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Armando Discépolo (1887-1971) y su hermano, Enrique Santos Discépolo -también llamado «Discepolín»- (1901-1951), eran hijos de un inmigrante napolitano. Ambos expresaron en la creación de grotescos y textos de tangos - entre los que hay influencias mutuas- la desazón de su clase y de su época. En los grotescos del primero el fracaso del protagonista, siempre un inmigrante, se torna un rasgo típico del género. Véanse sus obras «Mustafá» (1921) y «Babilonia» (1925).

 

232

«Yo soy el hombre sórdido y cobarde de la ciudad», dice en Los siete locos (LOCOS, p. 116; OBRA, I, p. 235).

 

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Véanse las palabras de Lugones escritas en 1925 bajo el título de «La hora de la espada» (en La Patria fuerte, op. cit., p. 39): «La especie humana divídese en una mayoría de individuos nacidos para el deber, y un grupo de otros que poseen la capacidad nativa de darse su propia ley, según les agrada. Son éstos los superiores en el bien o en el mal: santos o bandidos, tiranos o libertadores, según la opinión de la mayoría por ellos dominada; los que saben conducirse y conducir por instinto, es decir por determinación de las tendencias acertadas de la especie: casos de éxito vital cuyo origen y finalidad ignoramos».

 

234

Haffner y el «Comentador» analizan los móviles psicológicos de la conducta de Erdosain durante su desmoralización, atribuyéndole sentimientos de culpa que quiere expiar (LLAMAS, p. 218; OBRA, I, p. 339).

 

235

El hecho de que Drieu La Rochelle conociera y mencionara esta figura literaria-considerándola un personaje clave-, en el prólogo agregado en 1942 a la segunda edición de su novela (cf. Gilles, Gallimard, París, 1973, p. 14), y, con todo, no aceptara el suicidio para su propio protagonista como terminación novelística, radica en que este autor francés se dirige a otro tipo de público que Arlt; para Drieu sus lectores son eminentemente fascistas franceses a quienes él quiere animar a la «collaboration». Drieu no producirá, por cierto con su final ningún cambio en las expectativas de aquellos a los que va dirigido el libro, sino que los reafirmará en sus convicciones.

 

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Seguramente Arlt conoció las obras de Gide, que habían nacido de Los endemoniados de Dostoyevski, como ésta y Les Faux-Monnayeurs de 1925-6, en que hay sectas absurdas, falsificadores, cheques por cobrar y crímenes en trenes; sin embargo, Arlt no menciona a Gide en sus escritos. Con Gide tiene también en común Arlt su pretendida sinceridad de escritor individualista. Arlt, por su parte, motiva psicológicamente la conducta de sus personajes para oponerse a la teoría gideana del acto gratuito.