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Destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor II

Pilar Rivero

Julián Pelegrín

Durante la campaña emprendida en 598 a. C. contra los territorios occidentales, Nabucodonosor II (606-562 a. C.) arrasó Judea y conquistó Jerusalén (597 a. C.). El templo fue saqueado, el rey Joaquim y parte de la población deportados a Babilonia, y Sedecías instalado en el trono por el vencedor. Sin embargo, nueve años después, instigado por Egipto y desoyendo los consejos del profeta Jeremías, Sedecías se levantó contra Babilonia. La respuesta de Nabucodonosor no se hizo esperar: puso sitio a Jerusalén en enero de 588, y en julio del año siguiente entró en la ciudad, arrasó el templo y deportó a Babilonia a la mayor parte de la población.

«El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, acampó ante ella, y levantaron contra ella ingenios en derredor. La ciudad estuvo cercada hasta el año undécimo del reinado de Sedecías. El día nueve del cuarto mes del año undécimo de Sedecías era grande el hambre en la ciudad, y no había ya pan para la gente del pueblo. Entonces abrieron brecha en la ciudad, y toda la gente de guerra huyó de noche por el camino de la puerta entre los muros, cerca del jardín del rey, mientras los caldeos tenían cercada la ciudad. Los huidos tomaron el camino del Arabá; pero el ejército de los caldeos persiguió al rey y le dio alcance en los llanos de Jericó, y todo su ejército se dispersó, dejándole. Apresaron al rey y le llevaron al rey de Babilonia, a Ribla, y le sentenciaron. Los hijos de Sedecías fueron degollados en su presencia; a Sedecías le sacaron los ojos, y cargado de cadenas de bronce, le llevaron a Babilonia.

El día séptimo del quinto mes -era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia- Nebuzardán, jefe de la guardia, servidor del rey de Babilonia, entró en Jerusalén, quemó el templo de Yavé, el palacio real y todas las casas de Jerusalén. Todo el ejército de los caldeos, que estaba con el jefe de la guardia, demolió las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nebuzardán, jefe de la guardia, llevó cautivos a los que habían quedado en la ciudad, de los que se rindieron al rey de Babilonia, y al resto de la gente, fuera de algunos pobres que dejó como viñadores y labradores.

Los caldeos rompieron las columnas de bronce que había en la casa de Yavé, las basas, el mar de bronce que había en la casa de Yavé, y se llevaron el bronce a Babilonia. Se apoderaron de los ceniceros, las tenazas, las palas, los cuchillos, las tazas y todos los utensilios de bronce con que se hacía el servicio.

El jefe de la guardia se apoderó también de los braseros, las copas y todo cuanto era de oro y de plata. Las dos columnas, el mar, las basas que Salomón había hecho para la casa de Yavé; todos los utensilios de bronce tenían un peso incalculable. La altura de una columna era de dieciocho codos, y tenía encima un capitel de bronce de tres codos de altura, y en derredor del capitel había trenzados y granadas, todo de bronce; y lo mismo la otra columna. El jefe de la guardia prendió a Serayas, sumo sacerdote; a Sofonías, el segundo sacerdote, y a los tres guardias del atrio; y de la ciudad, a un eunuco que tenía a sus órdenes la gente de guerra, a cinco hombres de los consejeros del rey que fueron encontrados en la ciudad, al secretario del jefe del ejército encargado del alistamiento y a sesenta más del pueblo que se hallaban en la ciudad. Nebuzardán, jefe de la guardia, los apresó y los llevó a Ribla, al rey de Babilonia. El rey de Babilonia les dio muerte en Ribla, en tierra de Jamat. Así fue llevado cautivo Judá lejos de su tierra».

(2, Reyes, 25, pp. 1-21, traducción de Eloíno Nacar y Alberto Colunga, Sagrada Biblia, Madrid, 1977 (1.ª edición en 1969.)