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SAN LUIS
Una zorra quería tomar agua di un pozo hondo y si allegó. Cuando intentó bajar, se refaló y se cayó al medio del pozo. No podía salir porque el pozo era hondo y no sabía qué hacer. Un día sintió que pasaba un chivatón y le dijo:
-Entrá, qui aquí hay una agua tan fresquita que yo no quiero ni salir para tomar toda la que pueda. Arrímate por ese lado y bajá.
El chivatón se consintió, si arrimó al pozo y áhi no más se refaló y cayó. El chivatón tomó agua que 'taba muy fresquita. Después de un rato de 'tar en l'agua quería salir, pero no sabía cómo hacer. Entonce la zorra le dijo que ella le iba a enseñar. Le dijo que se parara en dos patas y que ella le iba ayudar a salir. Áhi no más el chivatón se paró en dos patas y entonce la zorra se subió por el espinazo del chivatón y saltó afuera del pozo. Lo dejó adentro al chivatón, los balidos no más. Y a los pocos días se murió di hambre por atender los consejos de la zorra.
Gabriela Romero, 64 años. El Sauce. Chacabuco. San Luis, 1950.
Campesina, nativa del lugar.
—474→
ENTRE RÍOS
Una güelta se encontraron el tigre y el zorro, muertos de sé los dos. No había agua por todo ese campo ande andaban. Entonce empezaron a hablar. El tigre andaba cayendosé de sé y no tenía juerzas pa correrlo al zorro. Entonce el zorro le dice al tigre:
-Yo sé un lugar ande hay agua, mi tío. Vamos a tomar agua áhi. Es un pozo de balde.
Y se van. Y entonce el zorro por más diablo le dijo:
-Bueno, mi tío, yo voy a bajar primero en el balde -le dijo-. Y después, cuando yo haga seña, usté levante pa arriba el balde y baja usté. Como usté es más pesado se puede golpiar si baja primero.
Bueno. Así jue. El tigre lo bajó al zorro. El zorro tomó toda l'agua que quiso y l'hizo seña al tigre, y lo subió en el balde. Después le tocaba al tigre, y le dijo el zorro:
-Bueno, mi tío, yo lo bajo a usté, a usté le toca. Yo lo voy a bajar despacio pa que no se golpie.
El tigre se metió en el balde y el zorro lo bajó despacio. Tomó mucha agua el tigre y l'hizo seña al zorro pa que lo saque. Entonces el zorro le dijo:
-Siga tomando agua, mi tío. Yo no lo puedo sacar porque 'ta muy pesau.
—475→Y lo dejó adentro del pozo, que era hondo, al tigre. El zorro tenía miedo que lo mate el tigre, y lo dejó adentro no más.
Manuel Conte, 66 años. Estancia La Calera. Palmar de Colón. Colón. Entre Ríos, 1970.
El narrador es peón de estancia.
—476→
BUENOS AIRES
Parece que un tigre y un zorro si habían hecho compañeros, pero estaban en un desierto y había falta de todo, ¿no?, comida y agua. Y había problemas para subsistir. Entonces el tigre se quería comer al zorro para poder pasarla, ¿no? Y el zorro se dio cuenta. Y entonces, éste, andaba sacandolé el cuerpo por todos lados, hasta que desesperados de la sé, buscaron agua y justamente encuentran un pozo, un jagüel viejo, ¿no? Pero el agua estaba a una profundidá di un metro más o menos y ninguno de los dos podía alcanzarla de por sí mismo para poder tomar. Entonces, este, hicieron planes a ver cómo podían hacer para tomar agua, alcanzarla. Y el zorro no tuvo mejor idea que él iba a tomar primero y que el tigre lo tuviera de la cola y que cuando él le gritara la palabra ¡japa!, quería decir que había tomado y que lo tire para arriba y que lo saque.
Y bueno, se pusieron de acuerdo y en efecto, el tigre lo agarró de la cola y lo tenía. Y el zorro se sació tomando agua, ¿no? Entonces le dijo ¡japa! El tigre tiró para arriba y lo sacó. Entonces le tocó el turno al tigre. Se inclinó, el zorro lo agarró de la cola y lo tenía mientras 'taba tomando agua. Una vez que terminó, que se llenó de agua, el tigre le gritó también ¡japa! y el zorro le dice:
-¡Agarrate que se me escapa! -dice.
Y lo soltó y se ahogó no más entre el pozo, el tigre.
Ronaldo Elleceer Urruti, 35 años. Cañuelas. Buenos Aires, 1989.
—477→
Nuestros cuentos de La zorra y el chivato o El zorro y el tigre tienen como motivo fundamental el del animal que va a beber o caer en un pozo y se salva hundiendo a otro. Está relacionado con el de los cuentos anteriores. Son los motivos A (última parte), A6 y A6a del estudio de Espinosa (III, pp. 265-6) y los tipos 31 y 32 de Aarne-Thompson. Sus fuentes son esópicas medievales y occidentales. Tiene gran difusión en Europa y en América.
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SALTA
Diz que una vez habían acampado unos arrieros al lau di un camino. Áhi habían hecho juego y han comido asau, queso, todo lo que han llevado en el avío. Diz que han llevado unos quesos muy ricos. Y por áhi, despué de comer, si han levantau y han ido a ver las mulas que han puesto a comer por áhi cerca.
Diz que ha estado el cuervo en un árbol mirando y áhi ha aprovechado y di un volido si ha levantau un güen pedazo de queso que han dejau los arrieros.
Diz que el cuervo contento de su presa si ha asentau en un árbol pa comer y ha llegau el zorro. Que han sido amigos, el zorro y el cuervo. Y áhi lu ha empezau a hablar al cuervo pa ver si suelta el queso. Y el cuervo 'taba duro y movía no más la cabeza y nu hablaba. Y al fin li ha preguntado si estaba viajando y pa ónde iba. Y áhi el cuervo si ha dejau convencer y ha dicho:
-Pa Cafayate, amigo -le ha dicho.
Y áhi, ¡jue puta!, se li ha cáido el queso y el zorro lo ha agarrau en el aire y ha salido disparando. Y lu ha seguido el cuervo. Cuando el zorro iba muy apurau, li ha dicho el cuervo:
-Pero, amigo, ¿pórque va tan ligero? ¿Pa ónde va? Diga, amigo, ¿pa ónde 'tá yendo de viaje?
-Pa Bolivia, amigo -ha dicho el zorro apretando bien los dientes.
Y áhi el cuervo ha quedau de zonzo y el zorro si ha comíu el queso.
Manuel Iseas, 80 años. Las Chacras. Las Víboras, Anta. Salta, 1952.
—482→
JUJUY
Han ido juntos el zorro y el cuervo. Han venido unos arrieros y han acampado al lado del camino. Han ido los arrieros a atar las mulas que coman y han dejau carne y queso del avío ande han estado comiendo. El cuervo ha volado y ha levantau un gran pedazo de queso y si ha ido a un árbol. Ha corríu el zorro y si ha puesto abajo del árbol ande 'taba el cuervo. El cuervo no le ha dau nada al compañero, y el zorro no sabía qué hacer pa quitarle el queso que se comía solo. Ha empezau a hablarle, y li ha dicho que ya venía el carnaval, y que li han dicho que 'él tiene unas coplas muy churitas270 y que pórque no las canta. Le ha pedido que cante. Tanto le dijo que cante, que el cuervo abrió la boca para cantar. Se cayó el queso, lo alzó el zorro y salió corriendo. El cuervo lo ha llamado, pero no ha contestado, y si ha escondíu y si ha comíu el queso.
El cuervo ha empezau a pensar cómo se podía vengar del pícaro Juan.
Han pasado muchos años y el cuervo lo ha visto un día al zorro. Ha buscau una piedra bien blanca y grande, y la ha levantau en el pico y si ha asentau en un árbol.
Lu ha visto el zorro, y ha veníu el zorro y lu ha empezau a hablar:
-Buenos días, señor cuervo, qué plumas negras y brillantes tiene. Qué parecido a un amigo mío, que yo tenía hace algunos años.
—483→El cuervo ha dado unos saltitos contento, pero no ha dicho nada. El zorro ha seguido hablando:
-Hace tiempo lo oí cantar a ese cuervo. Ha de ser de su familia y usté ha de tener voz churita como ese otro que ha de ser su padre o su tío.
El cuervo volvió a saltar y el zorro ha creído que estaba muy contento.
-Cante, amigo cuervo. Ha de llegar el carnaval y han de ser muy lindas sus coplas.
El cuervo bajó la cabeza como para cantar y el zorro se puso como para recibir el queso. El cuervo largó la piedra blanca con toda su fuerza. Cuando abrió la boca el zorro, le golpió la piedra, y le sacó los dientes al zorro.
Ahí ha saliu los gritos el zorro:
-¡Auuúh!... ¡Auuúh!... ¡Auuúh!...
El zorro aullando como un desesperado echó a correr con la boca lastimada y los dientes rotos por comer el queso ajeno. Que era una piedra blanca pesadísima. Mientras el zorro disparaba, el cuervo daba saltitos de rama en rama riendosé a carcajadas.
José Díaz, 17 años. Lote Cañitas. Ledesma. Jujuy, 1953.
Trabajador del gran Ingenio Ledesma, azucarero. Muy buen narrador.
—484→
CATAMARCA
Dice que 'bía andau el cuervo y le 'bía robau de la tipa, un queso, a una niña qui iba llevando unos quesos pal pueblo en la cabeza, en una tipa. Y se 'bía asentau en un peñasco inacesible, de ésos que los zorros no pueden llegar nunca. Y el zorro andaba con un hambre capaz de comer piedras. Y lu había visto y se li hacía agua la boca, dice. Y el cuervo, dice, lo agarraba al queso y lo picoteaba y lo comía. Si 'bía pegau tres tincazos271 el zorro por la cabeza:
-¡Lo tengo que joder!
Se había alzado en las dos patas y con expresión, dice, di orador, dice:
-Señor Cuervo -que dice--, ¡qué maravilla para mis ojos ver su lustroso y negro plumaje, digno di un rey, más que un rey, di un torero, di un hombre grande. Y mi han ponderado su canto. Dice que queda chica la calandria y el zorzal y la reina mora y todos nuestros pájaros al escucharlo cantar a usté. ¿Por qué nu hace el favor, dice, di hacerme escuchar? Después de eso ya no me importaría morir o irme a otros lugares lejanos.
Creido el cuervo ya se iba encharcando272, sobandosé las plumas, y ha pegau un grito, dice que era horrible, un grasnido: ¡Grassssss!... -dice. Se li había escapau el queso, y áhi se lu había barajau el zorro y se lu había comíu.
Perfecto Bazán, 49 años. Belén. Catamarca, 1968.
—485→
LA RIOJA
Una vez que había un águila que estaba arriba de un algarrobo con un pedazo de queso en el pico.
Un zorro que estaba medio delgado y con ganitas de quitarle el queso, le dijo al águila que cante, que a él le habían dicho que sabía trinar muy bonito. El águila consentida por lo que le habían dicho, quiso abrir el pico para cantar y se le cayó el queso y el zorro se lo llevó.
Isabel Escudero, 19 años. La Callana. General Roca. La Rioja, 1950.
Campesina, originaria de la región.
En el cuento se observa el cambio del cuervo por el águila que no es común.
—486→
MISIONES
Un cuervo que andaba con mucho hambre robó de un zarzo que estaba al aire libre un pedazo de queso. Se asentó en un árbol y se puso a comerlo.
La casualidá é que abajo del árbol estaba un zorro que también andaba muy hambriento. Cuando el zorro le vio al cuervo empezó a decirle mucha palabra adulona. Con mucha dulzura le decía:
-Qué mozo má simpático é éste. Con seguridá que debe tener un lindo tono de vó. Cómo me gustaría oirle alguna palabra.
El cuervo lleno de orgullo le contestó:
-¡Gracia, chamigo! -y al abrir la boca se le cayó el queso y el zorro le comió.
Entonce el zorro, burlandosé del cuervo le dice:
-En verdá tené un tipo horroroso y una vo peor todavía. Por lo tanto te quedaste sin comida y yo le aproveché.
Nolasco Rugía, 73 años. Posadas. Misiones, 1961.
En la pronunciación del narrador se observa la caída de las eses finales de palabras y el leísmo, ambos fenómenos típicos del habla regional.
—487→
CORRIENTES
Resulta que el zorro 'taba tranquilamente abajo de un árbol. Y vino en el árbol un cuervo y trajo un pedazo de queso. 'Taba bien al frente del zorro. Y el zorro como pícaro pensó de quitarle el queso, y no sabía cómo, para comele él. Y entonce le principia a afilale273 al cuervo. Y el cuervo le atendía. Y le dice el zorro:
-Yo suelo oír que siempre vo cantá bien. Todo dice que cantá bien. Y ahora que me cayó la oportunidá, yo te pido que me canté un verso. ¡Cantó, chamigo!
Y entonce el otro abrió el pico para cantá. Y echó el queso y le agarró el zorro.
-El finau mi agüelo contaba así.
Silverio Meza, 42 años. Empedrado. Corrientes, 1959.
Campesino bilingüe guaraní-español.
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BUENOS AIRES
Este cuento lo oí a mucha gente.
Que 'taba el cuervo posado en un árbol muy alto. Y había robado por áhi, el pícaro, un pedazo de queso muy lindo. Y el zorro vino buscando, mirando... hacia arriba, hacia abajo... Y por áhi lo pudo ubicar al cuervo que 'taba posado en la planta. Y le vio ese semejante pedazo de queso tan lindo. Y el zorro no sabía cómo hacer para poder subir a la planta. No podía. ¡Era imposible! Entonces dice:
-Señor Cuervo -dice-, ¡qué trinos tiene tan lindos usté! Yo quisiera oírlo -dice-. Y oírlo cantar -dice-. ¡Qué me emociona tanto! -le dice el zorro.
-Bueno -dijo el cuervo.
Y cuando dijo bueno, adonde abrió el pico cayó el queso. Y el zorro cachó el quesó y se mandó a mudar...
Aníbal Aldana, 50 años. San Pedro. Buenos Aires, 1969.
El narrador, marinero y hombre que ha trabajado en el campo, es nativo del lugar. Muy buen narrador.
—489→
Nuestro cuento de El zorro y el cuervo tiene como motivo fundamental el muy conocido del cuervo que, elogiado por el zorro para hacerlo cantar, abre la boca y deja caer el queso que está comiendo; el zorro recoge el queso y huye. Es uno de los cuentos de antiguas fuentes esópicas que mayor divulgación ha tenido por las fábulas de aplicación escolar, que lo ha universalizado. Nuestras versiones proceden, sin duda, de trasmisión directa de la tradición medieval. En una de nuestras variantes figura el águila, en otra, el cuervo (que ya ha sido burlado) para vengarse del zorro, se presenta con una piedra blanca en el pico y cuando el zorro repite su adulonería, se la deja caer y le rompe los dientes.
Es el tipo 57 de la clasificación de Aarne-Thompson.
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SALTA
Dice que venía bajando el suri del cerro, por una cañada y en el mes de agosto, y 'taba toda la hojarada del monte en el suelo. Y claro, en ese tiempo los sapos274 ya 'tan escondidos. Y 'taba un sapo bajo la hojarada. Y el suri venía tranquilo. Y viene y lo pisa al sapo. Levanta la pata el suri, y el sapo lo que se ve libre se levanta y dice:
-¡Epa!, amigo, ¿qué le pasa? ¿No ve que aquí 'tá la gente?
Y se da vuelta el suri alarmado y dice:
-¿Qué le pasa, señor Sapito?
-¿Y si mi hubieras pisau?
-Pero, ¿cómo queré que ande, señor Sapito?
-¿Y si mi hubieras pisau?
Y más grande se hacía el sapo enojado, se hinchaba cada vez más. Y que le repitió tres ocasiones lo mismo, levantandosé más y más:
-¿Y si mi hubieras pisau?
Y entonce le dice el suri ya enojado por el sapo que era tan poco respetoso:
-Y si ti hubiera pisau, pisau no más hubieras quedau.
-¡Ah!, eso no más quería saber -dice el sapo asustado.
Y bueno, el suri se queda, pastea, toma agua y se vuelve —494→ otra vez por donde había llegado. Llega hasta donde 'taba el sapo, y el sapo le dice:
-Che, mirá, ya que vos no me querís respetar, te voy a jugar una apuesta.
-Y bueno, si puedo te jugaré.
Y le dice el sapo:
-Te voy a jugar una carrera pa que viás que yo soy más hombre que vos.
-Bueno, sapito, te la jugaré.
-Miró, allá vos conocís un arenal que es grande. Áhi te voy a jugar. Lo vamos a correr de punta a punta.
-Bueno, Sapito. ¿Cuándo vamos a jugar?
-Y, jugaremos el domingo. Pero, sí, te voy a alvertir, si yo te gano la carrera, vos me vas a respetar a mí, y si vos me ganás, yo te voy a respetar a vos, y me convenzo que sos un hombre como yo.
Y se va el suri pensando, cómo podía ganarle la carrera el sapo siendo que camina tan despacio.
Bueno, el sapo se va a ver el campo ande van a correr la carrera. Y áhi cerca vivía un hombre. Y va y le habla al hombre y le dice:
-Mire, amigo, me va a hacer una raya punta a punta del arenal.
Era para que corrieran uno por un costado y otro por el otro costado. Y va el hombre y le hace la raya y el sapo quedó muy agradecido. Ahora pensaba cómo iba a hacer para ganarle al suri. Y dice:
-Voy a buscar mis vecinos sapitos.
Y fue, y buscó muchos sapos y los enterró de punta a punta, cerca de la raya. Calculando el tranco del suri, enterraba un sapito. Así, cada uno iba a dar un saltito y se iba enterrar otra vez. Y ya se venía aproximando el día. Llega el día domingo y ya tenía preparado el campo. Llega el suri y le dice:
-¿Qué tal, amigo sapito?
-Lo 'toy esperando -le dice el sapo- para que corramos.
—495→-Bueno, yo hi veníu dispuesto a correr.
-Bueno, amigo -le dice.
Se prepararon no más para correr. Ya se pusieron de los dos lados de la raya. El sapo se puso del lau que tenía sus amigos. Y ya contaron: uno, dos, tres, y arrancaron. Corría no muy ligero el suri y vía siempre que el sapo iba a su lado. Y bueno, volvieron para largar otra vez la carrera. Y el suri esta vez largó con toda furia, iba medio volando. Y siempre vía que el sapo iba al lado de él. Y bueno, dice el suri:
-Vuelvamos a largar. Y si acá me gana, ya no hay caso.
Y volvieron a contar uno, dos, tres, y largaron. El suri iba con toda la velocidá que podía, y siempre iba el sapo al lado. Y llegó a la punta, y le dice el sapo:
-Yo ya 'toy volviendo. Le ganí no más.
¡La pucha! y le ganó no más el sapo al suri.
Eusebio Malta, 46 años. Salta, 1952.
El narrador es un modesto empleado ferroviario. Muy buen narrador y que sabe muchos cuentos.
—496→
SALTA
Venía el suri y lo pisó al sapo. Y el sapo li ha dicho:
-¡Eh, amigo! ¿No se fija por dónde va? Y si quiere le desafío una carrera.
Y el suri ha dicho que güeno y si ha hecho la carrera. El sapo junta muchos sapos que son iguales y los pone en la cancha, entre los yuyos. Y después, ya corren. Y se larga la carrera y sale primero el sapo. Y el suri corría y siempre vía al sapo que iba adelante. Y ya llegaron a la raya y áhi taba sentado el sapo en la silla di oro. Y entonce ha ganado el sapo.
Arturo Martínez, 13 años. Salta, 1952.
Alumno de la escuela primaria. Oyó contar el cuento a sus padres.
—497→
JUJUY
El quirquincho y la liebre se encontraron.
Hicieron la apuesta de jugar una carrera. Quien ganaba la carrera tenía derecho a consumir todos los alimentos que se habían juntado en un largo tiempo. La carrera era de ida y vuelta. El quirquincho juntó dos quirquinchos y les dice, a uno que se ponga en el estremo del surco y el otro quirquincho en el otro estremo. Y corrieron. Luego, al iniciar la carrera, el quirquincho empezó a correr con la liebre275. Cuando llegó al otro estremo, salió el quirquincho que 'taba escondido y le dice:
- Ya 'toy acá.
Y la liebre iba a todo lo que da.
Y entre tanto que volvieron a repetir la carrera, y la liebre se apuró más. Cuando llegó al otro estremo, salió el otro quirquincho y le dice a la liebre:
-Ya 'toy acá.
Y la liebre de cansada, cayó muerta de cansada, y el quirquincho ganó la apuesta.
Abdón Castro Tolay, 67 años. Humahuaca. Jujuy, 1968.
Maestro de actuación sobresaliente en la Puna. Desciende de familias puneñas como lo demuestra su apellido.
—498→
JUJUY
Resulta que se desafían una vez a correr una carrera el sapo y el suri. El sapo le dice al suri:
-Yo voy a correr.
-Pero qué vas a correr vos. No me vas a ganar a mí.
-Ya vas a ver vos. Yo te desafío. A vos no te importa que gane o que pierda. La cuestión es que yo te desafío. Áhi tá la puesta.
Y hicieron una apuesta. No sé cuántas cosas. Llamaron testigos. Y se fijó el día y la hora para que se corra la carrera. El suri dice que conversaba con sus amistades:
-Qué me va ganar el sapo a mí. Yo de dos trancos ya 'toy en el lugar de la llegada y ¡chau!
Pero el sapo pícaro había buscau a todos sus congéneres y les había dicho:
-Mirá, dice, yo li he desafiau una carrera al suri, y le tenemos que ganar. Dice, ustedes quedensé cada uno enterradito. A tal distancia enterrau.
Y como el sapo se entierra, pues, bajo la tierra, queda como si no hubiera nada.
El sapo se pasó una noche dele enterrar a todos los sapos, a lo largo, hasta la llegada de la carrera, desde donde se largó.
Y al día siguiente van los jueces. No sé si era el quirquincho y el zorro, creo que eran los jueces a revisar todo el trayecto —499→ que tenían que recorrer y no ven nada, pues. Se vuelven, y ya es la hora de largar la carrera. Cuentan:
-Uno, dos y tres...
Y empieza el sapo a los saltos. Saltaba y saltaba y saltaba... Y el suri iba más tranquilo, no más. Cuando ya se empezó a asustar porque vio que de aquí le brotaba el sapo, y de repente ya brotaba muchos metros más adelante, y brotaba más adelante... Y el suri quería ganarle. Ya nu había caso, nu había caso. Como que el sapo llegó primero y lo burló no más al suri porque había uno en cada lugar.
Delia Corvacho de Saravia, 46 años. Humahuaca. Jujuy, 1970.
—500→
JUJUY
El sapo y el zorro hicieron una apuesta, de quien ganaba una carrera.
Formalizaron la carrera y dijeron el día que la iban a correr.
Y fueron ese día a la cancha. Y se pusieron en la raya y contaron: uno, dos, tres. Y largaron. Y cuando salieron, el sapo saltó sobre el cogote del zorro y se quedó quieto. Como es peludo el zorro no se dio cuenta. Cuando llegaron a la otra raya, saltó el sapo adelante y le ganó al zorro. Y el zorro ni se dio cuenta que lo embromó el sapo.
Medardo Farbán, 49 años. Santa Catalina. Jujuy, 1951.
—501→
SANTIAGO DEL ESTERO
El suri y el sapo hicieron una apuesta, cuál corría más rápido.
El avestruz aceptó el desafío. Confiaba en su velocidá. Pero el sapo se había confiado en su picardía. Y es así como trazó el recorrido de la carrera a la orilla de un río. Y el sapo hizo distribuir a todos sus parientes, simulando una especie de posta, de manera que largaron la carrera, el avestruz a grandes zancadas salió corriendo y el sapo se arrojó al agua. El avestruz miraba hacia el agua y como no aparecía el sapo, aflojó un poco el paso. Pero que, llegando a la primera arboleda, ve al sapo que se arroja nuevamente al agua y dice:
-¡Caramba!, en qué momento me ha pasado.
Y tomó ya un ritmo loco de carrera. Llegando a otro lugar, lo ve al sapo que estaba esperando a la orilla del agua. Y dice:
-Te estoy esperando.
Y se largó nuevamente el sapo al agua.
Y así llegó jadeante al final de la carrera y lu encontró al sapo muy orondo esperandoló ya a la orilla del río. Y él no se dio cuenta del engaño que había sido objeto, y áhi perdió la apuesta con el sapo, el avestruz. Hizo especie de posta con todos los parientes mientras corría el avestruz. Los fue escalonando a la orilla del río.
Manuel José Victoria, 50 años. Santiago del Estero, 1970.
El narrador dice que este cuento se conoce en toda la Provincia de Santiago del Estero.
—502→
SANTIAGO DEL ESTERO
El suri y la garrapata276 hicieron una carrera.
Entonces se pusieron a la par para largarse, ya en la cancha, ¿no? y largar. Pero la garrapata ya le había subíu por la pata al suri, ¿no?
Largaron ya. La garrapata ya se le había prendíu de la corota277 al suri, y le ganó.
El otro por zapatiar allá, y ella ya había saltau. Cuando llegó, se sentó el suri, y le dijo la garrapata:
-Oiga, amigo, no me aprete, porque yo ya llegué.
Ella había ido prendida en el upite278 del suri.
Rita Vera de Barrionuevo, 91 años. Santiago del Estero, 1970.
—503→
SANTIAGO DEL ESTERO
Kasakara surian garrapataan Churakusakaranku de acuerdo carrerata parijanankunapaj, pero qepapi garrapataqa na suj garrapatata lloqachisakara surip ancasnimpi, mana ni cuentap cayeptin, chaquisninmanta y a la par churakusakaranku suri y garrapata. ¡La maula!, llojsisakaranku carrerias y suri variasacara mana unanchajena, y distanciapi como dos kilometrosmanta ishkay sillas tiasakaranku churasqas tiakunampaj mayqen ganaj. Suree ancha ligerota wayrakachasakara y chayas tiakunaaptin. ¡Kaa!, garrapata amojqa jamonipi, nipusqa:
-Cuidau, amigo, ñitiankiman, noqa a na tiani sillapi.
Garrapatasqa ishkay karanku ari sujqa cutera, nataj sujqa amora prendikus suripi.
Jacinto Carpio, 69 años. Villa Salavina. Salavina. Santiago del Estero, 1951.
El narrador es bilingüe quichua-español, nativo de la región y semianalfabeto. En la narración figuran numerosas expresiones españolas.
Narración tomada con la colaboración de Laureta Bravo, que habla quichua, es oriunda de Villa Salavina y Directora de la escuela local.
El texto ha sido leído y corregido por el Licenciado Ricardo Nadi.
—504→
SANTIAGO DEL ESTERO
Habían sido el avestruz y la garrapata. Se habían puesto de acuerdo para correr una carrera, pero antes, la garrapata había hecho subir otra garrapata en las ancas del avestruz, cuando éste ni cayó en cuenta, desde las patas. Y se pusieron a la par el avestruz y la garrapata. ¡La maula!, habían salido corriendo carrera. El avestruz corría como tonto, y a una distancia como de dos kilómetros, dos sillas estaban puestas para que se siente el que gane. El avestruz corría muy ligero, y corriendo llegó y se sentó. ¡Carajo!, la garrapata había venido en el jamón, y le dijo:
-Cuidao, amigo, no me vayas a apretar. Yo ya estoy en la silla.
Las garrapatas habían sido dos, una quedó, la otra vino prendida en el avestruz.
Jacinto Carpio, 69 años. Villa Salavina. Santiago del Estero, 1951.
El narrador relata en español con la misma naturalidad con la que ha dado su versión quichua.
Villa Salavina, centro de la zona quichuizante de Santiago del Estero, es uno de sus pueblos más antiguos.
—505→
CATAMARCA
El suri y el sapo hicieron una parada de correr una carrera.
Corrieron una carrera, y el sapo, a cada tranco del suri, puso un sapo en la cancha, escondido en el pasto, y él se puso ande terminaba la carrera, en la raya.
Entonce salen. El suri iba meta espuela y espuela, y el sapo adelante. Y el sapo lo llevaba embromau, no más, claro. Cada tranco del suri, saltaba un sapo, cada tranco del suri saltaba un sapo, hasta que llegaron.
-¡Eh! -que dice el suri-, hi ganau.
-¡Trii!... le dice el sapo.
El sapo 'taba primero, arriba, en la cancha. Y le ganó la carrera.
Ramona Villafañe de Coronel, 86 años. Catamarca, 1968.
—506→
SAN JUAN
Una vez venía el churi279 a los trancos, y con desprecio s'hizo que no lo vía al sapo y medio lo pisó.
-¡Eh!, respete a la gente -le gritó el sapo medio aplastau.
-Como yo soy tan ligero no lo vi.
-Si usté se cre tan ligero le juego una carrera.
El churi si ha puesto a reir y li ha dicho que apruente la cancha y la carrera pal otro día. Y han buscau los jueces y han marcau la cancha. El sapo ha elegíu una cancha toda con pastito. Ha buscau a todos los sapos amigos y los ha enfilau, escondidos en el pasto por donde iban a correr.
Al otro día largaron la carrera. Al principio el churi corría despacio, pero vio que el sapo saltaba adelante. Largó toda la furia y lo mismo el sapo le ganaba adelante. Llegó a la raya y ya 'taba el sapo. Y los jueces le dieron el fallo qui había ganau. Todos se sorprendían. Como los sapos son todos iguales no lo descubrieron. Y áhi lo jodió no más al churi que lo quería pisotiar al sapo porque era chico.
Arcelio Contreras, 63 años. Villa Iglesia. San Juan, 1951.
Campesino. Buen narrador.
—507→
MENDOZA
Que el sapo con el avestruz jugaron una carrera. Hicieron contrato. Apostaron dinero y fijaron el tiro de la carrera y para el día que se iba a correr.
Bueno... El sapo lo qu'hizo se buscó muchos de la familia y amigos. Y los comenzó a repartir en la cancha, trecho a trecho uno di otro. Y en la raya tenían otro listo para cuando juera a llegar el choique280 áhi, pegara el salto y le saliera adelante.
Entonce, cuando hicieron la primera partida, el avestruz salía adelante siempre. Cuando ya llegó el momento de largar, dijeron:
-¡Vamos! se miraron los dos y partieron.
El avestruz iba ligero y de vez en cuando miraba para el lado al compañero y lo veía que iba adelante. Y vio que l'iba ganando. Y más si apuraba el avestruz. Cuando llegó a la raya, el sapo que 'taba listo áhi, saltó adelante. Y los vedores que 'taban áhi le dieron la carrera ganada al sapo. Y vino el juez de raya y le falló la carrera en favor del sapo. Y le ganó no más el sapo al choique.
Manuel Cardoso, 76 años. Libertad. Rivadavia. Mendoza, 1951.
Peón viñatero. Buen narrador.
—508→
MENDOZA
Se formó una carrera entre el sapo y el avestruz y quedaron invitaos para un domingo.
El avestruz se reía del sapo y 'taba seguro que le ganaba. Todos los animales creían lo mismo, que qué le iba a ganar el sapo.
Y el sapo juntó muchos sapitos y los puso por donde iban a correr. Y en la raya, al final, puso un sapo grandote.
Y se hizo la carrera, y largaron el sapo y el avestruz. Y el avestruz corría, y iban saltando adelante del avestruz los sapitos. El avestruz no quería crer que le ganaba el sapo y corría más. Y cuando iba a llegar a la raya, salió el sapo grande y le dice al avestruz:
-¡Te la gané! ¡Te la gané!
Y el sapo le ganó no más la carrera al avestruz.
Y áhi viene bien el dicho: «Más vale maña que fuerza».
Arturo Aguilera, 76 años. Uspallata. Mendoza, 1959.
Buen narrador.
—509→
SAN LUIS
Se hicieron una carrera la liebre y el sapo. Y es claro, el sapo es mucho más lerdo. Se puso di acuerdo con unos cuantos sapos para ponerse así a distancia uno más allá de los otros. Claro, como todos los sapos son igualitos, no se distinguen.
Largaron la carrera. Cada vez que iba corriendo la liebre, cuando quería acordar, saltaba delante un sapo. Y seguía, y más allá le saltaba otro sapo. Y siempre le saltaba uno adelante y le ganó no más el sapo.
Elías Alcaraz, 51 años. Las Lomas Blancas. Ayacucho. San Luis, 1951.
—510→
SAN LUIS
Una vez se desafiaron a una carrera el avestruz y el sapo. El avestruz por reírse del sapo le dijo:
-Qué vas hacer vos -que dice.
-Bueno, vamos a corré pa tal día.
Entonce el sapo buscó varios sapos y los empezó escondé en la oría 'el camino. Era una calle281 por donde corrían. Entonce el avestruz le dijo:
-Disparate adelante, ¡qué vas hacer! Yo di un trote te alcanzo.
Bueno... Disparó el sapo. Los saltitos, los saltitos... Corrió el avestruz. Quedó parado. Y áhi cerca se le perdió el sapo. Se escondió él. Y le pegó corriendo juerte el avestruz. Sale el sapo adelante d' él, pongalé no más. Lo pasó un poquito y volvió esperá. Y lo dejó que pasara. Cuando pasó el avestruz, el sapo se volvió escondé. Y le pegó el avestruz a toda velocidá. Y 'taba por allá lejo. Ya lo divisó al sapo dele salto y salto no más adelante.
Y así, el sapo le puso a la oría del camino varios sapos, y de esa forma el sapo le ganó la carrera al avestruz.
Julián Aguilera, 65 años. Las Barranquitas. Pringles. San Luis, 1971.
—511→
SAN LUIS
Es que lo desafió el sapo al avestruz a correr una carrera. El avestruz dijo que bueno, y convinieron en cómo iba a ser la carrera. El avestruz dijo que quería darle ventaja al sapo, que era muy lerdo, y que no le podía ganar nunca. Y el sapo le dijo que no importaba, que él le corría no más. Bueno... El avestruz le dijo que lo dejaba que pusiera un sapo de rayero.
Bueno. El sapo se jue a medir la cancha y se encontró con dos sapos, que andaban por áhi. Entonce le hizo el trato para que lo ayudaran. A uno lo dejó escondido en la mitada282 de la cancha y al otro en la raya. Estos dos quedaron con órdenes deque cuando él largara, y se desapareciera entre los yuyos, iba a salir el de la mitada de la cancha, y que cuando hiciera un trecho el de la mitada de la cancha y se desapareciera, iba a salir el otro, y iba a saltar la raya.
Cuando largaron, el avestruz en el primer salto no más lo tiró lejo al sapo. Al ver que había quedau atrás, se para y mira, y no ve a naide. Empezó a mirar la cancha y ve que en la mitad de la cancha va saltando el sapo. Ahí no más le pegó carrera, y lo alcanzó y lo pasó. Y se paró a buscarlo. El sapo se escondió entre los yuyos. Entonce el avestruz empezó a mirar y dice:
-¡Qué van a hacer conmigo estos animales tan lerdos!
Y sigue mirando, cuando ve que el sapo va atravesando la raya. Y le pegó carrera otra vez, pero ¡cuándo lo iba a alcanzar! Cuando llegó ya le había ganado. Y ya el juez de raya le dio la sentencia que había ganado el sapo. El avestruz no se podía esplicar cómo le había ganado, pero, claro, no podía alegar ninguna razón, porque áhi 'taba el sapo. Y le ganó, no más, la carrera.
Marcelino Martínez, 66 años. San Martín. Ayacucho. San Luis, 1931.
Peón de campo. Buen narrador.
—512→
CÓRDOBA
En una reunión se desafiaron a correr el suri y el sapo. ¡Claro!, el sapo no tenía partidarios ninguno. ¡Quién iba a crer que el sapo iba a ganar! Así se jugaron muy mucho dinero al suri. Y ya buscaron ande iba a ser la cancha de la carrera283, y nombraron al juez de raya. Y ya fijaron también el día de la carrera. La carrera iba a ser de dos cuadras.
El sapo jue y buscó cinco sapos más o menos del mismo tamaño d'él. Los puso a media cuadra a cada uno; el último lo puso en la misma raya ande terminaba la carrera. Ya vino el juez y las autoridades que buscan para las carreras. Y ya se prepararon y el juez les grita que larguen la carrera. Y ya salieron. Pero el suri es avariento, y con disimulo le pega una patada al sapo y lo tira para atrás. Él sigue corriendo muy tranquilo. Cuando a la media cuadra ve que el sapo va saltando adelante. Hizo lo mismo, le pegó una patada al sapo, y siguió. A la media cuadra, otra vez el sapo que va corriendo adelante. Y ya le entró apuro al suri y empezó a correr más y más. Y cuando él llegó a la raya, el sapo ya la había pasau a la raya, y ganó la carrera el sapo.
Rosario Gómez, 65 años. San Vicente. Córdoba, 1952.
Mujer de pueblo. Buena narradora.
—513→
CÓRDOBA
Que el suri era muy engréido porque nadie lo podía alcanzar. Y no había quén le ganara a correr. Sólo boliandoló lo podían agarrar. Y que un día se réiba del sapo y le dice que le corre una carrera. Que el sapo le dice que sí.
-Di un tranco qui haga le vuá ganar -que dice el avestruz.
El sapo que puso como dos docenas de sapos escondidos en los pastitos por donde iban a correr. La fila larguísima, no más, que 'taban los sapos.
Y salieron corriendo. En la primera encarada no más vio el avestruz que saltó el sapo adelante. Otro trechito, y otra vez el sapo saltó adelante. ¡Qué pucha!, y empezó a correr más el avestruz. Y daba unos trancos y unas encaradas, y otra vez el sapo iba adelante. ¡Qué pucha!, y empezó a ladiar el avestruz y se espueliaba284 con las alas. Y se apuraba, ¡y nada!, siempre le saltaba el sapo más adelante. Y cuando llega a la raya, qui áhi 'taba ya el sapo. Y le ganó no más. Y el avestruz se quedó espueliandosé no más. Y se quedó enojado, ¡claro!, porque era muy envidioso y engréido, que se créiba mejor que todos.
Susana O. de Romero, 76 años. Alta Córdoba. Córdoba, 1952.
Mujer de pueblo. Buena narradora.
—514→
CÓRDOBA
Después que el suri perdió la carrera con el sapo, lo desafió también para una carrera, la garrapata. El suri acetó. 'Taba seguro, ¡claro!, que qué podía correr la garrapata. Jugaron con la condición de que el que se sentara primero en una silla qu'iban a poner en la raya, ése ganaba.
El día de la carrera, el juez de raya, como no la vía a la garrapata, le dijo que avisara cuando 'tuviera lista. La garrapata sube por la pata del suri, se coloca en la cola, y grita que 'tá lista. Y se larga la carrera. El suri corrió sin darse mucho apuro. Llega a la raya, da la güelta para sentarse en la sía285 y áhi le grita la garrapata:
-¡No me aprete, don Suri, que yo 'toy primero!
Y claro, le ganó la carrera.
Rosario Gómez, 65 años. San Vicente. Córdoba, 1952.
La narradora es mujer del pueblo. Oyó contar muchas veces el cuento.
—515→
FORMOSA
Resultasé286 que un león y un sapo hicieran una carrera. El león se reía del sapo.
El sapo se convino con otros iguales para que se pusieran escondidos en el pasto por donde iban a correr. Y él se puso ande iban a llegar. Como los sapos son todos iguales el león no se daba cuenta.
Largaron la partida. El león iba despacio, pero cuando vio que siempre saltaba adelante el sapo, salió corriendo a toda velocidá. Llegó cansado a la raya y se sentó. Entonce el sapo le dice:
-Chamigo, cuidado, no me vaya a aplastar. Yo llegué ante y aquí estoy.
Y así le ganó no má la carrera el sapo al león.
Faustina Benítez, 44 años. Laguna Blanca. Pilcomayo. Formosa, 1972.
—516→
CHACO
Una vez el ñandú le invitó a la garrapata a jugar una carrera hasta onde 'taba un mortero. La garrapata le aceptó por tres cigarros.
La garrapata se prendió por las plumas de atrás del ñandú y dijo:
-¡Vamos, compadre!
El ñandú, confiado, salió a las gambetas, hasta que llegó al mortero y se iba a sentar cuando sintió que la garrapata le decía:
-¡Guarda, compadre, que me aplasta! ¿No ve que llegué primero?
Y dicen que el ñandú le pagó los tres cigarros.
Clementina Soto, 42 años. Barranqueras. San Fernando. Chaco, 1950.
Lugareña semiculta.
—517→
CORRIENTES
Un ñandú queriendo burlarse de una garrapata, la desafió a correr una carrera.
-Si me ganas -le dijo- te mantendré durante toda tu vida. En cambio si soy yo el ganador, te comeré sin lástima.
Lejos de ofenderse, la garrapata aceptó el desafío. Convenidas las condiciones, ésta puso como tal que el que llegara primero al lugar determinado como meta, debería sentarse ganando por consiguiente la apuesta.
Partieron. Dando largas zancadas el desafiante y la desafiada con un gran salto se prendió de la cola de aquél sin que él lo advirtiera. Sin gran apuro, ya que su contrincante no se veía por lado alguno, siguió andando hasta llegar a la meta, donde, al ir a tomar asiento, con gran sorpresa oyó que debajo alguien gritaba:
-¡Ay!, ¡que me aplastas!
Se da vuelta y casi se desmaya. Allí estaba la garrapata sentadita, quien por consiguiente había ganado la apuesta. Desde entonces, la garrapata vive constantemente a costillas del ñandú.
Ello demuestra que más vale maña que fuerza y que no hay enemigo chico.
José María Obregón. Estación Yotre. Mercedes. Corrientes, 1951.
El narrador es Director de escuela.
—518→
CORRIENTES
Que había dicho la garrapata y el avestruz:
-¿Vamo a corré una carrera nohotro?
-¡No me vaye ganá, chamigo! -'ijo el avestruz.
Y venía corriendo. Puso una silla de onde ía287 a salí y otra a onde ía a terminá. Y la garrapata se prendió por el avestruz y no se dio cuenta el avestruz. Y llegó el avestruz y se sentó en la silla. Y dice que dice la garrapata:
-¡Ay! ¡Ay! ¡Qué me aprieta! ¡Yo llegué primero! ¡Yo gané nicó288 la carrera! ¡Epa, chamigo!
Güeno, ganó. Que el avestruz que era ligero de má, no podía creé que ganaba. Que no sabía a ónde mismo había 'stao. Y ganó po.
Anselmo López, 42 años. Paso de los Libres. Corrientes, 1952.
Hombre del pueblo. Muy rústico.
—519→
ENTRE RÍOS
Se comenta que antiguamente los avestruces se comían los sapos. Hasta que cansado el sapo de ver diezmada su familia por los avestruces, le propuso un arreglo: Iban a correr una carrera. Si ganaba el sapo, el avestruz tenía que dejar de comer sapos y el sapo le tenía que cuidar el nido de las otras alimañas al avestruz.
Concretada la carrera, pusieron como fin de la carrera un mortero donde, el que se sentara primero, era el ganador.
El sapo juntó todos los otros compañeros y los puso a la orilla del camino de la carrera y uno en el mortero.
Cuando se largó la carrera, el avestruz se desesperaba por correr ligero, pero miraba al costau y siempre miraba un sapo saltando adelante de él. Hasta que cuando cansado llegó a sentarse en el mortero, sintió una voz que le decía de adentro del mortero:
-¡Epa, compañero, mire ande se sienta!
¡Estaba un sapo en el mortero! El sapo no le había ganado la carrera al avestruz, pero se la había ganado con la picardía. Había colocado los sapos a la orilla del camino y el avestruz con la velocidá no se fijaba, y siempre saltaba un sapo adelante. Cuando llegó al mortero estaba uno adentro. Y desde entonce el avestruz no come más sapos, y el sapo le cuida el nido de las otras alimañas.
Rafael Lorenzo Vaca, 68 años. Federal. Entre Ríos, 1970.
Narrador culto. Oyó el cuento desde niño en la región.
—520→
ENTRE RÍOS
El avestruz ha sido siempre un poco bobo. Tan es así, que una vez le ganó el sapo una carrera. ¡Fijesé, el sapo le ganó al avestruz! ¡Qué cosa bárbara! Corrieron y pusieron de sentencia, a los muchos metros, un mortero y el que llegara primero, se sentaba. Ése ganaba. Bueno... Largan la carrera el avestruz y el sapo. El sapo salta. Pero este sapo había sido más diablo. Había puesto en todo el camino una hilera de sapos que iban saltando, saltando ¿no? Y el avestruz vía que siempre el sapo saltaba adelante. Y él más se apuraba.
Bueno, cuando llegó, el avestruz fue a sentarse en el mortero. Y sale un sapo y le dice:
-¡Che, che, no me apretés!
Que él había llegau primero.
Entonces quedó que le había ganado la carrera. Entonce le puso por condición al avestruz, que coma toda clase de bichos pero que no coma sapos. Y no come. Los sapos quedan sin que los ataque el avestruz.
Amílcar Aniceto Zapata, 79 años. Estancia Rincón del Vizcaíno. Don Cristóbal. Nogoyá. Entre Ríos, 1970.
Estanciero. Buen narrador.
—521→
ENTRE RÍOS
El zorro y el sapo si habían hecho socios pa sembrar trigo. El sapo trabajó mucho y ya tenían la parva289 del trigo pa repartirse. El zorro quería hacerle trampa al sapo y le dijo:
-Le propongo, compadre, que hagamos una carrera, y el que gana se queda con todo el trigo.
-'Tá bien, compadre -le dice el sapo que se daba cuenta de la mala intención del socio.
Prepararon la cancha y el sapo llamó a sus parientes y los puso todos escondidos en el pasto, a lo largo de la cancha.
El día de la carrera buscaron los jueces de cancha y vino mucha gente. Largaron, y el zorro vía que siempre el sapo saltaba adelante. Cuando llegaron a la raya, el sapo sale y dice:
-Le gané, compadre, es mía la parva.
Y le dice el zorro:
-No puede ser que un sapo me gane una carrera, así que yo me voy a cargar el trigo.
Un perro que 'taba oyendo, jue y se escondió en la parva. Sólo dejó descubierto un ojo 'pa ver cuando viniera el zorro y cazarlo. El zorro llegó, vio el ojo del perro entre el trigo, y pensó que era un grano de uva, que a él le gusta tanto, y áhi no más se le echó encima pa comerla. Áhi saltó el perro y lo mató, y lo vengó al sapo.
Dora Pasarella, 30 años. Villaguay. Entre Ríos, 1960.
—522→
SANTA FE
Una güelta el zorro se reía de los trancos tan cortitos del sapo. Entonce el sapo le dijo que él era más ligero que cualquier zorro y que le corría una carrera. El zorro le dijo que güeno, seguro de ganarle, pero el sapo lo embromó.
Se juntaron el día que habían dicho y prepararon todo y vieron la cancha para correr. Y entonce largaron. Al salir corriendo el sapo se le prendió de la cola al zorro. Cuando llegaron a la raya, el zorro se dio güelta para ver a dónde venía el sapo, y el sapo se largó de la cola y le gritó al zorro:
-¡Primero! ¡Primero! Te gané lejo. Hace un rato que te 'stoy esperando en la raya.
El zorro no salía de la sorpresa cómo podía haber llegado ante el sapo. No tuvo más que reconocer que el sapo había ganado. Bajó la cabeza y se jue. El sapo se reía lo que lo embromó al zorro.
Juan Abrate, 45 años. Campo Dardatti. Castellanos. Santa Fe, 1953.
Buen narrador.
—523→
BUENOS AIRES
Era una apuesta que hizo un sapo con un zorro. Tenían que correr una cantidá de metros. Lo único que exigía el sapo es que fuese al oscurecer.
Entonces, en la raya, largan la carrera. Y el zorro sale muy rápido, pero ve que delante de él va saltando el sapo. Así llegan a la raya, y cuando llegan, ya 'tá el sapo esperandoló. No se podía esplicar nunca el zorro lo que había ocurrido, y era que el sapo buscó una cantidá de compañeros y los ponía a dos metros de distancia y siempre iban saltando delante del zorro. Así ganó la carrera el sapo.
Marcos Aguirre, 58 años. Azul. Buenos Aires, 1969.
El narrador oyó este cuento en el fogón de una estancia cuando era niño.
—524→
BUENOS AIRES
Dice que el sapo ha apostado mucha plata en una carrera con la liebre. El sapo decía que él le ganaba y la liebre decía que no podía ser. Apostaron dinero. Tenían que correr una distancia bastante larga. Tenían que meterse, a ver cuál entraba primero adentro de un mortero. Que un mortero es un pedazo de tronco cavado, que es donde se hace la mazamorra290, que se hace acá en el campo.
Entonce, bueno, en tanto, largaron la carrera un día. Y la liebre corría un pedazo y descansaba, pensando que ya lo había perdido al sapo. Y por áhi corría y a la distancia encontraba otra vez al sapo a la par de ella. Volvía a desesperarse y corría, y por áhi descansaba. Y volvía a seguir otra vez y encontraba un sapo. Así hasta que llegó adentro. Y cuando llegó adentro, ya 'taba el sapo mirandolá para arriba. ¿Y qué era? Que si había hecho una cadena de sapos, una fila larga, y uno ya 'taba adentro del mortero, ya. Y ella se desesperaba para ganarle y ya 'taba la trampa. Claro, todos los sapos eran iguales, una gota de agua. Y le ganó no más el sapo a la liebre.
Aníbal Aldana, 50 años. San Pedro. Buenos Aires, 1969.
Modesto hacendado. Muy buen narrador.
—525→
NEUQUÉN
El zorro jugó con el sapo. Jugó una carrera.
-¿Y usté qué hace?
-Yo recorro mucho y hago mucho trabajo -que dice el zorro.
-Y bueno, vamo hacer una jugada.
-A ver si me gana -le dice al sapo, el zorro.
Y entonce así como varean lo caballos que corren una carrera, varearon.
Y entonce, al tiempo de largar, que le dijo el zorro:
-¡Vamos!
Y salió el zorro a toda juria y el sapo se le agarró en el cogote de un salto.
Entonce, cuando sujetó el caballo, el zorro, al tiempo que sujetó el caballo, 'taba allí el sapo, adelante. Y le dijo el zorro:
-¿De ónde viene, amigo?
-Acá 'toy.
Y ganó el sapo.
Gervasio Pailacura, 62 años. Catán-Lil. Neuquén, 1954.
Hijo de araucanos. Ha cursado dos grados de la escuela primaria.
—526→
NEUQUÉN
El avestruz hizo carrera con el sapo. Lo desafió el avestruz al sapo para reírse de él.
El sapo buscó de poner en la cancha, a cada distancia, otro sapo más, otro compañero, cosa de llegar a la cuadra, que habían hecho la carrera, ante que llegue el avestruz. Hecha la carrera, pensaba de ganar el avestruz, y le ganó el sapo.
Cuando llegó el avestruz a la raya, áhi saltó adelante el sayo y le ganó. Así el sapo se rió del avestruz que se confiaba en sus piernas.
Sabino Cárdenas, 65 años. Junín de los Andes. Huiliches. Neuquén, 1960.
Modesto hacendado. Oyó el cuento a los peones de la estancia.
—527→
NEUQUÉN
Jugaron una carrera el zorro con el sapo. El zorro decía que le ganaba al sapo, pero le ganó el sapo.
Cuando salieron corriendo la carrera, el sapo se prendió di atrás del zorro, de la cola del zorro. El zorro tiene la cola con pelos largos, una cola grande, por eso no se daba cuenta qui áhi 'taba bien agarrao el sapo. Y el sapo 'taba áhi, en la cola 'el zorro. Al llegar a la raya, saltó adelante el sapo, y le ganó al zorro. Le ganó no más.
Ignacio Lemuñín, 25 años. Piedra Mala. Junín de los Andes. Neuquén, 1960.
Hijo de araucanos. Ha cursado todos los grados de la escuela primaria.
—528→
NEUQUÉN
El sapo con el zorro se desafiaron de correr una carrera. El sapo le aceptó. Y la corrieron.
-Bueno, vamo a correr una carrera.
Entonce el sapo se concertó con otros sapos. Se quedaron más atrá. Pero se fueron poniendo por donde iban a correr, escondidos en el pasto.
Entonce se pusieron juntos, así, ¿no?, en la cancha, para correr. Entonce, cuando peguen el grito de ¡vamo!, entonce, se va a ver quién va llegar primero en la raya.
Bueno... Y cuando ya era hora, los otros sapos 'taban escuchando, muy calladitos.
Y entonce van y cierran la convidada, para salir 'de la cancha, para correr.
Y entonce, cuando pegaron el grito, el sapo ha pegau el salto y lo pescó de la cola al zorro.
Y el zorro, apretau corriendo, que llega... A ver. A la llegada, dio la vuelta. Y al sapo, que iba pegau en la cola, lo tiró allá, adelante. Ni supo, siquiera. Y entonce:
-¿No ve?, te gané -le habló el sapo.
Y los otros sapos que venían corriendo, que venían junto, esos 'taban allá mismo, porque esos no caminaron. Pero el que se pegó en la cola ande pegó la vuelta el zorro, el sapo que saltó adelante, se tiró. Y ganó.
—529→Hipólito Mauqui, 65 años. El Huecú. Norquén. Neuquén, 1970.
El narrador es cacique de la tribu de El Huecú. Es bilingüe mapuche-español. Ha quedado ciego y acaba de llegar al Asilo de Ancianos de Neuquén.
Ha concurrido a la escuela primaria.
—530→
RÍO NEGRO
El avestruz se reía del sapo porque andaba siempre a los saltitos. Entonces el sapo se enojó y le dijo que le corría una carrera.
-¡Qué vas a correr vos conmigo! -le dice el avestruz-. ¡No tenés ni para empezar!
Tanto le dijo el sapo que le jugaba, que hicieron una apuesta. Se pusieron en la cancha, y largaron. Cuando largaron, el sapo, cuando se agachó el avestruz, se le subió arriba. Y claro, llegaron a la raya y el sapo se largó y le dice:
-Te gané. Llegué primero.
-Bueno -le dice el avestruz-, corramos otra, a ver quién gana.
El avestruz se dio cuenta de la trampa.
Volvieron a largar. El avestruz se enderezó y largó. Y otra vez el sapo se le prendió. El avestruz con picardía, al pasar cerca de un alambrado, gambetió y se refregó en los alambres y lo largó al suelo al sapo. Entonce, el sapo, perdido, empezó a mirar para todos lados, no sabía qué hacer. Y el avestruz siguió.
-Ahora sí que te embromé -le dice el avestruz-, te gané la apuesta.
Y así le descubrió la trampa al sapo que no le podía ganar nunca al avestruz.
—531→Francisco Linares, 73 años. Viedma (Hogar de Ancianos). Río Negro, 1971.
El narrador es un campesino que vivió siempre en la zona rural de San Javier, cercana a Viedma.
El último motivo del cuento es nuevo, no figura en otras versiones; parece una creación regional.
—532→
CHUBUT
Era un baile de todos los animales. Había fieras, animales chicos, grandes, de cuantos animales hay. El lugar 'taba lleno de gente. El avestruz entró, saludó y se puso en un rincón. Y notó que pisaba algo. Y alguien le dijo:
-¡Epa! ¡Compañero, no me pise!
Y al ver el avestruz que era un sapo, le dijo:
-Perdone, amigo, yo creí que era una bosta de vaca.
Y áhi discutieron y el sapo le dijo que él era muy créido de lo que valía, y que él le podía correr una carrera y se la iba a ganar. Y el avestruz se réiba del sapo. Y áhi planearon la carrera. Y hicieron el trato, que el sapo corría por los yuyos y el avestruz por el camino. Y en la raya, a la llegada, había un mortero y áhi tenía que sentarse el ganador.
Cuando largan la carrera, el sapo se vio que pegó dos o tres saltos y el avestruz lo tiró lejo. Y viendo que no tenía competidor, miró para atrás, y en eso sintió el avestruz que le dijo el sapo entre los yuyos:
-¡Metalé, compañero, que vamos prendidos, al lado!
Entonce el avestruz pegó otra zancada y lo dejó atrás y empezó a caminar. Pero volvió a escuchar:
-¡Metalé, no se achique!
Entonce se dio cuenta que la cosa no era tan fácil.
—533→Entonce el avestruz corrió hasta la raya. Y al sentarse en el mortero, vio con asombro que el sapo ya estaba en el mortero y que había pasado la raya.
Pero, ¿qué había pasado? Que entre los sapos se convinieron para ponerse, de trecho en trecho, por donde hacían la carrera, y cada uno iba a dar un saltito cuando llegara el avestruz. Como son todos del mismo corte de cara291, no se distinguen, y todos parecen el mismo. El último se había escondido adentro del mortero y cuando iba a llegar el avestruz, salió. Y así le ganó el sapo la carrera al avestruz.
Baldomero Terraza, 73 años. Rawson. Chubut, 1969.
Gran narrador, mentado en la región.
—534→
CHUBUT
Un día viene el avestruz y hace que no lo ve al sapo y lo pisa.
-¡Epa, amigo, no ve que hay gente! -le dice el sapo.
-¿Gente? Me parecía bosta -dice el avestruz.
-Usté si hace bravo porque corre ligero, pero yo le corro una carrera pa que vea que no corre tanto -le contesta el sapo.
El avestruz, por burla, que le dijo que güeno.
Y ya prepararon todo para correr.
El sapo puso a sus parientes entre el pastito de la cancha ande iban a correr, el día de la carrera. Por la linia que iban a seguir 'taban los sapos medios enterraus entre los pastos.
Y ya largaron... El avestruz confiado corría poco, pero vio que adelante saltaba el sapo, y apuró. Y lo mismo vía que el sapo le ganaba. Y llegaron a la raya y áhi 'taba el ganador, el sapo, y le dice:
-Vio, amigo, que no hay que ser tan soberbio. Ya le gané.
El avestruz, como es medio zonzo, le creyó al sapo y quedó derrotau no más.
Francisco Arbe, 56 años. Esquel. Futaleufú. Chubut, 1954.
Muy buen narrador.
—535→
Nuestros cuentos de Carreras de animales de los que hemos documentado versiones en todo el país tienen los siguientes motivos fundamentales:
Difusión geográfica del cuento
A. El sapo menospreciado por el avestruz lo desafía a una carrera. Distribuye a sus congéneres a lo largo del recorrido y coloca uno al final. Gana la carrera.
La misma carrera es la del quirquincho y la del sapo y la liebre y el león.
B. La garrapata y el suri corren una carrera. La misma carrera la hace el sapo y el avestruz.
C. El zorro propone al sapo una carrera para determinar la propiedad de una parva de trigo que poseen en sociedad. El sapo con el ardid de sus congéneres la gana. El zorro desconoce la capacidad —536→ del sapo y se propone cargar con el trigo. El perro se esconde en la parva y deja un ojo descubierto. El zorro cree que es un grano de uva, intenta comerla y el perro lo mata y venga al sapo.
Los cuentos de carreras de animales se encuentran en la tradición oral de todos los pueblos. Sus tipos son muy variados, algunos son creaciones regionales. Sus tipos fundamentales son muy antiguos, de tradición esópica, griega y bizantina. Entre los más antiguos figura el que corresponde al nuestro del sapo y el avestruz, documentado ya en el siglo XIII.
Se han realizado estudios muy importantes sobre el tema: Dähhhardt (Natursagen IV, 46-97, Bolte-Polivka, III, 339-355). Espinosa (III, p. 331 y siguientes). Es el tipo 275 de Aarne-Thompson.
