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Carta de Miguel Hernández a Germán Vergara. Madrid, 27 de abril de 1940

Miguel Hernández

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Madrid, 27 de abril 1940

Querido tío Germán: Usted comprende perfectamente los motivos de mi silencio epistolar, y esta comprensión me desarma. Mi mujer me da noticias de su generosa atención, que tanto me alegra por las muchas razones que tengo para ello. Verdaderamente, tanto mi familia como yo, tendremos presente siempre su bondad. No quisiera que esta situación se prolongara mucho tiempo, además de por la natural ansia de libre desenvolvimiento, por lo que significa de esfuerzos y molestias para usted todo esto. Supongo que le habrán enterado de la marcha de las gestiones sobre mi caso. Con-

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fío en una feliz solución. Y si esta no llegara, confío en mí, que es lo que no puedo dejar de hacer nunca. Como la alimentación, por usted, es insuficiente, hago una vida bastante agradable: aunque en ningún momento, ni en los más críticos, he dejado de desear vivir.

Estudio, y aprendo, cosa no extraña en un lugar como este, donde forzosamente se aguzan la actividad intelectual y sentimental de hombre. Sé mucho, querido tío, y espero saber más de nada alguna vez.

Si le es posible, haga el favor de dar abrazos míos a Pablo y Juvencio por encima del mar (¡quien lo anduviera!). Usted reciba una fuerte amistad inolvidable y un abrazo más fuerte si cabe.

Su sobrino

Miguel Hernández