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31

La disolvencia por encadenado sin representar la convencional ruptura en el espacio o el tiempo real, ha sido utilizada con habilidad por algunos maestros del cine mudo. Véanse, como ejemplo, las excelentes escenas de amor de La marcha nupcial (The Wedding March, 1928), de Erich Von Stroheim.

 

32

Existe, por otra parte, una confesada admiración de Bergman hacia la obra de Victor Sjöström. En 1958 Bergman confiará al veterano realizador el papel protagonista de su película Fresas salvajes (Smultromstället32.1).

 

32.1

Smulstromstallet» en el original. (N. del E.)]

 

33

La Prisión» en el original; se repite después (N. del E.).]

 

34

Es fácil que esta pieza teatral, estrenada en mayo de 1944, en el teatro Vieux Colombier, de París, haya inspirado directísimamente la película de Bergman.

 

35

El verano con Monika» en el original; se repite después. (N. del E.)]

 

36

[«Kirkegaard» en el original; se repite después. (N. del E.)]

 

37

[«Chatteaubriad» en el original. (N. del E.)]

 

38

Esta debilidad de la crítica, al referirse a la metafísica de Bergman, es imperdonable. En primer lugar toda película, por el sólo hecho de ser una creación humana, lleva implícita una cierta filosofía y una particular visión del mundo, sea católica, marxista, existencialista o burguesa. Puede hablarse, por lo tanto, de una filosofía muy clara, por otra parte, en las películas de De Mille o de Howard Hawks, como en las de Ingmar Bergman. Hay que añadir, además, que la ideología romántica de Bergman no es en modo alguno nueva, sino que data de la segunda mitad del siglo XIX. El fatalismo amoroso, por otra parte, no es tema nuevo en el cine. Véanse los amores imposibles del cine negro francés de anteguerra. Jean y Neyll, en Quai des brumes (1938, de Marcel Carné) o Gaby y Pepe-le-Moko, en Pepe-le-Moko (1937, de Duvivier), con su acento «canalla» y su pintoresquismo literario, les preceden en más de quince años.

 

39

Unas frases significativas de la protagonista de Juegos de verano revelan claramente el confusionismo moral y las contradicciones internas de Bergman: «Yo no creo que Dios exista. Si existiera lo detestaría. Le escupiría en la cara».

 

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Vredens Dag (Dies Irae, 1943)» en el original. (N. del E.)]