211
La novela del escritor argentino Juan Filloy (1894-) titulada ¡Estafen! (de 1932) propone la misma solución: estafar a quienes nos estafan.
212
El «Tratado Roca-Runciman» obligaba a la Argentina a una exclusiva dependencia de Inglaterra. Este país condescendía en comprar una cuota fija de carne argentina de la mejor calidad -para la que la Argentina, a causa del estado técnico de refrigeración en barcos, no tenía otro comprador-, y, en retribución era exonerada de impuestos aduaneros para exportaciones hacia la Argentina, era preferida en transportes marítimos, era reasegurada en sus derechos en la posesión de los ferrocarriles en suelo argentino, etc., etc. Dicho Tratado aseguraba así la supervivencia de los estancieros invernadores de la pampa húmeda, que producían ese tipo de carne de enfriado suave, pero perjudicaba al resto del país. V. Vásquez-Presedo, op. cit., justifica el Tratado, diciendo que la Argentina no tenía otra alternativa. En mi opinión, la Argentina podía haber ejercido presión sobre Inglaterra amenazándola con la nacionalización de los ferrocarriles, pero en 1933 el nacionalismo argentino había sido oportunamente decapitado.
213
Por esta época el proletariado urbano de Buenos Aires se hacinaba en los así llamados «conventillos»
, en los que cada familia ocupaba un cuarto. Elsa rehúye tanto esto como las pensiones. Erdosain se muda justamente a una pensión después que Elsa lo abandona y en ese entorno proletarizante se completa y culmina su desmoralización.
214
Cf. el odio con que ve Erdosain a sus iguales -cobradores de las compañías de gas, tenderos y empleados- en LLAMAS, p. 333; OBRA, I, p. 461; y LOCOS, p. 73; OBRA, I, p. 190. Ello implica cierta admiración fascistoide por los que hacen los negocios en grande, que no pueden dejar de ser, por ello, menos que geniales; cf. H. Marcuse, «Der Kampf gegen den Liberalismus», op. cit., p. 25.
215
Cf. Annette Leppert-Fögen, Die deklassierte Klasse. Studien zur Geschichte und Ideologie des Kleinbürgertums [La clase desclasada. Estudios para la historia y la ideología de la pequeña-burguesía], Fischer, Frankfurt, 1974. Esta obra une genialmente los tempranos enfoques sociales de Trotski y los psicoanalíticos de Reich sobre fascismo.
216
Esto ha sido muy bien analizado por Oscar Masotta en el estudio ya citado; este investigador reconoce que lo valedero en Arlt se halla en haber sabido revelar indirectamente todo el complejo proceso de «fascización» de la pequeña-burguesía (cf. op. cit., p. 14). Por mi parte, creo que a Arlt le cabe el mérito de haber sido el único que intuyó cuáles eran los factores psicosociales que llevaban al fascismo y haberlos integrado en sus personajes, aunque fuera incapaz de formulaciones teóricas. Mi más importante crítica a Masotta, como a muchos otros investigadores de Arlt, es no haber enhebrado el análisis con la historia argentina real.
217
Desde el capítulo segundo de Los siete locos (LOCOS, p. 72; OBRA, I, p. 189) adelanta el narrador el final trágico de Erdosain mencionando la anemia que revelaría la autopsia. Ello indica que su destino aparece planeado desde el principio por el autor. En cuanto a la transformación de su entusiasmo por el Astrólogo en sorna ante su fingida gravedad, véase el pasaje ya citado de LLAMAS, p. 289; OBRA, I, p. 414.
218
Ellos ha sido analizado en las conductas fascistas de pequeños-burgueses (acosados por la miseria económica y por cierta frustración sexual impuesta por la sociedad) que W. Reich ha vinculado en sus estudios sobre el problema.
219
Cf. el capítulo titulado «The big lie» en la obra de Molly Haskell, From Reverence to Rape. The Treatment of Women in the Movies, Penguin Books, N. York, 1975. Artículos como el de José Ingenieros, «El amor múltiple en las futuras relaciones sexuales» (en El Mercurio de América, Buenos Aires, 11 de junio de 1899), no habían tenido repercusión en la pequeña-burguesía.
220
Cf. los siguientes pasajes: «Erdosain la contempló un instante con muda desesperación y al fin, recogió su fina mano. Iba a llevársela a los labios, pero una fuerza extraña chocó en su sensibilidad y sollozando se desmoronó sobre la falda de la mujer»
(LOCOS, p. 142; OBRA, I, p. 261); «Reposaba en el regazo de la mujer y el calor de los miembros transpasaba la tela, entibiándole la mejilla. Aquella situación además le parecía natural; la vida adquiría ese aspecto cinematográfico que siempre había perseguido, y no se le ocurrió pensar que Hipólita, tiesa en el sofá, pensaba que él era un débil y un sentimental»
(LOCOS, p. 151; OBRA, I, p. 270). Este episodio tiende un interesante puente con el cine expresionista alemán, donde este estereotipo era característico, según el análisis de S. Kraucauer, From Caligari to Hitler. A Psychological History of the German Film, Princeton, 1947, p. 218 e Ilustración 22.