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El presidente liberal Domingo F. Sarmiento (1811-1888) fundó en 1869 la «Academia Militar» con la intención de dotar al país de un elemento de cohesión que combatiera el caudillo regional. En una época posterior, a esta institución le cupo el papel de repeler todo tipo de insurrecciones internas (huelgas obreras entre 1919 y 1921), para más tarde (a partir de 1930) respaldar el poder oligárquico a través de los golpes de Estado, sustituyendo así las vías electorales. Arlt comparte la desconfianza del Astrólogo, cuando le hace decir al Comentador describiendo al Mayor: «...había en él algo de repugnante» (LOCOS, p. 103; OBRA, I, p. 221). Véase la reflexión del Astrólogo sobre los ejércitos latinoamericanos en la cita que lleva el número 1).

 

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La presente nota es de suma importancia por su contenido; ella implica a la vez algunas dificultades textuales. La edición de OBRA, por su parte, la presenta como «Nota del Autor». No está claro, además, cuándo Arlt pudo haberla colocado. En la bibliografía que se halla en el apéndice del estudio de D. Guerrero (preparada por Estela E. Rossi) aparece una segunda edición en 1929, en Editorial Claridad; también en 1929, por otra parte, apareció un fragmento bajo el título de «El humillado» en una antología preparada por J. G. Miranda Klix, Cuentistas argentinos de hoy. Muestra de narradores jóvenes (1921-1928), Ed. Claridad. La siguiente edición de la obra es de 1950 (al cuidado de R. Larra en Ed. Futuro), cuando Arlt ya había muerto.

 

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D. Boris/P. Hield, op. cit., p. 31, sostienen que desde 1930 los golpes militares vienen a sustituir en la Argentina la restricción electoral que hasta 1912 había dado el poder absoluto a la burguesía agraria.

 

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Ya en este período el apoyo de los militares al régimen oligárquico hacía que se asociara su posición con aquélla de los conservadores. Las palabras del Mayor criticando a los radicales, no podía dejar de entenderse como una ironía de Arlt, en tanto eran los conservadores en el Senado, donde tenían mayoría, los que en ese año de 1929 vetan repetidamente la ley de protección al petróleo argentino que el Presidente Yrigoyen se esforzaba en imponer. Detrás de ellos se encontraba la «Standard Oil». Por ello en setiembre de 1930 se dijo que «el golpe olía a petróleo»; cf. Scalabrini Ortiz, Política británica en el Río de la Plata, op. cit.

 

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Cf. L. Lugones, op. cit., p. 41.

 

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G. P. del Corro, op. cit., pp. 21-22, analiza un elemento ideológico de la obra de Lugones que reaparecerá en un personaje de Arlt, Erdosain, sin percibir que las coincidencias son mayores entre los discursos de La Patria fuerte y la versión cínica que de ellos da el Mayor.

 

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Cf. Roberto Etchepareborda, «Aspectos políticos de la crisis de 1930», en Revista de Historia, op. cit.

 

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Este discurso aparece reproducido en la obra de L. A. Romero, Los golpes militares, 1812-1955, C. Pérez, Buenos Aires, 1969, pp. 116 y ss. Es significativo que esta proclama haya servido de modelo a posteriores declaraciones militares que aluden a los mismos valores. Cf. las declaraciones a la prensa del Comandante de la Fuerza Aérea, Ornar Graffigna, en La Opinión (Buenos Aires, 24-8-79): «Hemos llegado al gobierno sin desearlo; empujados por la pasión de los acontecimientos, cuando ellos y la disolución social se estaban apoderando del país; y motivados por un sentimiento del deber patriótico, ante la declarada incapacidad de los gobernantes y de los políticos que habían provocado esta situación, para solucionarla por los procedimientos constitucionales [...] Y nos alienta nuestra profunda fe en los valores de la civilización occidental y cristiana, a la cual pertenecemos por derecho propio: porque en su seno hemos nacido, y porque a la luz de sus sabios principios nos hemos formado. Más que una dimensión geográfica, Occidente es una ubicación espiritual. En esa ubicación estamos. Unidos por las grandes coincidencias del amor a Dios, a la Patria, a la familia, a la libertad, a la propiedad, a la justicia, a la paz, al derecho y al orden. Esas grandes coincidencias no son solamente el factor determinante de la unidad esencial del pueblo argentino, sino también el nexo indestructible de la gran comunidad internacional a la cual pertenecemos [...] Nonos seduce la voluptuosidad del poder, somos indiferentes a los halagos del mando, no aspiramos a eternizarnos en el gobierno [sic]. Pero tampoco pensamos escaparnos de nuestro deber, y lo cumpliremos hasta el final». A mi juicio, toda esta ideología aparece cuestionada en la mentira con que la fundamenta el Mayor de Arlt.

 

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V. Vázquez-Presedo trata de limpiar la mancha de infamia sobre la década, insistiendo en el también rápido mejoramiento de Argentina después de la crisis. Sin aportar los ejemplos equivalentes para Inglaterra este autor anota que en 1936 se volvió en Argentina al producto bruto nacional de antes de 1929. Lo cierto es que la deformación estructural de la economía argentina en esa década se evidenciaba en que el agro -que ya no era la mayor fuente de divisas- seguía amordazando a la industria local, por fidelidad de los terratenientes a las condiciones impuestas por Inglaterra. Lo realmente positivo de la década está, en cambio, en que los intelectuales empiezan a ver las contradicciones de esa dependencia.

 

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Lugones ansiaba una Argentina independiente e industrializada como Estados Unidos (véase op. cit., pp. 54, 66, 76 94 y 109) y creía que a ello podría llegar a través de la reconquista de los privilegios. Tanto Lugones como Ortega carecen, sin embargo, de una comprensión más general de los problemas económicos. De los personajes de Arlt el Astrólogo toma la admiración lugoniana por los Estados Unidos y por los logros de su explotación capitalista. El Mayor, por su parte, reúne otros aspectos de la ideología de Lugones, especialmente el militarismo y el antiparlamentarismo. Así se puede afirmar que estos dos personajes de Arlt reproducen las ideas del ideólogo del «fascismo argentino», una versión muy especial del mismo que no podía presentarse sin componentes militaristas. Esto último es el único aspecto que realmente decanta en el gobierno de Uriburu.