191
«Prólogo» a O. C., I, págs. XII-XIII.
192
O. C., I, pág. 1172.
193
Ibíd., pág. 1173.
194
Op. cit., pág. 61.
195
Ibíd., págs. 90-91. En pág. 104 precisa sobre el empleo de los dos términos en cuestión: «¡'Simbolista y decadente'! Muchas veces las historias de la literatura parecen apuntar que ese famoso 'y' es en realidad un 'o'. Pero el 'y' es más cierto que el 'o', y cualquier sugerencia de dualidad es una falacia. Una cosa no puede existir sin la otra». Y José Olivio Jiménez, en su trabajo «La conciencia del simbolismo en los modernistas hispánicos (Algunos testimonios)», recogido en el libro del que es editor, El simbolismo, págs. 45-64, precisa: «[...] en un alcance general, decadentismo vino a designar, de un modo comprensivo y sin mayores matices, lo que sencillamente era la literatura o el arte nuevos -en breve: el modernismo» (pág. 49).
196
O. C., I, pág. 1172.
197
O. C., II, pág. 97. Se aprecia aquí la influencia de los famosos versos de Verlaine «Il pleure dans mon coeur/ comme il pleut sur la ville» de Romances sans paroles (1874).
198
O. C., I, págs. 1172-1173, respectivamente. Estos motivos se repiten con frecuencia en La paz...; así: «En las grandes praderas, blancas y sin reproche,/ donde la luna vierte tristezas seculares,/ las vacas graves son los genios de la noche» [...] «Hoy he sabido por qué/ son tan solemnes las vacas,/ tan graves, tan melancólicas;/ por qué parece que arrastran/ un doloroso destierro/ en este valle de lágrimas./ La luna vertía en el cielo/ la urna de sus nostalgias...», O. C., II, págs. 101-102.
199
En el apartado Rincón asturiano, O. C., I, págs. 1192-1199.
200
Ibíd., pág. 1192.