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vv. 1536-1537 Cfr.: «Hacia la hora de nona exclamó Jesús con voz fuerte, diciendo: Eli, Eli, lema sabachtani! Que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has deamparado?» (Mateo 27, 46). Y en Marcos 15, 34.

 

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v. 1551 Verso hipermétrico en todos los testimonios de esta versión, excepto en N: «de que fue mío y le dejo.»

 

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v. 1552 prendas: «la alhaja que se da o entrega como seguridad y firmeza de alguna cosa» (Aut).

 

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vv. 1568-1571 «Llegada la hora sexta hubo obscuridad sobre la tierra hasta la hora nona» (San Marcos 15, 33). «Era ya como la hora de sexta, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora de nona, obscurecióse el sol y el velo del templo se rasgó por medio» (San Lucas 23, 44-45). La más completa descripción y que mejor se ajusta al texto calderoniano es la de San Mateo 27, 45 y 51-53: «Desde la hora de sexta se extendieron las tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona [...] La cortina del templo se rasgó de arriba a bajo en dos partes, la tierra tembló y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron, y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Él, vinieron a la ciudad santa y se aparecieron a muchos».

 

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v. 1570 bandolera del día: así llama a la noche porque como ladrona o salteadora de caminos ha robado horas y ha dado muerte al día.

 

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v. 1583 Cfr.: «Y el velo del templo se partió en dos partes de arriba abajo» (San Marcos 15, 38).

 

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v. 1584 Cfr.: «El centurión y los que con él guardaban a Jesús, viendo el terremoto y cuanto había sucedido, temieron sobremanera y se decían: Verdaderamente, éste era hijo de Dios» (San Mateo 27, 54). «Viendo el centurión que estaba frente a Él, de qué manera expiraba, dijo: Verdaderamente éste hombre era hijo de Dios» (San Marcos 15, 39). «Viéndolo el centurión, glorificó a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo» (San Lucas 23, 47).

 

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v. 1569 ingenio: se refiere a Dionisio el Areopagita, a quien se atribuye la famosa frase: «Aut Deus naturae patitur, aut mundi machina dissolvitur» (ver nota a los versos 1766-1767 de la versión definitiva).

 

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vv. 1597-1598 huyendo de aquí a inmundo lugar vaya...: cfr. «Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, discurre por lugares áridos, buscando reposo y no lo halla. Entonces se dice: Me volveré a mi casa de donde salí. Y va y la encuentra vacía, barrida y compuesta. Entonces va, toma consigo otros siete espíritus peores que él y, entrando, habitan allí, viniendo a ser las postrimerías de aquel hombre peores que los principios» (Mateo, 12, 43-45; Lucas, 11, 24-26). Ver nota a los versos 1663-1664 de la versión definitiva.

 

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v. 1602 siete capitales vicios: esto es los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, envidia, gula, ira y pereza, aquí identificados con los siete demonios, como en el caso de María Magdalena; cfr. «Maria, quae vocatur Magadalene, de que septem daemonia exierant» (Lucas, 8, 2). Calderón sigue aquí a San Gregorio, quizá a través de Malón de Chaide, que comenta: «Así entiende San Gregorio lo que el mismo evangelista San Lucas dice de ella [...] que seguían al Señor algunas santas mujeres, entre las cuales era la una María, que era llamada Magdalena, de la cual había alanzado el Señor siete demonios. Este número de demonios, dice este glorioso doctor, que son todos los pecados mortales, que el número de siete es perfecto [...] y así se toma por todo el montón de los pecados. De manera que, según San Gregorio, no fueron verdaderos demonios los que alanzó de la Magdalena, ni ella estuvo algún tiempo endemoniada, sino que el pecado se dice demonio, porque hace efectos de demonio y torna tal a una alma, y la transforma en eso, y el pecador se llama endemoniado. Esta doctrina es bonísima y verdaderísima, pero no muy pegada al Evangelio respecto de la Magdalena», etc. (Conversión, I, 158 y ss.)