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[Esta edición presenta las siguientes enmiendas y correcciones respecto a la paginación del original.
La página [423] contiene la fe de erratas del original.
Al final de algunos capítulos aparece el aparato de notas correspondiente, en consecuencia, las páginas 55-59, 131-135, 151-152, 189-192, 215-217, 241-243, 275-278 y 297-298 incluyen dicho aparato. (N. del E.)]
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El señor
Orozco y Berra, en su Geografía de las lenguas de
México, adopta mi opinión acerca de la
diferencia entre el chichimeco y el mexicano, y aun la robustece
con otros dos razones: 1.ª En la Relación
(ms.) del arzobispo don Antonio
Montúfar, se lee que en el pueblo de Pachuca se hablaba el
otomí, el mexicano y el chichimeco, lengua que no
entienden otros. 2.ª Consta en la Biblioteca de
Beristain que el padre Diego Díaz Pangua escribió:
«Arte y diccionario de la lengua chichimeca».
Agregaré, por mi parte, dos testimonios más. Herrera
dice: «En Michoacán se hablan
cuatro lenguas: chichimeca, otomita,
mexicana y tarasca»
(Déc. 3, lib. 3, cap.
15). Hervás, no obstante que, siguiendo a Clavijero,
creía ser unos mismos los chichimecos y los mexicanos,
asentó este hecho: «Al Norte de
los otomites están los chichimecos que no hablan
lengua mexicana»
(Catálogo, vol. 1.º, pág. 198). Basta lo dicho, por ahora,
y entraré en nuevas explicaciones sobre el chichimeco al
hablar del idioma meco (cap. 55). (N.
del A.)
3
Me parece conducente recordar aquí el dictamen sobre etimologías de la palabra México, que publiqué en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (vol. 8, p. 415). (N. del A.)
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Todos los gramáticas mexicanos, cuyas obras he consultado, dicen que en la lengua azteca hay algunas palabras en las cuales unos autores usan u y otros o, porque la pronunciación de esas letras no es bastante clara, bastante marcada. La consecuencia que rectamente se desprende de esto es que hay una letra en mexicano la cual guarda un sonido medio entre la o y la u, y por ese motivo he puesto una vocal más en el abecedario, que he designado con el nombre de u oscura. Como los escritores no han tenido cuidado de expresar con un signo particular esa letra, es difícil saber en qué palabras debe concurrir, y por lo tanto me contento con la observación hecha.
Diré también, respecto al alfabeto, que algunos autores usan hu en lugar de v; yo prefiero usar aquí esta letra, explicando su pronunciación, como lo hacen otros autores, porque así nos ahorramos un signo inútil.
Sin embargo, en la parte comparativa usaré hu, porque son las letras adoptadas generalmente para las idiomas análogos al mexicano, siendo más sencillo conformar éste con aquéllos que varios con uno solo. (N. del A.)
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El prurito de imitar la gramática latina, que se observa en nuestros gramáticos, los hace dividir y subdividir las reglas del número en cinco declinaciones, incluyendo en ellas erradamente muchas explicaciones relativas a otros puntos de la gramática, de lo cual no sólo resulta confusión sino también consecuencias falsas. Por ejemplo: Aldama (§ 63) asienta que el nombre pitzotl, cerdo, pertenece a varias declinaciones (y otros nombres respectivamente), y quiere probarlo haciendo ver la variedad de terminaciones de que tal palabra es susceptible; el resultado es que examinadas esas terminaciones se ve que una es de plural, otra de diminutivo, otra de compuesto con posesivo, y otra de esto mismo y a la vez de diminutivo. (N. del A.)
6
No a todos los en otl conviene, sin embargo, esta definición de Sandoval, que él parece dar como general, pues hay muchos que son simplemente abstractos, como el ejemplo citado kuallotl, etc.(N. del A.)
7
El padre Molina,
en su prólogo, aviso 10, explica que no todos los verbos
tienen verbales, en cuyo caso se suplen con el verbo mismo, como se
ve del ejemplo que pongo, sacado de Aldama (§ 404), por lo
cual parece que este autor se equivoca al decir (§ 430):
«En el mexicano hay tantos verbales
cuantos verbos»
. Por esto es que yo anteriormente
restringí esta aserción con la palabra casi.
(N. del A.)
8
Ni Carochi ni
Aldama conceden reverencial al pronombre nevatl, por parecerles impropio que
uno mismo hable de sí con respeto, de modo que el segundo
explica: «aunque el P. Pérez afirma que oyó decir
nevatzin,
avisa que fue donde no hablaban bien: yo digo, que quizá los
que lo decían estaban bufoneando»
. Nada de esto me
parece a mí, pues muy bien podría usarse con
reverencia el pronombre de la primera persona, sin faltar a la
propiedad en el sentido que vemos se usa en mixteco. (N. del A.)
9
También como demostrativo se usa de las palabras in nepa ka, allí está; pero ésta es una oración supletoria y no un pronombre. (N. del A.)
10
Cualquiera que lea sin otros antecedentes a Sandoval, creerá que en la conjugación mexicana hay participios; pero los que este autor pone como tales no son sino los adjetivos verbales de que he dado cuenta, y que minuciosamente explican Carochi y Aldama. (N. del A.)