1
Este logro no fue alcanzado ni por los franceses mismos porque a pesar de que se encontraban fascinados «con los detalles de la polémica estética del siglo XIX, no habían podido o querido desarrollar un concepto histórico-teórico que se pudiera comparar al modernismo hispánico»
(Calinescu 1977: 70).
2
Esta lista es parcial porque cada estudioso del modernismo tiene la suya. Algunos incluyen a músicos como Wagner, otros a filósofos como Nietszche y otros a pintores como Gustave Moreau. Como todo podía ser contenido en el movimiento todas las listas son correctas e incompletas.
3
De Onís sostiene que el eclecticismo es un derecho de la región, la cual pertenece a todos y a ninguno, y por lo tanto puede buscar lo que es suyo en el mundo: «[...] en este aspecto el americanismo del movimiento modernista está en la capacidad de los americanos para asimilar y mirar como propias todas las formas de cultura extranjera [...]. El americano siente como suyas todas las tradiciones sin que ninguna lo ate al pasado, y mira al porvenir como campo abierto a todas las posibilidades; aspira como cosa natural a sintetizar e integrar en América y en sí mismo todo lo que le llega de fuera, [...]»
(1953: 100).
4
Jitrik nos asegura que este sentimiento es «un viejo proyecto que sin duda el modernismo reformula: el proyecto de una autonomía productiva, para el modernismo en el plano del instrumento poético, pero que abarca desde la Independencia hasta nuestros días, todos los planos del 'querer ser' de la existencia social»
(1978: 115).
5
El poeta guarda la llave de este mundo que con «el modernismo se inicia como una estética de ritmo y desemboca en una visión rítmica del universo»
(Paz 1980: 29). El alma del universo se encuentra en las palabras y en esa armonía verbal está la musicalidad del universo. Esta búsqueda está basada en el sistema de analogías y se convierte en algo sagrado donde todo es importante y vital: «[...] lo verdaderamente grande en el Universo, las fuerzas que lo rigen, y la explicación de sus enormes destinos, está en lo infinitamente pequeño, en lo imperceptible, en lo invisible»
(Nervo 1972a: 398).
6
Elaine Showalter señala tres etapas en el desarrollo de «subculturas literarias», a las cuales pertenece la escritura femenina: 1) una fase de imitación que refleja la internalización de la tradición dominante de «sus normas artísticas y papeles sociales»; 2) una fase de protesta; y 3) una fase de descubrimiento de una identidad. Showalter llama a cada una de estas etapas femenina, feminista y de la mujer (1991: 13).
7
No debemos olvidar que su segundo libro, Cantos de la mañana, ya había sido publicado en 1910 con gran éxito.
8
Este término viene del crítico Harold Bloom y su obra The Anxiety of Influence: a Theory of Poetry.