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Cedido por la reina Isabel II, en 1865, gran parte de este Real Sitio, formose un plano desatinado para vender el solar que resultó, con objeto de construcción de casas; a este efecto se devastó una gran parte del arbolado, se derribó la Casa antigua de Fieras, y se proyectó lo mismo con todos los edificios de la entrada (incluso el histórico salón de Cortes, en que hoy está el Museo de Artillería). Llegando después la revolución de 1868, y cedido este Sitio Real al Ayuntamiento de Madrid, éste emprendió obras costosísimas para nivelar el terreno; derribó luego la plaza de entrada, la iglesia, la administración y otros edificios, borró las cercas de los sitios reservados antes al Monarca, y la general del Sitio, para formar la gran plaza que circunda la Puerta de Alcalá; abrió nuevos caminos al estanque grande, ensanchó el Jardín Zoológico y Casa de Fieras, etc., abriendo a su extremidad el paseo de coches, lago de   —176→   patinar, la estufa, fuentes y otras muchas mejoras, que hacen hoy del Parque de Madrid y sus jardines contiguos el más privilegiado sitio de esparcimiento y de recreo.

 

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Entre las infinitas y festivas sátiras que el humilde Manzanares y su suntuosa puente inspiraron en todos tiempos a las musas matritenses, no podemos resistir a la tentación de transcribir aquí un precioso romance del célebre poeta dramático maestro Tirso de Molina, tanto por su gracia y donosura, como por ser muy poco conocido, como inserto que está en su rarísima obra titulada Los Cigarrales de Toledo. Dice así:




ROMANCE DEL MAESTRO TIRSO DE MOLINA.


A las niñas de Alcorcón
Las cantaba Paracuellos,
Mientras se juntan al valle
Debajo el olmo, estos versos:
-Fuérame yo por la puente,
Que lo es sin encantamento,
En Diciembre, de Madrid,
Y en Agosto, de Rioseco.
La que haciéndose ojos toda
Por ver su amante pigmeo,
Se queja dél porque, ingrato,
Le da con arena en ellos.
La que la vez que se asoma
A mirar su rostro bello,
Es, a fuer de dama pobre,
En solo un casco de espejo.
La pretina de jubón
Que, estando de ojetes lleno,
Cual pícaro, no trae más
Que una cinta en los gregüescos.-
Por esta puente de anillo
Pasé un disanto en efecto,
Aunque pudiera a pie enjuto
Vadear su mar bermejo.
Reíme de ver su río,
Y sobre los antepechos
De su puente titular
No sé si le dije aquesto:
-No os corráis, el Manzanares;
Mas ¿cómo podéis correros,
Si llegáis tan despeado
Y de gota andáis enfermo?
Según arenas criáis,
Y estáis ya caduco y viejo,
Moriréis de mal de orina,
Como no os remedie el cielo.
Y en fe de aquesta verdad,
Azadones veraniegos,
Abriendo en vos sepulturas,
Pronostican vuestro entierro.
Postulando vais vuestra agua,
Y por esta causa creo
Que con Jarama intentó
Filipo daros comento.
No lo ejecutó por ser
En daño de tantos pueblos;
Mas como os vio tan quebrado,
De piedra os puso el braguero,
Título de venerable
Merecéis, aunque pequeño,
Pues no es bien, viéndoos tan calvo,
Que os perdamos el respeto.
Como Alcalá y Salamanca
Tenéis, y no sois colegio,
Vacaciones en verano,
Y curso sólo en invierno.
Mas como estudiante flojo,
Por andaros en floreos,
Del sotillo mil corrales
Afrentan vuestros cuadernos.
Pero dejando las burlas,
Hablemos un rato en seso,
—179→
Si no es ya que os tienen loco
Sequedades del cerebro.
¿Cómo, decid, Manzanares,
Tan poco medrado os vemos,
Pretendiente en esta corte,
Y en palacio lisonjero?
Un siglo y más ha que andáis
Hipócrita y macilento,
Saliendo al paso a los reyes
Que tienen gusto de veros.
Alegar podéis servicios;
Diganlo los que habéis hecho
En esa Casa de Campo,
Sus laberintos y enredos.
Su Troya burlesca os llama
Hombre sutil y de ingenio,
Sin que su artificio envidie
Los del Tajo y su Juanelo.
En azafates de Mayo
Presentáis a vuestro dueño
Flores pancayas, que en frutas
Convierte después el tiempo.
¿Qué es la causa, pues, mi río,
Que tantos años sirviendo,
No os den siquiera un estado
Que os pague en agua alimentos,
Filipo os quiso hacer grande
Después de haberos cubierto
Delante de él con la puente,
Y él mismo os puso el sombrero.
Pedidle al Cuarto mercedes,
Que otros han servido menos
Y gozan ya más estados
Que cuatro pozos manchegos.
«No soy, diréis, ambicioso»,
Mas, a fe, aunque os lo confieso,
Que andáis siempre murmurando,
Por más que os llamen risueño.
Ánimo, cobarde río,
Quebrantad vuestro destierro;
Y pues rondáis a palacio,
Entraos una noche dentro.
Fuentes tenéis que imitar,
Que han ganado con sus cuerpos,
Como damas cortesanas,
Sitios en Madrid soberbios.
Adornadas de oro y piedras
Visitan plazas y templos,
Y ya son dos escribanas;
Que aquí hasta el agua anda en pleitos.
No sé yo por qué se entonan,
Que no ha mucho que se vieron
Por las calles de Madrid
A la vergüenza en jumentos.-
Más dijera, a no llegar
Con dos cargas de pucheros
Bertol, y ansí por los propios
Dejo cuidados ajenos.

 

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Donde ahora la actual.

 

74

Junto al puente de Segovia.

 

75

Camino de Carabanchel.

 

76

Donde ahora la nueva.

 

77

Esta es también moderna, de principios del siglo pasado.

 

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De todas estas posesiones antiguas apenas se conserva edificio alguno, y sí sólo los huertos, aunque con distintos dueños y denominaciones. Acaso sea la única excepción la última que citamos y que aún existe hoy con el título de CASA PUERTA, situada a la bajada de Atocha, frente al Canal. -Esta casa existía ya en el siglo XVII, y consta que en 1668 fue cedida a D. Pablo Spínola Doria, marqués de los Balbases y de Leganés, duque de Sexto, opulento y nombrado cortesano de la época; quien la reparó y decoró espléndidamente con suntuosas pinturas al fresco en los lienzos de sus salones; de las que aún se conserva gran parte, especialmente la del salón principal, que es muy curiosa, y representa la apoteosis de la Monarquía española. Vense en ella los diversos planos de todos sus dominios en aquella época, y coronados por una serie de retratos que representan a los reyes Carlos Il y su esposa, y los más insignes hijos de España en santidad, armas o ciencias, a saber: los santos Domingo de Guzmán, Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola y Pedro de Alcántara; los gobernadores cardenal Jiménez de Cisneros y Gil de Albornoz; los jurisconsultos El Tostado y Cobarrubias; los generales Duque de Alba y Gran Capitán; los escritores sagrados Luis de Granada y Eusebio Nieremberg, y los profanos Lope de Vega y Góngora. -Estos retratos están muy bien ejecutados y conservados, o por lo menos lo estaban hace muy pocos años.

 

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Este planito, el primero acaso, o más antiguo de la villa de Madrid, consta de dos pliegos de marca, y viene a ser como la décima parte del grande de 1656. -No tiene escala, y en el tarjetón en blanco que hay a su pie nada se dice de cuando ni por quién fue hecho. Su mérito artístico es escaso; su exactitud geométrica, ninguna; pero aunque malamente delineado, presenta también, como el grande, aunque en menor escala y no con tanta escrupulosidad, los frentes de los edificios en perspectiva caballera, y da bastante razón de su forma y situación topográfica. Parece, sin embargo, haber sido hecho muy a la ligera y fuera de España, para algún átlas u obra geográfica, pues los nombres de las calles casi todos están mal escritos, como San Yan, por San Juan; Placa de Herrado, por Plaza de Herradores; Carnescia, por Carnecería; el Conde Varasas, por Barajas; calle de los Prescados, por de los Preciados; Capusynas, por Capuchinas; Cannos, por Caños, calle Mayoer, por calle Mayor, etc.; lo que demuestra que pudo ser grabado en el extranjero, por ejemplo, en Flandes o en Portugal. -Encima de él se lee este rótulo: LA VILLA DE MADRID, CORTE DE LOS REYES CATÓLICOS DE ESPAÑA; y a su ángulo derecho hay un genio o fama trompetera, sosteniendo una corona imperial, de la que pende un grupo de otras siete, y en la otra mano, unos banderines con esta leyenda: Hic situs gloria mundi non suficit una. En el ángulo izquierdo están las armas de Madrid, el oso y el madroño. Este plano, procedente de la colección que formó D. Valentín Carderera, obra hoy en la Biblioteca Nacional.

 

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En vista de este plano y de las expresas noticias que se leen en las Relaciones de Luis Cabrera de Córdoba, no tengo inconveniente en rectificar mi equivocación al suponer, como lo hice, que este palacio fuese construido por el Duque de Lerma, siendo marqués de Denia y en los primeros años del reinado de Felipe III. -Lo fue, sí, pero mucho después, y sucesivamente, desde 1606 hasta 1616, o más allá, durante todo el período de su grande privanza. -En la página 166 de dichas Relaciones, con fecha de Valladolid de 25 de Enero de 1603, se lee: -«Andan diversas opiniones aquí sobre la vuelta de la corte a Madrid, las cuales se han fundado en haberse quejado el Duque de Lerma de que le iba mal de salud, después que estaba en esta ciudad, y también de que en Madrid trae grande obra en una huerta que hace cerca del Prado de San Jerónimo, habiendo acrecentado la que allí tenía, que dicen será mucho de ver, así la obra de ella como su grandeza y curiosidad con que la hace»; -y más adelante, con fecha 17 de Mayo del mismo año, dice que en una de las frecuentes excursiones que hicieron los reyes a Madrid, en los cinco años que permaneció la corte en Valladolid, «pasaron a el monasterio de las Descalzas para ir a visitar a la Infanta, su tía, y salieron a merendar en la huerta del Duque de Lerma, que hace en el Prado de San Jerónimo, y que el Duque había dejado comprada la huerta que estaba arrimada a la suya, y la casa que está delante, que fue del prior D. Hernando de Toledo, y agora tenía Pedro Álvarez Pereyra, para juntarla con las dichas huertas, incorporando a ella la calle que las dividía (debe ser la de Francos), de que le hizo gracia la villa, y dejó hecha una traza de todo, lo que dicen costará 150.000 ducados la obra.» -En el mismo año 1603, en otro viaje que hicieron SS. MM., a fines de Octubre, a Madrid, fueron a parar a la casa que el Duque de Lerma tiene en su   —187→   huerta, en lo que estaba edificado de las casas antiguas, que fueron del prior Hernando y de Álvarez Pereyra, y se añade que allende de lo fabricado, el Duque va añadiendo para hacer allí un gran palacio, que acompañado con el jardín y huerta y será gran cosa; al día siguiente de su entrada se hizo una encamisada por el Príncipe de Marruecos, marqués de Almenara) y otros caballeros de Madrid, para obsequiar a SS. MM., delante de la casa del Duque; y al otro les corrieron también toros allí, y celebraron un combate de un tigre con un toro. Después de algunos días partió el Rey para Valencia, dejando a la Reina e Infanta en el monasterio de las Descalzas y su casa contigua (hoy del Monte de Piedad). -En 20 de Mayo de 1606 regresó definitivamente Felipe III y su corte a Madrid, y desde entonces el Duque de Lerma, en el apogeo de su valimiento, fue cuando fue extendiendo la construcción de su palacio, en que solía aposentar y dar suntuosas fiestas a los reyes, mandó hacer también una plaza o coso para lidiar toros, y fundó primero, en 1606, el convento de trinitarios de Jesús, y en 1609, el de capuchinos; con fecha 2 de Julio de 1611, se lee en dichas Relaciones: «Al otro día (11 de Junio) se pasaron sus Majestades a la huerta del Duque de Lerma, y estuvieron ocho días, y a los diez y seis del mismo se les corrieron toros y jugaron cañas, con capas y gorras, delante de la huerta, hacia el Prado, donde se hicieron los tablados y barreras,   —188→   tomando el pilón del agua que allí está, Los toros fueron razonables: mataron cinco o seis hombres, hirieron muchos. Sucedió que en la primera carrera de la entrada del juego de cañas se rompió el freno del caballo del Corregidor, y tuvo la advertencia de arrimarse a la lanza al tiempo de caer, y fue de menos peligro; y a don Pedro de Zúñiga dieron un golpe en la cabeza con una caña, que le descalabró, y hubo de estar en la cama sangrado; y a D. Juan Vicente le hirieron con otra en las narices, que le sacó mucha sangre; y porque los reyes estaban muy estrechos de aposento, y de cada día hacían llevar y traer algunas de las damas, se volvieron al otro día a palacio; con lo cual, el Duque ha dado orden de acrecentarla casa de aposentos para cuando SS. MM. se quisieren ir a recoger a ella.» -De aquí data, sin duda, la continuación de la obra del palacio, o la incorporación en uno de los diversos edificios que había a lo largo de la huerta.