61
Para el juego cervantino entre Vicente de la Rosa y Vicente de la Roca, que algo añade al tono humorístico que se verá a continuación, véase Rodriguez.
62
Alguna semejanza entre los dos cuentos, como ésta de las joyas, fue hace tiempo señalada por Márquez Villanueva, 115-34.
63
Véanse Stith Thompson, III, 361; y Fiedler, 111.
64
Hay diez capítulos entre un empleo y otro; y sin que en ellos se interpole ninguna otra narración, pues no pensamos que lo presentado acerca de los amores de Luis y Clara constituya un relato en toda regla (Williamson, 55).
65
Ha de indicarse, en toda justicia, que Williamson ofrece el comentario que sigue como sugerencia de una general y difusa actitud auto-paródica.
66
En ambos casos se enamoran, podría decirse que de vista, desde una ventana, y en ambos casos ellas inician los contactos amorosos.
67
Para el fenómeno social de jóvenes pueblerinas que se escapaban con soldados, y su valoración ética, véase la carta de Teresa Panza a su marido (II, 52).
68
Está claro que la continencia de Vicente respecto a Leandra se presta a otras interpretaciones, pero éstas en ningún caso disminuyen su avaricia y quizás, en aquella época, desde luego, ridiculizaran aún más su condición militar.
69
Agustín García Arrieta, El espíritu de Miguel de Cervantes y Saavedra (Madrid: 1814), XXIV; Bartolomé José Gallardo, El Criticón, papel volante de literatura y Bellas artes (Madrid, 1835) 6; Juan Antonio Pellicer, «Vida de Miguel de Cervantes Saavedra», El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, I (Madrid, 1797, CXLI-CLVI.
70
Julián Apraiz, «Curiosidades cervantinas», Homenaje a Menéndez y Pelayo, I (Madrid, 1899), 249.