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181

Cf. «Él era el fraudulento, el hombre de los botines rotos, de la corbata deshilachada, del traje lleno de manchas» (LOCOS, p. 19; OBRA, I, p. 135).

 

182

Ergueta es presentado así:

«Lo vidrioso de sus ojos saltones, su gruesa nariz ganchuda, las mejillas fláccidas y el labio inferior casi colgante, le daba la apariencia de un cretino [...] Por ese desgano y la expresión canalla de su aburrimiento tenía el aspecto de un tratante de blancas».


(LOCOS, pp. 9-10; OBRA, I, p. 130)                


El Astrólogo es descrito paulatinamente y es la mezcla lo que inquieta: «su mongólico rostro» (LOCOS, p. 89; OBRA, I, p. 207) -que permitiría la comparación con Lenin- y «sus mostachos de foca» (LOCOS, p. 164; OBRA, I, p. 283) -que podrían permitir la comparación con Nietzsche- no aparecen en imágenes anteriores como ésta:

«Ya allí, quedóse mirando el anchuroso semblante del otro, la nariz torcida arrancando de la frente tumultuosa, la oreja arrepollada, el pecho enorme contenido dentro de la ropa negra y sin lustre, su cadena de cobre cruzando de parte a parte el chaleco, el anillo de acero con una piedra violeta en su mano de dedos deformes y piel curtida».


(LOCOS, p. 56; OBRA, I, p. 174). Véase también LOCOS, p. 20 u OBRA, I, p. 137)                


Del Mayor se dice:

«Era este un hombre de elevada estatura, lívido y ojos renegridos. Había en él algo de repugnante, y era el labio inferior replegado en un continuo mohín de desprecio, la nariz larga y arqueada arrugada sobre el ceño por tres muescas transversales. Un sedoso bigote caía sobre sus labios rojos y su mirada apenas se fijó en Erdosain, pues no bien fue presentado a él se dejó caer en una hamaca, permaneciendo así con la cabeza apoyada en un respaldar, la espalda entre las rodillas y un alón de cabello pegado a su frente plana».


(LOCOS, p. 103); OBRA, I, p. 221)                


Hipólita es llamada «la intrusa» por el narrador, que luego dice: «La Coja estaba de pie junto al canto del biombo, examinando con su venosa fría mirada. El cabello dividido en dos lisos bandos le cubría las orejas con sus alas rojas, y los labios de la mujer estaban apretados» (LOCOS, p. 141; OBRA, I, p. 260).

Bromberg, por último, es desprestigiado repetidamente (véase LOCOS, p. 183; OBRA, I, p. 302).

 

183

El Abogado pronuncia pocas frases, pero ellas se caracterizan por su racionalidad. Así este personaje dice: «Con su sistema se llega a admitirlo todo...», «De modo que si partimos de su punto de vista, usted no tendría inconvenientes en ser socio de un bandido, de un falsificador de moneda, ni de un asesino...», «No se puede generalizar sobre un solo hecho», «Es terrible lo que usted dice...», «Es una barbaridad», «Todo eso es inverosímil a simple vista».

 

184

Véase el prólogo a Los lanzallamas titulado «Palabras del autor».

 

185

Cf. el pasaje en LLAMAS, p. 289 u OBRA, I, p. 414: «El Astrólogo comenta la muerte del Rufián Melancólico: -Es inútil... ya lo dice el proverbio: Quien mal anda, mal acaba. Erdosain casi suelta una carcajada. El Astrólogo continúa gravemente: -Tenía una hermosa alma el rufián». Nótese aquí que el adverbio «gravemente» ya expresa ahora la distancia del narrador en complicidad con el lector frente al personaje ambiguo.

 

186

Nótese en el pasaje cómo el narrador califica ahora al Astrólogo: «Por toda contestación el Abogado descargó en su cara una tremenda bofetada. La boca del castrado se abrió en absorción de aire. Tras este golpe, el visitante descargó un cross de izquierda a la mandíbula del endemoniado, mas éste rápidamente se cubrió el rostro con el brazo» (LLAMAS, p. 255; OBRA, I, p. 377).

 

187

Cf. las palabras de Lugones en el artículo «La paz bolchevique» (La Patria fuerte, op. cit., pp. 87 y ss.): «Conforme al brutal cinismo de la propaganda marxista, la secta debe usar contra la propia burguesía la libertad y el pacifismo [...] Es lo que han hecho en Ginebra los delegados de Rusia, al proponer el desarme absoluto y universal para suprimir la guerra [...] Mientras tanto, ello comprueba una vez más la incapacidad de la plebe para la equidad y la tolerancia. Estas virtudes, eminentemente aristocráticas, porque son frutos de una selecta educación, o con más propiedad, disciplina filosófica del instinto, hay que imponerlas a la plebe por medio de la fuerza, para que pueda existir sociedad civilizada; pues lo que sus corifeos califican de 'prejuicios burgueses' son los fundamentos morales de la civilización; de tal suerte que negarlos, equivale, como lo tengo dicho, a replantear el viejo conflicto entre aquélla y la barbarie [...] La paz universal es una paradoja mística [...] La paz absoluta, en su afán de abolir la barbarie de la guerra, recaería en la barbarie de la ruina, la incultura y la incomunicación». Tanto los críticos de Arlt como la intelectualidad argentina en general desconocen esta obra de Lugones, que no ha sido reeditada desde 1930.

 

188

El narrador acentúa el hecho del reconocimiento de igualdad de la mujer que aparece en la casa de Dock Sud al decir que los visitantes de despiden de «los tres anarquistas» (la mujer y los dos hombres). La manera en que esta mujer es tratada por sus compañeros difiere profundamente de cómo trata Erdosain a las mujeres que surgen en su camino.

 

189

Véase la p. 261 de OBRA, II («Aguafuerte» titulada «La letanía»). Hay que recordar también que estas «Aguafuertes» sobre Di Giovanni son las que la censura del director de El Mundo ha permitido pasar.

 

190

En LLAMAS, p. 199 u OBRA, I, p. 320, el Astrólogo cuenta ahora a seis personajes cínicos, pues a Ergueta todavía no lo conoce: «-En realidad yo, él [Erdosain], vos [Hipólita], todos nosotros, estamos al otro lado de la vida. Ladrones, locos, asesinos, prostitutas. Todos somos iguales. Conocemos las mismas verdades...».