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La prensa murciana ofrece un material noticioso de gran valor. Así, El Correo Murciano, 4 de noviembre de 1829, destaca sus ataques y persecuciones a los negros (liberales), su militancia en el reaccionario grupo denominado «El Ángel Exterminador», bajo la protección del obispo de Orihuela, a quien estuvo vinculado estrechamente. El obispo se valió de Jaime el Barbudo para perseguir a los liberales. Tanto Parreño (1883) como Hernández (1979) corroboran estos hechos, pues este grupo de absolutistas ofreció a Jaime el Barbudo una lista de los liberales más significativos y dinero para llevar a cabo su propósito. Todo ello con la promesa de concederle el indulto con la llegada del absolutismo. A partir del mes de septiembre de 1820, inicia el bandido su nueva actividad política, destrozando «a culetazos la lápida de la Constitución de Albatera»
, tal como constata El Correo Murciano el 4 de septiembre de 1820. Todos estos episodios se ignoran en la novela de López Soler, pero no en la narración debida a Florencio Luis Parreño (1873), pues da testimonio de todos estos hechos y de otros relativos a su vida que no figuran en el relato de López Soler (Rubio y Ayala, 1988).
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José F. Montesinos incluye en su monografía (1972: 176) una edición de El Bravo fechada en el año 1831. Información entresacada del catálogo de Salvat con la apostilla siguiente: «¿Error de fecha?»
. La novela El espía se tradujo al castellano en 1831, en Burdeos, aunque la primera edición publicada en España fue en el año 1834, Imprenta de Grau, Barcelona.