81
Ed. de Meléndez Valdés, Poesías (Madrid, La Lectura [Clásicos Castellanos], 1925), p. 69.
82
M. Serrano y Sanz, ed., «Poesías y cartas inéditas de D. Juan Meléndez Valdés», Revue Hispanique, IV (1897), 310.
83
Anarda es lo que llama Meléndez a la Condesa del Montijo en una Dedicatoria (N.º 277) de hacia 1781. Pero el poeta conoció a esta dama hacia 1780 (Paula de Demerson, p. 104), y el romance que nos ocupa no es posterior a 1777. Si su Arnarda es la Condesa, habría que revisar la fecha en que comenzó aquella amistad.
84
Recordemos que aún en 1826 José Gómez Hermosilla declaraba en su Arte de hablar en prosa y en verso que el romance, por haber cantado temas vulgares, se había vuelto tabernario y familiar hasta tal punto que «aunque venga
a escribirle el mismo Apolo no l[e] puede quitar ni la medida ni el corte ni el ritmo ni el aire ni el sonsonete de jácara»
(citado por Pedro Salinas, El romancismo y el siglo XX [París y Toulouse, Librairie des Éditions Espagnoles, 1955], p. 15). Cabe preguntarse si en este juicio influía la conocida animadversión del crítico hacia Meléndez. Cf. lo que dice Robert Scholes de Wordsworth, quien «began to construct new poetical forms on the basis of
models such as the bollad, which had been neglected as a low species of literature»
(Structuralism in Literature: An Introduction [New Haven y Londres, Yale University Press, 1974], p. 176).
85
Lope de Vega, Poesías líricas, ed. José F. Montesinos, II (Madrid, Espasa-Calpe, 1952), 122-124.
86
Égloga I, vv. 52 ss. Todas las citas de Garcilaso provienen de sus Poesías castellanas completas, ed. Elias L. Rivers (Madrid, Castalia, 1969); pero modernizo la ortografía.
87
BAE, LXI, 272. La elipsis está en el texto.
88
Estos versos podrían reflejar los de un romance tal vez de Villamediana: «Si la verde selva pisa, / ¡cuántas le queda a deber / clavellinas a su mano / y jazmines a su pie!»
(Primavera y flor de los mejores romances recogidos por el Liedo. Arias Pérez [Madrid, 1621], reimpresión con un estudio por José F. Montesinos [Valencia, Castalia, 1954], p. 163). Volveremos sobre este motivo al comentar el N.º 206.
89
Compárense estos versos, incluso en su asonancia, con otros, anónimos, de la Primavera y flor..., p. 13: «Pasados contentos míos, / culpas y penas presentes, / ¿qué queréis a un desdichado / a quien la muerte aborrece? / No me persigas, memoria, / pues es tan corta mi suerte / que pago con largos males / bienes que fueron tan breves...».
90
Poesías líricas, I, 127. El soneto apareció en las Rimas (1602) y se reeditó en las Obras sueltas, IV (1776). Cf. Góngora, «Las flores del romero», Obras completas, ed. Juan e Isabel Millé y Giménez (Madrid, Aguilar, 1956), p. 163.