31
Véase la documentación recogida por Espinosa Maeso, op. cit. (nota 26), pp. 573-576, y mi interpretación en García Bermejo, op. cit. (nota 3), pp. 60-63.
32
Véase en Espinosa Maeso, op. cit. (nota 26), por ejemplo, p. 573: «mas costaron las máscaras y lobas de los judíos de alquiler tres reales»
. Hay novedosas noticias en la documentación que da a conocer y analiza minuciosamente Framiñán de Miguel, María Jesús, «Teatro religioso en Salamanca (1500-1627): estudio documental», en Close, Anthony J. y Sandra María Fernández Vales (comps.), Edad de oro cantabrigense: Actas del VII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas del Siglo de Oro. Robinson College, Cambridge, 18-22 julio, 2005, Madrid, Iberoamericana, 2006, pp. 271-273; allí exhuma el empleo de máscaras y/o disfraces en festejos celebrados por la Catedral charra como la prohibición en 1546 de hacer la ceremonia del «obispillo»
, aunque se recogieran testimonios de su celebración desde doce años antes, así como una serie de danzas y desfiles de enmascarados con ocasión del Corpus de la tercera década del siglo XVI en adelante; más noticias sobre estos últimos aportan en otro estudio, «Estudio documental sobre teatro en Salamanca (1500-1630): avance de resultados», Criticón, 96, 2006, pp. 115-137; accesible online: <http://cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/096/096_l 15.pdf> (Consultado el 01.09.2010), sobre esas danzas para la celebración del Corpus (pp. 125-128), así como noticias sobre fiestas navideñas de Navidad y Epifanía en las que debieron de usarse disfraces, dadas las partidas de gastos consignadas en 1567 (p. 123).
33
33De aquella enemistad parece haber rastros en distintos lugares de las Églogas de Encina; véanse los lugares en Encina, op. cit. (nota 11), p. 8, v. 58; p. 94, vv. 95-134, así como p. 282, notas 55 y 58.
34
López Morales, op. cit. (nota 30), ibidem.
35
Si bien la Copilaçam de Vicente es muy tardía, resulta muy llamativa la admiración que tiene la infanta castellana por los momos de 1490 citados más arriba, descritos también por Asensio, op. cit. (nota 1), pp. 29-30.
36
Para las citas se emplea la edición de Gillet, Joseph Eugene, Propalladia, and other works of Bartolomé de Torres Naharro. T. II: Plays, Bryn Mawr-Filadelfia, University of Pennsylvania, 1946, p. 326, v. 42.
37
Como se recuerda y puede apreciarse gráficamente en Bernis, Carmen, El traje y los tipos sociales en «El Quijote», Madrid, El Viso, 2001, pp. 396-398 y 140-144.
38
De posibilidades tan diversas como las que analiza en el mundo románico para el motivo König, Bernhard, «Salvación gracias a un disfraz. Variaciones de un motivo presente en la épica y en la cuentística de las literaturas románicas de la Edad Media y el Renacimiento», en Gernert, Folke y Javier Gómez-Montero (comps.), Novela picaresca y libros de caballerías: homenaje ofrecido por sus discípulos y amigos, Salamanca, Sociedad de Estudios Medievales y Renacentistas, 2003, pp. 17-44.
39
Es manifestación de la denominada comedia urbana por Canet Valles, José Luis, «La evolución de la comedia urbana hasta el Index prohibitorum de 1559», Criticón, 51, 1991, pp. 21-42, accesible online: <http://cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/051/051_021.pdf> (Consultado el 01.09.2010), que apunta como una de sus principales señas de identidad su capacidad de síntesis de toda una gama de materiales, dramáticos o no, anticipo de uno de los principales ingredientes del éxito de la comedía barroca (p. 41).
40
Gillet, Joseph Eugene, Propalladia, and other works of Bartolomé de Torres Naharro. T. III: Notes, Bryn Mawr-Filadelfia, University of Pennsylvania, 1951, pp. 668-669, recuerda el uso burlesco de este parentesco para referirse disimuladamente, o no tanto, a un amante.