Carta de don Tristán de Luna y Arellano, gobernador de La Florida, a Su Majestad sobre lo acaecido en aquellas partes (24 de septiembre de 1559)1
Tristán Luna y Arellano
Su Cesárea Majestad.- Después de haber escrito a Vuestra Majestad largamente todo lo tocante a esta jornada de las provincias de la Florida, con todo lo sucedido en la navegación y fuera della basta aquel día, y remitiéndome en parte a Juan Rodríguez, piloto mayor que fue desta armada, hase ofrecido después acá de qué dar cuenta a Vuestra Majestad, para que con brevedad Vuestra Majestad sea servido de mandar se provea del remedio que más convenga, y es que lunes en la noche, diez y nueve deste mes de setiembre, se levantó de la parte del Norte una tempestad brava, que corriendo por veinte y cuatro horas por todos los vientos hasta la misma hora que comenzara, no parando, sino siempre yendo en crecimiento, hizo en las naos del armada daños irreparables, con pérdida de muchos hombres de la mar y pasajeros, así de sus vidas como de sus haciendas, echando al través las naos todas que dentro este puerto estaban, con ser uno de los buenos que en todas estas Indias hay, eceto una carabela y dos barcas que escaparon; hanos puesto en tanto aprieto, que, si no proveo a la necesidad en que nos dejó con brevedad por haberse perdido, en un navío de los que dieron al través mucha parte de los bastimentos que tenía en él recogidos para la sustentación deste ejército y dañado con las muchas aguas lo que en tierra había, no sé cómo sustente la gente del, si no es como a Vuestra Majestad por esta digo; y para ello es me forzoso, porque no perezcamos todos, en viniendo unos cuatro capitanes que en breve espero, que proveí entrasen la tierra adentro para que me diesen noticia de la dispusición della y poblaciones que hallasen, entrarme yo con toda esta gente adonde haya dispusición de los poder sustentar; dejando los pocos bastimentos que de presente tengo a la gente que quedare poblada en la ciudad que en este puerto queda, para que coman en él, entretanto que don Luis de Velasco los provee de la Nueva España; aunque, si yo pudiere y tuviere con qué, no dejaré de los socorrer por un río que a esta bahía filipina sale, por donde yo tengo de subir, porque socorrer al restante del campo de la Nueva España téngolo por dificultoso poderse hacer por la mar, tan segura y cumplidamente como se podrá hacer por tierra, por haberme de apartar deste puerto la tierra adentro tanto como a Vuestra Majestad por esa otra carta tengo escrito; cumplirá, para que el fin de Vuestra Majestad se consiga, y una cosa que tanto a Vuestra Majestad cuesta no se pierda con fin y muerte de los vasallos de Vuestra Majestad que aquí en su Real servicio están, que se dé mandado al Virrey de la Nueva España los provea de lo que le inviare siempre a pedir, hasta que, con las mercedes que Vuestra Majestad fuere servido nos hacer en la tierra, todos se puedan sustentar; y porque por la vía del virrey don Luis de Velasco, siempre que haya oportunidad, daré aviso a Vuestra Majestad de los sucesos desta tierra; suplico a Vuestra Majestad para hacer mercedes a los que en su Real servicio en mi compañía tengo, se le representen los muchos trabajos que tienen de pasar hasta conseguir el fin cristianísimo de Vuestra Majestad, cuya soberana vida, con ensalzamiento de su Real corona, Nuestro Señor Dios guarde por muchos y muy venturosos años, para que, mediante ella, en estas partes Vuestra Majestad vea dilatada la dotrina del Santo Evangelio, como Vuestra Majestad desea y procura, amén. Desta bahía filipina y puerto de Santa María, veinte y cuatro de setiembre de mil quinientos cincuenta y nueve años.- De V. S. C. M. humill criado y vasallo, que sus pies y manos besa.- Don Tristán de Luna y Arellano.
En la cubierta dice: «A la Su Cesárea Real Majestad el rey don Phelipe Nuestro Señor.- De don Tristán de Luna, su gobernador de la Florida»
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