarla algún alivio.
HASSAN
Hija mía... tu padre entre sus brazos...

(A ALI-BEK.)

no volverá a estrecharte... Monstruo digno...
de toda execración... la voz me falta...
pronto al sepulcro... bajarás conmigo.
160

(Queda sin poder hablar, con ansias de morir, en brazos de ISMAEL y el comparsa.)

ALI-BEK
Sí, yo descenderé; pero vengado.

(Acercándose más a AMALIA, y quedando arrodillado inmediato a ella.)

Sólo, adorada Amalia, tu cariño
me hizo amable la vida; este consuelo
en breve perderé.

(MORAD , que con algunos comparsas retiran a HASSAN.)

MORAD
Retira, amigo,
este objeto infeliz, y no su vista
165
vuelva a excitar de nuevo sus gemidos.

(Cogiendo el papel que dejó caer AMALIA, y pasando la vista por él con precipitación.)

Quizá en este papel... ¿Pero qué veo?
Ya está todo el misterio conocido.

(Habiéndola observado.)

ALI-BEK
Ya se cobra; ya abrió los bellos ojos.

(Todo esto fuera de conocimiento.)

AMALIA
¡Mísera! ¿dónde estoy? ¿Por qué respiro?
170
¿A dónde fue mi padre? ¿Qué letargo
abate y enajena mis sentidos?
¿Qué, no me respondéis? ¿Quién sois vosotros?
¿A dónde está mi esposo?
ALI-BEK
Aquí, bien mío.

(A la voz de ALI-BEK, AMALIA se levanta, y se retira horrorizada: ALI-BEK queda apoyado en los almohadones con el mayor abatimiento.)

AMALIA
¡Ay! sí: te reconozco; de mi padre
175
la sombra ensangrentada está contigo.
Él te arrastra a la tumba. Horrible imagen,
cesa de atormentarme. Yo te sigo
a la mansión del llanto...

(Con desesperación.)

ALI-BEK
Sus dolores
nuevo rigor añaden a los míos.
180
¿Por qué tardo en morir?

(Tomándola la mano.)

MORAD
Sensible Amalia,
no cedas a la fuerza de un delirio,
que aumenta mis pesares.

(Volviendo sobre sí, y llorando.)

AMALIA
Tú no sabes
cuál es mi desventura, hombre benigno.
Contempla mis tormentos... Pero en vano
185
para explicarte mi dolor me animo.
¡Oh, cuánta es mi desgracia! Yo inocente,
soy causa de tan bárbaros delitos.
Sólo, Morad, en tu piedad espero;

(Arrodillándose con la mayor aflicción.)

mis lágrimas la imploran: yo te pido
190
a tus plantas postrada, me concedas
la libertad, que nunca he conocido.
Y si puede moverte la memoria
de mi madre infeliz, enternecido
premia con esta gracia las virtudes,
195
las tiernas esperanzas con que hizo
feliz nuestra niñez: conozca al menos
la patria, donde el cielo compasivo
departe de la paz los sacros dones;
sacame de estos climas enemigos,
200
de esta mansión de fieras, cuya sangre
daña el trono feroz del despotismo.

(Levantándola.)

MORAD
Alza del suelo, Amalia: ¿qué pudiera
tu llanto suplicar, que el pecho mío
se negara a cumplir? Mi amor, mi gloria,
205
todo se humilla a tu adorable hechizo,
todo te lo concedo; que tu esposo,
antes que muera, sea fiel testigo
de mi oferta inviolable: cuanto logre
volver Alejandría, tus suspiros
210
aliviará la libertad amada;
y olvidando mi amante desvarío,
te ofrezco que mi amparo y mis riquezas,
te lleven hasta el Sena sin peligro.
ALI-BEK
¡Oh generosidad que me confunde!
215
AMALIA
Morad, que tu virtud quede a los siglos
por monumento eterno de tu gloria,
y publicando yo tus beneficios
en la región de Europa, que tu nombre
sea por las naciones bendecido.
220

Escena V

Dichos, ISMAEL y comparsas.

ISMAEL
Señor, expiró Hassan; y temeroso
Mahomad de vuestras iras, ha partido
precipitadamente con sus tropas,
abandonando el campo a nuestro arbitrio.
MORAD
Con razón teme el premio que prepara
225
a su traición mi brazo vengativo.
Huya esta vez; mas tiemble de mi pecho
el furor irritado: si escondido
en el profundo seno de los mares,
en el desierto inmenso, en el abismo
230
se oculta a mi rencor, en parte alguna
se podrá libertar de mi castigo.
ALI-BEK
¡Ojalá que mi mano en su vil sangre
se pudiera bañar!... Desfallecido
me siento por instantes. Cara esposa,
235

(A AMALIA lo que sigue.)

no me prives, cruel, en tal conflicto
de tus tiernos cariños, no: tu pecho
desconoce el rigor; yo te he perdido...
Pero yo te he vengado... Aquel infame,
del nombre de tu padre no era digno.
240
Ven, adorada Amalia, que tu mano
estreche la expirar.

(AMALIA compadecida, se acerca y le da la mano. Sus movimientos, mientras habla ALI-BEK, indican el terror y la compasión sucesivamente.)

AMALIA
Yo no resisto
a su mortal congoja este consuelo.

(Besándola.)

ALI-BEK
¡Oh mano deliciosa; ya no aspiro
a gozar otro bien sobre la tierra!
245
Escúchame, Morad; de tu heroísmo,
de tu alma generosa las bondades
me tienen admirado y confundido.
Tú sabes mis hazañas... y cual era
la empresa que intentaron mis designios...
250
Tú puedes consumarla... de la gloria,
del esplendor del trono... los caminos
abrirá tu valor... Sí; tú mereces
el nombre regio de Sultán de Egipto.
Alivien tus piedades... la cadena
255
con que estos pueblos gimen oprimidos.

(Los cuatro versos siguientes los dice esforzándose todo cuanto le permite su estado moribundo.)

Tiemble Constantinopla, tiemble el orbe,
si intentase abatir con yugo impío
nuestra heroica nación, que del Caúcaso
descendió hasta las márgenes del Nilo.
260
Yo te dejo el ejemplo... El Cairo, el Delta,
la Siria toda fue mi señorío.
Todo te acordará la independencia
con que fue soberano mi dominio.
Síguelo derramando, no la sangre...
265
Sino el favor, que implora el afligido...
Nunca el rigor... conquista los afectos;
si pones esta máxima en olvido...
Quizá, corriendo el tiempo... en estos climas
serán los Mamelucos maldecidos...
270
Quizá de Europa... una nación guerrera
a exterminar vendrá su poderío...
Véngame de Mahomad... Colma de Amalia...
los votos suspirados... Compasivo...
llora mi muerte... mira mis congojas...
275
y siempre... en tu memoria... ¡Oh Dios!... expiro.

(Muere. Suelta la mano de AMALIA: ella se retira horrorizada: MORAD la sostiene, y hace señal a los comparsas de retirar a ALI-BEK.. Cae el telón.)

FIN