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Dos poemas de Concha Zardoya

Concha Zardoya

I

   La cúpula de hueso, peraltada,

descubre luces álgidas, los dentros

que asoman a la piel, casi relámpagos,

o cosavan la sien que vemos lúcida.

   Cejas óseas, ribetes de la sombra,

y el ceño entre los ojos -¿duros?, ¿fríos?-

en paralelos trazos, hoy nos juzgan

y juzgarán mañana, inquisidores.

   Altiva la nariz, impertinente,

sobre el mostacho ralo nos domina

y proclama desdén, alucinada.

   Sensual, la boca yergue un labio solo

que parece mirarnos agresivo

desde opimas delicias que atesora.


(Velázquez: Retrato de don Luis de Góngora, Museum of Fine Arts, Boston, Massachusetts)



II

   Te encontramos aquí- ¿Nos esperabas

desde tu siglo, lejos, en tu tiempo?

Un amigo pareces al que busca,

en soledad, perdidos bienes suyos.

   Se cruza tu mirada con la nuestra...

¿Intercambian pasados y presentes

en el puro milagro del encuentro?

¿Trasvasan vida vieja, mutuas ansias?

   Nos vamos a tu edad sin saber cómo...

Te vemos en Madrid: una calesa

te lleva al Manzanares, hilo de agua...

   Tú paseas, ahora, junto a un río

que no soñaste nunca: el río Carlos.

Al mar te asomas tú en días puros.

   Se descruzan los ojos... Ya nos vamos

a triviales faenas, a estar vivos

en la ciudad que nuca será nuestra.


(Goya: Retrato de don Isidro González, Museum of Fine Arts, Boston, Massachusetts)