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Amor vengado

Paso

Alonso de la Vega



PERSONAJES
 

 
CUPIDO.
FALACIO,   pastor.
BRUNEO,   pastor.
DORESTA,    pastora.




FALACIO.-  Mira, Amor, no nos persigas ni apremies, tente afuera, que el que no es acostumbrada a ser captivo, adora la libertad: no pienses con tus blasones y poderes absolutos que publicas, enternecer nuestro silvestre y salvagino natural, que nosotros la soledad amamos, las peñas nos acompañan, los jarales nos recrean, las yerbas nos refrescan, adonde con nuestras brutales fuerzas despedazamos los osos, los tigres y basiliscos amontamos. Reconoce, Amor, que los corazones que contra tales fieras pueden, contra tus fuerzas mas que bastantes serán.

CUPIDO.-  ¡Oh brutos zagales! ¡Contra mi poder tan atrevidamente habláis! Tornad, tornad en vosotros, y conosced que soy hijo del sapientísimo Vulcano, y a los pechos blancos de la diosa Venus mi madre criado: temido de los fuertes, generalmente de todos obedescido; ¿pues qué hacéis, brutos zagales, que ante mí no os humilláis? Amando a la pastora Doresta, que por uno de vosotros se deshace, gozad, gozad de la primavera, del verano, y no aguardéis la invernal senectud; catad que como me sirviéredes, así seréis de mí galardonados.

BRUNEO.-   ¿Cómo? ¿Cómo? Tente a una banda, Falacio no piense con los fieros que publica subjectarnos, ni con yerba de su flecha nos herir. Saca, saca tu cachicuerno cuchillo, aquel con que las verdes hayas y altos robles de estas nuestras montañas destroncar sueles; y si fuerza contra fuerza poner quiere, a las manos lo tomemos, y ellas solas lo determinen.

FALACIO.-  Muera.

BRUNEO.-  Llega, dale.

FALACIO.-   No viva el que nos piensa subjectar bajo sus pies.

DORESTA.-  Paz, paz, zagales, que contra el poderoso Amor no hay fuerzas ni mañas que basten... Escogido rey, en tal guerra sin tu ayuda no se puede haber victoria.

CUPIDO.-   Amadora y sierva mía, pues amas sin ser amada, y los corazones de estos dos zagales se endurecen contra ti, toma mi arco y mi enherbolada flecha, y al que más amares atraviésale el corazón.

FALACIO.-   Defiéndete, Bruneo.

BRUNEO.-  No tires, zagala, que no hay quien te ame.

FALACIO.-   Y si tirares no nos yerres, que a nuestras manos morirás.

CUPIDO.-   Suelta, zagala.

FALACIO.-   ¡Ay, que me siento herido!

BRUNEO.-   ¿Tan presto desmayas? Poco ánimo es el tuyo. ¿De quién?

FALACIO.-  De amores de esta zagala.

BRUNEO.-   Ten, ten fuerte como yo.

CUPIDO.-  Aguarda porque no te alabes.

BRUNEO.-  ¡Ay que me siento vencido de aquesta que adora mi vida!

CUPIDO.-   ¿Sois amantes?

FALACIO y BRUNEO.-  Y tus siervos.

FALACIO.-  ¡Oh zagala! Pues tu amor nos ha vencido, apiádate de nosotros.

DORESTA.-  Como si nunca os viera.

FALACIO.-  Tú eres mi señora.

DORESTA.-   Vosotros mis enemigos.

BRUNEO.-   ¡Oh gran diosa!

DORESTA.-  ¡Oh crueles!

FALACIO.-   Aguarda, aguarda.

DORESTA.-  No me cumple.

BRUNEO.-   Por ti morimos.

DORESTA.-  Yo vivo en veros morir.

FALACIO.-   Yo peno.

DORESTA.-   Yo descanso.

BRUNEO.-  Yo tu esclavo.

DORESTA.-   Yo señora.

FALACIO.-  Yo suspiro.

DORESTA.-  Yo canto.

BRUNEO.-   Yo te sigo.

DORESTA.-   Yo huyo.  (Aquí se arrodillan los pastores delante de CUPIDO.) 

FALACIO y BRUNEO.-   Amor, Amor, apiádate de nosotros.

CUPIDO.-  Levantaos, nuevos amantes; aunque rebeldes habéis sido, es justo que de la que os amó y amáis, seáis galardonados. ¡Oh hermosa zagala!, ámalos, pues que te aman.

DORESTA.-  ¿A cuál de ellos?

CUPIDO.-   Bien preguntas: esa causa no quiero determinarla sin consejo de amadores; mas como rey absoluto mando que entre tanto que se determinare, andes en medio de los dos por selvas y boscajes, adonde con casto amor de ellos servida seas, y con su vista te contentes. Ea, caballeros, gentileshombres, lindas damas, en vuestro juicio lo dejo que juzguéis lo que aquí ha pasado: entrambos la aborrecían: entrambos fueron forzados. ¿Cuál se puede llamar amador, el que la zagala hirió con su flecha, o el que yo herí de mi voluntad?




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