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ALICIA M. CANTO, La Arqueología española en la época de Carlos IV y Godoy. Los dibujos de Mérida de don Manuel de Villena Moziño, 1791-1794 (Fundaciones de Estudios Romanos y El Monte, y Ministerio de Educación y Cultura), Madrid, 2001, cap. IV, 71-80: «Las aficiones emeritenses del conde de Campomanes». Cf. también EAD, el catálogo de la exposición Mérida y la Arqueología Ilustrada: Las láminas de don Manuel de Villena (1791-1794) (Museo Nacional de Arte Romano de Mérida junio-octubre 2001), prólogo de P. del Castillo, Madrid, 2001, y en él, más resumidamente, el cap. III, 23-28: «Personajes para una historia: Campomanes, Floridablanca y Manuel de Villena».

 

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Véase el balance de un experto conocedor, más cercano en el tiempo y más liberal, como lo fue R. de Mesonero Romanos, publicado diez años después de la muerte del poderoso y desgraciado valido, a quien había visitado en París poco antes de ella (R. DE MESONERO ROMANOS, El antiguo Madrid. Paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa, Madrid, 1861 [ed. facsímil Madrid, 1984], pp. LXV-LXVI): «La corte de Carlos IV y M.ª Luisa, con su arrogante favorito, su ligereza, su voluptuosidad, sus errores y hasta su inmoralidad, si se quiere, tenía también su lado brillante para la capital; y era la ostentación y magnificencia, la tolerancia y libertad práctica de las opiniones, la ausencia de toda persecución política o religiosa, la protección y el impulso dispensado á las letras y las artes por ese mismo Godoy á quien políticamente pudieran hacerse severos cargos, á quien la mayoría de la opinión aborrecía de muerte, á quien la revolución y la venganza llevaron á expiar sus faltas en una muerte oscura en país extranjero al cabo de un destierro de cuarenta años, y á quien la historia contemporánea ha estado escarneciendo durante medio siglo...».

 

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Por ejemplo con un ciclo de conferencias, de las cuales la del 18 de noviembre de 2002, a cargo del actual Anticuario perpetuo, D. M. ALMAGRO GORBEA, trató sobre «Campomanes erudito y anticuario».

 

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«... Procurando mi hijo [Sabino], si yo no lo pudiese hacer, adquirir el retrato del Señor Fernando Sexto, a cuya benignidad debí en el año de mil setecientos cincuenta y cinco el nombramiento de Asesor..., y fue el principio de mis servicios, y adelantamientos hasta llegar al empleo de Gobernador del Consejo...». Lo he cotejado en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, volumen de Testamentos de personajes, n.º 62 (seleccionados por el benemérito D. Antonio Mati lla): Testamento cerrado de D. Pedro Rodríguez de Campomanes, de 28 de junio de 1791, con sendos codicilos de 1799 y 1801, p. 432.

 

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Véase todavía la obra de F. ÁLVAREZ REQUEJO El Conde de Campomanes. Su obra histórica, Oviedo, 1954, la más detallada con mucho sobre estas facetas. Para su formación clásica en relación con su política, y más precisamente en la esfera de la lengua griega, ha de consultarse desde luego el ensayo de L. GIL Campomanes, un helenista en el poder, Madrid, 1976.

 

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La obra acabada de citar de Luis Gil se extiende con primor sobre la formación y práctica lingüística de Campomanes, especialmente en griego (considerada por entonces dentro de las «lenguas orientales»).

 

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El mismo Campomanes, en su «Relación de Méritos» de 1757 (que se conserva en el Archivo Campomanes de la Fundación Universitaria Española, sign. 11-10), detalla sus estudios, y qué tipo de asuntos atendió al abrir su propio despacho jurídico: «Canónicos, competencias, pleitos de mayorazgos, aniversarios, fideicomisos de la corona de Aragón, materias de regalías y diezmos secularizados...», cf. L. GIL, op. cit., 196.

 

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Disertaciones Históricas de la Orden de los Templarios, Madrid, 1747, un tomo en cuarto, donde sentó las bases de su tesis sobre las regalías, que tan relevantes serían para su acercamiento al trono. El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida viene de adquirir, con verdadero sentido de la oportunidad, un ejemplar original de esta obra, que también acaba de ser reeditada en edición facsímil (Madrid, 2000). Sobre esta obra, su método, fuentes y valoración, cf. ÁLVAREZ REQUEJO, op. cit., 74.

 

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Donde acometió, por ejemplo, un estudio sobre Las leyes y el gobierno de los godos de España.

 

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También en cuarto y con varias láminas, en la Academia de la Historia se conserva un ejemplar de ella en excelente estado. La comenta extensamente F. ÁLVAREZ REQUEJO, op. cit., 75 ss. Como recuerda Luis Gil, esta obra en general fue bien recibida. Sólo consta una reseña crítica («Observaciones»), enviada por el jesuíta S. Nicolau a A. Montiano a la RAH y que Gil transcribe, también de la copia que tenía Campomanes (op. cit., 143-151, doc. n.º 2), sin fecha. ÁLVAREZ REQUEJO (ibid., 80 con nota 181) cita la opinión de J. E. CASARIEGO (en su edición crítica bilingüe de 1947, 22) en el sentido de que se puede reputar «como la mejor o una de las mejores de su tiempo», a pesar de que «la traducción es libérrima y adolece de algunos fallos en la interpretación filológica». En parecido sentido, y resaltando el aprecio de que gozó en el extranjero, al punto de deberle su propuesta como correspondiente de la Académie des Inscriptions et Belles Lentes de París, vid. V. LLOMBART, Campomanes, economista y político de Carlos III, Madrid, 1992, 76-78.

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