231
Mariano de Paco, «Judit y el tirano: del mito bíblico a la realidad vivida», La Torre, VIII, 32 (1993), p. 501.
232
Como sabemos por la lectura de algunos de sus apuntes de clase, Salinas se valió para el análisis de La estrella de Sevilla de los conceptos de persona y carácter como parte de una misma unidad, la del personaje dramático, perfectamente aplicables a esta aspiración superadora de todos sus personajes en la conquista de la suprarrealidad y muy pertinente en el caso del tirano redimido. Ruiz Ramón reproduce estas notas en «Salinas lector del teatro clásico español», La Torre, VIII, 32 (1993) pp. 634-635. Es la misma interrelación, «la 'multidimensionalidad' que poseen las figuras de Judit y del Tirano, la dualidad de persona y personaje que los caracteriza», que, a juicio de Mariano de Paco, no fue plasmada en el montaje de la obra del año 1992 (artículo citado, p. 502).
233
Mariano de Paco, artículo citado, p. 505.
234
Además, como aprecia Beatriz Hernanz Angulo, en este drama «Salinas plantea de forma realista un problema de índole política, pero el desenlace de la acción que ofrece es, como siempre, individualista, poético» («El sueño de la razón femenina», Revista de Occidente, 126 [noviembre 1991], p. 187). Aunque cabría precisar que poético e individualista no son términos sinónimos.
235
Por eso Isabel Martínez Moreno menciona dos líneas básicas en esta dramaturgia: «primero, esperanzada; bajo una fe incólume, los personajes continúan la búsqueda hacia ese 'más allá' intuido fuera de los límites escénicos. [...] Segunda, desesperanzada; sentido que resulta de la imposibilidad de vencer la realidad exterior, cuya acción reduce las expectativas vitales de los personajes» («La intuición del espacio edénico en el teatro de Pedro Salinas», Revista de Literatura, LII, 104 [1990], p. 486).
236
Pilar Moraleda, El teatro de Pedro Salinas, ob. cit., pp. 165-167. Salinas retoma en uno de sus últimos artículos la explicación que da Simmel de los personajes de Shakespeare, en tanto que la muerte no es fatalidad sino «maduración de su destino», y le añade la cita del juicio de Ortega sobre el San Mauricio del Greco conservado en El Escorial, a la que más adelante suma unos versos de Unamuno: «Ortega y Gasset lo interpretó profundamente como escena en que unos hombres toman, por gustosa voluntad, la decisión de morir. Ese hombre, Mauricio, esbelto y nervioso, se resuelve a su muerte porque está sintiendo en ella la madurez y perfección de su vida. Y así se afirma, en el morir, con toda la plenitud de su ser», «García Lorca y la cultura de la muerte» (1951) [EC, III, 283 y 287].
237
Javier Varela, artículo citado, p. 170.
238
Peter Bürger, Teoría de la vanguardia (1974), Barcelona, Península, 1987, p. 60 (traducción de Jorge García).
239
Como menciona Hernanz Angulo, «vivir es ser otro. Muchos personajes del teatro saliniano, buscadores de una realidad fabulizada, se encuentran con esta verdad» (ob. cit., p. 178). Sobre la influencia de Unamuno pueden consultarse los trabajos de Pilar Moraleda, «Rasgos unamunianos en el teatro de Pedro Salinas», Alfinge, 1 (1983), pp. 113-120; Wilma Newberry, «Pirandellism in the Plays of Pedro Salinas», Symposium, 25 (1971), pp. 59-69; o Vialla Hartfield-Méndez, «El dilema de Pigmalión: el uso del personaje autónomo en Pedro Salinas», Anales de la Literatura Española Contemporánea, 17/3 (1992), pp. 395-408.
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F. Ruiz Ramón, «Salinas lector del teatro clásico español», artículo citado, p. 632. La siguiente consecuencia lógica de esta correlación es la aparición de lo metateatral, y no es extraño que Stephanie L. Orringer considere, uniendo los procesos descritos, que, en un trayecto en el que «the human being runs the risk of being overwhelmed by truth» y donde para «to integrate truth into his life, he must resort to an artistic fiction», bien sea mediante componentes metaficcionales o a través de la imaginación, el sueño o lo maravilloso, el gran tema del teatro de Salinas sea «the quest for personal authentication» (Pedro Salinas' theater of self-authentication, Nueva York, Peter Lang, 1995, pp. 1 y 103).