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Escribe García Blanco sobre los poetas de esta Academia: «No vamos a juzgar si su obra poética fue decisiva, hipótesis que las muestras agavilladas parecen no alentar. Pero sí es de positivo interés señalar cómo con muchos años de antelación a aquellos en que el Zurguén reverdece con las églogas de Meléndez y de sus discípulos y amigos, encontramos en el ánimo de un puñado de varones salmantinos la preocupación por la poesía [...]. Por eso es su nota calificadora la tradicional, el cultivo de módulos poéticos antiguos y que sin embargo anuncian algo de lo que ha de venir» («Una Academia poética...», 24).



 

21

Cf. A. GARCÍA BOIZA: De la vida literaria salmantina (Salamanca 1916) 8.



 

22

Cf. J. VALERA: «La Universidad de Salamanca» Estudios críticos sobre literatura, política y costumbres hasta nuestros días, III (Madrid 1844) 135-43; S. RODRÍGUEZ DOMÍNGUEZ: Renacimiento universitario salmantino a finales del siglo X VIII (Salamanca 1978) y J. BENEYTO PÉREZ: Discurso leído... Sobre la importancia que la Universidad de Salamanca ha tenido en la consolidación de las dos Escuelas de poesía, ha escrito Gallego Morell: «El taller es lo que explica en arte la existencia de una escuela, cuyos maestros ofrecen siempre perfiles más adecuados en las artes plásticas que en la literatura. Precisamente si tiene más sentido hablar de la escuela de Salamanca que de la de Sevilla, es porque la Universidad castellana se nos ofrece como ese taller que es la exigencia previa de toda escuela» («Los tópicos de Sevilla y Salamanca», Estudios sobre poesía española del primer Siglo de Oro -Madrid 1970- 34).



 

23

Cf. F. CORTINES MURUBE: «Colegiales poetas en Salamanca. Estudio de un manuscrito literario», Boletín de la Universidad de Granada 16 (1944) 3-110.



 

24

Cf. Contribución al estudio de la vida y obras del humanista R. P. Maestro Fr. Bernardo A. de Zamora (Salamanca 1921).



 

25

Ponz recoge esta idea de «renacimiento literario», pero la enfrenta a la situación social vivida en la provincia de Salamanca: «Tendré -dice- también por clara señal de la resurrección del más exquisito gusto literario en Salamanca, cuando vea poner en práctica los medios más eficaces de su restauración, y la de los Pueblos de la Provincia; pero subsistiendo la despoblación y mendiguez me parece imposible que esto se consiga...» (Viaje de España XII [Madrid 1783] 276-7).



 

26

Para el estudio de este momento en la vida de Meléndez Valdés, cf., especialmente: E. ALARCOS: «Meléndez Valdés en la Universidad de Salamanca», Boletín de la Real Academia Española 13 (1926) 47-75; 144-177; 346-370.



 

27

«La Carta latina que remití a Vd. no merece el aprecio que se hace de ella en quererla copiar los académicos. No iba correcta ni estoy ya en tiempo de corregir composición alguna en aquel divino idioma [...]. Aguardo la Carta latina de Nro. Batilo...» (F. XIMÉNEZ DE SANDOVAL: «Quince cartas inéditas del Coronel Cadalso», Hispanófila 10 (1960) 31.



 

28

Tovar escribe respecto a la influencia del poeta de Siracusa en la lírica del Parnaso: «... los poetas bucólicos de las escuelas sevillana y salmantina, que encubrieron sus aventurillas, seguramente reprobables para el moralista, con la fermosa cobertura de las enseñanzas de este 'corpus bucolicum' de este librito de pocas páginas [Los idilios], pero tan importante, que tengo en la mano...» («Presente y futuro de los estudios clásicos», Ensayos y peregrinaciones [Madrid 1960] 144).



 

29

Para la repercusión de Anacreonte en el Parnaso salmantino, cf. A. RUBIO Y LLUCH: Estudio crítico-bibliográfico sobre Anacreonte y la colección anacreóntica y su influencia en la literatura antigua y moderna (Barcelona 1879); F. ARAUJO: «Anacreónticos españoles de los últimos siglos», España moderna 179 (1903) 199-200; B. HOMPANERA: «Los líricos griegos y su influencia en España. Anacreonte y sus imitadores», Ciudad de Dios 61 (1903) 197-210; «Bucólicos griegos y sus imitadores en España», La Ciudad de Dios 63 (1904) 541-48; J. POLT; «La imitación anacreóntica en Meléndez Valdés», Hispanic Review 47 (1979) 193-206. Sobre el descubrimiento renacentista de Anacreonte, cf. J. LEVARIE: «Renaissance anacreontics», Comparative Literature 25 (1973) 221-39.



 
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