11
Íbid., pág. 35.
12
AMÉRICO CASTRO, «Perspectiva de la novela picaresca», publicado por primera vez en la Revista de la Biblioteca Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid, XII, 1935, págs. 123-138, y reimpreso en la ob. cit. Cito siempre por esta nueva impresión, pág. 91.
13
Ed. cit., pág. 36.
14
A. CASTRO, art. cit., pág. 84.
15
Íbid., pág. 86. A. C. ve confirmada en esta contraposición la ascendencia judía del autor anónimo del Lazarillo de Tormes, señalada en La realidad histórica de España, México, 1954, págs. 531 y 572, y a la que me refiero más adelante. Véase la nota 19.
16
Íbid., pág. 91.
17
Íbid., pág. 93.
18
Citado por A. Castro, Íbid., pág. 87.
19
A. CASTRO, «El Lazarillo de Tormes» en ob. cit., pág. 109.
20
«Aclaraciones preliminares» a la ob. cit., pág. XIX. En estas páginas preliminares, fechadas en 1957, expone A. Castro con detalle las razones que le inducen a creer que el autor del Lazarillo de Tormes era un judío converso. «El autor anónimo contempla la sociedad española desde sus márgenes o desde algún apartado y seguro refugio. Este hombre, religioso a su modo, no era ni erasmista, ni simplemente anticlerical. Sus modos de juzgar y sentir no parecen cristianos, pues nada en su obra revela fe a respeto por el cristianismo erasmista o reformado, ni por el catolicismo. Lázaro entró con el escudero en la Catedral de Toledo, y dice: Le vi oír misa, pero no dice que la oyera él: las omisiones y silencios son tan reveladores como sus menciones del Dios único -sin ser trino- de los hebreos, como sus vituperios y sarcasmos». Pág. XXVI.