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ArribaAbajo La labor de la Academia Argentina de Letras

Ofelia Kovacci


Las lenguas son instrumentos de comunicación, de pensamiento, de creación científica y literaria. En el caso del español, por su extensión geográfica, por su carácter multinacional, por el número de sus hablantes nativos (que la colocan entre las cuatro mayores lenguas del mundo) y porque su unidad es notable, puede considerarse, como dijo Andrés Bello, «un medio providencial de comunicación». Cuidar este patrimonio es deber de sus hablantes, quienes constantemente tienen ante sí múltiples desafíos.

Con este propósito se estableció en 1713 la Real Academia Española, para fijar las normas más apreciadas de la lengua a través de Diccionarios y Gramáticas. Había sido precedida por las Academias de otras de las grandes lenguas de cultura; la Académie Française creada en 1635, y la Accademia della Crusca, establecida en 1582 en Florencia, habían publicado voluminosos diccionarios.

En 1870 la Real Academia Española, que ya tenía miembros correspondientes en Hispanoamérica, ofreció la posibilidad de establecer en cada país una Academia correspondiente. Hoy las repúblicas de Hispanoamérica, las Filipinas y los Estados Unidos de Norteamérica tienen su Academia de la Lengua Española.

La Academia Argentina de Letras (Academia Nacional) cumple hoy 70 años. Sus funciones se especifican en su Estatuto, y consisten esencialmente en «a) contribuir a los estudios lingüísticos y literarios, conservar y acrecentar el tesoro del idioma y de las formas vivientes de nuestra cultura; [...]; c) velar por el uso correcto y pertinente de la lengua interviniendo por sí o asesorando a las autoridades nacionales, provinciales, municipales, o a los particulares que lo soliciten; d) fomentar y estimular la labor intelectual».

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Dentro de estas pautas generales de la Academia, por una parte, realiza una seria tarea de investigación, con la observación y estudio de peculiaridades del español de la Argentina encontradas en textos literarios y periodísticos y en la lengua oral. En el aspecto léxico, esta labor de la Academia se refleja en el Registro del habla de los argentinos, que en cada edición aumenta su caudal: en el futuro próximo superará las cinco mil voces y se convertirá en un «Diccionario de habla de los argentinos», que contendrá las particularidades léxicas de todas las regiones del país y sus normas de uso atestiguadas en los textos recogidos.

Otros aspectos del uso español en nuestro país se observan en la publicación Dudas idiomáticas frecuentes, que recomienda las normas cultas vigentes en nuestro país, muy frecuentemente coincidentes con las normas del español general, peninsular e hispanoamericano. Uno de sus volúmenes se ocupa de los verbos y su conjugación, incluyendo el voseo argentino.

Estas actividades no sólo interesan como trabajos de investigación en Lingüística; también son la base de un constante servicio público. La Academia ofrece un servicio para la aclaración de dudas idiomáticas; anualmente contesta alrededor de 10.000 consultas telefónicas que se reciben de la administración pública, empresas, agencias de publicidad, profesionales en general, estudiantes, docentes, periodistas y otras personas interesadas en el uso de la lengua. Además se ofrece asesoramiento por escrito; cada año se responde por esta vía un promedio de 500 consultas, la mayoría acerca de nombres propios de personas efectuadas por los Registros Civiles de distintos puntos del país, o directamente por los padres deseosos de anotar a un hijo con algún nombre que no figura en los listados oficiales. Tanto el Registro del habla de los argentinos como las Dudas idiomáticas frecuentes, y otras obras, no se publican sólo en libro, sino también en CD.

Por otra parte, la Academia Argentina de Letras se ocupa de la creación literaria mediante estudios y ensayos leídos y comentados en las sesiones, y publicados en el Boletín semestral o en alguna de las cinco series de libros que edita. Entre ellas, llega al volumen XVI la serie de Clásicos Argentinos -con obras de autores como Juan María   —233→   Gutiérrez, José Mármol, Paul Groussac, Juan Bautista Alberdi, anotadas y prologadas por autorizadas firmas-; y la serie de Estudios Académicos ha alcanzado el volumen XXXVII en 2000. Asimismo se publicó en 1999 el primer Anejo del Boletín de la Academia, un conjunto de ensayos, semblanzas y testimonios acerca de Jorge Luis Borges firmados por académicos de número y correspondientes, que conforman el volumen de Homenaje al escritor -quien también fue académico- en el año de su centenario.

La trascendencia que para la Academia tiene la lengua y la literatura, en cumplimiento de sus fines estatutarios específicos como el de «fomentar y estimular la labor intelectual», se concreta además en el reconocimiento de la vocación y el trabajo destacado en las Letras. Para ello ha instituido dos premios anuales, consistentes en un diploma y una medalla: uno, el Premio Academia Argentina de Letras a los egresados de las carreras de Letras de las Universidades argentinas que hayan obtenido las calificaciones más altas de su promoción, conferido por primera vez en 1983. El otro, el Premio Literario Academia Argentina de Letras, destinado alternativamente a poesía, narrativa y ensayo publicados en el trienio precedente, ha sido otorgado a partir de 1995, sucesivamente a Olga Orozco, Héctor Tizón, Ricardo Herrera, Amelia Biagioni, Griselda Gambaro y Víctor Massuh.

Dentro de estas actividades de difusión y estímulo con relación a la lengua y la escritura se cuenta, en otro orden, el Seminario Lengua y periodismo organizado por la Academia, y llevado a cabo en 1999 en la sala «Miguel Cané» de la Secretaría de Cultura de la Nación. En él participaron, ante numerosa concurrencia de periodistas y estudiantes de esta carrera, periodistas de dos importantes diarios de esta ciudad, y varios académicos que son o han sido periodistas. Además se generaron interesantes diálogos con los asistentes acerca de los temas tratados: los manuales de estilo y las normas lingüísticas.

En esta misma línea de actividades académicas se encuadró el Simposio de traducción literaria -realizado también en 1999 en el mismo lugar y con un auditorio de profesionales que colmaba la sala-, en el que intervinieron varios académicos junto con invitados caracterizados. La traducción, en particular la literaria, es preocupación teórica y práctica de los miembros de la Academia, de la que son testimonio estudios aparecidos en el Boletín o en otras de las publicaciones de la Corporación y las   —234→   traducciones por ellos publicadas fuera de la Academia, o aquellas que fueron hechas para ilustrar conferencias o clases universitarias.

En otro orden, es propósito de la Academia afianzar una perspectiva federalista: acercar su labor al interior del país y relacionar sus acciones con el ámbito cultural de las provincias. De hecho, en la mayoría de éstas, la Corporación tiene académicos correspondientes, que colaboran con trabajos literarios o informes por consultas filológicas sobre expresiones locales. Además, por invitación de Universidades, la Academia ha podido realizar visitas a Mendoza, Salta, Mar del Plata, Tucumán, y dos veces a Córdoba y a San Juan, lugares todos donde se han efectuado sesiones ordinarias en teatros, con notable concurrencia de público, ha habido diálogos con estudiantes y profesores, y se ha encontrado un amplio eco en la población en general.

Otro servicio de la Academia a la comunidad ha sido poner a disposición de la Biblioteca Libro Parlante y la Editorial Argentina Braille selecciones de texto grabados destinadas a oyentes ciegos: cuentos, artículos, poemas, etc., de los académicos de número, así como antologías de poetas y cuentistas argentinos del siglo XX.

La Academia es invitada todos los años a proponer candidatos para importantes premios internacionales: Nobel, Cervantes, Príncipe de Asturias, Reina Sofía de Poesía, entre otros, y a designar miembros de jurados de concursos nacionales, como los premios Eduardo Mallea, Ricardo Rojas, Concurso de Literatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; de la fundación El Libro para la creación literaria.

La Biblioteca de la Academia se ha formado y crecido con adquisiciones, canje con el Boletín y otras de sus publicaciones, con donaciones y legados privados, hasta llegar a un fondo de alrededor de 89.000 volúmenes; la hemeroteca supera los 2.700 títulos que suman aproximadamente 12.100 ejemplares; y dispone además de 60 obras en CDROM. Entre este caudal se cuentan importantes legados de bibliotecas particulares, como las de Rafael Alberto Arrieta, Miguel Lermon, Alfredo González Garaño, Enrique García Velloso, Abraham Rosenvasser, esta última de egiptología, la mayor de América del Sur, actualizada en sus publicaciones periódicas por la familia Rosenvasser. El proceso de informatización de la Biblioteca, que tiene ya varias bases de datos, ofrece al público un servicio de gran importancia, ya que el conjunto de   —235→   sus colecciones de obras de lingüística, literatura española, argentina e hispanoamericana es uno de los más importantes del país.

Desde el presente año la Academia interviene en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la Universidad de Alicante, con el Portal de Literatura Gauchesca, que contiene notables ediciones, y próximamente aparecerá otro Portal, de libros de viajeros, también digitalizados en nuestra Biblioteca. Además, en 2000 la Academia emitió un programa semanal por Radio Clásica de Buenos Aires, para difundir noticias y comunicaciones sobre temas literarios y lingüísticos.

En el ámbito internacional la Academia integra desde 1951 la Asociación de Academias de la Lengua Española, formada por la Real Academia Española, las demás Academias hispanoamericanas, la Filipina y la Norteamericana de la Lengua Española. En 1964 se celebró en Buenos Aires, en su sede del Palacio Errázuriz, el IV Congreso de Academias de la Lengua Española; allí se fijó la organización de la Comisión Permanente, cuyo primer Secretario General fue por varios años el académico argentino Luis Alfonso. Periódicamente, de acuerdo con turnos preestablecidos entre todas las Academias, la Academia Argentina envía un representante a Madrid durante tres meses para estudiar problemas de la lengua común -sostenido por la Real Academia y la Asociación de Academias-. La labor de la Academia Argentina se ha ganado el respeto de las Academias hermanas, y ha sido reconocida públicamente muchas veces por la Real Academia; en 1983 nuestro Departamento de Investigaciones Filológicas recibió el premio Nieto López que la Española otorga a los más sobresalientes investigadores e institutos de investigación sobre la lengua española de todo el mundo. En el año 2000, recibió, conjuntamente con las demás Academias de la Lengua el premio Príncipe de Asturias de la Concordia, por tender con su trabajo a la unidad de la lengua y el entendimiento entre los pueblos.

Desde su fundación la Academia Argentina de Letras colabora con la Española en el enriquecimiento del Diccionario con voces de nuestra habla, responde a todas las consultas que la Corporación madrileña le dirige, y en los últimos años revisó las miles de enmiendas y adiciones que la Real Academia ha propuesto desde 1992, fecha de la última edición de su Diccionario, para ser incorporadas en la que   —236→   aparecerá en el próximo mes de octubre. El Director de Departamento de Investigaciones Filológicas de la Academia Argentina, por pedido de la Real Academia, trabajó en su sede en Madrid, desde diciembre de 2000 hasta marzo de 2001, en los últimos ajustes de esta nueva edición del Diccionario mayor.

En los últimos años la Academia Argentina de Letras ha participado en la reunión preparatoria del Diccionario de Americanismos que publicará la Asociación de Academias, reunión efectuada en la Academia Uruguaya en 1996, y en las Jornadas de Lexicografía del Cono Sur, en la Chilena en 1997, en la Argentina en 1998 y en la Peruana en 1999, para estudiar, entre otros problemas, la adaptación de extranjerismos. También la Academia ha intervenido con observaciones y adiciones en la elaboración de la Ortografía que en septiembre de 1999 el Director de la Real Academia Española presentó en acto público en Buenos Aires. En octubre de 1999, tras una reunión de todas las Academias en el Monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja, España), lugar donde se hallan los testimonios más antiguos del español, la Presidenta de la Academia Argentina de Letras fue invitada especialmente por la Española, junto con otras tres Academias americanas, a la firma de un convenio con el señor Bill Gates, que estipula que todos los productos en español de la empresa Microsoft se atengan a las normas académicas a partir de 2001.

En marzo de 2000 también nuestra Academia estuvo presente en Madrid, invitada a participar en la preparación de un Diccionario panhispánico de dudas, ocasión en la que se nombró a esta Academia coordinadora para tres países: la Argentina, Uruguay y Paraguay en los trabajos de dicho Diccionario. La más reciente reunión del Director de la Academia Española, el Secretario de la Asociación de Academias y académicos coordinadores de las varias regiones de América para considerar una parte del Diccionario normativo de dudas, se realizó en junio último en nuestra Casa, reunión solventada por la Corporación de Madrid. Actualmente, la Academia Argentina de Letras está revisando -según el criterio panhispánico- varios capítulos de una Gramática de la lengua española que prepara la Real Academia.

La labor de la Academia Argentina de Letras quizá no es tan «visible» como pueden serlo los museos o los teatros, con mayor   —237→   exposición a público masivo, ni suscita frecuentemente el interés mediático. Su tarea creadora es en gran medida silenciosa y de puertas adentro, y la lleva a cabo con sólo veinticinco personas -contando entre ellas a los ordenanzas y el personal de limpieza- (con un presupuesto fijo para personal y publicaciones sujeto a los vaivenes por todos conocidos, aunque los servicios que presta a la comunidad son gratuitos). Pero está vinculada con el mayor bien cultural que poseemos, que nos une a más de cuatrocientos millones de personas de cuatro continentes: la lengua que hablamos en común y que nos permite entendernos a pesar de las diferencias locales. Precisamente, como la lengua es una y las normas son varias, cada variedad tiene su propia dignidad construida desde su origen en la historia, y a la Academia le compete la difícil tarea de velar por conservar esa dignidad ante los factores que contribuyen a rebajarla, por efecto de cambios culturales que ciertamente trascienden el ámbito hispanohablante. Pueden enumerarse entre estos cambios las ideas del relativismo cultural, de la igualación de valores, de una libertad anómica que, de profundizarse y extenderse, podría llevar en el futuro a una situación de fragmentación y empobrecimiento semejante a la temida en el siglo XIX por Andrés Bello y Rufino José Cuervo.

En el empobrecimiento del lenguaje tiene también mucho que ver el papel de la educación, de la escuela (que tanto ha decaído), cuando se pierden los criterios que permiten armonizar la innovación y la tradición en las lenguas, el no tomar seriamente las normas en la enseñanza o bien el temor de aplicarlas; la «nefasta fe pedagógica en el espontaneísmo», como la llama Fernando Lázaro Carreter, cuando «no se han corregido yerros que lo merecían ni se les han sugerido [a los alumnos] modos mejores»; o tal vez la falta de conciencia del problema y el consiguiente desinterés de los hablantes por la dignidad de la lengua. Remontar las carencias de la educación lingüística es una empresa que como señala el autor mencionado, debe tener un sólido fundamento; y éste es «La convicción profunda de que una cierta pulcritud idiomática es esencial para el avance material, espiritual y político de la sociedad, y para su instalación en el mundo contemporáneo».

Otro factor importantísimo son los medios de comunicación, que hoy, según varios lingüistas, son los que «hacen y deshacen la lengua».   —238→   En la actualidad muchos de los llamados «comunicadores sociales», los artistas, las personas entrevistadas, algunos intelectuales, etc., emplean un lenguaje que suele ir de la vulgaridad idiomática a la franca grosería, y un estilo deliberadamente antiformal y antiintelectual -aun en intelectuales-, en parte destinado con éxito a los jóvenes, y oído (y aceptado) acríticamente por muchas personas. La pobreza del léxico, las muletillas, la adopción -defectuosa en muchos casos- de palabras extranjeras sin necesidad real, la impropiedad de la sintaxis, los errores morfológicos, las faltas de ortografía, además de las de redacción, etc., quizá no alcanzarán a desquiciar la lengua, ya que en el transcurso de los siglos ha absorbido muchos extranjerismos, y sus estructuras más abstractas, de extraordinaria complejidad: la fonología, la morfología y la sintaxis, son resistentes a la contaminación y el cambio masivos. Pero todas las impropiedades alcanzan para deslucir la lengua y rebajar su dignidad. Los medios de comunicación -radio, televisión, prensa-, por su influencia masiva, instantánea, compiten hoy con gran ventaja con la escuela (en el supuesto de que en ella se cultive el cuidado de la lengua).

En algunos sectores de la población, sin embargo, se advierte la preocupación por la propiedad del hablar y el respeto a las normas; así lo muestra la cantidad de consultas escritas y telefónicas anuales a la Academia Argentina de Letras, en su mayoría de parte de estudiantes, docentes, periodistas. Es de esperar (aunque sin demasiado optimismo) que la acción de la Academia pueda llamar la atención de la ciudadanía y de los organismos de Gobierno sobre esos desafíos internos acerca del valor y el cuidado de la lengua.

Para terminar, cabe mencionar precisamente las tareas pendientes que responden a desafíos externos ante la importancia del español en el mundo por la cantidad de sus hablantes, por su extensión geográfica, por ser lengua de intercambio en organizaciones internacionales -las Naciones Unidas, la Comunidad Europea, el Mercosur: organizaciones en las que es incluso portavoz de regiones bilingües de la Península y de América-, por tener una literatura original que trasciende en traducciones a multitud de otras lenguas moviendo de este modo intereses económicos que vehiculizan el interés cultural. Pero todo esto no basta para que la lengua tenga peso internacional en un mundo dominado por la informática y la tecnología. Algunos pasos   —239→   positivos se han dado en el ámbito académico: España ha conseguido de la comunidad internacional el respeto a la letra ñ; se ha adoptado el ordenamiento alfabético latino del Diccionario por el cual los dígrafos ch y ll se incorporan a las letras c y l a la par de los diccionarios de otras lenguas modernas; la Real Academia Española ha recopilado un corpus de millones de palabras del español en todo su ámbito para documentar y perfeccionar sus trabajos. A este respecto es proyecto de la Academia Argentina de Letras recoger un corpus representativo de las hablas del país en soporte informático para cumplir cabal y fielmente con sus tareas.

Hacen falta, sin embargo, otros emprendimientos, ya que, por ejemplo, debemos soportar en textos escritos con computadoras (aun de entidades oficiales argentinas) o en el correo electrónico, la ausencia de la ñ, y la presencia del rasgo que más desnaturaliza la identidad hispana de esa letra: su sustitución por nn, nh, ny, por un espacio o por cualquier signo. Es que el mundo hispanohablante acepta tecnología y programas que se producen en países de lengua no española. Hay un gran desafío que los gobiernos y el capital privado deberían encarar como una inversión redituable para sus naciones, mediante el estímulo de investigaciones científicas y tecnológicas: es la producción de programas informáticos que respeten las características de la lengua; y más ampliamente, la recopilación de materiales lingüísticos que, como los corpora (recopilaciones de datos), son indispensables en las industrias de la lengua para la elaboración de productos óptimos, informatizados o no: diccionarios generales y terminológicos, diccionarios bilingües, materiales educativos tradicionales o interactivos, traducción automática, programas de corrección ortográfica y gramatical, análisis y síntesis del habla, teleservicios, etc. Todo esto, además de contribuir al respeto por nuestra identidad lingüística, permitiría a nuestro país participar de los beneficios económicos que surgen de la tecnología y las industrias de la lengua.

Ante estas realidades y estos desafíos, la Academia Argentina de Letras no cejará en su objetivo de velar por nuestro patrimonio lingüístico continuando con su labor creativa, y, en la medida de sus posibilidades de difusión, contribuir a la reflexión, la toma de conciencia y la oportuna acción, ya que la lengua es la manifestación más palmaria de nuestro grado de cultura.