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Periódico festivo ilustrado, de periodicidad semanal que nace en Madrid en 1880 y prolonga su vida hasta 1902 (con un breve intento de reaparición en 1905). Pasó por cinco etapas, las dos primeras bajo la dirección de Sinesio Delgado. En la tercera, Clarín se hace cargo, a petición de los propietarios, de la dirección, si bien de manera harto distante (in absentia, como él mismo afirma en la carta de aceptación que reproduce el semanario en el número 791 de 16 de abril de 1898) y breve, pues en el número del 12 de septiembre ya aparece como director Jacinto Benavente. En la cuarta etapa, el director será José de Loma. En estas cuatro etapas, la firma de Clarín es casi constante.
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Según el estudio de Lissorgues sobre la producción periodística clariniana, sólo se le acerca en cifras de artículos y cuentos publicados El Solfeo, con 418 artículos y 15 relatos frente a los 415 y 28 que aparecieron en Madrid Cómico y a mucha distancia del siguiente: La Publicidad, con 232 artículos y 10 relatos.
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Algo en lo que insiste el escritor en las palabras que dirige al lector en el «Último palique» de 18 de junio: «si vuelven a verme aquí, pueden decir para su coleto: 'A este le pagan más que antes'. No hay más filosofía en el asunto»
(en Dorado, 2003: 379). A la vez que aclara, dirigiéndose a Sinesio Delgado que «no obedece mi separación a malos tratos ni incompatibilidades de caracteres, ni a que yo no esté conforme con la marcha política del periódico»
(Ib.).
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«[...] ¿por qué les ha tomado Vd. asco a los Paliques?», pregunta Clarín en una carta a Delgado de diciembre de 1893, y añade: «Crea Vd. que de cuando en cuando convienen. La responsabilidad es toda mía»
(Botrel 1997, p. 32).
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Esta ausencia de «Paliques» durante esta temporada no implica el que Clarín haya abandonado el género, simplemente los publica en otros periódicos como La Correspondencia de España o El Globo.
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En el mes de enero de 1894 aparecen dos colaboraciones de Alas, la primera, del día 6, es una narración en verso -la historia de amor de dos monos-, que lleva el título de «Piticoides»; la segunda, el día 20, un artículo de título «La Epifanía» en que resume los homenajes a Jovellanos y a Núñez de Arce. Más adelante, publicará «Sinesios», del 13 de julio de 1895 y «Excavaciones» de 30 de noviembre del mismo año. Por cierto que, en ambos casos, los dibujos que acompañan a estos artículos se deben a la mano del escritor, que los ha calcado: «lleva dibujos míos... hasta cierto punto, sacados a trasluz»
(Botrel 1997, p. 37).
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Todavía en mayo de 1892, en una carta a Sinesio Delgado en la que le expone sus ideas acerca de cómo debería reformarse el semanario, y aunque hace alusión a que «los monos de Cilla que casi siempre tienen mucha gracia»
, añade un desdeñoso comentario acerca de las revistas ilustradas a las que califica de «anodinos y tontos papeles pintados»
(Botrel: 1997: 29). Sobre esta actitud y su posterior cambio he hablado en otros trabajos, como el aparecido en la revista Siglo XIX, n.º 17, 2011: «Tres cuentos de Clarín en uno de esos "anodinos y tontos papeles pintados"»
.
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Ramón Cilla (Cáceres 1859-Salamanca 1937). Estudió en Madrid en la Escuela de San Fernando. Se dio a conocer a los 14 años publicando un trabajo en El Mundo Cómico. Gran caricaturista, además de dibujante de aleluyas y de historietas cómicas, fundamentó su fama en las caricaturas de personajes de la época «con la cabeza enorme, por lo que popularmente fueron conocidas como quisquillas»
(Sánchez Vigil: 2008: 65). «Estas caricaturas ocuparon durante muchos años las portadas de los números de Madrid Cómico, e iban acompañadas siempre de un verso jocoso, alusivo al personaje caricaturizado, de su amigo y director del semanario, Sinesio Delgado»
(Casado: 2006: 59). Codirigió con Delgado este semanario, la publicación que le dio más fama y en la que trabajó durante 15 años. Colaboró también en casi todas las publicaciones de la Restauración. Además ilustró algunas obras de Luis Taboada, de Ulloa, así como algunos de los populares cuentos de Calleja.
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Mecachis, seudónimo de Eduardo Sáenz Hermúa (Madrid 1859- 1898). Dibujante, escritor y autor de obras teatrales. Fue alumno de Federico de Madrazo y de Luis Rivera en la Escuela Superior de Pintura de Madrid. Colaboró en casi todas las revistas ilustradas de la época, especialmente en La Caricatura, la cual fundó en 1884 junto a José Gil y Campos. En ella firmaba con el seudónimo Augusto Marnaz los textos literarios que ocupaban gran parte de la revista. Fue también ilustrador de libros, y autor de una serie de barajas humorísticas. Eran especialmente valoradas sus caricaturas políticas. A causa de su trabajo en La Caricatura, a menudo es reconocido como el auténtico creador del cómic español.
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Sáenz Hermúa contaba con el beneplácito del escritor que, en carta al director de la publicación, le comenta el resultado de las viñetas que acompañan a «Piticoides. Sarampión campoamorino»: «También me han gustado los monos (tres) que Mecachis ha puesto a mi sarampión, sobre todo el último mono»
(Botrel 1997, p. 32).