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Y, obviamente, queda lejos toda posibilidad de interpretación alegórica o simbólica de la subida a una montaña. No faltan textos en los que el duro ascenso a la cumbre puede simbolizar las aspiraciones del héroe a un cambio de status social, o puede ser un trasunto de la subida al Monte Calvario, con toda la carga de espiritualidad que ello conlleva. Cfr. J. Ribard, «Le Lai des Deux Amants. Essai d'interprétation thématique», en Mélanges de Langue et Littérature françaises du Moyen-Age offerts à Pierre Jonin. Aix-en Provence-Paris, Champion, (Senefiance, 7), 1979, pp. 581-591, en especial pp. 585 y ss.; para el Lai citado, véase María de Francia, Lais. Introd., trad. y notas de C. Alvar. Madrid, Alianza 1994, pp. 103-109. En realidad, es frecuente que la montaña sea un obstáculo insalvable, reforzado por algún río caudaloso y turbulento y una cueva que da refugio a algún personaje, como ocurre tres veces en el Parzifal de Wolfram von Eschenbach, que remite a una imagen del Paraíso Terrestre en la que no falta el salto de agua, cuyo origen literario se situaría en la tradición de la vida de Alejandro y en la imagen del Paraíso existente a comienzos de la Edad Media; en ocasiones, esta escenografía remite al Más Allá: cfr. E. S. Dick, «Fels und Quelle. Ein Landschatsmodell des höfischen Epos», Wolfram-Studien, 6, 1980, pp. 167-180.

 

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Sin duda, el más importante de todos es el «Valle sin Retorno» o «Valle de los Falsos Enamorados» (Val sans Retour) del Lancelot en prosa (trad. C. Alvar, Historia de Lanzarote del Lago, vol. III. Madrid, Alianza Editorial, 1988), origen de ordalías posteriores como el «Arco de los leales amadores» del Amadís.

 

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F. Zajadacz, Motivgeschichtliche Untersuchungen zur Artusepik. Szenen am und auf dem Meer. Göppingen, Göppinger Arbeiten zur Germanistik CCLXIX, 1979. A. Micha, «La géographie de la Queste et de la Mort Artu», en «Farai chansoneta novele»: essais sur la liberté créatrice au Moyen Age. Hommage à J. Ch. Payen. Caen, 1989, pp. 267-273. J. Frappier, Chrétien de Troyes. Paris, Hatier, 1971, pp. 55-59. R. S. Loomis, Arthurian Tradition & Chrétien de Troyes. New York, Columbia University Press, 1949, pp. 222- 224 y 306-308; M. de Combarieu, «L'Eau et l'Aventure dans le cycle du Lancelot-Graal», en L'Eau au Moyen Age. Aix-en-Provence, Université de Provence (Senefiance, 15), 1985, pp. 111-147; L. Harf-Lancner, «L'Eau magique et la Femme-Fée, le mythe fondateur du Tristan en prose», en L'Eau au Moyen Age, cit., pp. 201-212. A. Navarro González, El mar en la literatura medieval castellana. La Laguna, Universidad, 1962, especialmente las pp. 265-317.

 

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M.-L. Chênerie, Le chevalier errant, cit., pp. 173 y ss. Allí se encontrarán, además, abundantes datos acerca del modo de pasar esas barreras líquidas, con todo tipo de puentes.

 

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C. Alvar, «De autómatas y otras maravillas», en N. Salvador Miguel, S. López-Ríos, E. Borrego Gutiérrez (eds.), Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro. Madrid-Frankfurt a. M., Universidad de Navarra-Iberoamericana-Vervuert, 2004, pp. 29-54. E. J. Sales Dasí, «Algunos aspectos de lo maravilloso en la tradición del Amadís de Gaula: serpientes, naos y otros prodigios», en S. Fortuño Llorens et al. (eds.), Actes del VII Congrés de la AHLM. Castellón de la Plana, Universitat Jaume I, 1999, vol. 3, pp. 345-360. R. Beltrán, «Urganda, Morgana y Sibila: el espectáculo de la nave profética en la literatura de caballería», en I. Macpherson y R. Penny (eds.), The Medieval Mind: Hispanic Studies in Honour of A. A. Deyermond. Londres, Tamesis Books, 1997, pp. 21-47.

 

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A. Saly, «Observations sur le lai de Guigemar», en Mélanges de Langue et Littérature françaises du Moyen Age et de la Renaissance offerts à Ch. Foulon. Vol. I. Rennes, Université de Haute-Bretagne, 1980, pp. 329-339, en especial, pp. 334 y ss. El lai de Guigemar escrito por María de Francia sería el primer texto que presenta una descripción parecida a la citada del Quijote; con frecuencia se trata de navegaciones fúnebres y que tienen un significado simbólico, como la expresión de la incapacidad para amar (María de Francia, Lais, intr., trad. y notas de C. Alvar. Madrid, Alianza, 1994, pp. 31-54).

 

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C.S. Lewis, La imagen del mundo. Barcelona, Antoni Bosch, 1980. C. Alvar, «El viaje al más allá y la literatura artúrica», en J. Paredes Núñez, Literatura y fantasía en la Edad Media. Granada, Universidad, 1989, pp. 15-26. H. R. Patch, El Otro Mundo en la literatura medieval. México, FCE, 1956; gran interés tiene el apéndice de Mª R. Lida de Malkiel, «La visión de trasmundo en las literaturas hispánicas», pp. 369-450.

 

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J. M. Cacho Blecua, «La cueva en los libros de caballerías: la experiencia de los límites», en P. Piñero Ramírez (ed.), «Descensus ad inferos»: La aventura de ultratumba de los héroes (de Homero a Goethe). Sevilla, Universidad, 1992, pp. 99-127: la amplia bibliografía del trabajo de J. M. Cacho Blecua me ahorra citar otros títulos anteriores; C. Demattè, «Así muchas vezes los ojos me alimpiava, mas veya siempre ser así: del prólogo de Febo el Troyano a la cueva de Montesinos», en J. Acebrón Ruiz (ed.), Fechos antiguos que los cavalleros en armas passaron. Estudios sobre la ficción caballeresca. Lérida, Universitat de Lleida, 2001, pp. 217-229.

 

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Entre la bibliografía dedicada al episodio de la Cueva de Montesinos, véanse A. Redondo, «El proceso iniciático en el episodio de la cueva de Montesinos del Quijote», Iberorromania, 13, 1981, pp. 47-61 (ahora en Otra manera de leer el Quijote. Madrid, Castalia, pp. 403-420); J. Canavaggio, «Don Quijote baja a los abismos infernales: la cueva de Montesinos», en P. Piñero Ramírez (ed.), «Descensus ad inferos», cit., pp. 155-174; véanse, además las referencias bibliográficas citadas por J. Canavaggio en p. 155.

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