21
Juan Gil, op. cit., p. 281.
22
Crovetto, 1984; Sylvia Molloy, op. cit.; Enrique Pupo-Walker, «Pesquisas para una nueva lectura de los Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca», Revista Iberoamericana, núm. 140, julio-septiembre, 1987, pp. 517-539; Nueva Revista de Filología Hispánica, XXXVIII (1990), núm. 1, 163-196, y del mismo autor «Notas para la caracterización de un texto seminal: Los Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca»; Rolena Adorno, «The Negotiation...», op. cit. Destaca Jacques Lafeye, «Los "milagros" de Álvar Núñez Cabeza de Vaca» (1527-1536), en Mesías, cruzadas, utopías. El judeo cristianismo en las sociedades ibéricas, México, FCE, 1984, pp. 65-84; la fama de milagrero de Cabeza de Vaca sobrepasa todas sus otras acciones y se convierte desde su llegada a España, y, después, a lo largo de los siglos, en su recepción posterior, en su principal definición: los autores mencionados se interesan de manare especial en este aspecto. Véase un ejemplo reciente, la película de Nicolás Echevarría, Cabeza de Vaca (1996), centrada exclusivamente en el chamanismo.
23
En su artículo recién mencionado (cf. supra, nota 19), Rolena Adorno cita otros trabajos de Maureen Ahern, aún inéditos, que tienen como tema la calabaza ritual que aparece en Cabeza de Vaca en los últimos capítulos de los Naufragios: «Signs of Power: The Cross and the Gourd in the Relaciones de Álvar Núñez Cabeza de Vaca and Fray Marcos de Niza», ponencia presentada en el Symposium on Colonial Literature and Historiography, Kentucky, Modern Language Conference, 22 de abril, 1985, Lexington, inédita. Y, finalmente, «Cruz y calabaza: The appropiation of Ritual Signs in the Relaciones of Álvar Núñez Cabeza de Vaca and Fray Marcos de Niza», que será publicado en Early Images of the New World: Transfer and Creation, editores Robert E. Lewis y Jerry M. Williams.
24
Cabeza de Vaca describe la situación de las mujeres dentro de sus diversas tribus en varios capítulos del libro: cf. pp. 102-106, 108, 114-115, 119, 125-126, 128, 133, 136, 138, 142, 144-145, 147, 150, 154. Luego me referiré a algunas de las descripciones, si cuadran en el contexto que me interesa destacar aquí, aunque creo que sería necesario dedicarle de más atención y paciencia a este tema para completar este esquema.
25
A este respecto es muy esclarecedor consultar el libro de Horst Kurnitzky, La estructura libidinal del dinero, México, Siglo XXI, 1978. Analiza la relación establecida entre los objetos que circulan como dinero en varias culturas llamadas primitivas y que ligados a las mujeres se ofrecen como dote cuando éstas se casan. «La represión de la sexualidad, representada por el sexo femenino reprimido, no sólo es la premisa de la cultura sino también de la riqueza social que es la base material de esa cultura...», p. 101. Cabeza de Vaca describe varios esquemas de matrimonio en donde esto se produce invariablemente. Cito uno a manera de ejemplo: «Cuando viene que alguno casa a su hija, el que la toma por mujer, dende el día que con ella se casa, todo lo que matare cazando o pescando, todo lo trae la mujer a la casa de su padre, sin osar tomar, ni comer, alguna cosa de ello, y de casa del suegro le llevan a él de comer, y en todo ese tiempo el suegro, ni la suegra, no causa en su casa, al él ha de entrar en casa de las suegras, ni cuñados...», p. 103. Véase también el siguiente pasaje: «Y cuando estos se han de casar, compran las mujeres a sus enemigos, y el precio que cada uno da por la suya es un arco, el mejor que puede haber, con dos flechas...», p. 115.
26
Rolena Adorno discute esta idea en «The Negotiation...», op. cit., pp. 183-184 (cf. supra, nota 19), que se reitera varias veces en el texto: los españoles como seres sobrenaturales, los cuales, se dice, «vienen del cielo» o «son hijos del Sol». Para Adorno estas expresiones se refieren a un aspecto topográfico que señala una dirección, una procedencia; no constituyen, según ella, un calificativo que denote el carácter sobrenatural de las sobrevivientes cuando ya se han convertido en «físicos». Estoy de acuerdo con ella, pero también pienso que la ambigüedad característica de este libro prodigioso permite suponer como verdaderas ambas interpretaciones, comprobables según la propia textualidad. Tal es el caso de esta expresión en el contexto que destaco en esta cita.
27
Sylvia Molloy analiza este pasaje y desarrolla una idea muy interesante, a partir de una frase muy significativa de Cabeza de Vaca quien, al convertirse en jefe de la expedición, sencillamente dice «y así yo tomé el leme».
28
Rolena Adorno, «Cómo leer Mala Cosa: Mitos caballerescos y amerindios en los Naufragios de Cabeza de Vaca», inédito, 1991, 31 pp. Esta anécdota, para algunos intercalada por Núñez, ha suscitado gran perplejidad y ha sido explicada de diversas maneras por varios estudiosos, entre los que se cuenta a Rolena Adorno, Pupo-Walker, Crovetto, Molloy.
29
Rolena Adorno en su artículo inédito, antes citado, vincula a Cosa Mala con la tradición azteca y los sacrificios humanos, apoyada específicamente en una parte de la descripción que no he incluido en mi texto y que en seguida inserto. Mala Cosa realiza sus curaciones desmembrando y «sajando» a sus «pacientes»: «[...] y tomaba al que quería dellos e dábale tres cuchilladas grandes por las hijadas con un pedernal muy agudo, tan ancho como una mano e dos palmos en luengo y metía la mano por aquellas cuchilladas y sacábales las tripas, y que cortaba de una tripa poco o más de un palmo y aquello que cortaba echaba en las brasas; y luego le daba tres cuchilladas en un brazo, e la segunda daba por la sangradura y desconcertábaselo, y dende a poco se lo tornaba a concertar y poníale las manos sobre las heridas; y decíannos que luego quedaban sanos...» (p. 126). No tengo espacio ahora para ahondar en este punto, me contento por ello con mencionarlo, y con destacar un hecho: Cabeza de Vaca asegura varias veces, a lo largo de la textualidad, que los indios de esas regiones no practican los sacrificios humanos, pero en la isla de Mal Hado los españoles tienen al principio miedo de que esos indígenas los practiquen. También es cierto que en el proceso de curaciones se menciona el hecho de que en algunos casos se usaba la «sajadura», y si los niños lloraban eran sajados con dientes de ratón. Véase cap. 12, pp. 97-100.
30
Pupo-Walker anota en su texto tantas veces citado, «Notas para...»: «No le es posible aludir, por ejemplo, a la participación que como chamán pudo haber tenido en una gran variedad de ceremonias. Ni podía referirse a la intimidad que, sin duda, conoció con mujeres de aquellas tribus», nota 61, p. 191. Cf. el desarrollo de este tema en mi exposición. Como ya lo decía yo en la nota anterior, por razones de espacio y de tiempo, me es imposible ocuparme de esta última tarea específica de Mala Cosa. Quisiera hacerlo después en un ensayo más extenso; vuelvo a referir al lector al ensayo de Adorno, citado en la nota 26.