Crónica veraniega
Concepción Gimeno de Flaquer
Playas asturianas.- Nuestra Señora de Guadalupe.- Gruta de Sobetrón.- Cantares.-Romería de San Roque.- Corridas de cintas.- Palacio de Llanes.- Santuario de Covadonga.
Quien conoce las poéticas playas asturianas renuncia a veranear en Dieppe, Trouville, Biarritz, Zarauz o San Sebastián. La tiranía de la moda no ha llegado a las hermosas playas del Concejo de Llanes, promulgando despóticas leyes; aquí, lejos del mundanal ruido, hácese una vida independiente muy en armonía con la higiene y la comodidad.
Los bañistas diseminados por el Sablón, Puerto Chico, San Antolín, Celorio y Toró, libres de la esclavitud de toda fórmula social, viven cada uno a su gusto sin ninguna cohibición, seguros de no ser criticados.
La playa de Toró es encantadora; presenta un aspecto sumamente original. Recorrila en las horas de baja mar, y me encontré en un bosque de ingentes rocas semejantes a las ruinas de Persépolis. En aquella ciudad, que duerme en acuático lecho, hállanse plazoletas y largas calles adornadas con estatuas, obeliscos y peristilos del estilo griego y egipcio, sin haber brotado del escoplo o la dovela, sino del golpe de la ola cántabra, más artista que el cincel helénico.
En los lagos que allí se forman al retirarse el mar, admíranse plantas de belleza sorprendente y tonos multicolores cual las del más frondoso prado. Las espumas con anchas cintas de raso formadas por las algas semejan túnicas de encaje rasgadas por las nereidas al sumergirse en sus palacios de perlas y corales.
Si de la playa subimos a las montañas, la decoración produce arrobamiento. ¡Qué variedad de paisaje! El Cristo con sus altas cimas cubiertas de helecho y sus colinas esmaltadas de olorosas florecillas; San Pedro presentando a la naturaleza en su más imponente grandiosidad; Nuestra Señora de la Guía, erguida sobre el mar cerca del faro, formando con él dos áncoras de salvación, una alzada por la fe, otra por la ciencia; los bosques de La Pereda con sus cristalinos arroyos y sus valles, en donde florecen el avellano, el manzano y el cerezo.
Los aficionados a excursiones recorremos las aldeas buscando curiosidades dignas de estudio o costumbres inocentes, que traen ráfagas de placidez a nuestros perturbados espíritus.
En San Antolín existen los restos de un convento de benedictinos que encierra entre sus tumbas fantásticas leyendas de la Edad Media. Dicho convento es el más antiguo del principado.
Esta devota tierra rinde gran culto a la Virgen en todas sus advocaciones. La humilde aldea de Pereda posee una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, colocada en suntuoso altar, copia exacta de la que se venera en México. Los asturianos que vuelven de la tierra de Moctezuma a sus hogares prostérnanse ante la milagrosa imagen, entonando conmovedores cantos que recuerdan la lejana patria adoptiva con estos versos:
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El viajero que visita a Soberrón, pueblecillo de lo más pintoresco de la comarca, no se marcha sin penetrar en la inmensa gruta de la Herrería. Encuéntranse en sus concavidades alabastros, arcos triunfales, columnas estriadas, cúpulas cubiertas de rocío diamantino y caprichosas estalactitas, que no tejieran más delicadamente las hadas: todos estos primores naturales se deben a la eterna gota de agua.
Los hijos de Llanes son muy aficionados a romerías, hallándose constantemente, preocupados con la organización de fiestas. Los bandos de Nuestra Señora de la Guía, Santa María Magdalena y San Roque, rivalizan en la fastuosidad de festejos, habiendo bando que gasta más de 14.000 duros.
El entusiasmo raya en frenesí; algo de él revelan los cantares siguientes, que entonan las muchachas al compás de las danzas populares:
Efectivamente, la Romería de San Roque ha pido este año brillante, animadísima; hemos tenido un programa de fiestas digno de una gran ciudad. Procesión, velada musical por la famosa banda de Oviedo y aficionados de esta villa, baile de sociedad en el teatro, dianas, cohetes, magníficos globos, comida para los pobres, cuadros disolventes, iluminaciones, sobresaliendo un elevado y elegante templete árabe con sus caladas columnas fulgurantes y sus ajimeces cubiertos de guirnaldas de luces de colores.
Lo más interesante de esta fiesta ha sido la corrida de cintas a caballo y en bicicleta, en la que han tomado parte muchos forasteros. El triunfador presentábase caballerescamente ante el tribunal, formado por siete bellas señoritas, y entregaba la cinta ganada en buena lid a una de éstas, de la cual recibía la banda de honor que sus níveas manos le prendían en el hombro.
Sorprende al touriste la variedad de danzas y bailes astures, entre los que se distinguen la muy artística dama peregrina, las giraldillas, el complicado pericote y la danza prima: en esta danza unen sus brazos la encopetada dama y la aldeana. Las asturianas linajudas son altivas con los grandes y sencillas con los humildes; conservan dignamente sus blasones, de los que se enorgullecen con razón, ya que en Asturias existe la cuna de dos familias que pusieron en su escudo esta arrogante divisa:
| Antes que Dios fuera Dios | |||
| y los peñascos peñascos, | |||
| los Quirós fueron Quirós | |||
| y los Velascos Velascos. |
Las aristocráticas damas descendientes de tan ilustres familias, no reparan en clases al bailar la danza prima, que se acompaña con los cantos de las bailadoras.
Tienen en este país mucho gusto para edificar. Entre los palacios que he visto descuellan por su fastuosidad los de D. Federico Bernaldo de Quirós, D. Sinforiano Dosal y el de la Marquesa de los Altares. Su distinguida e inteligente hija me hizo conocer la mansión señorial, la regia quinta que en esta villa posee.
Mucho honor hace a Llanes el orden con que se verifican siempre las fiestas, sin tener que intervenir en nada la policía. A pesar de hallarse el pueblo tan dividido en bandos, respétanse unos a otros y no hay colisiones jamás. Los llaniscos son muy cultos. ¿Cómo no serlo ante el majestuoso espectáculo que les ofrece la naturaleza, engalanándose para ellos con su más rico atavío? La contemplación de lo bello eleva el espíritu cuando se sabe sentir la belleza: los asturianos saben sentirla.
Ningún tourista recorre Asturias sin hacer una visita a Covadonga, en donde encuentran páginas indelebles escritas en gigantescos peñascos el místico y el historiador. La falda de aquellas elevadísimas montañas fue para los sarracenos lo que el paso de las Termópilas para los persas. En Covadonga alzó la santa cruz un asturiano, dando al propio tiempo un cetro a España. El recuerdo de Pelayo va tan estrechamente unido al de la Virgen de Covadonga, que en la imaginación de los peregrinos forma un solo cuadro.
Oír una misa en la santa cueva al arrullo de la cascada que entona eterno himno a la milagrosa Virgen, es sentir el espíritu transportado a célica región.
En el santuario existen tres grandes albums en donde dejan autógrafos los viajeros distinguidos. Entre firmas de reyes, príncipes, arzobispos, filósofos, marinos, literatos y artistas encontré pensamientos de Sagasta y Salmerón, de Riva Palacio y Vicente Villada.
Otro día me ocuparé en describir a la interesante mujer asturiana, que merece un estudio minucioso.