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Sobre estas creencias antroponómicas, véase lo que hemos escrito en nuestro libro Otra manera de leer «El Quijote». Historia, tradiciones culturales y literatura, Madrid, Castalia, 19982, pp. 232, 252, 283, etc.

 

22

Véase PESO, p. 82, pp. 234-235, pp. 277-279. Véase asimismo MARGIT FRENK, Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII), 2 vols., Madrid, Castalia, 1987-1992, p. 792 n.º 1629 A, p. 811 n.º 1669, pp. 828-829 n.º 1704 A-B-C-, p. 879 n.º 1811.

 

23

Bien conocidas son las relaciones entre los instrumentos musicales y el universo erótico. Hasta cierto punto, el pandero es el símbolo de tal universo, como lo subraya el refrán recogido por Sebastián de Horozco: «la moça loca / más quiere pandero que toca» (Teatro universal de proverbios, ed. de J. L. Alonso Hernández, Salamanca, Universidad de Groningen / Universidad de Salamanca, 1986, p. 314 n.º 1437). Además, en algunos casos, pandero tiene un sentido más preciso pues se refiere al sexo de la mujer (cf. PESO, p. 211 n.º 101, p. 270 n.º 135).

 

24

Tesoro, p. 607 b.

 

25

Sobre la utilización de la expresión «nada melindrosa» con relación a Aldonza Lorenzo, véase nuestro libro Otra manera de leer «El Quijote», p. 236.

 

26

Sobre las resonancias suscitadas por el nombre de Pedro, véanse fundamentalmente los estudios siguientes: IRMA CUÑA CUÑA, Inmortalidad y ausencia de Pedro de Urdemalas, tesis doctoral. México, UNAM, 1964; AUGUSTIN REDONDO, «Folklore, referencias histórico-sociales y trayectoria narrativa en la prosa castellana del Renacimiento: de Pedro de Urdemalas al Viaje de Turquía y al Lazarillo de Tormes», en S. Neumeister (ed.), Actas del IX Congreso Internacional de Hispanistas, 2 vols., Frankfurt am Main, Vervuert Verlag, 1989, I, pp. 65-88; id., «De Ginés de Pasamonte a Maese Pedro», en Otra manera de leer «El Quijote», en particular pp. 256-257; MARGIT FRENK, «Mucho va de Pedro a Pedro (polisemia de un personaje proverbial)», en Scripta philologica in honorem Juan Lope Blanch, vol. III, México, UNAM, 1992, pp. 203-220; JOSÉ MANUEL PEDRAZA, «Rey Fernando, rey don Sancho, Pero Pando, Pero Palo, Fray Príapo, Fray Pedro: metamorfosis de un canto de disparates (siglos XIII-XX)», Bulletin Hispanique, 98 (1996), pp. 5-27.

 

27

Véase G. CORREAS, Vocabulario de refranes, p. 589 a.

 

28

Véase Tesoro, art. «algodón», pp. 86 b-87 a. Sabido es que el vocabulario vinculado al hilar y al tejer, por su dinámica unida a la actividad sexual, es un vocabulario «marcado» relacionado con el mundo del erotismo. Sobre el particular, véase por ejemplo JACQUES BRIL, Origines et symbolisme des productions textiles. De la toile et du fil, París, Clancier/Guénaud, 1984, pp. 51 y ss.

 

29

Covarrubias señala en su Tesoro, art. «paciencia», p. 843 a: «Paciente [...] en mala sinificación sinifica [...] el cornudo». Ciervo, a causa de la cornamenta del animal, tiene el mismo significado: véase por ejemplo J. L. ALONSO HERNÁNDEZ, Léxico del marginalismo del Siglo de Oro, p. 201 b.

 

30

El vocabulario bélico se ha empleado con frecuencia para evocar las «batallas de amor». Sobre el particular, véanse José Luis ALONSO HERNÁNDEZ, «Claves para la formación del léxico erótico», Edad de Oro, IX (1990), pp. 7-17 y más directamente pp. 12-14; AUGUSTIN REDONDO, «Las dos caras del erotismo en la primera parte del Quijote», en Otra manera de leer «El Quijote», pp. 153-155.

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