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1

Resulta, en este sentido, un tanto absurdo que, sólo atendiendo al criterio del género como argumento que permite trazar genealogías o relaciones de lo más dispares, se compare la obra de Agustini con la de Mistral o Peri Rossi (M. R. Olivera-Williams, «Retomando a Eros. Tres momentos en la poesía femenina hispanoamericana: Agustini, Mistral y Peri-Rossi», Revista Iberoamericana 186 (1999), págs. 117-133), sin reparar en la profunda distancia que separa sus inquietudes poéticas, sobre todo cuando aún no se ha analizado con el tesón y la hondura crítica requerida el contacto de Agustini con contemporáneos más afines a su personalidad poética como Herrera y Reissig, Villaespesa o Darío.

 

2

Eleonora Cróquer Pedrón, «Esfinge de ojos de esmeralda, angélico vampiro», en América Latina: Literatura e Historia entre dos finales de siglo, Sonia Mattalía y Joan del Alcázar, coords., Valencia, Centre d'Estudis Politics i Socials (CEPS), pág. 50.

 

3

La filiación estrecha entre pintura y fotografía como medios expresivos afines es obvia, así como el carácter ancilar al servicio de otras artes que se ha querido, en ocasiones atribuir a ambas. Recordemos que algunas de las discusiones que han vertebrado el pensamiento crítico sobre la fotografía han estado ligadas a su aceptación como forma artística independiente o al impacto en otros medios más tradicionales, en especial la pintura. Por otro lado, será importante recordar que para la ideología estética fin de siècle, según refleja una opinión paradigmática de Oscar Wilde, la gran diferencia entre ambas manifestaciones reside en el hecho de que la pintura captaría el alma, la esencia del retratado, lo atemporal, mientras que la fotografía atraparía un momento fugaz en el tiempo, un gesto, un giro de la cabeza, etc. Véase un recorrido exhaustivo por la historia de las relaciones entre pintura, fotografía y literatura en Philippe Ortel, La littérature à l'ère de la photographie. Enquête sur une révolution invisible, Nîmes, Éditions Jacqueline Chambon, 2002.

 

4

Los análisis de Walter Benjamin sobre el París de la segunda mitad del siglo XIX y algunos temas de Baudelaire desentrañan lúcidamente esta relación de la Modernidad y la ciudad con el retrato y el medio fotográfico: Poesía y capitalismo, Madrid, Taurus, 1999; Discursos interrumpidos, Madrid, Taurus, 1978. Sobre la idea del cuerpo como nuevo código y discurso, véase Roland Barthes, «Un texte inédit de Roland Barthes: encore le corps», en Critique, 422-424 (1982), págs. 645-654.

 

5

Aunque son numerosos los estudios a propósito del fenómeno estético y social del dandismo, es preciso no perder de vista algunos de los textos fundacionales que nos ofrecen intuiciones duraderas sobre el mismo, como los de Barbey d'Aurevilly, Du dandysme et de George Brummell [1851], Paris, Éditions Payot & Rivages, 1997; o, Honoré de Balzac, «Tratado de la vida elegante», en Obras completas, tomo VI, Madrid, Aguilar, 1972, págs. 1049-1077; y, para el contexto latinoamericano: Rubén Darío, Los raros [1898], Zaragoza, Libros del Innombrable, Biblioteca Golpe de Dados, 1998.

 

6

Véase Susan Buck-Morss, Dialéctica de la mirada. Walter Benjamin y el proyecto de los Pasajes [1989], Madrid, Visor, 1995.

 

7

En los términos del clásico estudio sobre las biografías de artistas escrito por Ernst Kris & Otto Kurz, La leyenda del artista [1979], Madrid, Cátedra, 1995.

 

8

Para ahondar en esta interesante noción ideada por Baudrillard consultar Jean Baudrillard, De la seducción, Buenos Aires, REI Argentina, 1989.

 

9

«La modalidad erótica, particularmente la de Agustini, fue interpretada como obra autobiográfica, probablemente motivada por el deseo de seducir al lector masculino, sin duda un gesto transgresor, ya que descubría en la esfera pública fragmentos de su intimidad, sólo desplegable en el espacio íntimo de la pareja», Magdalena García Pinto, «Género y poesía en el Uruguay de 1900», en Delmira Agustini y el Modernismo. Nuevas propuestas de género, Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 2000, pág. 246.

 

10

Cito por Delmira Agustini, Poesías completas, ed. Magdalena García Pinto, Madrid, Cátedra, pág. 89. El subrayado es mío.