Cadalso, «Desdenes de Filis. Égloga entre Dalmiro y Ortelio, pastores», Ocios..., p. 36. Es muy significativo que, en este poema, la tristeza de Dalmiro, que anticipa en cierto sentido la de Tediato, no consiga todavía mudar el orden natural:
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| (Ocios..., p. 40). | ||
Cadalso, «Carta a Augusta, matrona que, inclinada a la filosofía, empieza a fastidiarse de la Corte», en Varios, Poetas líricos del siglo XVIII, I, p. 259.
Cadalso, «Carta escrita desde una aldea de Aragón a Ortelio, que había adivinado la melancolía del poeta», en Varios, Poetas líricos del siglo XVIII, I, p. 269.
Cadalso, «Sobre los peligros de una nueva pasión. Sáficos-adónicos a Cupido», en Varios, Poetas líricos del siglo XVIII, I, p. 266.
Lidia Santelices parece aceptar sin más la definición de Romera-Navarro: «especie de elegía en prosa, patética, febril, de desgarradoras efusiones líricas y ambiente sepulcral» («Art. cit.», p. 169); Sebold las califica de «poema en prosa» (Cadalso..., p. 108);
lo dice Rudat
Quienes sí percibieron, aunque negativamente, el carácter filosófico del texto fueron los editores románticos que suprimieron algunas de las reflexiones de Tediato y añadieron el suicidio final del mismo; concretamente, tal y como ya indicó Glendinning («Prólogo», p. lxxxii), en la Historia de los amores del coronel Don José de Cadalso, escritas por él mismo (Barcelona, José María Marés, 1847) desaparecerán los pasajes de carácter más reflexivo. No deja de ser significativo que los editores románticos -aunque privilegiados, lectores al fin y al cabo- otorgaran al ambiguo final del texto cadalsiano un carácter inconcluso y pretendieran solventarlo en dos direcciones contrapuestas: el final didáctico en el que Tediato se percata de su desvarío y se arrepiente («Nota del editor», en Obras del coronel Don Joseph Cadalso, Madrid, Mateo Repullés, 1803) y el más claramente romántico en el que se consuma el suicidio («Noche cuarta», Madrid, 1822).
Sebold, Cadalso: el primer romántico..., p. 187.
Cadalso, «Noche primera», p. 3.
Cadalso, «Noche primera», p. 5.
Cadalso, «Noche primera», pp. 11-12.
Cadalso, «Noche primera», pp. 18-21.