651
Ibíd., p. 93.
652
Este aspecto ya ha sido tratado antes. Véase Valender, Cernuda y el poema en prosa, Londres, Támesis, 1984, pp. 106-109. Este crítico observa la invalidez de la mitificación de México y, por tanto, la no identificación con lo otro.
653
«Lo que se busca en la poesía de Cernuda es una unificación perfecta del individuo con el mundo, de lo subjetivo con lo objetivo. Ya que el poeta experimentó una profunda alienación frente a la sociedad en la que le tocó vivir, la búsqueda de una manera de eliminar la separación entre su yo y el mundo circundante adoptó frecuentemente la forma de amparo en un refugio privado. Todas las tentativas de evasión fracasan inevitablemente, pero a través de una serie de desengaños el poeta experimenta un proceso de educación moral y existencial que lo lleva a comprender que el ideal que había perseguido sólo era la proyección de un deseo de afirmarse y validarse», Harris, op. cit., (versión española), pp. 18-19. La versión original se limitaba a afirmar lo mismo pero solamente de La Realidad y el Deseo (p. 2 del original en inglés, op. cit.)
654
Octavio Paz, «La palabra edificante» en Luis Cernuda, op. cit., pp. 157-158.
655
Ese secreto podría ser una concepción diferente del paso del tiempo, su fluir y su significado, la ubicación del hombre en el mundo temporal. José Olivio Jiménez ha apuntado en esa dirección al estudiar la poesía de Cernuda y afirma que «[la fluencia temporal deviene] estímulo, apremio incitador del hombre, que intentará así penetrar la faz oculta o sobrenatural del problema, aquella que daría su sentido último a esa unidad vivencial del tiempo humano». José Olivio Jiménez, «Emoción y trascendencia del tiempo en la poesía de Luis Cernuda», en su libro Cinco poetas del tiempo, Madrid, Ínsula, 1972, segunda edición, p. 163.
656
Valender, op. cit., pp. 100-104, argumenta la semejanza entre el mundo mexicano y el anhelo vital del poeta haciéndola coincidir en la indolencia, actitud que empareja la Sansueña de la infancia con el México de la madurez. Idéntica opinión encontramos en José Luis Cano, «Luis Cernuda: cartas desde el exilio», Diálogos, 95-96 (1980), p. 6: «El ocio lento, la milenaria indolencia de los andaluces, son los mismos que contemplara Cernuda en los pueblos y los campos de México». Creemos que tal argumentación crítica se centra en una visión esencialista de los seres que pueblan los poemas de Cernuda; la gratuidad de las actitudes, en cambio, postula una intelectualización de la realidad y sus objetos. Intelectualización, es decir, proceso de construcción meramente teórico o imaginativo que lleva a cabo Cernuda en este libro. La indolencia es un concepto esencialista producto del proceso de la realidad; la gratuidad, en cambio, es una atribución que el poeta otorga a su visión de los seres que pueblan sus poemas, lazo de unión entre ambos mundos. La gratuidad es el estímulo básico de la vida del poeta, la indolencia una de sus manifestaciones.
657
Pedro Salinas, «Luis Cernuda, poeta», en Luis Cernuda, edición de Derek Harris, op. cit., p. 35.
658
Harris, op. cit., p. 140 (original en inglés).
659
Dice Gil de Biedma de esa relación de Cernuda, pecando quizá de excesivo entusiasmo respecto del deslumbramiento producido por el nuevo país: «uno casi se siente tentado de sospechar que ese enamoramiento no fue sino la concreción final, en un cuerpo y en una persona, del deslumbramiento instantáneo, del inesperado brote de felicidad sensual que aquella tierra propició en él, cuando en su edad madura apenas ya nada esperaba». Gil de Biedma, «Luis Cernuda y la expresión poética en prosa», art. cit., pp. 328-329.
660
En efecto, en el poema XI, «El amante divaga» de Poemas para un cuerpo, los versos 31 y 32: «El camino que sube / y el camino que baja / uno y el mismo son» (p. 480), coinciden con las últimas líneas de «Las Iglesias» de Variaciones: «Alguien, ¿fue Heráclito?, dijo: «El camino que sube y el camino que baja es uno y el mismo» (p. 638). O en otros textos de aquel poemario, donde se agradece la llegada del amor cuando ya no se esperaba; por ejemplo, los poemas VII y VIII, que se relacionan con la afirmación del final del «Tema» en el otro poemario: 'Esa curiosidad [por América] fue la vida con sus azares quien mucho más tarde la provocó en ti, al ponerte frente a la realidad americana. Y tras la curiosidad vino el interés, tras del interés la simpatía; tras de la simpatía el amor. Mas un pudor extraño le dificulta su expresión a ese amor tardío» (p. 622)