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Troteras, ed. cit., pág. 334.

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Íd.

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Ibíd., pág. 335.

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«Los cuernos de don Friolera», en Martes de Carnaval, Madrid, Espasa-Calpe, 1964, pág. 68. Es fácil encontrar rasgos esperpénticos en la descripción de personajes, en esta novelita de 1928; así: «el padre Moreno, que era rubio albino y al andar parecía orientarse, como las ratas blancas, por el olfato más que por los ojos, mediante estremecimientos exploratorios del hocico, a diestro y siniestro.» (O. C., II, pág. 1147). El juez, «a quien apodaban Con el dedo en la nariz, porque tenía ojos turbios de besugo en estado de descomposición» (pág. 1149); o esta otra: «El pueblo es como perro escarmentado: ladra y alborota, mucho, sin decidirse a morder, como no sea por detrás» (página 1150). Ángeles Prado afirma, acertadamente, que esta novela está relatada con estética de cartel de feria, y que los mismos epígrafes de los siete capítulos «sugieren por sí propios el énfasis vulgar del cartelón o del papel de aleluyas.» (Introducción crítica..., pág. 58). Por supuesto que con este procedimiento esperpéntico el autor se propone presentar los acontecimientos desde su pura exterioridad, y sólo desde ella; lo que tiene que ver con ese «espíritu dramático» que advertirnos en su mayor parte.

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O. C., II, pág. 1156.

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Ibíd., pág. 1160.

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Íd.

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558

Ibíd., pág, 1163.

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Ibíd., pág, 1164.

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