61
Así lo ha
visto C. P. THOMPSON, O.
C., p. 203: «Los pintores de escenas nocturnas saben que
cuando todo está a oscuras los pocos puntos de luz adquieren
una importancia primordial porque es mediante ellos como se ve toda
la imagen. Puede haber uno solo, como ese farol que brilla
descubriendo vividamente el horror de los famosos "Fusilamientos
del 3 de Mayo" de Goya. Recordemos, por ejemplo, el maravilloso
juego de luces y sombras de la "Adoración de los Pastores"
de El Greco, o tantas pinturas de Rembrandt, gran maestro de la luz
y de la sombra. La técnica de San Juan en la Noche
no es otra cosa»
.
62
D. ALONSO, O. C., p. 183.
63
B. SESÉ,
O. C., p. 254, que lo explica además con un
ejemplo muy atinado: a semejanza de lo que ocurre con esas efigies
en filigrana de los billetes de banco, que sólo se ven desde
un determinado ángulo y con una luz adecuada, pero que son
las que garantizan el valor y la autenticidad del billete,
así «en el poema de la Noche
oscura se trasluce, en filigrana, la cara de Dios»
,
y esa figura invisible «es la que da su
valor, su autenticidad y sentido al poema»
. Dicho de otro
modo, es la gracia eficiente del poema: «si se rechaza, o si se tiene alguna dificultad
en admitirla, el poema se empobrece otro tanto; al revés, si
se admite su presencia, el poema conserva la pluralidad de lecturas
que permite»
(pp.
254-255).
64
Este sentido suele
escaparse a quienes leen el poema como simple poesía
amorosa, prescindiendo de los comentarios, pero también a
los demasiado apegados a ellos. Federico Ruiz, por ejemplo, apunta
con buen tino el carácter personal de la noche: «la noche simbólica no queda en
circunstancia, sino que pasa a convertirse en co-protagonista de la
historia de amor»
(Místico y maestro. San Juan
de la Cruz, Madrid, 1986, p. 225), pero no acaba de dar en el blanco:
«La noche oscura es la fe, mejor dicho,
la vida entera en fe. En un primer momento, la fe se presenta como
guía valiosa y medio de unión. Por fin, la fe misma
es la persona del Amado, contiene el objeto de la búsqueda,
sujeto de comunión»
(Obras completas de San
Juan de la Cruz, Madrid, 1993, p. 437).
65
Cf. J. SULLIVAN, «Night and light. The poet John of the Cross
and the «Exultet» of the Easter
Liturgy», Ephemerides Carmeliticae, 30 (1979) 52-68:
«Ésta es la noche en que la
columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado [...]
Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo [...] ¡Qué
asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué
incomparable ternura y caridad! [...] ¡Qué noche tan
dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo
resucitó de entre los muertos. Esta es la noche de la que
estaba escrito: "Será la noche clara como el día, la
noche iluminada por mi gozo" [...] Sabemos ya lo que anuncia esta
columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios [...]
¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la
tierra, lo humano y lo divino»
.
66
Según G.
BACHELARD, La poética del espacio, México,
1992, pp. 235-236, «la vocal a es la vocal de la
inmensidad. Es un espacio sonoro que comienza en un suspiro y que
se extiende sin límite [...] No se puede pensar la vocal
a sin que se inerven las cuerdas vocales. Con la letra
a ante los ojos, la voz ya quiere cantar»
.
67
Gerardo Diego
comparaba esta repetición de la sílaba ma
con la «primera expresión del
balbuceo infantil»
(G. DIEGO, «Música y
ritmo en la poesía de San Juan de la Cruz», en El
Escorial 26 (1943) p. 172).
Sea lo que sea, lo cierto es que en ese sugeridor tartamudeo,
raíz nutricia de todo arte y de toda poesía, radica
su suprema elocuencia, la victoria de expresar «un entender no entendiendo, / toda ciencia
transcendiendo»
.
68
Imagen
paradisíaca que encontramos también en Santa Teresa:
«Me era un gran deleite considerar ser
mi alma un huerto y al Señor que se pasea ha en
él»
(V 14, 9; 11, 6; 1M 1, 1).
69
Valga de nuevo
aquí el ejemplo teresiano, el de aquella visión
fuerte do la noche de maitines, en la «octava de Todos los Santos»
(8 de
noviembre de 1575), que nunca se le borró y que refiere en
sus Cuentas de Conciencia: «Estando la misma noche en maitines, el mismo
Señor, por visión intelectual, se me puso en los
brazos a manera como se pinta la "Quinta angustia". Hízome
temor harto esta visión, porque era muy patente y tan junta
a mí, que me hizo pensar si era ilusión.
Díjome: No te espantes de esto, que con mayor
unión, sin comparación, está mi Padre con tu
alma. Háseme así quedado esta visión
hasta ahora representada»
(CC 44, 4-6).
70
FRAY LUIS DE LEÓN, Poesías Completas, ed. de Cristóbal Cuevas, Madrid 2001, pp. 97-100.