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Este ensayo se preparó originalmente para el congreso Sor Juana y la teatralidad barroca (marzo de 1995, University of California at Los Angeles, Center for Medieval and Renaissance Studies) que (patrocinado por el National Endowment for the Humanities) pude organizar y dirigir únicamente por la confianza absoluta que José Pascual Buxó tuvo en mí para llevar a cabo en su nombre todos los trámites burocráticos en UCLA, dado ya su retorno a México. Como los trabajos de ese congreso no llegaron a publicarse, no hay mejor lugar para este huérfano que recogido por fin en homenaje a su padrino.
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La portada de Inundación castálida (1689) anuncia a la autora como «la única poetisa»; la segunda edición titulada Poemas (1690) agrega el calificativo «americana».
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Méndez Plancarte así la cataloga en su edición del t. 2 de las Obras completas de Sor Juana (1998: 1). Sabat de Rivers, editora de Inundación castálida (1982: 31, 47, 54), también llama lírica personal a todos los poemas en esa colección que no sean loas y villancicos.
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Según Querol (1981: 38), Calderón, como Góngora, se halla «inmerso constantemente en un mundo musical ideal».
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Dice Calderón en el prólogo al primer tomo de sus autos que Pando y Mier incluye en su edición de 1717, vol. I: «Parecerán tibios algunos trozos, respeto de que el papel no puede dar de sí, ni lo sonoro de la música, ni lo aparatoso de las tramoyas; y si ya no es, que el que los lea haga en su imaginación composición de lugares, considerando la que sería».
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También dice Sor Juana (1976): «Yo nunca he escrito sino violentada y forzada y sólo por dar gusto a otros» (444). «Yo nunca he escrito cosa alguna por mi voluntad, sino por ruegos y preceptos ajenos; de tal manera que no me acuerdo haber escrito por mi gusto si no es un papelillo que llaman El Sueño» (470-471).
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Para la incorporación de Sor Juana en el canon de la poesía española barroca, véase la antología de Elías L. Rivers (1988).
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Las etiquetas son de Méndez Plancarte que distingue la «lírica personal» de la «Lírica Colectiva, o Coral o Semi-dramática» (cfr. Juana Inés 1988: 1, XLVIII). En oposición a Henríquez Ureña y a Chávez, Méndez Plancarte se niega a considerar los villancicos literatura dramática por su «indiscutible lirismo» (cfr. Juana Inés 1988: 2, LI-LIII).
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En la Loa a El laurel de Apolo de Calderón, montada por primera vez en 1658, «salen dos damas y dos galanes [...] cantando y danzando, vestidos a lo judío» representando a Asia; «se apartan y salen cantando también y danzando otras dos damas y galanes, con mascarillas negras [...] vestidos a lo moro», representando a África. «Apártanse, y sale otra cuadrilla [...] vestidos a lo indio, cantando también y danzando», representando a América. «Apártanse y suenan dentro cajas y trompetas y sale otra cuadrilla de españoles», representando a Europa (Tercera parte de 1664, f. 190, en Calderón 1973).
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Sor Juana los llama «entes de razón» en el Sainete primero de palacio, y agrega (vv. 6-7): «que aquí los mejores entes/ los metafísicos son». A partir de ésta, todas las citas de Los empeños de una casa, la Loa, sus dos sainetes, y el Sarao de cuatro naciones provienen de la edición de García Valdés (cfr. Juana Inés 1989).