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«Prefacio a Víznar...», ob. cit.

 

202

A este modo de teatro histórico, frecuente en el teatro español después del estreno en 1958 de Un soñador para un pueblo, de Buero Vallejo, me he referido en otros lugares, especialmente en «Teatro histórico y sociedad española de posguerra», en Homenaje al profesor Antonio de Hoyos, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1995, pp. 407-414.

 

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«'Desgraciados accidentes' como el que sirve de base a esta obra se produjeron por millares -y siguen produciéndose- cuantas veces la defensa de intereses particulares induce a ciertas gentes a hacer uso del empleo de la fuerza para domeñar lo que es deseo de la grande e indudable mayoría», escribió Camps en el citado «Prefacio» a Víznar.

 

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Camps estudió con los jesuitas y conocía bien la Biblia; fue creyente hasta que leyó El Capital y hacia los diecisiete años dijo, según un testimonio familiar, que había cambiado a Dios por Marx. Escribió también una farsa de tema bíblico, El caso Sodoma. Aunque no cabe afirmar que Camps lo tuviera presente, puesto que se advierte principalmente en los textos juveniles de Lorca, conocidos más tarde, es conveniente recordar a este propósito el aprecio, la admiración e incluso la identificación que Federico García Lorca mostró con Cristo frente a su rechazo de la naturaleza y actuación del Dios del Antiguo Testamento, continuada por la Iglesia (pensemos, por ejemplo, en poemas como «Canción desolada» o «Canción erótica en tono de elegía lamentosa», en sus Místicas y, sobre todo, en títulos del teatro de juventud como Cristo o Jehová). Vid. la parte II de Eutimio Martín, Federico García Lorca, heterodoxo y mártir, Madrid, Siglo XXI, 1986.

 

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Apunté este aspecto en «Víznar, la presencia del ausente», breve artículo incluido en el Cuaderno Didáctico que el Aula de Teatro de la Universidad de Murcia editó en 1998 con motivo de las representaciones de Víznar. Es habitual en el cine que Jesús no muestre su rostro; esa costumbre cinematográfica (que tiene alguna notable excepción) puede relacionarse con la imposibilidad, según las creencias judías, de ver sin morir el rostro de Dios. En teatro, la ausencia de un personaje decisivo para la acción constituye un eficaz recurso escénico (con memorable existencia en el del propio Lorca), utilizado, en el caso de Jesús, en Las palabras en la arena, de Buero Vallejo.

 

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No parece casual que se reitere la denominación elusiva «ese hombre» para designar a Lorca por parte del padre Carmona y de Gabriel Salcillo -en este caso, en cursiva en el texto- (p. 47) y más tarde en boca del Comandante (p. 64). En esta ocasión, la pregunta de Valle hace pensar en la expresión de Pilatos «Ecce homo» ante Cristo azotado y coronado de espinas mientras él prefería liberarlo (Juan, 19, 5). El papel del pueblo judío y de los pontífices exigiendo la muerte de Jesús está aquí representado por la inmediata reacción del sacerdote.

 

207

Ruiz Ramón recoge la mayoría de estas limitaciones, de las que, como nos recuerda, Salinas fue siempre muy consciente, y elabora una útil cronología de la redacción de sus obras, «Contexto y cronología del teatro de Pedro Salinas», en Ciriaco Morón Arroyo y Manuel Revuelta Sañudo (editores), Pedro Salinas: estudios sobre su praxis y teoría de la escritura, Santander, Sociedad Menéndez Pelayo, 1992, p. 177. Estas circunstancias implican asimismo la inclusión de Salinas en el conjunto de esa hasta hoy «dramaturgia irrecuperada» con la que José Monleón ha caracterizado al teatro del exilio, «Una dramaturgia irrecuperada», en Manuel Aznar Soler (editor), El exilio literario español de 1939. Actas del Primer Congreso Internacional (Bellaterra, 27 de noviembre-1 de diciembre de 1995), Sant Cugat del Vallès, Associació d'Idees/GEXEL, 1998, volumen 2, pp. 491-512.

 

208

Domingo Miras, «En torno a Salinas», Primer Acto, 234 (marzo 1990), p. 127.

 

209

Enric Bou, «Salinas, al otro lado del océano», Boletín de la Fundación Federico García Lorca, 3 (1988), p. 42.

 

210

Javier Varela, «El sí y el no de Pedro Salinas», en Pedro Salinas 1891-1951, Madrid, Consorcio para la organización de Madrid capital europea de la cultura 1992, 1992, pp. 161-176.